SU ENTRONIZACIÓN Y SU CAPILLA REAL
Malos tiempos, a raíz de los distintos, variados y gravísimos acontecimientos ocurridos en estos últimos días, estamos atravesando. Sed Vos, dulcísima Madre y Señora de los Reyes, nuestro amparo y consuelo y sirvan estas entradas a Vos dedicadas para poner un aliento de Paz y Esperanza. Mas, aunque nuestro amor Os olvide, no dejéis Vos nunca de amarnos. Amén.

Himno a la Virgen de los Reyes
A tus planta se postra Sevilla
por rendirte homenaje y loor.
Gloria, gloria a ti, Virgen de los reyes,
que nos riges con cetro de amor.
Gloria, gloria a ti, Virgen de los reyes,
gloria a ti, ¡Oh, Reina de amor!
Tuyo, Señora, nuestro hogar
y tuyos nuestros amores.
Nuestra oración tus flores,
y nuestro pecho tu altar.
Reina aquí, pues tu Sevilla,
que Fernando conquistó,
A ti, Virgen de los Reyes,
por Patrona te aclamó.

Oración Sabatina a Nuestra Señora la Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad y archidiócesis
Virgen Santísima Madre de Jesús y Señora de Sevilla, que invocada con el título de Ntra. Señora de los Reyes, has venido dispensando a esta ciudad y archidiócesis, una protección singular. Hoy al recurrir a Ti en el homenaje de todos los sábados, te pedimos nos libres, nos protejas y nos ayudes a parecernos a Ti, preparando por medio de tu reinado entre nosotros el reinado prometido por tu Hijo Jesucristo, Nuestro Señor. Así sea.

Adelantándome un día, según lo anunciado, para que concluya esta serie en la víspera de la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, inicio aquí este estudio dedicado a nuestra Excelsa Patrona, Nuestra Señora de los Reyes.

Este capítulo está dividido en tres entradas.
1) En la presente entrada (I-a) sitúo el contexto histórico: la primitiva y primera mezquita mayor, la construcción de la nueva mezquita aljama que sería “cristianizada”, la Sevilla conquistada y la entronización de Nuestra Señora en la antigua Catedral.
2) En la segunda entrada (I-b) se dará una visión general de la antigua Capilla Real y el tabernáculo de la Virgen
3) y, en la tercera entrada (I-c) se analizará la actual Capilla Real y se darán noticias del tabernáculo donde desde tiempo inmemorial recibe culto nuestra Excelsa Patrona.

La prelación, documentada desde el siglo XIII, de la Iglesia de Santa María, bajo la advocación de la Sede o de la Asunción –según los distintos historiadores-, sobre las demás iglesias de Sevilla y su Arzobispado, así como la también secular y unánime devoción del pueblo y sus regidores a Nuestra Señora de los Reyes llevó a considerarla “de hecho” desde tiempo inmemorial como protectora o intercesora perpetua, gracias a sus continuos y prodigiosos favores en beneficio de Sevilla y sus moradores, cuando éstos acudían a su amparo ante las calamidades o daban gracias en sus eventos festivos.

Pero vayamos por partes.


DE LAS DOS MEZQUITAS ALJAMAS DE ISBILIYA (SEVILLA)

El florecimiento de Isbiliya siguió durante el reinado de Abd al-Rahman II. Tanto fue el aumento de la población que el emir cordobés, a través del cadí Ibn Adabbas, manda construir la primera gran mezquita que tuvo Isbiliya en el año 829-830 (214 de la Hégira, según la cronología musulmana), una vez asentados en la ciudad los poderes civiles, militares y religiosos. Dirigió las obras el propio cadí de la ciudad, Umar Ibn Adabbas, de quien tomó el nombre la propia mezquita. Conocemos estos datos por la crónica de Ibn Sahib al-Sala, del siglo XII, que copió la inscripción fundacional, que dice así:

"Dios tenga misericordia de Abd al-Rahman ben al-Hakam, el emir justo, el bien guiado por Dios, el que ordenó la construcción de esta mezquita, bajo la dirección de Umar ben Adabbas, qadí de Sevilla, en el año 214. Y ha escrito esto Abd al-Barr ben Harum".

 

(Reconstrucción de cómo pudo ser esta mezquita)

Esta fecha tan temprana hace que esta mezquita fuese el edificio más antiguo construido por los musulmanes en España del que tengamos noticia después de la primera mezquita de Córdoba.

El edificio fue mezquita mayor de la ciudad hasta 1184 (577 de la Hégira) en que los almohades se dedicaron a construir grandes obras públicas y una de ellas fue la nueva mezquita mayor, hoy Catedral, y su magnífico alminar.

De aquella primera mezquita hoy sólo subsisten la base del alminar y parte del patio de las abluciones –Patio de los Naranjos del Salvador- muy transformado, ya que en 1671 sería derribada y se construiría sobre sus restos la actual iglesia colegial del Divino Salvador.

 

(Arranque de la fachada norte de la torre, en la antigua calle Córdoba)

 


 

(Restos de la antigua mezquita en el subsuelo de la actual iglesia colegial del Divino Salvador)

En 1172 da comienzo la construcción de la nueva Mezquita Mayor Aljama, que ocupaba lo que hoy es la Catedral. Esta mezquita Aljama era sin duda el monumento más importante que los almohades levantaron en la ciudad. Para lograr este objetivo, Abub-Yacub-Yusuf convocó a los más ilustres maestros alarifes de Al Andalus y Marruecos y a todo un ejército de especializados trabajadores en la construcción de edificios.

La historia, al par que el nombre del emir que la mandó construir, ha conservado el del principal arquitecto que dirigió las obras, Ahmed Ben Baso.

Comenzó la construcción de abril a mayo de 1172 y para febrero de 1176 ya estaba concluida, pronunciándose la primera jutba, u oración de los viernes, el 30 de abril de 1182.

