
(Reconstrucción de cómo pudo ser esta mezquita)
Esta fecha tan temprana hace que esta mezquita fuese el edificio más
antiguo construido por los musulmanes en España del que tengamos
noticia después de la primera mezquita de Córdoba.
El edificio fue mezquita mayor de la ciudad hasta 1184 (577 de la
Hégira) en que los almohades se dedicaron a construir grandes obras
públicas y una de ellas fue la nueva mezquita mayor, hoy Catedral, y
su magnífico alminar.
De aquella primera mezquita hoy sólo subsisten la base del alminar y
parte del patio de las abluciones –Patio de los Naranjos del
Salvador- muy transformado, ya que en 1671 sería derribada y se
construiría sobre sus restos la actual iglesia colegial del Divino
Salvador.

(Arranque de la fachada norte de la torre, en la antigua calle
Córdoba)


(Restos de la antigua mezquita en el subsuelo de la actual
iglesia colegial del Divino Salvador)
En 1172 da comienzo la construcción de la nueva Mezquita Mayor
Aljama, que ocupaba lo que hoy es la Catedral. Esta mezquita
Aljama era sin duda el monumento más importante que los almohades
levantaron en la ciudad. Para lograr este objetivo, Abub-Yacub-Yusuf
convocó a los más ilustres maestros alarifes de Al Andalus y
Marruecos y a todo un ejército de especializados trabajadores en la
construcción de edificios.
La historia, al par que el nombre del emir que la mandó construir,
ha conservado el del principal arquitecto que dirigió las obras,
Ahmed Ben Baso.
Comenzó la construcción de abril a mayo de 1172 y para febrero de
1176 ya estaba concluida, pronunciándose la primera jutba, u oración
de los viernes, el 30 de abril de 1182.

Tenía la mezquita aljama 17 naves orientadas de norte a sur,
de anchura desigual y de ellas, las dos extremas a cada lado se
prolongaban en el patio de abluciones. En su interior se desplegaba
un bosque de arcos de herradura apuntados que apeaban sobre gruesos
pilares. El material empleado para su construcción fue el ladrillo
y, no obstante su fragilidad, la mezquita, convertida al culto
cristiano en 1248, subsistió hasta el siglo XV, en que fue derribada
para erigir “la montaña hueca” de nuestra simpar Catedral gótica.

(Así debía ser el minarete almohade)

(Posterior evolución de la Giralda)
De la antigua mezquita aljama almohade se conserva actualmente la
torre minarete (hasta el cuerpo de campanas) de nuestra airosa y
sublime Giralda, el Patio de los Naranjos y la puerta de
acceso al mismo, denominada Puerta del Perdón, cuyo arco de
entrada conserva aún su fisonomía almohade, con arco de herradura
apuntado; aunque las yeserías que lo recubre fueron realizadas en
1522 por Bartolomé López.

Las grandes puertas y planchas de bronce que las decoran son también
de época almohade. De excepcional calidad son los aldabones de
estas puertas, de preciocista decoración de ataurique, que
también son almohades. Es de advertir que estos aldabones son
reproduciones exactas de los originales conservados en el tesoro
catedralicio.

Así era la mezquita aljama que se encontró el Santo Rey Fernando
cuando entró victorioso en la conquistada ciudad de Sevilla.
LA CAPITULACIÓN DE SEVILLA Y CONSAGRACIÓN DE SU MEZQUITA EN
TEMPLO CRISTIANO
Tras un prolongado y persistente asedio, Isbiliya, después de siglos
de dominación y poder musulmán, capitula ante las tropas
fernandinas el lunes 5 de Sha’ban de 646 de la Hégira, 23 de
noviembre de 1248 en el calendario cristiano, día de San
Clemente, emotivo y señalado día para el rey Fernando III pues
en ese mismo día del año 1221 había nacido su heredero al trono el
infante don Alfonso en Toledo, ciudad en la que existía un
monasterio cisterciense dedicado al santo desde hacía un siglo,
tiempo aproximado que Sevilla no tenía sede episcopal por muerte de
su último obispo, llamado también Clemente, que había salido con los
restos de la cristiandad “sevillana” ante la persecución almohade y
se había refugiado en Toledo.
Para rememorar dicha efemérides, anualmente, en el día de San
Clemente, se realiza en la Catedral, la llamada procesión de San
Clemente, o de la Espada, o de las Gradas. Esta procesión fue
instituida por Alfonso X el Sabio en 1255 y se celebra siguiendo la
reglamentación hecha por Felipe II a mediados del siglo XVI.


Tras la Capitulación y cumplido el plazo concedido para que los
musulmanes abandonasen la ciudad, ésta permaneció vacía durante tres
días (Himyari, trad. Levi Provençal, pág. 28). “Asi vaziada”
“entregaron las llaves de la villa al rey don Fernando” (Crónica
General, texto de Ocampo, fol. CCCCV r.).
En el remate de la magnífica reja de la actual Capilla Real de la
Catedral, diseñada por Sebastián van der Borh que costeó el Rey
Carlos III, siendo colocada en 1771, aparece una escultura de San
Fernando recibiendo a caballo las llaves de Sevilla, obra de
Jerónimo Roldán.



Por otra parte, son numerosos los cuadros existentes en la ciudad
que representan la entrega de las llaves de Sevilla por el rey
moro Axataf a San Fernando.

