LA VIRGEN DE LOS REYES Y SAN FERNANDO

 

SU ENTRONIZACIÓN Y SU CAPILLA REAL (Cap. I)

VIRGEN DE LOS REYES: DE SU CULTO CONTINUO Y DEVOTO (Cap. II)

DESCRIPCIÓN DE LA SOBERANA IMAGEN DE LA VIRGEN DE LOS REYES (Cap. III)

 

 

Este IV capítulo se dividirá en dos apartados. En la primera trataré desde el culto inmemorial que a San Fernando se le tributaba en Sevilla hasta su canonización en 1671. En la segunda entrada analizaré fundamentalmente la construcción de la urna y el culto hasta la actualidad en la Capilla Real.

Tanto histórica como devocionalmente, la Virgen de los Reyes y San Fernando son inseparables.

 

 

Fernando III, el Rey Conquistador de Sevilla, al que el pueblo llamó “el Santo” cuatrocientos años antes que el pontificado aceptara incluirlo en el Catálogo de los Santos de la Iglesia Católica.

 

La estrecha e íntima vinculación entre San Fernando y Sevilla se inicia  y permanece ininterrumpida en el transcurso del tiempo desde la misma época de la conquista de la ciudad.

 

El jueves 30 de mayo de 1252 muere en el Alcázar sevillano Fernando III. Su cuerpo fue llevado a la Catedral, sepultándolo en la parte destinada a la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes. Fue el primer cristiano que se enterró en el templo. Su epitafio escrito en las cuatro lenguas; arábica, latina, hebrea y castellana, pregona al par de los vientos, el concepto que el Monarca Santo gozaba en Sevilla.

 

 

AQVI YAZE EL MVY ONDRADO FERNANDO,

SEÑOR DE CASTIELLA, E DE TOLEDO, E DE LEON,

E DE GALICIA, DE SEVILLA, DE CORDOVA,

DE MVRCIA, DE IAHEN,

EL QVE CONQVISSO TODA ESPAÑA,

EL MAS LEAL, EL MAS VERDADERO,

EL MAS FRANCO, EL MAS ESFORZADO,

EL MAS APVESTO, EL MAS GRANADO,

EL MAS ZOFRIDO, EL MAS HOMILDOSO,

EL QVE MAS TEMIE A DIOS,

EL QVE MAS LE FACIE SERVICIO,

EL QVE QVEBRANTO E DESTRVUYO A

TODOS SVS ENEMIGOS,

EL QVE ALZO, E ONDRO TODOS SVS AMIGOS,

E CONQUISSO LA CIVDAD DE SEVILLA,

QVE ES CABEZA DE TODA ESPAÑA

 

El Concejo hispalense puso su efigie en el sello de la Ciudad, representándolo sentado en el trono con el Mundo en la mano izquierda y la espada en la derecha.

 

 

 

La consideración de “Santo” y los rezos ante su tumba, primero rogando por su alma y después venerándolo, fueron constantes desde su muerte.

 

Sólo habían transcurrido escasos meses de la muerte del Santo Rey Fernando, cuando en Breve dado en Perusa a 15 de octubre de 1252, año décimo de su pontificado, Inocencio IV, concede indulgencia de un año y cuarenta días. Son dignas de notarse las cláusulas de este Breve pontificio, y no menos la prontitud con que fue conseguido:

 

“Inocencio obispo, siervo de los siervos de Dios. A todos los fieles cristianos que viesen las presentes letras, salud y bendición apostólica. Aunque el Dios omnipotente use con todos de misericordia, y nada aborrezca de cuanto hizo, disimulando por la penitencia los pecados de los hombres; con todo, porque las oraciones de los fieles por los mismos fieles difuntos aprovechan mucho, dignamente ruega la iglesia para que queden libres de los pecados las almas de los fieles que fallecen; entre los cuales se cree haber dirigido sus pasos por el camino de los preceptos del Señor el rey de Castilla y de León Fernando, de gloriosa memoria, amplificando magníficamente el culto del nombre de Dios; pero como Nuestro Señor Jesucristo no salva al hombre por las obras de justicia que hizo, sino según su gran misericordia, rogamos y exhortamos en el Señor a todos vosotros, y en remisión de vuestros pecados que concurráis con humildad de espíritu a la iglesia de Sevilla, en que se dice estar sepultado el cadáver de este Rey, para implorar del Señor el perdón de vuestras culpas, y de las suyas. En esta atención Nos, confiados en la misericordia del Dios omnipotente, y en la autoridad de sus santos apóstoles Pedro y Paulo, libramos misericordiosamente a todos los que verdaderamente arrepentidos y confesados concurriesen a dicha iglesia con devoción cada año en el día del aniversario de dicho Rey, y allí rogasen por su alma, un año y cuarenta días de las penitencias que les fueren impuestas. Dada en Perusa en los idus de octubre año décimo de nuestro pontificado” (1)

