San Leandro, insigne arzobispo de Sevilla.

El 13 de noviembre se celebra
la festividad litúrgica de San Leandro obispo de Sevilla.
Con tantos artilugios y modernidades de última generación la facultad humana de
la “memoria” está cada día más agonizante, inánime, exhausta. Los que más, sólo
atinan a hacer “corta memoria” según sus particulares intereses. Raro es aquel
que procura adentrarse para hacer “memoria de la historia”. Y ya sabemos que un
pueblo que no conoce “su historia” es un pueblo condenado a desaparecer, pues no
tiene raíces en que sustentar sus fundamentos e idiosincrasia.
En las raíces cristianas de este milenario pueblo hispalense, junto a la sangre
derramada de las Santas mártires Justa y Rufina, fueron las mentes preclaras y
santos corazones de Leandro e Isidoro, los que dieron lustre y esplendor a esta
antigua comunidad de creyentes de la Bética. Es Memoria Histórica.
Tanto San Leandro como San Isidoro jugaron un papel decisivo y
trascendental en la conversión de los arrianos visigodos a la fe de la Iglesia.
Titulados por Zúñiga como “las dos lumbreras de la fe de España”, San
Leandro y San Isidoro fueron arzobispos de la Sede Hispalense en el siglo VI y
VII, respectivamente.
Alonso Morgado en su Historia de Sevilla (1587), pág. 54 del tomo I dice:
“Tuvo Severiano además de a la Reina Teodosia, otros tres hijos varones
también muy católicos y grandes siervos de Jesucristo, cuales fueron aquellos
dos refulgentes luceros de la Iglesia, San Leandro y San Isidoro, dignos
hermanos y meritísimos prelados y divinos patronos de esta ciudad de Sevilla, y
el otro fue San Fulgencio, Obispo de Écija y después de Cartagena, y también
tuvo otra hija, que fue la virgen Santa Florencia o Florentina, abadesa y
prelada de muchas santas religiones”
El mismo autor, al hablar de las armas heráldicas de Sevilla en el tomo I
pág. 168, manifiesta:

“Tiene Sevilla desde aquel
tiempo por su sello y armas al santo Rey Don Fernando en tribunal asentado, con
una espada desnuda y levantada en la mano derecha, y en la izquierda un globo de
mundo, entre los dos gloriosos hermanos Leandro e Isidoro, patrones de Sevilla y
prelados suyos”.
Casi con las mismas palabras se sigue definiendo las armas y sello de Sevilla
actualmente en la Gran Enciclopedia de Andalucía, (Granada, 1979), tomo 7, pág.
3019.
San Leandro de Sevilla
(Cartagena, ca. 534 – Sevilla, 13 de marzo de 600 ó 601)
Fiesta el 13 de noviembre
Leandro fue primero un monje benedictino para luego ser nombrado Obispo de
Sevilla entre 577-578, antes de la llegada de Hermenegildo a la Bética. Se
apunta la posibilidad de que San Leandro fuera el responsable de la conversión
del joven visigodo al catolicismo, según cuenta San Gregorio Magno en sus
Diálogos: “Hermenegildo, hijo de Leovigildo, pasó de la herejía arriana al
catolicismo por la predicación de Leandro, amigo mío desde no hace mucho
tiempo”.
Aunque Gregorio de Tours, en su Historia Francorum, lo atribuye a su esposa
Ingunda: “Ingunda predicó a su esposo que abandonase la falacia de la herejía
y reconociese la verdad de la ley católica. Él se opuso durante algún tiempo,
pero al fin, conmovido por sus ruegos, se convirtió al catolicismo”.
Se
ha llegado a suponer que tenía una hermana llamada Teodosia o Teodora, que sería
la primera esposa de Leovigildo, y por tanto Hermenegildo y Recaredo serían sus
sobrinos, a causa de lo cual tuvo tanta influencia sobre ellos, pero nada
acredita este extremo.
La conversión de Recaredo y el pueblo visigodo al catolicismo (587) fue
felizmente celebrada por Leandro con la convocatoria del III Concilio de Toledo
dos años después, en cuya Homilia in laudem Eclesiae en la sesión de clausura,
el obispo hispalense, que presidía el Concilio, pronunció elocuentemente:
“Nuevos pueblos han nacido de repente para la Iglesia; los que antes nos
atribulaban con su dureza, ahora nos consuelan con su fe”.