Éste, firmado por Francisco Pacheco en 1634, es alguno de ellos. San
Fernando se halla recibiendo estas llaves, apreciándose al fondo la
Puerta de Jerez y la Giralda con la Catedral, en la que se aprecia
el cimborrio. Junto a la torre, a lo alto, se recorta de perfil una
miniatura de la Patrona de Sevilla.

De igual temática y también con la presencia de la Virgen es el que,
procedente de la colección pictórica del Conde del Águila, se halla
en el Ayuntamiento de Sevilla, de mediados del siglo XVII y cuyo
autor es Polanco.
Zurbarán pintaría otro con la misma temática que hoy engrosa la
colección del Duque de Westminster.

Este período de tres días “vacía la ciudad” sería el
necesario para disponer la ocupación de la misma, purificación de la
mezquita mayor y los sectores que debían ocupar los del ejército,
reservando las principales casas para los señores y jefes
respectivos. La ocupación de la ciudad se hizo con carácter
provisional.
Previa a la entrada real “oficial”, entró el clero, se purificó y
bendijo la mezquita aljama por D. Gutierre de Olea, Obispo de
Córdoba y Arzobispo electo de Toledo, convirtiéndola en iglesia
mayor dedicada a Santa María bajo la advocación de la Asunción. El
lunes día 22 de diciembre, fiesta de la traslación de los restos
de San Isidoro desde Sevilla a León, entró solemnemente el rey
Fernando en la ciudad propiamente dicha, unos historiadores dicen
que por la Puerta de Goles o Real y otros por la del Arenal,
dirigiéndose a la ya consagrada Iglesia Mayor donde se ofició misa
solemne.
Ni la fecha de la Capitulación ni la de entronización de la Virgen
en la Catedral fueron circunstanciales sino, todo lo contrario,
elegidas conscientemente y con un alto grado de sentido simbólico,
vinculándolos con las antiguas raíces cristianas de la ciudad antes
de la dominación musulmana.
LA PRIMERA MAGNA PROCESIÓN DE SEVILLA TRAS LA CONQUISTA.
Ortiz de Zúñiga en sus Anales del año 1248, apartado 24, expresa:
“Amaneció alegre; y dispuesto el triunfo que el religioso culto
del Santo Rey convirtió en procesión devota, precedía el exército en
orden militar tremolando las banderas vencedoras, y arrastrando las
vencidas, y ostentando en el lucimiento el común regocijo al compás
de mil sonoros bélicos instrumentos: coronábanle sus principales
caudillos, los Infanzones, Ricos Omes, Maestres de las Órdenes
Militares, y luego numeroso concurso de Seculares y Eclesiásticos,
con los Arzobispos y Obispos, haciendo estado al trono portátil,
que conducía una soberana imagen de nuestra Señora: no me atreveré a
resolver si la de los Reyes o la de la Sede, que pueden estar
por una y otra muy verosímiles las conjeturas, aunque es más
recibido haber sido la de los Reyes, que vemos magestuosamente
colocada en la Capilla Real; pero la de la Sede, tutelar y titular
de nuestra Iglesia, lo está en su altar mayor; y es tan antigua su
respetuosa veneración, que nunca parece tuvo lugar segundo. Remataba
San Fernando con su mujer e hijos, hermano y personas Reales; [...]
y en que iban tantos Eclesiásticos junto a la santísima imagen, no
es de creer que el religiosísimo Rey fuese a caballo, sino a pie
cerca del divino simulacro de María, y débensele poner a su lado la
Reyna Doña Juana, que lo acompañó en la entrada, y los Infantes sus
hijos”

(Nuestra Señora de la Sede, entronizada en el altar mayor de la
Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla)
Con esta pompa, regocijo y solemnidad religiosa y festiva fue
entronizada la Bendita Imagen de Nuestra Señora de los Reyes en su
Real Capilla de la recién consagrada Catedral Hispalense. Desde
entonces el lema PER ME REGES REGNANT (Por Mi reinan los
reyes) será una hermosa y devota realidad en la que, desde que
Nuestra Señora fue entronizada, es la Tierra de María Santísima y,
con el devenir del tiempo, ostentará en su lema el título de Mariana
Ciudad de Sevilla.

(Capilla Real. Foto enviada por mis amigos riojanos Juan y Moy,
realizada por ellos en su visita a Sevilla en la pasada Solemnidad
del Corpus. Muchísimas gracias, amigos)

SU PRIMERA REAL CAPILLA
La gran mezquita aljama levantada por Abub Yacub Yusuf sufrió
notables transformaciones en su disposición interior para adaptarla
al culto cristiano.

(Nueva orientación este-oeste. Aunque esta ilustración
corresponde a la Catedral gótica, no a la antigua mezquita
"cristianizada". Pero es ulustrativa para ver la orientación
respecto a la norte-sur islámica que vimos en la entrada anterior)
La orientación norte-sur fue cambiada por la litúrgica este-oeste,
para que el altar mayor mirase hacia occidente. En la parte
oriental, donde se dispuso su cabecera, se colocó una gran verja
para, en espacio limitado, colocar la imagen de Santa María,
Nuestra Señora de los Reyes según la tradición. Así nos lo
relata nuestro analista en el apartado 25:
“Llegado a la Mezquita mayor, ya templo del Altísimo, se celebró,
por el electo Arzobispo de Toledo, Misa y quedó restituida a su
culto christiano con título de Santa María de la Sede, dexando en
ella San Fernando la referida Imagen, así intitulada, cuyo bulto es
todo de plata, y está colocada en su altar mayor; y la de los
Reyes, en la que desde luego, según es constante, se señaló Real
Capilla en la parte más oriental de la misma Mezquita”