 

Es importante destacar que vivir según los preceptos del Señor; expresión con que la Iglesia desde los primeros siglos acostumbró siempre a canonizar la santidad de los que después ha colocado en los altares con examen más detenido, es declarar tan prontamente que Fernando había sido uno de aquellos hombres justos, santo. Estas gracias fueron ampliadas por el mismo Papa en 1254 en Anagni a 11 de julio:

 

“Inocencio obispo, siervo de los siervos de Dios. A todos los fieles cristianos que estas letras vieren, salud y bendición apostólica. Créese que el rey de Castilla y León Fernando, de esclarecida memoria, de tal suerte anduvo por el camino de los preceptos del Señor, que haya conseguido el perdón de todas sus culpas. Así pues, para dar socorro a su alma con las oraciones de los fieles; Nos, confiados en la misericordia del Dios omnipotente, y en la autoridad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, concedemos misericordiosamente veinte días de perdón por las penitencias que les sean impuestas, a todos los que verdaderamente arrepentidos y confesados concurriesen con devoción a la iglesia de Sevilla, en que se dice estar sepultado el cadáver de este Rey, e implorasen del Señor la remisión de sus pecados, o por remedio de su alma diesen alguna cosa a la misma iglesia por vía de limosna. Dada en Anagni en 5 de los idus de julio, año duodécimo de nuestro pontificado”(2)

 

        Hablar del culto inmemorial a San Fernando es hablar de la Capilla Real de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla donde yace su incorrupto cuerpo desde 1252. Para su guarda, decencia y cuidados, así como para el culto de la bendita Imagen de Nuestra Señora de los Reyes, disponía esta Capilla Real de un Cabildo de Capellanes Reales, con origen fundacional en los primeros años de la  conquista de la ciudad, cuya misión es la custodia de las reliquias del cuerpo del Santo Rey, de su esposa doña Beatriz de Suabia y de su hijo don Alfonso X. Estos Capellanes Reales dependían directamente del monarca reinante, quien establecía su organización interna, los nombraba o refrendaba, y ejercía el mecenazgo de la propia Capilla cuidando de la grandeza de las celebraciones litúrgicas que en ella se celebraban.

 

“De tiempo inmemorial se guardaba en la Capilla Real una Imagen del Santo Rey, la cabeza y las manos de talla, y con vestidura real de brocado, que sentada en silla, y a sus lados otros dos iguales bultos del Rey D. Alonso el sabio, y de la Reyna Doña Beatriz , estaban en un nicho, que todo el año cerrado con puertas, semejaba una alacena o sagrario, y solo se hacía patente el día de San Clemente, en que a la Imagen de San Fernando se ponía en la mano una espada, de la cual la tomaba el capellán, que al Asistente había de entregarla para sacarla en procesión, recibiéndole el pleyto homenage, que duró así hasta el año de 1671, en que declarado su culto, y puesta otra imagen suya en el altar, se quitó esta”

 

Así lo refiere Zúñiga haciendo memoria del año 1278.

 

Por la ya transcrita en el capítulo anterior Memoria escrita en 1345 por Hernán Pérez de Guzmán conocemos algo de la primitiva Capilla Real y cómo se hallaban la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes y las sepulturas reales, así como de la devoción y culto que la piedad popular tributaba al Santo Rey Fernando desde tiempo del Rey Alfonso X, a excepción de lo que debió añadirse después de su muerte, cuando se agregó su sepultura y busto a los de sus padres don Fernando y doña Beatriz, en cumplimiento de su testamento y codicilo, otorgados en 1282 en Sevilla.

