LA PLAZA DE SAN FRANCISCO
La Plaza de San Francisco es uno de los espacios públicos más antiguos y emblemáticos de la capital sevillana, y debe su nombre al enorme convento Casa Grande de San Francisco, fundado a mediados del s. XIII (1258) apenas conquistada la ciudad por Fernando III (1248), que cerraba uno de sus lados.

La plaza de San Francisco era ya en el S XVI el corazón de la ciudad y funcionaba como su Plaza Mayor, no en balde, allí se encontraban ubicados los principales poderes civiles, como el Concejo hispalense, sito en el Ayuntamiento, y el Tribunal de Justicia, en la Audiencia. En esta Plaza de San Francisco se celebraron los famosos autos de fe de la Santa Inquisición, las diversas fiestas de toros y cañas y, al igual que hoy, constituía uno de los puntos clave en la "Carrera Oficial" de las Cofradías de Semana Santa en su estación a la Catedral y la magna Procesión del Corpus Christi.
Hasta el s. XIX, la Plaza se organizaba en sencillos muros con soportales ocupados por tiendas de platero, y lienzos homogéneos de balcones corridos, que se utilizaban como palcos en los diversos actos públicos. Presidía el conjunto el viejo Ayuntamiento y la antigua Audiencia. La plaza recupera su papel público durante las procesiones del Corpus y la Semana Santa.
Desde la conquista de Sevilla por el rey San Fernando, el Cabildo Municipal, formado por los Caballeros Veinticuatro y por los Jurados, se reunía en el Corral de los Olmos que estaba al pie de la Giralda, bajo la hornacina de la Virgen de los Olmos en la Plaza de la Virgen de los Reyes. Pero al enriquecerse Sevilla en el siglo XVI, ya no era decoroso un tan pobre Corral para una tan rica ciudad, por lo que se determinó construir un gran Palacio Consistorial, eligiéndose el lugar de la Plaza de San Francisco. De esta manera, Carlos I ordenó construir el edificio donde entonces estaban las lonjas de las antiguas pescaderías, que se encontraban en un lugar mas céntrico y representativo.
Originalmente, la entrada principal al Ayuntamiento se encontraba en la Plaza de San Francisco, cuya fachada es uno de los ejemplos más representativos del estilo Plateresco que pueden encontrarse en España, pudiéndose ver todavía los restos del apeadero de caballos del antiguo Monasterio. Restos del muro del Ayuntamiento antiguo se ha conservado en el interior del actual.

El Ayuntamiento es un monumento de bellas formas arquitectónicas, uno de los edificios más característicos de Sevilla. En 1527 inició las obras el arquitecto Diego de Riaño. Las obras duraron desde 1527 hasta 1534. El estilo es renacentista y puede considerarse el Ayuntamiento de Sevilla como uno de los más extraordinarios monumentos de España en su estilo, aunque no está terminado de labrar su exorno exterior.
“Merece la pena detenerse a contemplar la fachada que da a la Plaza de San Francisco, que juntamente con el arquillo que conducía al desaparecido compás del convento Casa Grande de San Francisco, compone un conjunto de gran eficacia decorativa, cuya gracia, movilidad, ritmo perfecto y gran sentido de la medida, y todo ello dentro de una exquisita plasticidad, escapan a la mera descripción literaria: frisos y pilastras de grutescos por todas partes, medallones, desnudos infantiles, quimeras, grifos, centauros, sirenas, etc., todo un vasto repertorio ornamental de vieja raíz clásica anula sin querer su fácil ordenación arquitectónica”[1].
Una legión de hábiles entalladores y expertos canteros obraron el maravilloso despliegue pétreo[2].
A partir de 1535 continúan las obras, a cuyo frente figura Juan Sánchez como maestro mayor, de dentro del apeadero (vestíbulo). Entre 1561 y 1564 se realizan las obras del salón alto que se destinó para Archivo y las correspondientes a las obras de los corredores altos que formaron la prolongación de las Casas Capitulares, en las que trabajaron los maestros de cantería Juan Cabello y Francisco Rodríguez, Luis de Ofis, Francisco Becerril y Diego de Figueroa, entalladores.
"Con posterioridad se labra el ala derecha en dirección a la calle de las Sierpes, compuesto de dos galerías, alta y baja, con siete arcos de ladrillo de medio punto apeados en columnas de mármol blanco y con una sencilla baranda de hierro la superior, cuya fábrica se acabó a 22 de agosto de 1564.
Seis años más tarde continuaron las obras de la Sala Capitular alta y las de la contaduría y Archivo, en las cuales se nota la misma riqueza que en las efectuadas en los días del Emperador" (Gestoso, pág.141).