(Nuestra Señora de la Sede, entronizada en el altar mayor de la
Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla, en la
actualidad)
Y en el apartado 4 del año 1249, donde añade:
“Su latitud convertida en longitud para reducirla a la forma
Cristiana de que el altar mayor mirase al occidente fue dividida en
dos partes, algo menor la primera, más oriental para capilla
Real, separándola con rejas de balaustres de hierro, en que es
tradición constante haberse luego puesto la imagen de Nuestra Señora
de los Reyes, y el resto quedó para Iglesia”. (1)

(Capilla Real. Esta Capilla no es la que se corresponde con la
época que estamos estudiando, como veremos más adelante)
El abad Gordillo en sus Religiosas estaciones (2), tras narrar las
leyendas e hipótesis sobre la hechura de Nuestra Señora, dice:
“Y para mostrar el Santo Rey su gran devoción, propensión y
afición a la Reina Santísima y a su Santa Imagen, no quiso que
se colocase en el altar mayor porque no fuese el servicio de Ella
impedimento a la celebración de las horas canónicas y oficios y
misas conventuales, sino que dejando la mitad de la iglesia para
ellos, para el concurso del pueblo, la otra mitad señaló que
fuese para la capilla y casa de aposento y recámara de la Santísima
Imagen. Púsola en tabernáculo grande de plata, maravillosamente
labrado, y dorado y labradas en él las Armas Reales como se ve de
presente, y están a su lado dos ángeles de plata de altura y forma
de dos hermosos mancebos y le señaló capellanes y mayordomos de la
renta que le había dotado, así mismo porteros, oficiales reales y
camarera particular para el cuidado y asistencia de la Santa Imagen;
o de sus ropas, vestidos y mudanzas de ellos a sus debidos tiempos,
cuyo oficio siempre ha sido estimado de personas de calidad, como de
presente vemos que sirve en este uso la marquesa de Villamanrique, y
antes lo han servido señores ilustres con tan piadoso afecto y
reverencia que ponen admiración y dan ejemplo a quien ve cumplir su
oficio con tanto aprecio. Arden muchas lámparas de plata que la
alumbran perpetuamente de noche y de día, y ricos aderezos de oro y
plata, y muchos vasos y cálices para el ornato y servicio del altar,
donde está colocada”.

La utilización de casi la mitad oriental de la antigua mezquita
para enterramientos reales se inició con Fernando III, que eligió
este lugar para depositar a su Imagen más devota, la de Nuestra
Señora de los Reyes, a cuyos pies fue enterrado. A partir de
este momento otros monarcas como Alfonso X y Pedro I, que vivieron y
murieron en Sevilla, junto con sus mujeres e hijos fueron enterrados
en la Capilla, que se convirtió así en panteón real.

Sobre el espacio que ocupaba la antigua Capilla Real, en la
antigua mezquita cristianizada, se sitúa aproximadamente en el lugar
hoy dedicado al altar mayor de la Catedral. La profesora Laguna
Paul (3), autora de esta reconstrucción, propone una Capilla Real
compuesta por dos alturas, una parte alta donde estaría la Virgen
de los Reyes y los enterramientos reales, y una parte baja,
especie de cripta a nivel del suelo catedralicio, que podría servir
de sacristía.
Las tumbas de San Fernando, su esposa y su hijo estaban situadas al
pie de un tabernáculo que se abría y se cerraba, y que contenía
la Imagen de la Virgen de los Reyes en su parte superior, y las
esculturas de bulto de las tres personas reales en la inferior, como
ya documentaré en el capítulo titulado La Virgen y San Fernando.
Estos tabernáculos con sus tumbas al pie fueron construidos, según
diversos testimonios, por Alfonso X para honra de sus padres,
poniendo la muy conocida lápida y epitafio de piedra en la tumba de
su padre con la inscripción en los cuatro idiomas (latín, hebreo,
árabe y castellano), en el año 1279.


Es en esta capilla Real, >“en que se colocó la santísima Imagen
de los Reyes en el tabernáculo portátil de plata, que antes la
conducía, y en la que aún la veneramos, tan celestialmente hermosa y
grave, que excediendo toda la posibilidad de humano arte, acredita
las tradiciones de milagrosa obra”, así se expresa Zúñiga sobre
Nuestra Señora antes de relatar las ya conocidas tradiciones y
leyendas sobre la hechura de tan venerada Imagen en el apartado 27
del año 1251.