A su regreso de este concilio, Leandro convocó el 4 de noviembre de 590 un
importante sínodo en su ciudad metropolitana de Sevilla (I Concilio.
Hispalense), y luego de ello nunca cesaron sus esfuerzos de consolidar el
trabajo, en el que su hermano y sucesor San Isidoro lo seguiría. Leandro recibió
el pallium, símbolo de su dignidad arzobispal, en agosto de 599, como se dice en
una de las dos cartas conservadas enviadas por San Gregorio Magno:
“Como una bendición del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles, os
enviamos el palio que habéis de usar tan solo en la misa. Al enviároslo, debí
advertiros cómo debíais vivir, pero suprimo esta exhortación porque vuestras
costumbres van delante de las palabras”
San Isidoro escribió sobre su hermano Leandro: “Este hombre de suave
elocuencia y talento eminente brilló tanto por sus virtudes cuanto por su
doctrina. Por su fe y celo, las personas góticas se han convertido del
arrianismo a la fe católica”. (De script. eccles., xxviii).
No escribió mucho San Leandro. La herencia literaria que ha llegado a
nuestros días es corta, pero a él se debe el impulso intelectual que,
irradiando de Sevilla, la Spali visigoda, puso en movimiento la labor científica
de la España de su tiempo. En el destierro escribió dos obras teológicas contra
los arrianos que se conservan: Duos adversus haereticorum dogmata libros
y Opusculum adversus instituta arianorum, además de su famosísima homilía
In Laudem Eclesiae pronunciada en el III Concilio de Toledo. Escribió
también para todo el salterio una doble edición de oraciones así como
composiciones musicales para las misas. Y por último, aparte sus cartas que se
han perdido, ese maravilloso texto sobre la vida religiosa y dedicado a su
hermana Florentina: De institutione virginum, con avisos preciosos para
toda vida religiosa que quiera caminar por la vida del Espíritu.
Gracias a las figuras relevantes de San Leandro y San Isidoro. La Escuela de
Sevilla, tan nombrada en todo el saber de los siglos posteriores, ha
plasmado su nombre sobre las demás escuelas episcopales de la España goda. Fue
como el prototipo y el modelo de la que debían copiar todas las demás, el lugar
al que había que acudir si se quería obtener un título prestigioso de haber
asistido a la mejor escuela.
En ella no sólo se educaron los futuros clérigos, sino también ciertos seglares,
como el Duque Claudio o el rey Sisebuto. Al Duque Claudio le escribió San
Isidoro una carta en la que le decía: “Acuérdate de nuestro común doctor
Leandro, y procura con todo brío imitar su fe y su doctrina”

Sobre la devoción, culto y
veneración que el Santo obispo Leandro recibió desde tiempo inmemorial en
Sevilla son muchísimos los testimonios.
Ortiz de Zúñiga, al final del apartado 22 del año 1253, hablando de los
Corredores de Oreja, posteriormente denominados de Lonja, dice que “tuvieron
antiquísima Cofradía en la misma Capilla Real, preeminencia notable, con
advocación de San Leandro”. De esta Cofradía da relación también en su obra
Espinosa de los Monteros, añadiendo que van en la procesión que con la reliquia
del Santo se realiza desde la Catedral hasta el Convento de su título.