 

Por esta Memoria conocemos que estas tres sepulturas estaban en hilera a la mano izquierda del trono de la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes; Se aprecia también cómo continuaba en este tiempo, esto es, a mediados del siglo XIV, y que venía ya de muy atrás, la costumbre de acudir muchos enfermos a implorar su intercesión, testimonio clarísimo del concepto de santidad en que continuaba nuestro Monarca, y de la veneración constante que se le daba a su cuerpo, y a sus reliquias.

 

Sobre todo el accidentado y turbulento proceso de canonización  de San Fernando hace Espinosa y Cárzel un exhaustivo y cronológico resumen en la Continuación de los Anales de Zúñiga en los apartados 13-25 del año 1676.

 

Y este accidentado y dilatado proceso tuvo un final feliz, anhelo secularmente acunado en el alma sevillana. El 7 de febrero de 1671 el papa Clemente X, por la Bula Gloriosissimos coelestis Hierusalem (3), que comienza con el Ad futuram rei memoriam característico de este tipo de documentos, elevó al Rey Santo a la Gloria de los altares, concediendo su culto público, fiesta y rezo doble de Confesor no Pontífice para los Reinos de España y Señoríos súbditos a su Monarquía.

 

Y por decreto de 11 del mismo mes y año, adjunto al Breve de canonización, el Papa Clemente X concede que de forma extraordinaria se pudiese celebrar fiesta y misa votiva del Santo en todos los Reinos de España a lo largo de este año de 1671 en la fecha que pareciera más conveniente, como así se hizo, por mandato de la Reina Gobernadora Doña Mariana de Austria, en todos los confines del Reino.

 

El Breve y el decreto papal llegaron a Sevilla el martes 3 de marzo del mismo año. Y del regocijo y explosión de júbilo que en todas las instancias de la ciudad se hicieron al conocer la noticia nos da expresiva cuenta Ortiz de Zúñiga, quien, según el mismo relata, la conoció “in situ” y de primera mano en cuanto fue leída en el Cabildo de la Santa Iglesia de Sevilla, “que sacó lágrimas de gozo a los más empedernidos corazones” y donde la Torre, nuestra Giralda, la proclamó de inmediato a los confines del orbe con su sonoro y solemne lenguaje de repique de campanas “mudándose al punto el usado estilo de Fernando el Santo en el deseadísimo de San Fernando”.

 

Los Cabildos se pusieron de inmediato a preparar las gozosas fiestas. Se erigió en el trascoro de la Santa Iglesia un soberbio Monumento o Triunfo, se revistieron de solemnidad y fiesta todas las capillas de la misma con inusitado esplendor, para comenzar el 24 de mayo con las solemnes vísperas, apareciendo en el altar mayor de la Santa Iglesia por vez primera la excelente Imagen de San Fernando, tallada por Pedro Roldán y estofada por una hija de Juan Valdés, asistiendo el Cabildo de la ciudad entre los dos coros, el Arzobispo celebró de Pontifical cuya Misa y Oficio se hicieron conforme al tenor del Breve, con el rito doble de Confesor no Pontífice, y se repartieron impresas en raso, tafetán y papel multitud de estampas de San Fernando.

 

Acabadas las segundas vísperas de la tarde se ordenó la procesión que recorrió las calles por donde transcurre la tradicional del Corpus, adornadas con arcos triunfales, altares y otras variedades. Precedía la Tarasca y Gigantes con galas de nueva fantasía, seguían cofradías con sus estandartes, procesionando la de las Santas Justa y Rufina a sus Imágenes titulares, seguían las comunidades religiosas con sus Santos patriarcas, cruces parroquiales, clero, capellanes, beneficiados, canónigos, el Estandarte de San Fernando y la Espada conforme al secular y solemne protocolo que guarda celosamente esta ciudad de Sevilla, Imagen de San Fernando, los Regidores del Cabildo de la Ciudad portando el palio Real, el Cabildo Eclesiástico, tras el cual iba “la Reina de los Reyes, que en sus andas sobre que en quatro varas de plata pende el palio, iba con más que humana majestad, cercada como es costumbre de sus Capellanes Reales, entonándole la música suavísimos motetes; y a sus soberanas espaldas cerraba la procesión eclesiástica el Arzobispo vestido de Pontifical, precedido de la Cruz Metropolitana y Patriarcal”, y cerrando el cortejo el Cabildo de la Ciudad y toda aquella autoridad que es genuina a este gravísimo Senado y Pueblo de Sevilla, en la que tampoco faltaron las danzas.