La devoción, celo y custodia de la Virgen de los Reyes era tal
que todos los reyes confirmaron los existentes u otorgaron nuevos
privilegios para su culto, y guardas que día y noche la
custodiaban, como el fechado en Benavente a 12 de diciembre de 1303
por Fernando IV en que ordena a los Alcaldes, Alguacil mayor y
Cabildo de esta ciudad guardar los privilegios de su Capilla Real y
mantener a sus capellanes y Ministros en el goce del peso de las
mercadurías de la Aduana, y de otros cuatro mil maravedíes que mas
les había señalado “Por el ordenamiento que yo había ordenado,
fecho a honra de los Reyes, e de la dicha Capilla cada año quatro
mil maravedís para los Capellanes, para los vasallos, para los
Ministros, y para los cirios, y las candelas, y todas las otras
cosas”, como se cita en el apartado 6 de los Anales del
mencionado año.
En su primitiva Capilla Real, Nuestra Señora de los Reyes gozaba
de un extremado y riquísimo culto, ataviada y entronizada en
suntuoso tabernáculo y enjoyada de ricas preseas muestras de la
secular devoción que hacia Ella se profesaba (4). Como muestra
este documento de excepcional interés:
“Esta memoria se sacó de un libro de Hernán Pérez de Guzmán, que
fue escripto era de 1383, que há 225 años, e sacose en 15 de julio
de 1570 (5)
Primeramente está la imagen de Santa María, que semeja que está viva
en carne con su fijo en el brazo, en un tabernáculo que está más
alto que los Reyes, muy grande, cubierto todo de plata, e la imagen
de Santa María es fecha en torno, e la levantan, e la sientan cuando
quieren para vestir a ella, e al su fijo; sus pannos de carmesí,
mantos, pelotes, e sayas, e la imagen de Santa María tiene una
corona de oro, en que están muchas piedras granadas, que son çafiros,
e rubíes, esmeraldas, e topacios.
E otra tal corona tiene el su fijo, que dicen que costaron estas dos
coronas al rey don Alfonso más de un cuento.
E tiene la imagen de Santa María un anillo en el dedo de oro, en que
está una piedra rubí, tamaña como una avellana e dicen que ai de
plata en el tabernáculo, e en la imagen de Santa María e del su fijo
más de X marcos de plata, en que están engastonadas estas dos mil
piedras çafires, e rubíes, e esmeraldas, e topacios, e de otras
piedras preciosas, menudas muchas dellas.
Otrosí en somo del chapitel sobre la corona de Santa María están
cuatro piedras esmeraldas en los cuadros, que son tamañas cada una
como una castaña.
E está en somo del chapitel un rubí tamaño como una nuez, e cuando
abren aquel tabernáculo de noche escuro, relumbran como candelas.
E están delante la imagen de Santa María tres tabernáculos todos
cubiertos de plata, todos en par figurados de castillos, e leones, e
de águilas, e de cruces, en que están las figuras de los Reyes a la
man izquierda de la imagen de santa María en su siella.
E está el buen rey don Fernando en su siella asentado.
E está la reina doña Beatriz de la otra parte asentada en su siella.
E son las siellas cubiertas de plata.
E están todos tres vestidos de mantos, pelotes, e sayas de baldoque,
e dicen que tienen vestidos sus pannos, camisas, e pannos menores.
E tiene el rey don Alfonso una corona de oro con muchas piedras
preciosas, e tiene en la mano una piértega de plata con una paloma,
e en la mano izquierda una mançana de oro con una cruz.
E está enmedio el rey don Fernando su padre, asentado en su siella
de plata.
E tiene en la cabeza el rey don Fernando una corona de oro de tales
piedras preciosas, como las sobredichas, e tiene en la mano derecha
una espada, que dicen que es de gran virtud, con la cual ganó a
Sevilla, la cual espada tiene por atrás un rubí que es tamaño como
un guebo, e en la cruz de la espada una esmeralda muy verde.
E los que quieren guarecer del mal que tienen, besan en aquella
espada, e son luego guaridos: tiene en la mano izquierda, la vaina
del espada, en que están engastonadas muchas piedras preciosas.
E está en cabo la reina doña Beatriz su mujer, vestida de pannos, de
turques, e tiene en la cabeza una corona de oro en que están muchas
piedras preciosas, e parece la más fermosa mujer del mundo.
E están todos tres asentados en sus tabernáculos, asentados en sus
siellas de plata, e están delante dellos las sus sepulturas todas de
plata cubiertas, e arden delante dellas de día e de noche seis
cirios, en que há sendas arrobas de cera, e arden sobre ellos de día
e de noche cuatro lámparas de plata.
E todo esto gobiernan seis omes, e dicen e de cada día siete
Capellanes misas, e todo esto se paga cada año de la renta de la
tienda, que son 40 maravedís.»
La desaparición de estas piedras preciosas se le adjudica a Pedro I
que las sustituyó por otras falsas, pera emplear el dinero de su
valor en sus continuas guerras, aunque no se sabe con certeza si se
refiere sólo a las coronas de los reyes o a todas las piedras del
tabernáculo.
Este descriptivo texto que acabo de reseñar, será avalado y
completado por otras fuentes de investigación. Así, del estudio
titulado “Imagen del antiguo tabernáculo de plata de la Capilla
Real de Sevilla a través de dos sellos medievales”, realizado
por María Jesús Sanz Serrano (6), entresaco textualmente los
siguientes fragmentos:
“De dos antiquísimos sellos, vistos y descritos por Gestoso, que
se fechan el más antiguo de ellos entre los siglos XIII y XIV, y el
otro en el XVI, pegados en un manuscrito de 1686, podemos extraer
una exacta composición del tabernáculo de la Virgen.