El mismo analista en el apartado 3 del año 1256 habla de las gracias que el
Pontífice Alejandro IV había concedido en Agnania el 8 de julio de 1255,
pudiendo el Deán y Dignidades del Cabildo usar mitra en las principales
festividades,
“así como un año y cuarenta días de indulgencia a los que visitasen esta
Iglesia en los días y sus octavas de San Leandro y San Isidoro, sus Arzobispos:
así se comenzó a celebrar muy solemnemente la fiesta de estos Santos, la de san
Isidoro por tenerle por Patrón, y la de San Leandro por poseer sus sagradas
reliquias, que veneradas con inmemorial culto en la Capilla Real, no se descubre
cómo vinieron a ella, ni quando se descubrieron y hallaron; sábese sólo que en
los Breviarios antiguos había fiesta de su Translación, de que se rezaba a 6 de
abril, con grado de fiesta de quatro Dignidades y del común de un Confesor
Pontífice y Doctor, excepto la oración, así en el Breviario Sevillano impreso el
año de 1528, que refiere en su Martirologio Hispano D. Juan Tamayo de Salazar;
pero sin lecciones propias que tuviesen actas de su Historia. Lo más verosímil
es que las halló San Fernando, y dexó en su Real capilla, que del mismo Santo
tuvo advocación con la de nuestra Señora de los Reyes, en cuyo altar están
colocadas en una caxa de plata, excepto la cabeza, que en medio cuerpo de plata
que lo representa, está en un relicario de la Santa Iglesia, y es el que se saca
en las procesiones; y para la principal de su día, que hace el Cabildo al
Convento de su advocación, saca de la capilla Real todas las demás reliquias
suyas. Este rezo y fiesta de la Translación ya no está en uso, ignorándose
también quando, y por qué cesó”

En el año 1260 ya consta que se celebraba fiesta en su honor. Así, el nunca bien
ponderado analista Zúñiga, al finalizar el apartado 4 del mencionado año, nos
habla del pago que se hace a:
“Nicolas Romances, ya nombrado en el Repartimiento, de cierta ayuda de costa
que le mandó dar por las trovas que fizo para cantar en la su fiesta de San
Clemente e de San Leandro”
Y al final de sus Anales de este mismo año, hablando de los distintos
conventos que existían en la ciudad y sus dotaciones, dice:
“para todos y para su obra hay legados píos en un testamento de este año; al
de San Leandro, que es su primer memoria, dice para los Cofrades de San Leandro;
e a las devotas monjas que allí moran: vese que ya había Cofradía y morada de
mujeres Religiosas con título de San Leandro; aunque no dice dónde, verémoslo
adelante con mayor expresión”
De mi artículo titulado “La Plaza de San Leandro”, publicado en mi página web
www.degelo.com extraigo la siguiente información al respecto:

“La fundación del convento, según Ortiz de Zúñiga, alcanza casi el tiempo de San Fernando”. Para el historiador Morgado el convento de San Leandro de la orden de agustinas ermitañas se funda en 1295. Su primer emplazamiento estuvo en el sitio conocido como "Degolladero de los Cristianos", a extramuros de la ciudad, junto a la Puerta de Córdoba, en lo que es la actual ronda de Capuchinos, hasta que en 10 de junio de 1310 obtuvo la comunidad licencia para trasladarse a unas casas de la parroquia de San Marcos, donde permanecieron hasta 1369 en que se trasladan a unas casas principales en la collación de San Ildefonso, según Zúñiga.
El convento, regido por monjas agustinas, durante muchos años recibió privilegios y abundantes donaciones, como casas y fincas rústicas.
Según Montoto, en su obra Esquinas y Conventos, los primeros documentos de la fundación datan de 1309 y que en 1377 bendice el nuevo convento el Chantre de la Metropolitana Bartolomé Rodríguez por mandato del Arzobispo don Fernando de Albornoz. En las últimas décadas del siglo XVI sufre una total renovación y se concluyó la construcción de la actual iglesia. Esta iglesia sufrió grandes transformaciones en el XVII y durante el siglo XVIII se realizan otras que afectaron más a las dependencias de carácter doméstico del convento. Según Matute “Concluida la costosa obra que necesitaba la iglesia del convento de San Leandro, de monjas agustinas, se celebró su estreno, con solemnísima función, la tarde del 14 de junio de 1752”. A consecuencia de estas obras, se sustituyó su retablo mayor por el actual.
El templo es obra de Juan de Oviedo y presenta forma rectangular con una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Las portadas son de estilo clasicista con sobrias pilastras. Coro alto y bajo a los pies, este último, con bóveda de cañón decorada con yeserías del siglo XVI”.
Espinosa y Cárzel, en sus Adiciones a las Notas de este tomo I, referida a la página 218, expresa:
“Pág. 218. Para la principal de su día, que hace el Cabildo al Convento de su advocación.