 

Desde las primeras vísperas del 29 de mayo hasta la puesta del sol del día 30 de mayo, anua festividad de San Fernando, se otorgó indulgencia plenaria a cuantos, confesado y comulgado, visitasen la Capilla de Nuestra Señora de los Reyes, según Bula concedida por Clemente X con fecha 28 de febrero.

 

Y junto a las fiestas religiosas también las hubo profanas para celebrar este magno acontecimiento, entre otras, las de toros.

 

De estas excepcionales conmemoraciones en honor de San Fernando, publicó Don Fernando de la Torre Farfán (4) un libro “cuyos primeros volúmenes en riquísimas encuadernaciones, chapadas de plata cincelada, se ofrecieron a la Santidad del Pontífice, y a las Majestades de nuestros Reyes”.

 

Desde el año 1675 se hicieron varias gestiones con la intención de separar el cuerpo de San Fernando, situado entre los de su esposa la reina Beatriz y su hijo el rey Alfonso X, que aunque en cajas separadas, ocupaban un mismo lugar. Esto no tuvo lugar hasta el 21 de mayo de 1677 en que, en solemnísima ceremonia y protocolos de rigor, los cuerpos de Doña Beatriz y Don Alfonso X fueron trasladados a los lugares donde aún en la actualidad ocupan a los pies de la Capilla Real: el del rey Alfonso X en la fachada del evangelio y el de Doña Beatriz en la de la epístola.

 

Una consecuencia feliz de esta canonización de San Fernando fue la construcción de una urna para procurar a los restos del Santo una instalación acorde a su nuevo culto.

 

Como nos dice don Heliodoro Sancho Corbacho (5), la propia reina, en 20 de mayo de 1671, “había resuelto se haga una Urna de plata con guarnición dorada” por no estar el Santo “con el culto reverente que le está encomendado por la Sede Apostólica” (6).

 

A este propósito se realizaron diversos diseños por artistas próximos a la Corte, que fueron remitidos a Sevilla para que por el Cabildo de la Capilla Real se informase lo más conveniente, previo dictamen de artífices señalados de nuestra ciudad. Los propios artistas sevillanos también realizaron los suyos. El Cabildo designó a Pedro Roldán, maestro escultor; Bernardo Simón de Pineda, maestro arquitecto; Diego de León, maestro platero; y Francisco Rodríguez de Escalona, maestro de cantería. De todo ello se remitió a Madrid la información adecuada, el 12 de enero de 1672.

 

Tras unos años de silencio sobre el tema en cuestión, el 19 de octubre de 1677, reunido el cabildo de la Capilla Real, se da lectura de una carta del rey dirigida al Asistente de la Ciudad, en la que se decía se arbitrase la manera de conseguir de Sevilla los medios necesarios “para colocar el cuerpo del Santo Rey en el altar de Nuestra Señora en la forma que demostraba un diseño que asimismo venía con la dicha carta, elegido por el Consejo...”

 

De este estudio de Sancho Corbacho, más que seguir el accidentado y prolongado proceso de la confección de la urna, que duró 34 años, nos interesa algunas importantes aportaciones documentales que hace sobre el estado en que se encontraba la tumba conteniendo el cuerpo de San Fernando.

 

Tras sucesivos períodos de interrupción del trabajo de confección de la urna por muy variados y diversos motivos, ésta se concluye en septiembre de 1719. Su autor fue Juan Laureano de Pina.

 

Pero hubo de pasar una década para que el cuerpo incorrupto de San Fernando fuese trasladado a la nueva urna.

 

El Ilustrísimo Arzobispo Don Luis Salcedo y los doctores D. Juan Antonio Bizarrón, arcediano de Sevilla, D. José de Céspedes y Federigui, arcediano de Carmona, D. Gabriel Torres de Navarra, canónigo, y D. Pedro de Quiroga, racionero, convocado el Capellán mayor, D. José Pérez de León, como nos documenta Justino Matute en su Anales, apartado 13 del citado año, trasladaron, en 14 de mayo, el sagrado cuerpo a su nueva urna de plata sobredorada con cristales, que se incluye en otra del mismo metal, siendo colocada sobre robusta parihuela que cubrían faldones de tisú, quedando expuesto a la veneración de los fieles y cantándose solemnísimas vísperas.