La impronta del sello más antiguo y de mayor tamaño, muestra un
retablito o tabernáculo de trazado ojival flanqueado por dos
pilares calados, que se rematan en chapiteles o gabletes con
trilóbulo calado. Sobre ellos se apoya un arco central trilobulado
al que se superpone otro apuntado, decorado en el exterior por
crestería de meandro o rizo. El interior de este templete se divide
en dos registros, el superior que cobija a la Virgen de los Reyes
sentada, con el Niño, y el inferior que contiene las figuras de los
tres reyes.
La Virgen, de hombros estrechos y cabeza inclinada hacia un lado,
tiene al Niño en la rodilla izquierda y algo en la mano derecha,
sentándose en un trono de amplia base y respaldo que se intuye. En
la parte baja lleva dos estrellas y dos en la alta. Los vestidos de
la Imagen son amplios, con manto cruzado por delante a la altura del
cuello, velo y corona con tres penachos o cardinas.
El registro inferior está dividido en tres espacios separados por
dos columnillas que soportan gabletes, y en cada uno de ellos va uno
de los tres personajes reales. Todos llevan coronas reales, aunque
la de San Fernando tiene menos florones que las otras dos –sólo tres
como la de la Virgen-, y de ella parecen colgar unas cintas o
cadenas, como en las coronas bizantinas. Todos los personajes llevan
ropas talares, y se distinguen porque San Fernando, en el centro,
lleva la espada, y Doña Beatriz la cabeza cubierta. A los pies
parecen tener unas gradas.
En los segmentos laterales, que forma el perfil del sello con el
templete, va un castillo, con las tres torres típicas castellanas, a
la izquierda, y un león rampante a la derecha. La inscripción que
corre por el borde, en caracteres góticos, dice: SIGILLUM CAPELLA
REGUM HISPALEM(SIS). Mide 5’2 cmts. de diámetro.

El otro sello, de 4’3 cmts., presenta la misma imagen, pero las
torres o pilares son más estrechas y sin calado, y el chapitel está
desviado de su eje hacia fuera, rematándose por un florón
cuadrilobular. Las imágenes laterales del castillo y del león son
más esquemáticas, no correspondiendo el castillo al perfil del
emblema castellano de los siglos XIII y XIV. En el templete se ha
cambiado el frente de la cubierta por un arco conopial, al que
también adornan penachos. La Virgen aparece en el mismo trono aunque
con tipología más monumental, de hombros anchos y sin inclinación de
la cabeza, sosteniendo también algo en la mano derecha.
Todo esto, tabernáculo de plata, efigies de los reyes y tumbas,
debió de modificarse cuando se terminó la obra de la nueva Capilla
Real y se trasladaron a ella los cuerpos reales y la Imagen de
la Virgen de los Reyes, en 1579”.
Como se puede apreciar por los textos transcritos, el
privilegiado culto y devoción hacia la Bendita Imagen de Nuestra
Señora arranca desde su entronización en la ciudad en 1248,
siendo objeto de constantes muestras de devoción y fervor religioso,
manifestado en su privilegiado y suntuoso culto.

(Imagen del plano a escala más antiguo que se
conoce de la catedral de Sevilla, datado a mediados
del siglo XV, que ha sido descubierto en el convento de
Bidaurreta, en Oñate (Guipúzcoa) por la investigadora de
la Universidad de Cantabria Begoña Alonso Ruiz. El
plano, cuyo autor se desconoce, es un pliego completo de
46 por 55 centímetros en el que aparecen las 20 capillas
y cinco naves de la catedral sevillana, con sus 32
pilares unidos por estribos y pilastras. EFE/Archivo)

(Plano que se conserva en el Archivo Catedralicio de
la Biblioteca Colombina de Sevilla)

(Plano actual de la Santa Iglesia Catedral)
Como refiere Alonso Morgado, tomo II pág. 41, estos
cuerpos reales y Nuestra Señora se depositaron
“Primeramente en una nave de la dicha mezquita, donde
es ahora la capilla llamada de las Doncellas en el
cuerpo de la Santa Iglesia mayor nueva, de donde fueron
trasladados a otra nueva de la dicha mezquita que ahora
sirve de librería. Y de esta nave fueron segunda vez
trasladados adonde estaba la librería vieja, que es
junto a gradas. Estas naves o capillas segunda y
tercera son las que dijimos que se quedaron de la
mezquita en el claustro, adonde las reliquias y cuerpos
reales estaban depositados de prestado, en cuanto se
acababa de labrar la muy insigne Capilla Real dentro de
la Santa Iglesia y como se acabó en toda su perfección
por estos nuestros tiempos”.
Como queda expuesto, mientras se realizaron las obras de
la Capilla Real, la Imagen de Nuestra Señora junto con
los cuerpos reales permanecieron en una Capilla situada
en el lugar que hoy ocupa la Biblioteca Capitular, en el
Patio de Naranjos, y posteriormente, en otra Capilla del
citado Patio, donde tiene actualmente su sede la
Hermandad Sacramental del Sagrario.
b) La actual Capilla Real renacentista.
Ocupando la cabecera de la nave mayor de la Catedral,
en el lugar que debiera haberse destinado para ábside
del templo, según puede verse en el modelo tallado en
madera que está en uno de los nichos del basamento del
retablo del altar mayor al lado de la epístola, se
construye esta nueva fábrica.