Es cierto que el Cabildo en el día de San Leandro iba al Convento de Monjas que tiene por titular a este Santo Prelado, y llevaba su reliquia: pero habiendo hecho reforma este Ilustrísimo Cabildo en virtud de facultad Pontificia, en varias cosas fue una de ellas la procesión de San Leandro, por cuya causa ya no se hace; aunque la hay por dentro de la misma Santa Iglesia por las últimas naves con la reliquia del Santo”
Mas no sólo Sevilla le rindió culto sino que lo consideró como uno de sus Santos Patronos.
Alonso Morgado en su Historia de Sevilla, tomo II, pág 133, al hablar de la fundación del Convento de San Leandro dice que Fernando IV: “fundó un monasterio de monjas de la orden de San Agustín, con invocación y título del glorioso prelado y patrono de Sevilla San Leandro ...”
Así mismo, Ortiz de Zúñiga, en sus Anales del año, al tratar de las reliquias existentes en la Catedral de Sevilla dice: “La cabeza venerable de nuestro Prelado y Patrón San Leandro...”
Cuando en 10 de junio de 1310, las monjas de San Leandro abandonan su antiguo monasterio cercano a la Puerta de Córdoba, en el lugar que ahora ocupan los Capuchinos, para instalarse en unas casas en la calle de los Melgarejos, en la collación de San Marcos, según relata Zúñiga en al apartado 5 de dicho año, la antigua iglesia del Convento que abandonaban
“quedó asistida de una Cofradía de varones píos que ya había en ella, dedicada al culto del mismo San Leandro, no menos honrada del Rey y sus progenitores, y que prosiguió allí por muchos años, teniendo en veneración la memoria de aquel Santuario”
Este primitivo Convento de San Leandro, cuenta la tradición que recoge nuestro analista en el apartado 6 del año 1310, que fue santuario fundado por el propio San Leandro de las Santas Justa y Rufina y que en él tuvieron su sepulcro el mismo San Leandro, San Isidoro y Santa Florentina
“Y que en este conocimiento luego que se ganó Sevilla, se dio culto a su memoria, resucitando templo donde estuvo aquel tan celebrado, y entre cuyas ruinas discurren que es posible se hallase el mismo San Leandro, que como he dicho en otros lugares, no es averiguado donde pareció; pero esto todo solo carga en conjetura, siendo solo cierto que había Convento y Cofradía de San Leandro, y que se llamaba todo aquel campo el Degolladero de los Cristianos. [...] Si fue este el lugar en que como escribe en su Historia de Sevilla el Bachiller Peraza, se halló una piedra con letrero: Domus Sanctae Iustae et Rufinae. Casa de Santa Justa y Rufina, ya puede pasar a más que conjeturas lo referido”.
Ya por 1311 ponía en su sello el Cabildo Eclesiástico en una cara a los tres hermanos San Leandro, San Isidoro, y San Fulgencio, y en la otra a la imagen de Nuestra Señora de la Sede.
El año 1389 nos da Zúñiga la noticia de que hallándose enfermo el Arzobispo don Pedro Gómez Álvarez de Albornoz y amagado de la muerte donó a la Iglesia ricas preseas, entre otras “una cruz y relicario de plata para el cuerpo de San Leandro”.
Alonso Morgado en su Historia de Sevilla, en la pág. 61 del tomo I, refiriéndose a San Leandro, dice:
“El fruto maravilloso que este celestial prelado hizo en esta ciudad de Sevilla, y en toda España, su divina y preciosa muerte remito a su Rezado viejo sevillano y Flos Sanctorum, que señala su fiesta en trece días de marzo de seiscientos o pocos más años, y de ochenta años de edad. Su santo cuerpo fue sepultado en la iglesia de las Santas Vírgenes y Mártires Justa y Rufina, que se cree fue entonces donde ahora vemos la ermita de estas santas vírgenes a la Puerta de Córdoba, en el Prado de Santa Justa.
Tiénele Sevilla por uno de sus principales patronos, y como a tal le reza su Iglesia y le solemniza su fiesta”.