 


Tenía la mezquita aljama 17 naves orientadas de norte a sur, de anchura desigual y de ellas, las dos extremas a cada lado se prolongaban en el patio de abluciones. En su interior se desplegaba un bosque de arcos de herradura apuntados que apeaban sobre gruesos pilares. El material empleado para su construcción fue el ladrillo y, no obstante su fragilidad, la mezquita, convertida al culto cristiano en 1248, subsistió hasta el siglo XV, en que fue derribada para erigir “la montaña hueca” de nuestra simpar Catedral gótica.

 

(Así debía ser el minarete almohade)

 

(Posterior evolución de la Giralda)

De la antigua mezquita aljama almohade se conserva actualmente la torre minarete (hasta el cuerpo de campanas) de nuestra airosa y sublime Giralda, el Patio de los Naranjos y la puerta de acceso al mismo, denominada Puerta del Perdón, cuyo arco de entrada conserva aún su fisonomía almohade, con arco de herradura apuntado; aunque las yeserías que lo recubre fueron realizadas en 1522 por Bartolomé López.

 


Las grandes puertas y planchas de bronce que las decoran son también de época almohade. De excepcional calidad son los aldabones de estas puertas, de preciocista decoración de ataurique, que también son almohades. Es de advertir que estos aldabones son reproduciones exactas de los originales conservados en el tesoro catedralicio.

 


 


Así era la mezquita aljama que se encontró el Santo Rey Fernando cuando entró victorioso en la conquistada ciudad de Sevilla.


LA CAPITULACIÓN DE SEVILLA Y CONSAGRACIÓN DE SU MEZQUITA EN TEMPLO CRISTIANO

Tras un prolongado y persistente asedio, Isbiliya, después de siglos de dominación y poder musulmán, capitula ante las tropas fernandinas el lunes 5 de Sha’ban de 646 de la Hégira, 23 de noviembre de 1248 en el calendario cristiano, día de San Clemente, emotivo y señalado día para el rey Fernando III pues en ese mismo día del año 1221 había nacido su heredero al trono el infante don Alfonso en Toledo, ciudad en la que existía un monasterio cisterciense dedicado al santo desde hacía un siglo, tiempo aproximado que Sevilla no tenía sede episcopal por muerte de su último obispo, llamado también Clemente, que había salido con los restos de la cristiandad “sevillana” ante la persecución almohade y se había refugiado en Toledo.

Para rememorar dicha efemérides, anualmente, en el día de San Clemente, se realiza en la Catedral, la llamada procesión de San Clemente, o de la Espada, o de las Gradas. Esta procesión fue instituida por Alfonso X el Sabio en 1255 y se celebra siguiendo la reglamentación hecha por Felipe II a mediados del siglo XVI.

 


Tras la Capitulación y cumplido el plazo concedido para que los musulmanes abandonasen la ciudad, ésta permaneció vacía durante tres días (Himyari, trad. Levi Provençal, pág. 28). “Asi vaziada” “entregaron las llaves de la villa al rey don Fernando” (Crónica General, texto de Ocampo, fol. CCCCV r.).

En el remate de la magnífica reja de la actual Capilla Real de la Catedral, diseñada por Sebastián van der Borh que costeó el Rey Carlos III, siendo colocada en 1771, aparece una escultura de San Fernando recibiendo a caballo las llaves de Sevilla, obra de Jerónimo Roldán.

 


 


 


Por otra parte, son numerosos los cuadros existentes en la ciudad que representan la entrega de las llaves de Sevilla por el rey moro Axataf a San Fernando.

 


Éste, firmado por Francisco Pacheco en 1634, es alguno de ellos. San Fernando se halla recibiendo estas llaves, apreciándose al fondo la Puerta de Jerez y la Giralda con la Catedral, en la que se aprecia el cimborrio. Junto a la torre, a lo alto, se recorta de perfil una miniatura de la Patrona de Sevilla.

 


De igual temática y también con la presencia de la Virgen es el que, procedente de la colección pictórica del Conde del Águila, se halla en el Ayuntamiento de Sevilla, de mediados del siglo XVII y cuyo autor es Polanco.

 


Zurbarán pintaría otro con la misma temática que hoy engrosa la colección del Duque de Westminster.

 


Este período de tres días “vacía la ciudad” sería el necesario para disponer la ocupación de la misma, purificación de la mezquita mayor y los sectores que debían ocupar los del ejército, reservando las principales casas para los señores y jefes respectivos. La ocupación de la ciudad se hizo con carácter provisional.

Previa a la entrada real “oficial”, entró el clero, se purificó y bendijo la mezquita aljama por D. Gutierre de Olea, Obispo de Córdoba y Arzobispo electo de Toledo, convirtiéndola en iglesia mayor dedicada a Santa María bajo la advocación de la Asunción. El lunes día 22 de diciembre, fiesta de la traslación de los restos de San Isidoro desde Sevilla a León, entró solemnemente el rey Fernando en la ciudad propiamente dicha, unos historiadores dicen que por la Puerta de Goles o Real y otros por la del Arenal, dirigiéndose a la ya consagrada Iglesia Mayor donde se ofició misa solemne.

Ni la fecha de la Capitulación ni la de entronización de la Virgen en la Catedral fueron circunstanciales sino, todo lo contrario, elegidas conscientemente y con un alto grado de sentido simbólico, vinculándolos con las antiguas raíces cristianas de la ciudad antes de la dominación musulmana.


LA PRIMERA MAGNA PROCESIÓN DE SEVILLA TRAS LA CONQUISTA.

