VIRGEN DE LOS REYES: DE SU CULTO CONTINUO Y DEVOTO (Cap. II)
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Del Culto principalísimo que desde su entronización en Sevilla recibió la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes, como ya hemos podido comprobar en el capítulo anterior, nos deja constancia Zúñiga al hablar de la dotación de la Santa Iglesia en el apartado 3 del año 1249:
“A la restauración de la Iglesia y de su Prelacía es inseparable la de su Cabildo: “Fue hi ordenada, dice la Historia General, Calongía muncho honrada a honra de Santa María, cuyo nombre esta Santa Eglesia llevó [...] y que al mismo tiempo, Clérigos señalados para el culto de su santísima Imagen de los Reyes dieron principio al coro de su capilla es también incapaz de dudarse: su primer dotación no hallaremos hasta el año de 1252, a lo menos la formal de instrumentos, que la Real en mercedes fue sin duda la primera de las acciones de San Fernando”.
Desde esa época Nuestra Señora tenía su propio clero para servirla en su propia y Real Capilla.
Esta celestial y venerada Reina de los Reyes, mediadora y dispensadora de todas las gracias desde el trono de su Real Capilla, fue siempre solícita y piadosa ante las súplicas que el pueblo de Sevilla le dirigía en sus necesidades. A postrarse ante las plantas de Nuestra Señora de los Reyes acudían los monarcas, las altas instancias de la ciudad y el pueblo llano, bien para pedir remedio a sus necesidades ora para darle gracias por los beneficios obtenidos, muestras devocionales del reconocimiento de su patronazgo y maternal protección. Serán muchas las veces que el pueblo de Sevilla acudirá ante su Excelsa Patrona para remedio de sus precariedades o hacimientos de gracias, como tendremos ocasión de ir relatando en sucesivos capítulos, sobre todo el que será dedicado a las Procesiones Extraordinarias de la Santísima Virgen, siempre vinculadas a extraordinarios acontecimientos de la Ciudad.
Zúñiga nos continúa dándonos muestras del principalísimo culto a la Reina de los reyes. Valga como ejemplo de ello, este acontecimiento en 1676:
“Padecía en este año la ciudad de Cartagena enfermedad contagiosa, la cual declarada peste, escribió S.M. a Sevilla dando parte de ello, y pidiendo que se hicieran rogativas a Dios para que aliviase el mal, cuya carta se leyó en la Ciudad en 20 de julio. Con este motivo pasó una diputación de ésta al Cabildo de la Santa Iglesia, así para dar cuenta de la orden de S.M., como para participarle de sus resoluciones, que se dirigían al bien de esta Ciudad, y a precaver todo riesgo, y no permitiendo entrar personas ni efectos de los lugares apestados: mas el principal objeto de esta diputación era el pedir al Cabildo se hicieran rogativas a su Divina Majestad. A petición tan justa con brevedad asintió el Cabildo, y de su resolución dio parte a la Ciudad por medio de tres de sus individuos, que fueron Don Luis Federigui, Arcediano Coadjutor de Carmona, y Canónigo; Don Francisco Paiva, Canónigo; y Don Gabriel Pérez Meñaca Domonte, racionero. Sin pérdida de tiempo, desde aquella misma tarde del día 20 por espacio de ocho días se hizo estación a la Capilla Real al altar de Nuestra Señora de los Reyes por mañana y tarde. En los mismos días se dixeron en la Misa las preces destinadas para la rogativa: mas el último día, que fue 28 de julio, hubo procesión por las últimas naves de la Iglesia, cantando las letanías a cantollano, y dirigiéndose a la Real Capilla, y a la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes, e hicieron estación en ella: concluida la cual se celebró la Misa en el altar mayor de primera dignidad en tono ferial pro vitanda mortalitate tempore pestilentiae. Así correspondió el Cabildo Eclesiástico a los buenos deseos de S.M. y de la Ciudad, que no menos cuidó de la guarda de ella custodiando sus puertas”
Y si ante la adversidad imploraba su clemencia y amparo, ante la dicha acudía Sevilla presta a darle gracias de forma sincera y espontánea a la que por Ella reinan los reyes.
“Más favorables fueron los sucesos de nuestras armas en este año: Mesina, Tauromina, y Augusta, Ciudades del Reyno de Sicilia, ocupadas por los franceses, fueron abandonadas por estos el 16 de marzo, y volvieron a su legítimo dueño; cuya noticia recibió el Asistente de Sevilla, y sin detención dio parte de ella a los dos Cabildos en 18 de abril. El Ayuntamiento de la Ciudad dispuso que hubiese luminarias aquella misma noche, y el Cabildo de la Santa Iglesia ordenó también que se iluminase la torre, y se diesen repiques, mostrando en esto todos la alegría que recibieron con tan felices nuevas.