En repetidas ocasiones ha acudido Sevilla a invocar la protección del Santo Obispo Leandro a través de su reliquia catedralicia. Justino Matute en sus Anales de 1705, apartado 3, nos dice:
“Continuaban los apuros de la guerra, a que se juntaba la copiosa lluvia, que hacía temer enfermasen los campos: a uno y otro acudieron los dos Cabildos con frecuentes rogativas, y el 19 de Febrero celebraron procesión general con la Imagen de Nuestra Señora de la Sede, que hacía más de un siglo que no salía, y con la cabeza de San Leandro; la estación fue por calle de Génova, plaza de San Francisco a calle Chicarreros, y por los Polaineros a calle Culebras, calle Francos y la de Placentines”

Y precisamente en el día de su fiesta, como nos relata Velázquez y Sánchez (1) ,
el 15 de marzo de 1814:
“Instaladas las Cortes en la capital de la monarquía, derrotados los
ejércitos franceses en varios encuentros y con noticia de que Bonaparte devolvía
por fin al monarca que llamaban sus amantes súbditos el Deseado, se cantó un
solemne Te Deum en la iglesia catedral, en la mañana del 15 de marzo; asistiendo
la Junta provincial y el municipio; llevándose en la procesión de últimas
naves las reliquias de San Leandro, por ser día de su fiesta, y haciéndose
estación a la capilla de Nuestra Señora de los Reyes, usándose ornamentos
encarnados y aparato de segunda clase”
Como podemos apreciar por todo lo citado, en la Memoria Histórica de esta
milenaria ciudad de Sevilla, San Leandro ocupó un puesto de privilegio en la
devoción e e hitos importantes de la misma. La Historia con mayúsculas es de
siglos, no comenzó, como hoy algunos malintencionada, inculta y sesgadamente
pretenden, “ayer por la mañana”.
Concluyo haciendo un poco de historia sobre el rito
Hispano-mozárabe, del que fue principalísimo unificador.
La liturgia “isidoriana”, por ser San Isidoro su principal mentor, se
concretó en el IV Concilio de Toledo (633), presidido por el arzobispo
hispalense, para unificar la liturgia hispana bajo un mismo rito. Esta liturgia,
que hemos llamado isidoriana, recibe diversos apelativos. El más apropiado es
el de liturgia hispánica, aunque también recibe los nombres de Visigótica o
gótica, mozárabe e incluso toledana.
Una liturgia que, bien estructurada ya en el siglo VI, arrancaba de muy antiguo.
El mismo San Isidoro confiesa en su Libro de los Oficios que “el orden de la
misa y de las oraciones con los cuales se consagran los sacrificios ofrecidos a
Dios fue instituido por San Pedro, a quien sigue todo el orbe”, con lo que
indica la procedencia originariamente romana de la liturgia visigótica. Aunque,
a decir verdad, en ella aparecen no pocas influencias de las Iglesias orientales
y africana.
En el enriquecimiento de esta liturgia tuvo parte principal San Leandro.
Ya lo confiesa, como hemos visto en el capítulo I de esta serie, su hermano San
Isidoro cuando describe su biografía: “Trabajó mucho para mejorar los oficios
eclesiásticos escribiendo para todo el salterio una doble edición de oraciones
así como composiciones musicales para la misa”.
Dos escuelas principales existieron para la plasmación de la liturgia hispánica:
Tarragona y Sevilla. Posteriormente, tras la conversión del reino godo y
el establecimiento de su capital en Toledo, también en esta ciudad comenzó a
florecer, sintetizando en los siglos posteriores las escuelas del Norte y del
Sur, conocidas también como “tradición A” y “tradición B”.
A los nombres de Leandro e Isidoro, pertenecientes a la escuela del Sur, en el
enriquecimiento y fijación de la liturgia hispánica, hay que colocar estos
nombres de las escuelas del Norte: Pedro de Lérida (s. V-VI), Juan de Zaragoza
(+631), San Braulio (+651), (propiamente del Sur por ser discípulo de San
Isidoro), Quirico de Barcelona (+666), Conancio de Palencia (+639), y en Toledo,
San Eugenio (+651), San Ildefonso (+667) y San Julián (+690), estos dos últimos
también discípulos de San Isidoro. Como vemos, la influencia “isidoriana” es
manifiesta.