Ortiz de Zúñiga en sus Anales del año 1248, apartado 24, expresa:

“Amaneció alegre; y dispuesto el triunfo que el religioso culto del Santo Rey convirtió en procesión devota, precedía el exército en orden militar tremolando las banderas vencedoras, y arrastrando las vencidas, y ostentando en el lucimiento el común regocijo al compás de mil sonoros bélicos instrumentos: coronábanle sus principales caudillos, los Infanzones, Ricos Omes, Maestres de las Órdenes Militares, y luego numeroso concurso de Seculares y Eclesiásticos, con los Arzobispos y Obispos, haciendo estado al trono portátil, que conducía una soberana imagen de nuestra Señora: no me atreveré a resolver si la de los Reyes o la de la Sede, que pueden estar por una y otra muy verosímiles las conjeturas, aunque es más recibido haber sido la de los Reyes, que vemos magestuosamente colocada en la Capilla Real; pero la de la Sede, tutelar y titular de nuestra Iglesia, lo está en su altar mayor; y es tan antigua su respetuosa veneración, que nunca parece tuvo lugar segundo. Remataba San Fernando con su mujer e hijos, hermano y personas Reales; [...] y en que iban tantos Eclesiásticos junto a la santísima imagen, no es de creer que el religiosísimo Rey fuese a caballo, sino a pie cerca del divino simulacro de María, y débensele poner a su lado la Reyna Doña Juana, que lo acompañó en la entrada, y los Infantes sus hijos”

 

(Nuestra Señora de la Sede, entronizada en el altar mayor de la Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla)

Con esta pompa, regocijo y solemnidad religiosa y festiva fue entronizada la Bendita Imagen de Nuestra Señora de los Reyes en su Real Capilla de la recién consagrada Catedral Hispalense. Desde entonces el lema PER ME REGES REGNANT (Por Mi reinan los reyes) será una hermosa y devota realidad en la que, desde que Nuestra Señora fue entronizada, es la Tierra de María Santísima y, con el devenir del tiempo, ostentará en su lema el título de Mariana Ciudad de Sevilla.

 

(Capilla Real. Foto enviada por mis amigos riojanos Juan y Moy, realizada por ellos en su visita a Sevilla en la pasada Solemnidad del Corpus. Muchísimas gracias, amigos)

 

SU PRIMERA REAL CAPILLA

La gran mezquita aljama levantada por Abub Yacub Yusuf sufrió notables transformaciones en su disposición interior para adaptarla al culto cristiano.

 

(Nueva orientación este-oeste. Aunque esta ilustración corresponde a la Catedral gótica, no a la antigua mezquita "cristianizada". Pero es ulustrativa para ver la orientación respecto a la norte-sur islámica que vimos en la entrada anterior)

La orientación norte-sur fue cambiada por la litúrgica este-oeste, para que el altar mayor mirase hacia occidente. En la parte oriental, donde se dispuso su cabecera, se colocó una gran verja para, en espacio limitado, colocar la imagen de Santa María, Nuestra Señora de los Reyes según la tradición. Así nos lo relata nuestro analista en el apartado 25:

“Llegado a la Mezquita mayor, ya templo del Altísimo, se celebró, por el electo Arzobispo de Toledo, Misa y quedó restituida a su culto christiano con título de Santa María de la Sede, dexando en ella San Fernando la referida Imagen, así intitulada, cuyo bulto es todo de plata, y está colocada en su altar mayor; y la de los Reyes, en la que desde luego, según es constante, se señaló Real Capilla en la parte más oriental de la misma Mezquita

 

(Nuestra Señora de la Sede, entronizada en el altar mayor de la Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla, en la actualidad)

Y en el apartado 4 del año 1249, donde añade:

“Su latitud convertida en longitud para reducirla a la forma Cristiana de que el altar mayor mirase al occidente fue dividida en dos partes, algo menor la primera, más oriental para capilla Real, separándola con rejas de balaustres de hierro, en que es tradición constante haberse luego puesto la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, y el resto quedó para Iglesia”. (1)

 

(Capilla Real. Esta Capilla no es la que se corresponde con la época que estamos estudiando, como veremos más adelante)

El abad Gordillo en sus Religiosas estaciones (2), tras narrar las leyendas e hipótesis sobre la hechura de Nuestra Señora, dice:

“Y para mostrar el Santo Rey su gran devoción, propensión y afición a la Reina Santísima y a su Santa Imagen, no quiso que se colocase en el altar mayor porque no fuese el servicio de Ella impedimento a la celebración de las horas canónicas y oficios y misas conventuales, sino que dejando la mitad de la iglesia para ellos, para el concurso del pueblo, la otra mitad señaló que fuese para la capilla y casa de aposento y recámara de la Santísima Imagen. Púsola en tabernáculo grande de plata, maravillosamente labrado, y dorado y labradas en él las Armas Reales como se ve de presente, y están a su lado dos ángeles de plata de altura y forma de dos hermosos mancebos y le señaló capellanes y mayordomos de la renta que le había dotado, así mismo porteros, oficiales reales y camarera particular para el cuidado y asistencia de la Santa Imagen; o de sus ropas, vestidos y mudanzas de ellos a sus debidos tiempos, cuyo oficio siempre ha sido estimado de personas de calidad, como de presente vemos que sirve en este uso la marquesa de Villamanrique, y antes lo han servido señores ilustres con tan piadoso afecto y reverencia que ponen admiración y dan ejemplo a quien ve cumplir su oficio con tanto aprecio. Arden muchas lámparas de plata que la alumbran perpetuamente de noche y de día, y ricos aderezos de oro y plata, y muchos vasos y cálices para el ornato y servicio del altar, donde está colocada”.

 


La utilización de casi la mitad oriental de la antigua mezquita para enterramientos reales se inició con Fernando III, que eligió este lugar para depositar a su Imagen más devota, la de Nuestra Señora de los Reyes, a cuyos pies fue enterrado. A partir de este momento otros monarcas como Alfonso X y Pedro I, que vivieron y murieron en Sevilla, junto con sus mujeres e hijos fueron enterrados en la Capilla, que se convirtió así en panteón real.

 


Sobre el espacio que ocupaba la antigua Capilla Real, en la antigua mezquita cristianizada, se sitúa aproximadamente en el lugar hoy dedicado al altar mayor de la Catedral. La profesora Laguna Paul (3), autora de esta reconstrucción, propone una Capilla Real compuesta por dos alturas, una parte alta donde estaría la Virgen de los Reyes y los enterramientos reales, y una parte baja, especie de cripta a nivel del suelo catedralicio, que podría servir de sacristía.