Además el cabildo Eclesiástico señaló el 22 del propio mes de abril para dar a Dios las debidas gracias; y llegado el día, con asistencia del cuerpo de la Ciudad, fue en procesión a la capilla de Nuestra Señora de los Reyes haciendo estación en ella; y concluida esta, se cantó la Misa de primera dignidad con el aparato y grandeza correspondiente.
A pocos días de haberse celebrado esta función, recibió el Cabildo de la Santa Iglesia carta del Rey escrita en Aranjuez a 21 de abril, por la qual encargaba S.M. a este Cabildo que diera gracias a Dios por la felicidad de las armas, a lo que ya se había anticipado, y como que siempre ha manifestado su amor a los Soberanos, uniendo a los ruegos al cielo auxilios efectivos para mantener los gastos de la Corona”.
Un acontecimiento singular y emotivo que nos habla del mimo con que esta ciudad venera a Nuestra Señora, incluso cuando existen dificultades materiales e imprevistas, nos lo narra Matute en el apartado 5 del año 1755:
“Se habían desprendido de la media naranja de la Capilla Real de San Fernando algunas piedras, que hicieron temer su ruina; y con efecto, así se declaró por los peritos en el primer reconocimiento, con cuya noticia se acudió al rey, quien sin detención dio orden para que se acudiese a su remedio, sacando de las arcas reales las cantidades que fuesen necesarias, y comisionando al Asistente don Fernando Valdés para su intervención. Al punto se trató de su reedificación, que consistió en el anillo superior y la linterna, y además se soló toda la capilla de mármol blanco y negro, cuya obra duraba por agosto del presente año. Esto impedía la procesión anual y octava de Nuestra Señora; mas el Cabildo, siempre atento a su mayor culto, dispuso que su venerable Imagen se trasladase a la sacristía mayor, donde se dispusieron las oficinas necesarias para los diarios oficios, que continuaron hasta la conclusión de la obra, y celebró sus procesiones y octava según costumbre”
Muchísimos hitos y eventos, repito, que iremos desglosando en posteriores capítulos, han tenido a Nuestra Señora de los Reyes como celestial abogada e intercesora ante el Trono del Altísimo, muestra inequívoca de la constante devoción y culto que tan venerada Imagen tiene en Sevilla desde 1248. De sus continuos, ininterrumpidos y medievales cultos y procesión para la Solemnidad de la Asunción dan cuenta todos los analistas e historiadores sevillanos a lo largo del transcurso del tiempo.
Mas todos estos tradicionales cultos –siendo sublimes y celebrados con la mayor honra y aparatosidad litúrgica catedralicia- parecerían poco que, andando el tiempo, y para mayor honra y gloria de tan excelsa Patrona, el Cardenal Segura consigue de la Santa Sede, el 25 de junio de 1947, una fiesta litúrgica propia para la advocación de Nuestra Señora de los Reyes que había de celebrarse cada año el día 7 de agosto con rito doble de primera clase y octava común para el clero regular y secular de la archidiócesis; y de rito doble, pero sin octava, para el regular con calendario propio (1).
Se tomó la fecha del día 7 para que la octava de dicha fiesta culminara el día 14, coincidente con la terminación de la novena en la víspera de la procesión de la Augusta y Celestial Señora en el día de la Asunción. El texto de la Sagrada Congregación de Ritos dice:
"Pedro, cardenal Segura y Sáenz, arzobispo de Sevilla, reverentemente in-clinado ante el trono de Nuestro Santísimo Señor, Pío Papa XII, expuso que el 15 de agosto del año 1946 había sido concedido la gracia del Patronato principal sobre la ciudad y archidiócesis de Sevilla de la Santa Virgen María, bajo el título de Nuestra Señora de los Reyes.
Ahora, con el consentimiento unánime del Cabildo Catedral, el cardenal orador instantemente suplica a Vuestra Santidad que la fiesta de la Santa Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de los Reyes, Patrona principal de la ciudad y archidiócesis, sea concedida para el día 7 de agosto, con rito doble de primera clase, con octava común.