Carro de entrega de los retrato de los Reyes al Ayuntamiento, óleo de Domingo Martínez (1688-1749), Museo de Bellas Artes de Sevilla
Así permaneció la fachada de nuestro Ayuntamiento que da a la Plaza de San Francisco hasta el s. XIX en que, "habiendo sido cedido a la Ciudad por Real Orden de 12 de octubre de 1849 el terreno del solar del derruido convento Casa Grande de San Francisco, en 1º de noviembre de 1857 presentó una moción al Ayuntamiento su Alcalde presidente D. Miguel de Carvajal para que se procediese a construir la fachada. En 30 de junio del siguiente año remitió el arquitecto D. Balbino Marrón el proyecto de reforma, con los planos y presupuestos, que aprobó la Superioridad en 29 de enero de 1860. Las obras fueron subastadas en favor de los Sres. Rodríguez y Adriaensens ..." (Gestoso, pág. 143)
A lo largo de los siglos XIX y XX se llevaron a cabo diversas obras que quitaron partes del edificio primitivo a la vez que se añadieron cuerpos nuevos tras la demolición del convento Casa Grande de San Francisco. No obstante, las obras atravesaron diversas vicisitudes y cambios.
"En sesión de 18 de julio de 1862, el Cabildo designó al arquitecto Demetrio de los Ríos para que se encargase de las obras que habían de completar las fachadas monumentales. Larga y penosa fue su tramitación, pues hasta cuatro años más tarde, no fueron sancionados por Real Orden de 28 de febrero de 1868, previo dictamen de la Real Academia de San Fernando, dándose poco después comienzo a las obras, que duraron hasta 1878, no sin que de nuevo, y por cuarta vez, so pretexto de economías y comodidad del público, se hubiese visto amenazada la existencia del bellísimo arco de paso desde la Plaza de San Francisco a la Nueva, y el salón llamado de los Fieles Ejecutores, según consta en la moción suscrita por los Sres. Jiménez, López Roda y Ariza. Afortunadamente escuchóse el parecer de personas tan peritas y amantes de las artes como los Sres. Góngora, Carreño, Bueno, Álvarez y el arquitecto Sr. de los Ríos, quienes, en un enérgico y bien escrito informe, se opusieron al descabellado propósito, salvando de la ruina partes tan principales de la magnífica fábrica". (Gestoso, pág.147)
La doble arcada de la antigua galería del cuerpo central desaparece por los años de 1864 y es sustituida por una nueva fachada donde recién construida se talla la misma encargándosele esta labor al profesor de la Escuela de Bellas Artes D. Pedro Domínguez, quien había dado muestras de su pericia en la suntuosa portada de San Cristóbal de nuestra Catedral, comenzando las obras en febrero de 1890 por la fachada del Este del monumento. Nuevamente se realizaron más tallas sobre la fachada en 1920 y por el escultor José Echegoya en 1980.

La última variación del edificio se realizó dos años antes (1990) de la celebración del Quinto Centenario. Se intentó volver a la forma inicial. En la zona del siglo XVI se modificó el despacho del alcalde y se limpió la fachada. La parte construida en el siglo XIX fue la que más cambios y arreglos sufrió, entre los cuales se intentó separar de la zona del siglo XVI para devolverle su concepción clasicista.