Las tumbas de San Fernando, su esposa y su hijo estaban situadas al pie de un tabernáculo que se abría y se cerraba, y que contenía la Imagen de la Virgen de los Reyes en su parte superior, y las esculturas de bulto de las tres personas reales en la inferior, como ya documentaré en el capítulo titulado La Virgen y San Fernando. Estos tabernáculos con sus tumbas al pie fueron construidos, según diversos testimonios, por Alfonso X para honra de sus padres, poniendo la muy conocida lápida y epitafio de piedra en la tumba de su padre con la inscripción en los cuatro idiomas (latín, hebreo, árabe y castellano), en el año 1279.

 


 


Es en esta capilla Real, >“en que se colocó la santísima Imagen de los Reyes en el tabernáculo portátil de plata, que antes la conducía, y en la que aún la veneramos, tan celestialmente hermosa y grave, que excediendo toda la posibilidad de humano arte, acredita las tradiciones de milagrosa obra”, así se expresa Zúñiga sobre Nuestra Señora antes de relatar las ya conocidas tradiciones y leyendas sobre la hechura de tan venerada Imagen en el apartado 27 del año 1251.

 


 


La devoción, celo y custodia de la Virgen de los Reyes era tal que todos los reyes confirmaron los existentes u otorgaron nuevos privilegios para su culto, y guardas que día y noche la custodiaban, como el fechado en Benavente a 12 de diciembre de 1303 por Fernando IV en que ordena a los Alcaldes, Alguacil mayor y Cabildo de esta ciudad guardar los privilegios de su Capilla Real y mantener a sus capellanes y Ministros en el goce del peso de las mercadurías de la Aduana, y de otros cuatro mil maravedíes que mas les había señalado “Por el ordenamiento que yo había ordenado, fecho a honra de los Reyes, e de la dicha Capilla cada año quatro mil maravedís para los Capellanes, para los vasallos, para los Ministros, y para los cirios, y las candelas, y todas las otras cosas”, como se cita en el apartado 6 de los Anales del mencionado año.

En su primitiva Capilla Real, Nuestra Señora de los Reyes gozaba de un extremado y riquísimo culto, ataviada y entronizada en suntuoso tabernáculo y enjoyada de ricas preseas muestras de la secular devoción que hacia Ella se profesaba (4). Como muestra este documento de excepcional interés:

“Esta memoria se sacó de un libro de Hernán Pérez de Guzmán, que fue escripto era de 1383, que há 225 años, e sacose en 15 de julio de 1570 (5)

Primeramente está la imagen de Santa María, que semeja que está viva en carne con su fijo en el brazo, en un tabernáculo que está más alto que los Reyes, muy grande, cubierto todo de plata, e la imagen de Santa María es fecha en torno, e la levantan, e la sientan cuando quieren para vestir a ella, e al su fijo; sus pannos de carmesí, mantos, pelotes, e sayas, e la imagen de Santa María tiene una corona de oro, en que están muchas piedras granadas, que son çafiros, e rubíes, esmeraldas, e topacios.
E otra tal corona tiene el su fijo, que dicen que costaron estas dos coronas al rey don Alfonso más de un cuento.
E tiene la imagen de Santa María un anillo en el dedo de oro, en que está una piedra rubí, tamaña como una avellana e dicen que ai de plata en el tabernáculo, e en la imagen de Santa María e del su fijo más de X marcos de plata, en que están engastonadas estas dos mil piedras çafires, e rubíes, e esmeraldas, e topacios, e de otras piedras preciosas, menudas muchas dellas.
Otrosí en somo del chapitel sobre la corona de Santa María están cuatro piedras esmeraldas en los cuadros, que son tamañas cada una como una castaña.
E está en somo del chapitel un rubí tamaño como una nuez, e cuando abren aquel tabernáculo de noche escuro, relumbran como candelas.
E están delante la imagen de Santa María tres tabernáculos todos cubiertos de plata, todos en par figurados de castillos, e leones, e de águilas, e de cruces, en que están las figuras de los Reyes a la man izquierda de la imagen de santa María en su siella.
E está el buen rey don Fernando en su siella asentado.
E está la reina doña Beatriz de la otra parte asentada en su siella.
E son las siellas cubiertas de plata.
E están todos tres vestidos de mantos, pelotes, e sayas de baldoque, e dicen que tienen vestidos sus pannos, camisas, e pannos menores.
E tiene el rey don Alfonso una corona de oro con muchas piedras preciosas, e tiene en la mano una piértega de plata con una paloma, e en la mano izquierda una mançana de oro con una cruz.
E está enmedio el rey don Fernando su padre, asentado en su siella de plata.
E tiene en la cabeza el rey don Fernando una corona de oro de tales piedras preciosas, como las sobredichas, e tiene en la mano derecha una espada, que dicen que es de gran virtud, con la cual ganó a Sevilla, la cual espada tiene por atrás un rubí que es tamaño como un guebo, e en la cruz de la espada una esmeralda muy verde.
E los que quieren guarecer del mal que tienen, besan en aquella espada, e son luego guaridos: tiene en la mano izquierda, la vaina del espada, en que están engastonadas muchas piedras preciosas.
E está en cabo la reina doña Beatriz su mujer, vestida de pannos, de turques, e tiene en la cabeza una corona de oro en que están muchas piedras preciosas, e parece la más fermosa mujer del mundo.
E están todos tres asentados en sus tabernáculos, asentados en sus siellas de plata, e están delante dellos las sus sepulturas todas de plata cubiertas, e arden delante dellas de día e de noche seis cirios, en que há sendas arrobas de cera, e arden sobre ellos de día e de noche cuatro lámparas de plata.
E todo esto gobiernan seis omes, e dicen e de cada día siete Capellanes misas, e todo esto se paga cada año de la renta de la tienda, que son 40 maravedís.»


La desaparición de estas piedras preciosas se le adjudica a Pedro I que las sustituyó por otras falsas, pera emplear el dinero de su valor en sus continuas guerras, aunque no se sabe con certeza si se refiere sólo a las coronas de los reyes o a todas las piedras del tabernáculo.