(Maqueta de la cabecera de la Catedral, situada en el
retablo del Altar Mayor, según un proyecto gótico que no
se terminó de labrar. Es una talla atribuida al
entallador cordobés Jorge Fernández, que la realizaría
poco después de 1511)
Se decide su construcción en 1539 y no se terminará
hasta casi mediados del S. XVIII.
Concluidas las obras de fábrica de la Capilla Real en
1575, el Arzobispo y Cabildo Catedral se dirigen al
Rey en sendas cartas fechadas a 1 de diciembre de 1575 y
9 de julio de 1576 para obtener licencia e instrucciones
de cómo se habría de celebrar el traslado de la
Imagen de Nuestra Señora y de los cuerpos reales a la
nueva Capilla, a las que responde el rey con una
misiva fechada en Madrid a 20 de abril de 1577 dando las
instrucciones demandadas. Mas este acontecimiento, por
causas no conocidas, se dirimió y no tuvo efecto hasta
el año 1579.
Por despacho dado en Madrid con fecha 30 de mayo de este
año, el rey, después de varias consultas y réplicas,
resolvió que juntos el Arzobispo, el Asistente de la
Ciudad y el Regente de la Real Audiencia, dispusiesen el
modo y solemnidad con que se había de ejecutar el tan
anhelado traslado.
Cumplidísimo y muy documentado nos ofrece nuestro,
tantas veces felizmente citado, analista Ortiz de Zúñiga
el protocolo seguido para dicha traslación, con esmerado
e interesantísimo cúmulo de detalles. Mas para la
finalidad de este estudio, resulta más conveniente, por
su carácter general, la cita que de este hecho hace
Alonso Morgado en el tomo II págs. 42-44:
“Procediendo el mandato y beneplácito de su Majestad,
se juntaron en aquella capilla donde estaban los cuerpos
reales el Arzobispo de esta ciudad Don Cristóbal de
Rojas, de santa memoria, el Regente de la Audiencia Real
de Sevilla y su Asistente en día sábado, trece días de
junio del año de mil y quinientos setenta y nueve, a las
siete de la tarde, donde también se hallaban los Oidores
y muchos Veinticuatros y Jurados y algunos Comendadores
de Santiago con otros señores titulados y el Deán de la
Santa Iglesia con algunos canónigos y racioneros y con
el presidente, capellanes y guardas de la dicha Capilla
Real. Los cuales todos descubrieron allí el cuerpo del
glorioso San Leandro y dos imágenes muy antiguas y muy
devotas de nuestra Señora, el cuerpo del Santo rey Don
Fernando y de la serenísima Reina Doña Beatriz, su
mujer, y el del Rey don Alonso el Sabio, su hijo, el de
Doña María de Padilla y cuerpos de los Infantes Don
Alonso, Don Pedro y Don Fadrique, Maestre de Santiago.

(Ataúd de San Fernando)

(Ataúd de Alfonso X)

(Ataúd de la reina Beatriz de Suabia)
Y habiendo también visto la espada y estandarte real del
Santo Rey Don Fernando, y después de hechas las
solemnidades y diligencias necesarias, y ante escribano
real de esta ciudad, llevaron los cuerpos, en sus cajas
guarnecidas de tela de oro, con bordados de castillos y
leones y otras insignias reales de plata y oro, a un
magnífico y suntuoso túmulo, que para este efecto estaba
fabricado entre los dos coros de la Santa Iglesia, donde
los dejaron aquella noche con la decencia y real
autoridad posible.

(Espada de San Fernando)

(Forro del ataúd de San Fernando)
Las Imágenes de la gloriosísima Virgen Nuestra
Señora, la una llamada de los Reyes pusieron en sus
andas en la capilla mayor, y la otra, que es toda de
hueso [se refiere a la Virgen de las Batallas], pusieron
en su altar mayor con el cuerpo del glorioso prelado San
Leandro.
La Reina Doña Beatriz tenía en una muñeca una manilla de
un tegillo negro con aljófar a la redonda.
El Rey Don Alonso el sabio tenía también una espada
ceñida con cetro y corona y ciertas otras insignias de
Emperador, y calzados unos zapatos a la antigualla con
lazos de plata. Y notósele que tenía la frente y cabeza
grande en demasía y la barba poco más crecida que un
clérigo.

(Espuelas y cinto de Alfonso X)
Luego el día siguiente, que fue domingo de la Santísima
Trinidad, amanecieron riquísimamente colgadas todas las
calles, por donde anda el Santísimo Sacramento en su
día, con variedad y riqueza inapreciable, de riquísimos
doseles de brocados y de todas sedas, con muchos arcos
triunfales y curiosísimas invenciones de pasos y nuevas
curiosidades, por las cuales trajeron las reliquias y
cuerpos reales en una procesión tan solemne como se ha
visto en Sevilla.

Iba en ella el sobre dicho Arzobispo Don Cristóbal de
Rojas y Sandoval con todas las dignidades y clerecía de
la Santa Iglesia Mayor, y así mismo toda la demás
clerecía de todas las otras iglesias de la ciudad, con
todas sus cruces. Donde también se hallaron casi todos
los frailes de todas las órdenes que de ellos hay en
Sevilla, todos por su orden de antigüedad, que cierto
fue un espectáculo religiosísimo y de majestad
sublimada.
Acompañaron los padres del Santo Oficio con todos sus
oficiales y ministros. Y colegiales del Colegio del
Maestro Rodrigo de esta ciudad con toda la Universidad
de los maestros y doctores, cuyos capirotes y borlas
señalaban la profesión de cada uno. Acompañó toda la
Audiencia Real y Cabildo de la Ciudad con todos los
Veinticuatro y Jurados, Regente, Oidores y Ministros
muchísimos de justicia, con sus Porteros de Maza
vestidos como suelen de carmesí, y delante el Pendón
real de la Ciudad.