 

El día 15, tras los divinos oficios, los Reyes y demás familia real, que se encontraban en Sevilla desde el Domingo de Ramos 10 de abril, y el Cabildo, en majestuosa procesión que presidía el Prelado de pontifical acompañado de otras dignidades mitradas, se dirigieron a la Capilla Real, de donde se condujo a la capilla Mayor de la santa Iglesia el santo cuerpo de San Fernando, donde se cantó la misa votiva.

 

Por la tarde se realizó una solemne procesión muy similar a la que se ha relatado con motivo de la canonización en 1671, esta vez sin la presencia de Nuestra Señora de los Reyes, y con la peculiaridad que

 

“Delante de la sagrada urna iban la música y los doce capellanes reales con pluviales blancas, y luego la grandeza y los caballeros del Toison y de Sancti Spiritus. Del basamento de la urna partían ocho cintas de oro, que llevaban en sus manos las personas reales: las dos delanteras los infantes don Luis y Dª. María, ésta de tres años y aquél de dos; las del costado izquierdo los serenísimos D. Carlos y D. Felipe, y las del derecho los Príncipes de Asturias D, Fernando y doña María Bárbara; cerrando este real obsequios sus Majestades los Reyes, que llevaban las dos de la testera”

 

Estando el cuerpo de San Fernando en su nueva urna se implantan unos nuevos ritos hasta ahora imposibles de haberse podido realizar como es el de su exposición a la pública veneración. Justino Matute en sus Anales del año 1730, apartado 15, nos da cuenta que con la posibilidad de ser expuesto, gracias a la urna de cristal interior que lo contiene, los Capellanes Reales dirigen al Rey, que se hallaba en Cazalla, suplicándole se sirviese señalar los días del año en que debería exponerse el cuerpo del Santo a la pública veneración de los fieles

 

“...y vista por el Real Consejo de la Cámara, se despachó real cédula, fecha en Cazalla a 30 de junio de este año, por la que se señalaron los días 30 de mayo, en que se celebra su glorioso tránsito; el 23 de noviembre, festividad de San Clemente, en que se ganó esta ciudad; el 22 de agosto, último día de la octava de la Asunción de Nuestra Señora, y el 14 de mayo, aniversario de la traslación a las nuevas urnas: cuyas llaves habían de guardar, una el Arzobispo, y en su vacante o ausencia el Provisor, y la otra el capellán mayor, o el más antiguo en iguales casos. Posteriormente declaró el rey, a consulta de la misma Cámara, por su real cédula despachada en San Lorenzo a 5 de diciembre de 1733, que en el caso de trasladarse la fiesta de San Fernando, no se había de descubrir su sagrado cuerpo; pero sí el día anteriormente señalado”

 

 

Un hecho singular, aunque se queja de no hallar documentación del mismo en el archivo de la Santa Iglesia, refiere Matute en el nefasto año del tristemente famoso Terremoto de Lisboa, en 1755:

 

“Afligía este año esta ciudad y su tierra, según queda dicho en el pasado, grande plaga de langosta, en cuyo conflicto se reconoció el patrocinio de San Fernando, que en su víspera al tiempo del repique de las doce se ahuyentó y levantó enteramente, dejando libres los términos de este arzobispado. Al tiempo mismo cayó amortecida tanto número desde el aire, que fue necesario mandar al punto jornaleros que limpiasen los Caños de Carmona y su cauce porque no infectasen sus aguas: suceso que apenas hemos visto indicado en los papeles del archivo de esta Santa Iglesia, dado que personas fidedignas repetidas veces me lo contaron en elogio del Santo Rey”

 

“Carlos IV y su esposa Maria Luisa de Parma profesaron a lo largo de su reinado una sincera devoción a la Virgen de los Reyes y a San Fernando siendo también mecenas de su culto en la Capilla Real e innovadores en el aspecto artístico con diferentes donaciones de raigambre neoclásica, como certeramente ha estudiado el profesor Álvaro Recio Mir en un reciente y espléndido trabajo al que remito al lector interesado. Esta devoción real no sólo se plasmó en vestidos suntuosos para el ajuar de la Virgen o en la sillería de coro y su facistol, realizados por Pedro Corpel según diseño de Antonio Fernández Bertoni por los años 1790 - 1791, sino también en lo que es más desconocido, pero no por ello menos importante, en la creación de una orden nobiliaria en honor a San Fernando, a la que se le dio una importante trascendencia en el protocolo del Reino, y que tiene características propias que la hacen sumamente atractiva para los estudiosos de estas materias, siendo la principal el que se otorgara únicamente a las señoras.