Este descriptivo texto que acabo de reseñar, será avalado y completado por otras fuentes de investigación. Así, del estudio titulado “Imagen del antiguo tabernáculo de plata de la Capilla Real de Sevilla a través de dos sellos medievales”, realizado por María Jesús Sanz Serrano (6), entresaco textualmente los siguientes fragmentos:

“De dos antiquísimos sellos, vistos y descritos por Gestoso, que se fechan el más antiguo de ellos entre los siglos XIII y XIV, y el otro en el XVI, pegados en un manuscrito de 1686, podemos extraer una exacta composición del tabernáculo de la Virgen.

 


La impronta del sello más antiguo y de mayor tamaño, muestra un retablito o tabernáculo de trazado ojival flanqueado por dos pilares calados, que se rematan en chapiteles o gabletes con trilóbulo calado. Sobre ellos se apoya un arco central trilobulado al que se superpone otro apuntado, decorado en el exterior por crestería de meandro o rizo. El interior de este templete se divide en dos registros, el superior que cobija a la Virgen de los Reyes sentada, con el Niño, y el inferior que contiene las figuras de los tres reyes.

La Virgen, de hombros estrechos y cabeza inclinada hacia un lado, tiene al Niño en la rodilla izquierda y algo en la mano derecha, sentándose en un trono de amplia base y respaldo que se intuye. En la parte baja lleva dos estrellas y dos en la alta. Los vestidos de la Imagen son amplios, con manto cruzado por delante a la altura del cuello, velo y corona con tres penachos o cardinas.

El registro inferior está dividido en tres espacios separados por dos columnillas que soportan gabletes, y en cada uno de ellos va uno de los tres personajes reales. Todos llevan coronas reales, aunque la de San Fernando tiene menos florones que las otras dos –sólo tres como la de la Virgen-, y de ella parecen colgar unas cintas o cadenas, como en las coronas bizantinas. Todos los personajes llevan ropas talares, y se distinguen porque San Fernando, en el centro, lleva la espada, y Doña Beatriz la cabeza cubierta. A los pies parecen tener unas gradas.
En los segmentos laterales, que forma el perfil del sello con el templete, va un castillo, con las tres torres típicas castellanas, a la izquierda, y un león rampante a la derecha. La inscripción que corre por el borde, en caracteres góticos, dice: SIGILLUM CAPELLA REGUM HISPALEM(SIS). Mide 5’2 cmts. de diámetro.

 


El otro sello, de 4’3 cmts., presenta la misma imagen, pero las torres o pilares son más estrechas y sin calado, y el chapitel está desviado de su eje hacia fuera, rematándose por un florón cuadrilobular. Las imágenes laterales del castillo y del león son más esquemáticas, no correspondiendo el castillo al perfil del emblema castellano de los siglos XIII y XIV. En el templete se ha cambiado el frente de la cubierta por un arco conopial, al que también adornan penachos. La Virgen aparece en el mismo trono aunque con tipología más monumental, de hombros anchos y sin inclinación de la cabeza, sosteniendo también algo en la mano derecha.

Todo esto, tabernáculo de plata, efigies de los reyes y tumbas, debió de modificarse cuando se terminó la obra de la nueva Capilla Real y se trasladaron a ella los cuerpos reales y la Imagen de la Virgen de los Reyes, en 1579”.


Como se puede apreciar por los textos transcritos, el privilegiado culto y devoción hacia la Bendita Imagen de Nuestra Señora arranca desde su entronización en la ciudad en 1248, siendo objeto de constantes muestras de devoción y fervor religioso, manifestado en su privilegiado y suntuoso culto.

 

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ACTUAL CAPILLA REAL
A) La Capilla Real Gótica:

El Cabildo Catedral, por acuerdo del 8 de julio de 1401, y so pretexto de estar en mal estado la mezquita-catedral, decide su derribo y la construcción de la que, para gloria de Sevilla, es la Catedral que podemos gozar en nuestros días.

Desde los tiempos de Alfonso X el Sabio, para la fiesta de la Asunción y su octava, Sevilla celebraba una de sus dos ferias que el monarca le había otorgado. Fue en este año de 1432 cuando cesa dicha feria por los motivos que el propio Zúñiga señala en sus Anales del año 1432, apartado 1:

“En el año 1432, estando fabricada la mitad de la santa Iglesia de su parte más occidental, y necesitándose para acabarla de deshacer la Capilla Real, se acudió al Rey Don Juan el II, que lo permitió, haciendo obligar al Deán y Cabildo que la fabricarían nueva capilla de digna suntuosidad, y que entre tanto colocarían la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes y los cuerpos Reales en parte decente, como se hizo, doblando sobre las capillas de la nave del sagrario en el claustro una capaz pieza, que es la que ahora sirve de librería, donde se pusieron [...] cesó a este tiempo una feria (de las dos que concedió a Sevilla el rey Don Alonso el Sabio) que se hacía en el patio de los Naranjos desde el día de Nuestra Señora de Agosto, que es la fiesta de la Asunción, y toda su octava”

Continuándose, pues, las obras que se venían realizando desde 1402 para la edificación de nuestra actual Catedral, en 1432 obtiene el Cabildo de la Santa Iglesia permiso del rey Juan II para derribar la antigua Capilla Real y trasladar la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes y los cuerpos reales a otro lugar mientras se realizaba la nueva Capilla. Gestoso en su obra Sevilla Monumental y Artística (7) transcribe la Real Cédula de Juan II fechada en Madrid a 10 de febrero de 1433, y realiza un pormenorizado y documentado recorrido por los trámites y ejecución de las obras de edificación de la Catedral.

Pero debieron de transcurrir muchos años después de otorgada esta licencia para que el Cabildo cumpliese del todo su compromiso.