Y la Sagrada Congregación de Ritos, en uso de las facultades que le han sido especialmente otorgadas por el mismo Santísimo Señor Nuestro, habida cuenta de lo expuesto, benignamente accede a la gracia conforme a las preces, guardadas las rúbricas. Sin que obste nada en contrario. 25 de junio de 1947.
A. Carinci, Arzobispo de Selencia Secretario.-"
Se celebró por vez primera en el año de 1947, estableciéndose ya un protocolo litúrgico que sería respetado, salvo ligeras variaciones, en los años sucesivos: a las seis de la mañana del día 7 salían rosarios de la aurora de las respectivas iglesias que se concentraban a las ocho de la mañana en la catedral, donde el Cardenal celebraba una solemne misa retransmitida por Radio Sevilla y con música de Palestrina. La Virgen quedaba durante todo el día escoltada por los fieles, cofradías y asociaciones de la diócesis y por la tarde salía la conocida como Procesión de las Antorchas, donde en un pasito era llevada una pequeña imagen de la Virgen de los Reyes que salía por la Puerta de los Príncipes y, tras estacionar en el monumento de la Plaza del Triunfo, se dirigía al Palacio Arzobispal, desde cuyo balcón lanzaba el Cardenal Segura uno de sus típicos discursos marianos.
Tras la muerte del Cardenal y la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II desapareció esta fiesta, que contó con una bella y poética misa propia.
En
la actualidad los cultos con motivo de la Festividad de la Patrona de Sevilla y
su Archidiócesis comienzan el 4 de agosto, con el besamanos de la Virgen de
los Reyes que se celebra los días 4 y 5, de seis de la tarde a diez de la
noche, el primer día, y de nueve de la mañana a dos de la tarde, el día 5.
Del 6 al 14, novena matutina a las ocho de la mañana y tras la novena se celebran misas ante Nuestra Señora a las nueve y diez de la mañana, instalada en su paso en el llamado Altar del Jubileo –décadas atrás, se celebraba en el trascoro de la Catedral-. Por las tardes, a partir de las ocho y media, tradicional novena. En el presente año, estará presidida por Su Eminencia Rvma. Fray Carlos, cardenal Amigo Vallejo y será predicada por el Prior del Convento del Santo Ángel de Sevilla, el carmelita Rvdo. Fray Juan Dobado Fernández.
El 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Virgen y día de nuestra Excelsa Patrona, se celebran misas ante el paso de Nuestra Señora de los Reyes a las cinco y media, seis y seis y media de la mañana.
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La antiquísima y tradicional Procesión por las Gradas bajas de la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla comienza cuando, con exquisita puntualidad y con inusitada emoción contenida de todos los presentes, aparece radiante la FLOR MÁS PERFUMADA entre los perfumados nardos que le rinden pleitesía a las ocho de la mañana por la -nunca más envidiada por todas las demás- Puerta de Palos y con el repique de las alegres salmodias de alabanza del canto sonoro de las campanas de la Giralda. ¡A TUS PLANTA, SEÑORA, SE POSTRA SEVILLA!
Tras la solemne Procesión de tercia, el cardenal arzobispo presidirá la misa estacional, aproximadamente a las nueve y media, donde se imparte, por especial y antiquísimo privilegio concedido a esta Santa Iglesia, bendición e Indulgencia Plenaria, con las debidas condiciones para ello (Confesión sacramental, Comunión y Oración por las necesidades de la Iglesia y el Papa).
Finalizado el Santo Sacrificio de la Misa se traslada el paso de la Virgen a Su Capilla Real, donde por la tarde se celebrará la Octava ante la Patrona, hasta el 22 de agosto.
Hasta la década de los setenta del pasado siglo, el paso de Nuestra Señora, tras su procesión, era introducido en el presbiterio bajo del Altar Mayor de la Santa Iglesia Catedral, donde era oficiada la Santa Misa y permanecía allí la Virgen hasta la tarde de ese mismo día en que era trasladada a Su Capilla Real para dar comienzo a la octava.
Los días 20 y 21, segundo besamanos de Nuestra Señora de los Reyes, de seis de la tarde a diez de la noche, y de nueve de la mañana a dos de la tarde, respectivamente.
El 22 de agosto en horario de ocho y media a diez y media de la mañana, se procederá a la apertura de la urna de San Fernando para su veneración.
Romualdo de Gelo
NOTA A PIE
(1) GÁMEZ MARTÍN, José: La festividad propia de Nuestra Señora de los Reyes y la procesión chica del 7 de agosto en tiempos del Cardenal Segura. BOCS nº 570, agosto de 2006.