Así la Real Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa fue creada por Carlos IV, a petición de su esposa, mediante Real Decreto de 21 de abril de 1792 siendo la intención del rey que «la reina tuviese un modo mas de mostrar su benevolencia a las personas nobles de su sexo que se distingan por sus servicios, prendas y cualidades»”.

 

Como documenta en su artículo don José Gámez Martín (7). En la actualidad la orden es la segunda en importancia del reino tras la de Carlos III y sin contar, por supuesto, la insigne orden del Toisón de Oro que depende directamente del deseo personal del monarca siendo la distinción más importante del mundo.

 

Constantes han sido a lo largo de la historia, de cuyos hitos dan buena cuenta nuestros historiadores y analistas, los cultos de acción de gracias por entronizaciones o nacimientos reales, misas de réquiem por sus defunciones, rogativas, o cualesquieras otros acontecimientos de la ciudad o de la nación, ante la Imagen bendita de Nuestra Señora de los Reyes y del Santo Rey.

 

 Romualdo de Gelo

 

 

NOTAS A PIE

 

(1) Se conserva original con su sello de plomo pendiente en el Archivo de la Catedral de Sevilla, caj. 56, leg. I, núm. 10. “Innocentius Episcopus servus servorum Dei. Universis Christi fldelibus præsentes litteras inspecturis salutem, et apostolicam benedictionem. Licet omnipotens Deus misereatur omnium, et nihil odiat eorum quæ fecit, peccata hominum propter pænitentiam simulando; quia tamen fidelibus defunctis orationes fidelium, multum prosunt: digne ut a peccatis solvantur orat Ecclesia pro animabus fidelium defunctorum; inter quos claræ memoriæ Fernandus rex Castellæ ac Legionis gressus suos in via mandatorum Domini direxisse creditur, cultum nominis ipsius magnifice ampliando; rerum quia non ex operibus justitiæ, quæ fecerit homo, sed secundum suam misericordiam illum salvum facit Dominus Jesus Christus, rogamus universitatem vestram, et hortamur in Domino in remissionem vobis peccaminum insurgentes, quatenus ad Ecclesiam Ispalensem in qua corpus ejusdem Regis tumulatum esse dicitur, imploraturi à Domino vestrorum, et ipsius Regis dilectorum veniam in humilitate spiritus accedatis. Nos enim de omnipotentis Dei misericordia, et beatorum Petri, et Pauli Apostolorum ejus auctoritate confisi, omnibus vere pænitentibus, et confessis qui causa devotionis in die anniversarii dicti Regis annuatim ad eamdem Ecclesiam accedentes ibidem preces fuderint pro anima dicti regis, unum annum et quadraginta dies de injunctis sibi pænitentiis misericorditer relaxamus. Datum Perusii idibus octobris pontificatus nostri anno decimo”.

 

(2) Andrés Marcos Burriel (1719-1762) en su obra Memorias para la vida del santo rey Don Fernando, tras transcribir literalmente estas Bulas pontificias dice: “Veo que ningún historiador hasta ahora ha copiado unos testimonios tan honrosos para la memoria del santo Rey, y tan oportunos para avivar su devoción. Morgado en el lib. 3, de su Historia de Sevilla hace sólo un ligero y mal extracto de estos breves; los que escribieron después se han contentado con copiar sus periodos, o con hablar de ellos por pública voz, y tradición de que los hubo. El padre Pineda se lamentaba de que por los años de 1627, en que escribía el memorial de sus virtudes, ya no se encontraban en el archivo de la real capilla, donde dice que se guardaron. Por todas estas razones habiéndolos encontrado originales en el archivo de la santa Iglesia en 1671 sus archiveros don Pablo Francisco Estacio, y don Juan de Loaisa, de que he visto el testimonio auténtico que enviaron al señor don Juan Lucas Cortés, y habiéndomelos comunicado en el día don Francisco de Paula San Martín, que les ha sucedido en aquel cargo del mismo modo que he insertado el primero de estos breves pontificios, insertaré aquí el segundo”