 

(Imagen del plano a escala más antiguo que se conoce de la catedral de Sevilla, datado a mediados del siglo XV, que ha sido descubierto en el convento de Bidaurreta, en Oñate (Guipúzcoa) por la investigadora de la Universidad de Cantabria Begoña Alonso Ruiz. El plano, cuyo autor se desconoce, es un pliego completo de 46 por 55 centímetros en el que aparecen las 20 capillas y cinco naves de la catedral sevillana, con sus 32 pilares unidos por estribos y pilastras. EFE/Archivo)

 

(Plano que se conserva en el Archivo Catedralicio de la Biblioteca Colombina de Sevilla)

 

(Plano actual de la Santa Iglesia Catedral)

Como refiere Alonso Morgado, tomo II pág. 41, estos cuerpos reales y Nuestra Señora se depositaron

“Primeramente en una nave de la dicha mezquita, donde es ahora la capilla llamada de las Doncellas en el cuerpo de la Santa Iglesia mayor nueva, de donde fueron trasladados a otra nueva de la dicha mezquita que ahora sirve de librería. Y de esta nave fueron segunda vez trasladados adonde estaba la librería vieja, que es junto a gradas. Estas naves o capillas segunda y tercera son las que dijimos que se quedaron de la mezquita en el claustro, adonde las reliquias y cuerpos reales estaban depositados de prestado, en cuanto se acababa de labrar la muy insigne Capilla Real dentro de la Santa Iglesia y como se acabó en toda su perfección por estos nuestros tiempos”.

Como queda expuesto, mientras se realizaron las obras de la Capilla Real, la Imagen de Nuestra Señora junto con los cuerpos reales permanecieron en una Capilla situada en el lugar que hoy ocupa la Biblioteca Capitular, en el Patio de Naranjos, y posteriormente, en otra Capilla del citado Patio, donde tiene actualmente su sede la Hermandad Sacramental del Sagrario.

b) La actual Capilla Real renacentista.

Ocupando la cabecera de la nave mayor de la Catedral, en el lugar que debiera haberse destinado para ábside del templo, según puede verse en el modelo tallado en madera que está en uno de los nichos del basamento del retablo del altar mayor al lado de la epístola, se construye esta nueva fábrica.

 

(Maqueta de la cabecera de la Catedral, situada en el retablo del Altar Mayor, según un proyecto gótico que no se terminó de labrar. Es una talla atribuida al entallador cordobés Jorge Fernández, que la realizaría poco después de 1511)

Se decide su construcción en 1539 y no se terminará hasta casi mediados del S. XVIII.
Concluidas las obras de fábrica de la Capilla Real en 1575, el Arzobispo y Cabildo Catedral se dirigen al Rey en sendas cartas fechadas a 1 de diciembre de 1575 y 9 de julio de 1576 para obtener licencia e instrucciones de cómo se habría de celebrar el traslado de la Imagen de Nuestra Señora y de los cuerpos reales a la nueva Capilla, a las que responde el rey con una misiva fechada en Madrid a 20 de abril de 1577 dando las instrucciones demandadas. Mas este acontecimiento, por causas no conocidas, se dirimió y no tuvo efecto hasta el año 1579.

Por despacho dado en Madrid con fecha 30 de mayo de este año, el rey, después de varias consultas y réplicas, resolvió que juntos el Arzobispo, el Asistente de la Ciudad y el Regente de la Real Audiencia, dispusiesen el modo y solemnidad con que se había de ejecutar el tan anhelado traslado.

Cumplidísimo y muy documentado nos ofrece nuestro, tantas veces felizmente citado, analista Ortiz de Zúñiga el protocolo seguido para dicha traslación, con esmerado e interesantísimo cúmulo de detalles. Mas para la finalidad de este estudio, resulta más conveniente, por su carácter general, la cita que de este hecho hace Alonso Morgado en el tomo II págs. 42-44:

“Procediendo el mandato y beneplácito de su Majestad, se juntaron en aquella capilla donde estaban los cuerpos reales el Arzobispo de esta ciudad Don Cristóbal de Rojas, de santa memoria, el Regente de la Audiencia Real de Sevilla y su Asistente en día sábado, trece días de junio del año de mil y quinientos setenta y nueve, a las siete de la tarde, donde también se hallaban los Oidores y muchos Veinticuatros y Jurados y algunos Comendadores de Santiago con otros señores titulados y el Deán de la Santa Iglesia con algunos canónigos y racioneros y con el presidente, capellanes y guardas de la dicha Capilla Real. Los cuales todos descubrieron allí el cuerpo del glorioso San Leandro y dos imágenes muy antiguas y muy devotas de nuestra Señora, el cuerpo del Santo rey Don Fernando y de la serenísima Reina Doña Beatriz, su mujer, y el del Rey don Alonso el Sabio, su hijo, el de Doña María de Padilla y cuerpos de los Infantes Don Alonso, Don Pedro y Don Fadrique, Maestre de Santiago.

 

(Ataúd de San Fernando)

 

(Ataúd de Alfonso X)

 

(Ataúd de la reina Beatriz de Suabia)

Y habiendo también visto la espada y estandarte real del Santo Rey Don Fernando, y después de hechas las solemnidades y diligencias necesarias, y ante escribano real de esta ciudad, llevaron los cuerpos, en sus cajas guarnecidas de tela de oro, con bordados de castillos y leones y otras insignias reales de plata y oro, a un magnífico y suntuoso túmulo, que para este efecto estaba fabricado entre los dos coros de la Santa Iglesia, donde los dejaron aquella noche con la decencia y real autoridad posible.

 

(Espada de San Fernando)

 

(Forro del ataúd de San Fernando)

Las Imágenes de la gloriosísima Virgen Nuestra Señora, la una llamada de los Reyes pusieron en sus andas en la capilla mayor, y la otra, que es toda de hueso [se refiere a la Virgen de las Batallas], pusieron en su altar mayor con el cuerpo del glorioso prelado San Leandro.
La Reina Doña Beatriz tenía en una muñeca una manilla de un tegillo negro con aljófar a la redonda.
El Rey Don Alonso el sabio tenía también una espada ceñida con cetro y corona y ciertas otras insignias de Emperador, y calzados unos zapatos a la antigualla con lazos de plata. Y notósele que tenía la frente y cabeza grande en demasía y la barba poco más crecida que un clérigo.