(Pendón de San Fernando)
El prior y cónsules de la Contratación de Indias,
Tesorero y todos sus ministros principales. También eran
muy de ver los infinitos hermanos de veinte y cinco
cofradías, todos con sus velas encendidas y con sus
estandartes, que señalaban cada una cofradía y con los
santos en andas, abogados de sus cofradías. A sus
ciertos puestos iban muchos maceros y hombres de armas,
y doscientos soldados muy bizarros con picas y alabardas
que, juntando con esto la diversidad de ministriles y
toda la música de la Santa Iglesia Mayor, no sé si osar
decir que ninguna otra ciudad fuese ya poderosa a tanta
majestad y representación de gente tan ilustre y
señalada, supuesto ser todos hijos y naturales de
Sevilla o forzosos residentes en ella, por razón de sus
cargos y mandos.
El sagrado cuerpo de San Leandro y santas Imágenes de
Nuestra Señora, con otras muchas reliquias de Santos
Patronos de esta ciudad y otras muchas imágenes de otros
Santos llevaban los sacerdotes vestidos con albas y
dalmáticas, y así mismo todas las reliquias de la Santa
Iglesia Mayor.
Todos los que llevaban el cuerpo del Santo Rey Don
Fernando eran señores titulados, con palio riquísimo de
brocado de tres altos en varas de plata. El cuerpo del
Maestre de Santiago Don Fadrique llevaban caballeros de
su orden y hábito de Santiago, de los cuales debe de
haber en Sevilla naturales suyos más que en otra ciudad
de España, con sus mantos blancos y en torno también
todos los frailes del convento de su orden de aquí de
Sevilla. Los demás cuerpos llevaban los principales en
mando y poder de la ciudad. La espada del Santo Rey Don
Fernando llevaba el Conde del Villar Don Fernando de
Torres y Portugal, Asistente de Sevilla. Y el estandarte
real llevaba un caballero en quien concurrían las partes
y calidades para poderlo llevar.
Habiendo vuelto la procesión a la Santa Iglesia Mayor se
pusieron las imágenes en la capilla mayor y los cuerpos
reales en el túmulo entre los dos coros, según y como el
sábado antes en la noche, y las demás imágenes y
reliquias se llevaron a sus santuarios y relicarios.
Dijo misa de pontifical el mismo Arzobispo.
Y este mismo día desde horas de vísperas clamorearon
campanas según uso real hasta el lunes siguiente en que
fueron hechas honras generales por los dichos reyes e
infantes con toda solemnidad y mismo acompañamiento,
dijo también la misa el prelado susodicho con toda
música de la Santa Iglesia y hubo sermón.

El mismo acompañamiento acompañó, acabadas las
honras, el cuerpo santo de San Leandro y cuerpos reales
hasta la nueva Capilla Real y fueron puestos en muy
suntuosos y reales sepulcros de alabastro, que para el
efecto estaban riquísimamente labrados, y el pendón y
espada se guarda después acá en la misma Capilla Real.
Las devotísimas Imágenes llamadas de los Reyes [se
refiere a la Virgen de los Reyes y a la de las
Batallas], por cuanto en la paz y en la guerra las
traían siempre consigo el Santo Rey Don Fernando y su
hijo el Rey Don Alonso, pusieron en el altar mayor
para siempre y para celestial consuelo de la gente toda
de Sevilla, que no se halla ausente de su celestial
aspecto y divina presencia”.

Sobrevinieron entonces con la renovación de esta Capilla
Real de Nuestra Señora de los Reyes, y colocación de los
cuerpos Reales que allí existen, varias alteraciones,
tanto en lo material del edificio, como en lo formal de
los oficios eclesiásticos, reformándose el número de
capellanes, y estableciéndose otras funciones bien
diversas de las primitivas.
Es evidente que en el ábside de la nueva Capilla Real
había un lugar para el antiguo tabernáculo de la Virgen,
pero no consta si los tabernáculos y las imágenes de los
reyes se conservaron, o sólo sus tumbas.
Con respecto al tabernáculo, seguimos teniendo noticias
del mismo. Así, en 1635, Espinosa de los Monteros nos
dice: “En medio estava la Virgen Santísima en un
altar portátil de plata, hecho a modo de tabernáculo,
como oy se vee que es muy rico y curioso. Y delante
estaba el santo cuerpo del Rey don Fernando, en un
monumento de piedra marmor” (8).
La desaparición parcial de este tabernáculo estuvo
condicionada por la edificación del nuevo retablo entre
1643 y 1649. Las opiniones sobre esta obra no han
sido demasiado favorables, y los historiadores del arte
siempre se han lamentado de que habiendo otos proyectos
de importantes retablistas, con mejores trazados, no se
eligiesen en lugar del de Ortiz de Vargas.
Ciertamente el actual retablo presenta un extraño
aspecto, y desde luego resulta insólita la decoración de
cuadrícula de su fondo. Todo esto, sin embargo, puede
tener una explicación.

Si observamos detenidamente el retablo, nos daremos
cuenta de que en realidad parte del templete
medieval, con sus puertas de madera que lo cerraban,
subsiste bajo el retablo barroco, o al menos una
renovación de él, incluso puede afirmarse que el
retablo se construyó respetando la estructura inicial
con el antiguo templete abierto. Se colocó un dosel de
madera sobre el edículo de plata, y a los lados, unos
ángeles, en la parte superior, y unas hornacinitas con
imágenes en la inferior, todo adosado a las puertas de
madera dorada con decoración de cuadrícula. Esta
retícula no es más que la base o núcleo de las puertas
medievales que estuvieron recubiertas de lámina de plata
–como el actual templete de la Virgen-, ubicándose en
cada uno de los cuadrados de castillos y leones, como se
ve en la pintura de Lucas Valdés, de hacia 1700.