Innocentius Episcopus servus servorum Dei. Universis Christifidelibus præsentes litteras inspecturis salutem, et apostolicam benedictionem. Claræ memoriæ Fernandus rex Castellæ, ac Legionis in via mandatorum Domini sic ambulasse creditur, ut ab ipso delictorum suoruin veniam consequatur. Nos itaque cupientes ipsius animam orationibus fidelium adjuvari, omnibus vere pænitentibus, et confessis, qui ad Ecclesiam Ispalensem, in qua corpus ejusdem Regis sepultum esse dicitur, qualibet die sabbati cum devotione accesserint, imploraturi a Domino ejusdem Regis veniam delictorum, vel eidem Ecclesiæ pro remedio animæ dicti Regis charitatis beneficia impensuri, de omnipotentis Dei Misericordia et beatorum apostolorum Petri et Pauli auctoritate confisi viginti dies de injuncta sibi pænitentia misericorditer relaxamus. Datum Anagniæ V. idus idus julii pontificatus nostri anno duodecimo”. Pende también de esta bula el sello de plomo que se halla como la anterior en el notado caj. 56, leg. I, núm. 10 del Archivo de la Catedral de Sevilla.

 

(3) BULA AD FUTURAM REI MEMORIAM de Clemente X, del día 7 de febrero de 1671, por la que autoriza el culto público a Fernando III el Santo.

«Clemens Papa X. Ad futuram rei memoriam. Gloriosissimos coelestis Hierusalem cives, illos praesertim qui in diebus peregrinationis suae, tametsi in rerum humanarum sublimitate positi essent, non sperarunt in lubrico divitiarum, nec in regiae potentiae dignitate, sed magna illa virtute humilitatis, qua, —sicut omnia terrena cacumina temporali nobilitate nutantia non humano usurpata fastu, sed divina gratia donata celsitudo transcendat—, solidati bellarunt bella Domini et único lili fundamento, quod est Christus lesus, innixi, superaedificarunt aurum, argentum, lapides praetiosos, manentisque operis mercedem in aeternae salutis stabilitate accipere meruerunt, congruis honorum, laudumque praeconiis in terris coelebrandos esse mérito censemus; ac proinde, flagitantia indipsum regum orthodoxorum non minus pietatis aliarumque christianarum virtutum quam regii fastigil spiendore fulgentium vota paterno affectu exaudimus, sicut ad Ecclesiae Caíholicae decus, spiritualemque fidelium populorum aedificationem, atque devotionem fovendam et promovendam, conducibile in Domino fore arbitramur. Cum ¡taque alias, videlicet, die XXIX maii MDCLV Congregatio tune exsistentium S.E.R. Cardinalium Ritibus Praepositorum ex deductis in processu auctoritate Apostólica confecto super casu excepto declaraverit de ¡lio constare ex cuitu exhibito servo Dei Ferdinando 111, Regi Castellao et Legionis, cognomento Sancto per inmemorabilem temporis cursum excedentem metam centum annorum ante Decreta fel.rec.Urbani Papae VIII, praedecessoris nostri cum scientia, vel tolerantia Ordinariorum et emanatum desuper dictae Congregationis Decretum re.mem., Alexander Papa Vil, etiam praedecessor noster, die XXXI eiusdem mensis approbaverit et inter alia plenissme constiterit de celebratione missarum in honorem praedicti Servi Dei, prout de sanctus celebrari solent tam In Sacrario veteri quam in capella Beatae Mariae Regum nuncupata Metropolitanae Ecclesiae Hispalensis, ubi exstat illius sepulchrum. Hinc est quod nos piis ennixisque charissimi in Cliristo filli nostri Caroli Hispaniarum Regis Catholici, ac charissimae in Christo filiae nostrae Mariannae, earundem Hispaniarum Reginae Catholicae viduae eius Genitricis praecibus nobis per dilectum filium nobiiem virum Petrum de Aragonia, Ducem Segorbiae et Cardonae, Regni Neapolitani Proregem ac eiusdem Caroli Regis apud nos et Sedem Apostolicam oratorem ad praestandam nobis ipsius Caroli Regis nomine aboedientiam missum super hoc humiliter porrectis, favorabiiem assensum cum Domino possumus praebere, cupientes ut in ómnibus Regnis Hispaniarum et Ditionibus eidem Carolo Regi subiectis et in Ecclesia SS.Iacobi et lldephonsi de Urbe nationis Hispanorum de memórate servo Dei Ferdinando Tertio Rege, missa et officium de communi confessorum non Pontificum sub ritu duplici iuxta rubricas breviarii et missalis romani quotannis in perpetumm die XXX maii qua Ídem servus Dei obdormivit in Domino, celebran et ab ómnibus utriusque sexus Christi fidelibus qui ad Horas canónicas tenentur, recitare libere et licite possint et valeant respective, aucthoritate Apostólica tenere praesentium concedimus et indulgemus. Non obstantibus Costitutionibus et ordinationibus apostolicis, ac Decretis, caeterisque contrariis quibuscumque. Volumus autem ut earumdem praesentium litterarum transumptis seu exemplis etiam impressis, manu alicuius notarii publici subscriptis et sigillo personae in Ecclesiastica dignitate constitutae munitus, eadem prorsum fides ab ómnibus et ubique tam in iudicio quam extra illud habeatur quae haberetur ipsis praesentibus si forent exhibitae vel ostensae. Dat. Romae apud S. Mariam Maiorem sub Annulo Piscatoris die Vil februarii MDCLXXI, Pontificatus nostri anno primo. I. G. Slusius».