 

(Espuelas y cinto de Alfonso X)

Luego el día siguiente, que fue domingo de la Santísima Trinidad, amanecieron riquísimamente colgadas todas las calles, por donde anda el Santísimo Sacramento en su día, con variedad y riqueza inapreciable, de riquísimos doseles de brocados y de todas sedas, con muchos arcos triunfales y curiosísimas invenciones de pasos y nuevas curiosidades, por las cuales trajeron las reliquias y cuerpos reales en una procesión tan solemne como se ha visto en Sevilla.

 


Iba en ella el sobre dicho Arzobispo Don Cristóbal de Rojas y Sandoval con todas las dignidades y clerecía de la Santa Iglesia Mayor, y así mismo toda la demás clerecía de todas las otras iglesias de la ciudad, con todas sus cruces. Donde también se hallaron casi todos los frailes de todas las órdenes que de ellos hay en Sevilla, todos por su orden de antigüedad, que cierto fue un espectáculo religiosísimo y de majestad sublimada.
Acompañaron los padres del Santo Oficio con todos sus oficiales y ministros. Y colegiales del Colegio del Maestro Rodrigo de esta ciudad con toda la Universidad de los maestros y doctores, cuyos capirotes y borlas señalaban la profesión de cada uno. Acompañó toda la Audiencia Real y Cabildo de la Ciudad con todos los Veinticuatro y Jurados, Regente, Oidores y Ministros muchísimos de justicia, con sus Porteros de Maza vestidos como suelen de carmesí, y delante el Pendón real de la Ciudad.

 

(Pendón de San Fernando)

El prior y cónsules de la Contratación de Indias, Tesorero y todos sus ministros principales. También eran muy de ver los infinitos hermanos de veinte y cinco cofradías, todos con sus velas encendidas y con sus estandartes, que señalaban cada una cofradía y con los santos en andas, abogados de sus cofradías. A sus ciertos puestos iban muchos maceros y hombres de armas, y doscientos soldados muy bizarros con picas y alabardas que, juntando con esto la diversidad de ministriles y toda la música de la Santa Iglesia Mayor, no sé si osar decir que ninguna otra ciudad fuese ya poderosa a tanta majestad y representación de gente tan ilustre y señalada, supuesto ser todos hijos y naturales de Sevilla o forzosos residentes en ella, por razón de sus cargos y mandos.
El sagrado cuerpo de San Leandro y santas Imágenes de Nuestra Señora, con otras muchas reliquias de Santos Patronos de esta ciudad y otras muchas imágenes de otros Santos llevaban los sacerdotes vestidos con albas y dalmáticas, y así mismo todas las reliquias de la Santa Iglesia Mayor.
Todos los que llevaban el cuerpo del Santo Rey Don Fernando eran señores titulados, con palio riquísimo de brocado de tres altos en varas de plata. El cuerpo del Maestre de Santiago Don Fadrique llevaban caballeros de su orden y hábito de Santiago, de los cuales debe de haber en Sevilla naturales suyos más que en otra ciudad de España, con sus mantos blancos y en torno también todos los frailes del convento de su orden de aquí de Sevilla. Los demás cuerpos llevaban los principales en mando y poder de la ciudad. La espada del Santo Rey Don Fernando llevaba el Conde del Villar Don Fernando de Torres y Portugal, Asistente de Sevilla. Y el estandarte real llevaba un caballero en quien concurrían las partes y calidades para poderlo llevar.

Habiendo vuelto la procesión a la Santa Iglesia Mayor se pusieron las imágenes en la capilla mayor y los cuerpos reales en el túmulo entre los dos coros, según y como el sábado antes en la noche, y las demás imágenes y reliquias se llevaron a sus santuarios y relicarios. Dijo misa de pontifical el mismo Arzobispo.
Y este mismo día desde horas de vísperas clamorearon campanas según uso real hasta el lunes siguiente en que fueron hechas honras generales por los dichos reyes e infantes con toda solemnidad y mismo acompañamiento, dijo también la misa el prelado susodicho con toda música de la Santa Iglesia y hubo sermón.

 


El mismo acompañamiento acompañó, acabadas las honras, el cuerpo santo de San Leandro y cuerpos reales hasta la nueva Capilla Real y fueron puestos en muy suntuosos y reales sepulcros de alabastro, que para el efecto estaban riquísimamente labrados, y el pendón y espada se guarda después acá en la misma Capilla Real.

Las devotísimas Imágenes llamadas de los Reyes [se refiere a la Virgen de los Reyes y a la de las Batallas], por cuanto en la paz y en la guerra las traían siempre consigo el Santo Rey Don Fernando y su hijo el Rey Don Alonso, pusieron en el altar mayor para siempre y para celestial consuelo de la gente toda de Sevilla, que no se halla ausente de su celestial aspecto y divina presencia”.


 


Sobrevinieron entonces con la renovación de esta Capilla Real de Nuestra Señora de los Reyes, y colocación de los cuerpos Reales que allí existen, varias alteraciones, tanto en lo material del edificio, como en lo formal de los oficios eclesiásticos, reformándose el número de capellanes, y estableciéndose otras funciones bien diversas de las primitivas.

Es evidente que en el ábside de la nueva Capilla Real había un lugar para el antiguo tabernáculo de la Virgen, pero no consta si los tabernáculos y las imágenes de los reyes se conservaron, o sólo sus tumbas.

Con respecto al tabernáculo, seguimos teniendo noticias del mismo. Así, en 1635, Espinosa de los Monteros nos dice: “En medio estava la Virgen Santísima en un altar portátil de plata, hecho a modo de tabernáculo, como oy se vee que es muy rico y curioso. Y delante estaba el santo cuerpo del Rey don Fernando, en un monumento de piedra marmor” (8).

La desaparición parcial de este tabernáculo estuvo condicionada por la edificación del nuevo retablo entre 1643 y 1649. Las opiniones sobre esta obra no han sido demasiado favorables, y los historiadores del arte siempre se han lamentado de que habiendo otos proyectos de importantes retablistas, con mejores trazados, no se eligiesen en lugar del de Ortiz de Vargas.