Hoy día se conservan dos placas de tamaño algo mayor
con relieve de castillo y león, que al decir de Gestoso
provienen del antiguo tabernáculo. Pero no son estas dos
piezas únicamente las conservadas, sino que, bajo las
tallas barrocas aún pueden observarse placas de este
tipo.
Ortiz de Vargas, por tanto, no tuvo opción para hacer
una traza de retablo de acuerdo con las normas
arquitectónicas de su tiempo, y por ello no se le puede
tachar de extraña o inapropiada, ya que se vio obligado
por las circunstancias a respetar el anterior templete,
de hecho, la fantasía barroca que desarrolló en el
remate semicircular del retablo lo acredita como buen
tallista.
Romualdo de Gelo
NOTAS A PIE:
(1) ARCHIVO DE LA CAPILLA REAL. Tradicionalmente se considera que la
fundación de la Capilla Real de Sevilla fue obra de Fernando III.
Sin embargo, hoy por hoy no es posible confirmar documentalmente tal
origen, pareciendo más plausible una fundación posterior. Al menos,
los primeros privilegios conservados en los que se hace referencia a
esta capilla son ya de tiempos de su nieto Sancho IV.
La finalidad de la Capilla era, y es, la guarda de los cuerpos
reales en ella depositados (San Fernando, Beatriz de Suabia y
Alfonso X) y los cultos establecidos en su memoria así como otras
ceremonias litúrgicas. También tiene encomendada la custodia y culto
de la Virgen de los Reyes.
Fuera quien fuera el rey que la fundó, la historia de la Capilla
Real se extiende desde el siglo XIII hasta hoy y a ella nos
acercamos a través de sus documentos, entre los que destacan las
concesiones y confirmaciones de privilegios reales y diversas
constituciones y ordenamientos que ha ido recibiendo: privilegio
rodado de Sancho IV de 1285 por el que “concede a los clérigos de la
Capilla Real de Sevilla todas las Iglesias y abadías de su señorío”,
la regla que hicieron los propios miembros de la Capilla en 1392,
las constituciones de Felipe II en 1594, los estatutos dados por
Isabel II, basados en las constituciones anteriores pero “con
arreglo al Concordato celebrado en 1851”, y por último los estatutos
de 1922. Podemos cerrar esta lista con el decreto de unión de 1998
de los Capellanes Reales con el cabildo Catedral de Sevilla.
El archivo de la Capilla Real de Sevilla ha sido depositado en 1998
en el Archivo de la Catedral, gestionado por la Institución
Colombina, para su inventariarización y servicio a los
investigadores.
Pueden consultarse por los investigadores la serie correspondiente a
Libros de Actas Capitulares, veinticinco libros con un marco
cronológico desde 1580 hasta 1911, y la serie Expedientes de
Limpieza de Sangre, constituida por 199 expedientes del siglo XVI al
siglo XIX.
(2) SÁNCHEZ GORDILLO, Alonso: Religiosas estaciones que frecuenta la
religiosidad sevillana. Con adiciones del canónigo D. Ambrosio de la
Cuesta y del copista anónimo de 1737. Consejo General de Hermandades
y Cofradías de la Ciudad de Sevilla. Sevilla, 1982.. págs. 209-213,
apartados 246-252.
(3) LAGUNA PAUL, T.: “La Aljama cristianizada. Memoria de la
Catedral de Santa María de Sevilla”. Metrópolis Totius Hispaniae,
Sevilla, 1998, págs. 58 y ss.
(4) Acerca de esta riqueza, véase otros datos que transcribe Gestoso
en la nota (2), págs. 331-332, a su vez tomados de MUÑIZ:
Insinuación apologética de la Capilla Real. M. S. Biblioteca
Colombina.
(5) BURRIEL, Andrés Marcos (1719-1762): Memorias para la vida del
santo rey Don Fernando. Dadas a luz con apéndices y otras
ilustraciones por Miguel de Manuel Rodríguez. Madrid, Imprenta de la
viuda de don Joaquín Ibarra, 1800. parte I, cap. LXVI. Publicado por
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Alicante, 1999.
Dice el autor que “consta de una Memoria que existía en un libro
antiguo de Hernán Pérez de Guzmán, escrito en dicho año de 1345, y
que de letra de don Juan Lucas Cortés se halla en mi poder,
asegurándose que fue sacada la copia en 15 de julio de 1570. La he
hallado digna de la noticia pública, como uno de los testimonios que
contribuyen a la veneración del santo Rey desde los días inmediatos
a su fallecimiento, y por eso la traslado aquí”.
(6) SANZ SERRANO, María Jesús: “Imagen del antiguo tabernáculo de
plata de la Capilla Real de Sevilla a través de dos sellos
medievales”. Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de
Historia del Arte, Nº. 11, 1998, pags. 51-68
(7) GESTOSO Y PÉREZ,
José: Sevilla monumental y artística. Ed. Facsímil realizada por
Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla, 2ª ed. Sevilla, 1984,
tomo 2º, págs. 300 y ss.
(8) ESPINOSA DE LOS MONTEROS, p.: Teatro de la Santa Iglesia
Metropolitana de Sevilla. Sevilla 1635, edic. de Gestoso, Sevilla
1884, edic. facs. Sevilla 1986.