 

(4) De las influencias artísticas de estas suntuosas fiestas y del libro de Torre Farfán leemos en una prestigiosa Historia del Arte:

“Los aparatos efímeros fueron relatados en un libro de Fernando de la Torre Farfán, considerado como el ejemplo impreso más bello del Barroco español y publicado por la propia catedral hispalense. Contiene estampas que reproducen los monumentos y emblemas que adornaron el templo, proyectados por Bernardo Simón de Pineda, el escultor Pedro Roldán y el pintor Juan Valdés Leal. Para la ocasión se engalanó la Giralda y la fachada del Patio de los Naranjos con numerosos lienzos pintados. Se recubrió el interior de la entrada principal al templo y todas las capillas presentaron una lujosa ornamentación, destacando el altar mayor con el monarca santificado, Carlos II y Mariana de Austria.

En el trascoro se levantó un gran monumento, una especie de arco de triunfo, dedicado al rey san Fernando, cuya efigie se colocó como coronamiento y remate final, entre figuras alegóricas. Numerosos estudios han insistido en resaltar la influencia que en la arquitectura coetánea y posterior ejercieron los aparatos sevillanos de 1671, en especial el monumento de san Fernando. Yves Bottineau destacó además la incidencia que tuvo en las obras efímeras de las exequias reales, en los túmulos y catafalcos de los reinados de Carlos II y Felipe V, como tendencia netamente hispana de un barroco dinámico y decorativo que disgregaba las líneas tectónicas de las estructuras arquitectónicas.

Las decoraciones sevillanas hicieron realidad las ideas y proyectos de un grupo de artistas de renombre. La figura de Murillo también destaca en la decoración de la catedral al ocuparse de la pintura del escenario de una tramoya instalada en el retablo del sagrario, realizado por Francisco Dionisio de Ribas. Esculturas, lienzos y bambalinas, con un artificio de luces y perspectivas que mostraban la ciudad de Sevilla, intensificaron la puesta en escena de un templo convertido en teatro y de una manifestación que fusionaba todas las artes. Un ejemplo interesante para comprender las interconexiones con la retablística, ya que por los mismos años se realizaba el retablo mayor de la iglesia del Hospital de la Caridad, un proyecto de amplios efectos perspectivísticos y escenográficos”.

Tomado de “El barroco efímero. La fiesta religiosa”. www.artehistoria.jcyl.es/artesp/contextos/7786.htm

 

(5) SANCHO CORBACHO, Heliodoro: “Historia de la construcción de la Urna de plata que contiene los restos de San Fernando” Boletín de Bellas Artes, 2ª época, nº 1. Sevilla. 1973.

 

(6) Archivo de la Capilla Real de Sevilla. Actas Capitulares., 20 de mayo de 1671

 

(7) GÁMEZ MARTÍN, José: “Algunas noticias para la historia del Cabildo de los Capellanes Reales de Nuestra Señora de los Reyes y San Fernando”. BOCS, nº 583, septiembre 2007.

Un amplio estudio de esta Orden puede verse en Las reales órdenes y condecoraciones civiles del Reino de España. Ediciones Montalvo. Madrid, 1997.