Ciertamente el actual retablo presenta un extraño aspecto, y desde luego resulta insólita la decoración de cuadrícula de su fondo. Todo esto, sin embargo, puede tener una explicación.

 


Si observamos detenidamente el retablo, nos daremos cuenta de que en realidad parte del templete medieval, con sus puertas de madera que lo cerraban, subsiste bajo el retablo barroco, o al menos una renovación de él, incluso puede afirmarse que el retablo se construyó respetando la estructura inicial con el antiguo templete abierto. Se colocó un dosel de madera sobre el edículo de plata, y a los lados, unos ángeles, en la parte superior, y unas hornacinitas con imágenes en la inferior, todo adosado a las puertas de madera dorada con decoración de cuadrícula. Esta retícula no es más que la base o núcleo de las puertas medievales que estuvieron recubiertas de lámina de plata –como el actual templete de la Virgen-, ubicándose en cada uno de los cuadrados de castillos y leones, como se ve en la pintura de Lucas Valdés, de hacia 1700.

 


Hoy día se conservan dos placas de tamaño algo mayor con relieve de castillo y león, que al decir de Gestoso provienen del antiguo tabernáculo. Pero no son estas dos piezas únicamente las conservadas, sino que, bajo las tallas barrocas aún pueden observarse placas de este tipo.

Ortiz de Vargas, por tanto, no tuvo opción para hacer una traza de retablo de acuerdo con las normas arquitectónicas de su tiempo, y por ello no se le puede tachar de extraña o inapropiada, ya que se vio obligado por las circunstancias a respetar el anterior templete, de hecho, la fantasía barroca que desarrolló en el remate semicircular del retablo lo acredita como buen tallista.

Romualdo de Gelo
 






NOTAS A PIE:

(1) ARCHIVO DE LA CAPILLA REAL. Tradicionalmente se considera que la fundación de la Capilla Real de Sevilla fue obra de Fernando III. Sin embargo, hoy por hoy no es posible confirmar documentalmente tal origen, pareciendo más plausible una fundación posterior. Al menos, los primeros privilegios conservados en los que se hace referencia a esta capilla son ya de tiempos de su nieto Sancho IV.
La finalidad de la Capilla era, y es, la guarda de los cuerpos reales en ella depositados (San Fernando, Beatriz de Suabia y Alfonso X) y los cultos establecidos en su memoria así como otras ceremonias litúrgicas. También tiene encomendada la custodia y culto de la Virgen de los Reyes.
Fuera quien fuera el rey que la fundó, la historia de la Capilla Real se extiende desde el siglo XIII hasta hoy y a ella nos acercamos a través de sus documentos, entre los que destacan las concesiones y confirmaciones de privilegios reales y diversas constituciones y ordenamientos que ha ido recibiendo: privilegio rodado de Sancho IV de 1285 por el que “concede a los clérigos de la Capilla Real de Sevilla todas las Iglesias y abadías de su señorío”, la regla que hicieron los propios miembros de la Capilla en 1392, las constituciones de Felipe II en 1594, los estatutos dados por Isabel II, basados en las constituciones anteriores pero “con arreglo al Concordato celebrado en 1851”, y por último los estatutos de 1922. Podemos cerrar esta lista con el decreto de unión de 1998 de los Capellanes Reales con el cabildo Catedral de Sevilla.
El archivo de la Capilla Real de Sevilla ha sido depositado en 1998 en el Archivo de la Catedral, gestionado por la Institución Colombina, para su inventariarización y servicio a los investigadores.
Pueden consultarse por los investigadores la serie correspondiente a Libros de Actas Capitulares, veinticinco libros con un marco cronológico desde 1580 hasta 1911, y la serie Expedientes de Limpieza de Sangre, constituida por 199 expedientes del siglo XVI al siglo XIX.

(2) SÁNCHEZ GORDILLO, Alonso: Religiosas estaciones que frecuenta la religiosidad sevillana. Con adiciones del canónigo D. Ambrosio de la Cuesta y del copista anónimo de 1737. Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla. Sevilla, 1982.. págs. 209-213, apartados 246-252.
(3) LAGUNA PAUL, T.: “La Aljama cristianizada. Memoria de la Catedral de Santa María de Sevilla”. Metrópolis Totius Hispaniae, Sevilla, 1998, págs. 58 y ss.

(4) Acerca de esta riqueza, véase otros datos que transcribe Gestoso en la nota (2), págs. 331-332, a su vez tomados de MUÑIZ: Insinuación apologética de la Capilla Real. M. S. Biblioteca Colombina.

(5) BURRIEL, Andrés Marcos (1719-1762): Memorias para la vida del santo rey Don Fernando. Dadas a luz con apéndices y otras ilustraciones por Miguel de Manuel Rodríguez. Madrid, Imprenta de la viuda de don Joaquín Ibarra, 1800. parte I, cap. LXVI. Publicado por Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Alicante, 1999.
Dice el autor que “consta de una Memoria que existía en un libro antiguo de Hernán Pérez de Guzmán, escrito en dicho año de 1345, y que de letra de don Juan Lucas Cortés se halla en mi poder, asegurándose que fue sacada la copia en 15 de julio de 1570. La he hallado digna de la noticia pública, como uno de los testimonios que contribuyen a la veneración del santo Rey desde los días inmediatos a su fallecimiento, y por eso la traslado aquí”.

(6) SANZ SERRANO, María Jesús: “Imagen del antiguo tabernáculo de plata de la Capilla Real de Sevilla a través de dos sellos medievales”. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, Nº. 11, 1998, pags. 51-68

(7) GESTOSO Y PÉREZ, José: Sevilla monumental y artística. Ed. Facsímil realizada por Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla, 2ª ed. Sevilla, 1984, tomo 2º, págs. 300 y ss.

(8) ESPINOSA DE LOS MONTEROS, p.: Teatro de la Santa Iglesia Metropolitana de Sevilla. Sevilla 1635, edic. de Gestoso, Sevilla 1884, edic. facs. Sevilla 1986.