Obtenida la unidad peninsular bajo la monarquía godo-católica, tras la
conversión de Recaredo, se hacía necesaria también la unidad en el rito
litúrgico: para que la diversidad litúrgica no sirva de escándalo a los
ignorantes o aparezca como error cismático, como ratifica el IV Concilio de
Toledo. Aunque a pesar de ello pervivieron variantes en las distintas Iglesias
hispánicas, por ejemplo en Galicia, que había adoptado de antiguo la liturgia
romana.
Esta liturgia hispánica, tan rica y colorista, pervivió durante la invasión
musulmana y era practicada por los cristianos que vivían en territorio
islamizado. De ahí el apelativo de mozárabe que también recibe.
La división territorial implantada en la península a partir de la invasión
musulmana supuso un corte de comunicación entre el Norte cristiano y el Sur
mahometano. Las Iglesias mozárabes del Sur, aunque en situación precaria,
pervivieron prácticamente hasta la época, ya tardía, de las invasiones
almorávide y almohade y siguieron desarrollando, con estilo propio, su culto y
su liturgia. Es la llamada tradición litúrgica sevillana, con claras
diferenciaciones con respecto a la del Norte. Este Norte cristiano adoptó pronto
la liturgia romana, quedando su liturgia hispánica circunscrita a Toledo todavía
islamizado. Cuando Toledo cae en poder de Alfonso VI de Castilla en 1085, adopta
también la liturgia romana; pero, ante las súplicas de los mozárabes de la
ciudad, se permite que las seis parroquias toledanas que habían pervivido a lo
largo de la dominación musulmana conserven su rito. Y es así que, si no todas,
al menos la de Santas Justa y Rufina de la capital toledana seguía el rito de
la liturgia sevillana.
Cuando Cisneros, a finales del siglo XV, encargó al canónigo Alonso Ortiz la
revisión y corrección de los textos de la antigua liturgia hispánica, para que
no se perdiese, éste pidió para su trabajo ayuda a tres párrocos de la ciudad,
entre ellos al de Santas Justa y Rufina, y se sirvió de numerosos manuscritos de
estas parroquias, todos ellos de la tradición B o del Sur. Y así compuso el
Missale mixtum secundum regulam b. Isidori (Toledo, 15002), adaptación de
los libros antiguos a su tiempo. En ellos se ve que la liturgia sevillana,
que arrancó de un tronco común con la liturgia hermana de las Iglesias del
Norte, tuvo existencia propia, vigorosa e independiente.
Y como tantas otras cosas, esta Sevilla indolente, esta Sevilla del “mi arma” y
de tantos otros tópicos típicos, dejó perder, salvo algún que otro “reducto”
como la celebración en el Monasterio de San Leandro, una de sus más preciadas y
ricas TRADICIONES PATRIMONIALES Y CULTURALES: SU LITURGIA. Felizmente conservada
en Toledo, de lo que me alegro por esta bellísima ciudad, y para “vergüenza” de
los sevillanos que se nos llena la boca con “Sevilla y sus tradiciones” mientras
con nuestros hechos no hacemos nada por conocerlas y mantenerlas, porque ¿a qué
llamamos TRADICIONES, a las de “ayer por la mañana”? ¿No tendría que ser el
Cabildo de la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla
pionero defensor y conservador de tan venerable rito hispánico sevillano?
Romualdo de Gelo
(1) VELÁZQUEZ Y SÁNCHEZ, José: Anales de Sevilla de 1800 a 1850.Imprenta y Librería Hijos de Fe, Sevilla, 1872. Reeditada edición facsímil por el Servicio de Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla. Colección Clasicos sevillanos 7. Sevilla, 1994. pág. 162.
VV. AA.: Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992.
Si tienen interés en conocer cómo es el Ordinario de la
celebración litúrgica hispano-mozárabe, pinchen en el siguiente enlace relativo
a la Misa de San Isidoro, que se celebra en la Real Colegiata de San Isidoro de
León. Podrán observar las notables diferencias con la celebración del Novus Ordo
actual.
http://www.sanisidorodeleon.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=21&Itemid=52