(Las cuatro fotos precedentes están tomadas de la página de don Julio Domínguez Arjona titulada Ayuntamiento de Sevilla, Esquema histórico de su fachada plateresca).
Hoy día podemos contemplar un conjunto arquitectónico magnífico. La puerta principal del Ayuntamiento se orienta hacia la Plaza Nueva y en el interior destaca la presencia del vestíbulo; la huella italianizante de Benvenuto Tortello en la Capilla (1571) del edificio; la Sala de Consistorio; la Sala Capitular baja; el Salón Colón; la escalera o la bellísima cúpula renacentista del arquitecto Hernán Ruiz, el autor de la coronación de la Giralda; el Archivo Municipal, considerado como de los más importantes en su categoría por la cantidad e interés de la documentación que atesora, cuya parte noble se halla en la Sala Capitular alta.
En la fachada a la Plaza de San Francisco está el Arquillo, que comunica la Plaza de San Francisco con la Plaza Nueva. A los dos lados del Arquillo, a media altura, se ven dos hornacinas con estatuas, la una de Hércules, a quien se atribuye la fundación de la ciudad de Sevilla, y la otra estatua es la de Julio César, que restauró y amuralló la ciudad. Ambos figuran en este lugar de honor al ser considerados como los Padres de la Patria Hispalense.
En 1694, el Cabildo acordó colocar, junto al arco que daba acceso al Convento de San Francisco, denominado el "Arquillo", una cruz de piedra de jaspe sobre peana y un farol, antes rodeado por una verja, más tarde sustituida por la actual, trazada por Demetrio de los Ríos.
La fachada que da a la Plaza Nueva es de estilo neoclásico, y corresponde al proyecto del arquitecto Balbino Marrón.
La construcción de este edificio produce un efecto recualificador de la Plaza iniciándose en un plazo relativamente corto otros dos edificios en la misma: por una parte la Cárcel Real, según proyecto de Hernán Ruiz de 1563, que parte del edificio primitivo reedificado en 1418 bajo el patrocinio de Doña Guiomar Manuel; por otra parte las obras de la nueva Audiencia, en nuestros días sede de la Caja de Ahorros San Fernando, una construcción del s. XVI que sustituía a la primitiva medieval del s. XIII y que ha llegado muy transformada a nuestros días.
Tras la conquista de Sevilla, el Rey Fernando III el Santo establece por privilegio de 1250 un ordenamiento jurídico y judicial que fue ratificado posteriormente por sus sucesores. Esto dio lugar a la constitución del primer tribunal de justicia que se organiza en la capital hispalense, pero no quiere decir que ya entonces se utilizara el edificio que nos ocupa para estas funciones, puesto que tradicionalmente esta labor se desarrollaba en el Corral de los Olmos (fachada de los Reales Alcázares), junto a las Casas Consistoriales. La primera noticia recogida por los historiadores se remonta a finales del siglo XIV, cuando, durante el reinado de Enrique de Trastamara, el doctor Rui García de Santillán, juez de grado que conocía de los recursos, consiguió que se dedicara para su servicio una casa en la plaza de San Francisco, frente a la Casa Grande de la Orden Franciscana. La instalación allí de estos tribunales de apelación exigió arreglos interiores para acondicionar las salas de audiencias, y de ahí el nombre con el que fue bautizado el edificio y conocido a partir de entonces, de Qasa Quadra. Esta denominación procedía del latín, aula quadra, que servía para llamar así al aposento de la casa espacioso y regularmente cuadrado. Este edificio medieval posiblemente no tuviera mucho que ver con el que hoy conocemos; según afirma Teodoro Falcón, era de pequeñas dimensiones, de dos plantas, cubierta de madera, pocos huecos en la fachada, y ya a comienzos del siglo XV amenazaba ruina.
Años más tarde, los Reyes Católicos establecen los Tribunales Colegiados y se crea la llamada Audiencia de los Grados, antecesora de la Real Audiencia primero y de la Audiencia Territorial después. En ese momento, el incremento de las funciones hacen necesarias obras de ampliación de la Casa Quadra, que ya antes había adquirido algunos edificios colindantes. Durante el siglo XVI, el antiguo edificio medieval va experimentando reformas y ampliaciones, más notorias tras la fundación de la Audiencia Real en 1553. Sin embargo, las transformaciones que introduce en el edificio la estética renacentista no se producen hasta fines del siglo, comenzando por el interior, el patio, la fuente y los corredores altos y bajos, como consta en una lápida conservada actualmente en el mismo patio. Las trazas de estas obras pudieron ser proyectadas por Juan de Herrera y llevadas a cabo bajo la dirección de Juan de Minjares. La renovación del exterior se inicia en 1606 por Alonso de Vandelvira, aparejador de Juan de Minjares, cuando, al encontrarse derruida, el Ayuntamiento propone retranquear la fachada para una mejor adecuación al espacio urbano.
La fachada es la parte del inmueble que más transformaciones ha experimentado a lo largo de su historia, y así se pone de manifiesto en la iconografía que de ella nos ha llegado. La portada se hallaba desplazada a la izquierda, a la altura de la segunda ventana de las ocho existentes en la planta baja. El edificio se cubría con tejado y en el extremo de la fachada más próximo a la calle Sierpes se elevaba una torre con cuerpo de campanas rematado con chapitel piramidal.
Durante el siglo XIX se realizaron diversas obras que fueron alterando esta estructura. Hacia el año 1818 el estado precario de la fábrica de la Real Audiencia, que había sufrido incendios y remodelaciones, aconsejó realizar nuevas obras de consolidación. La fachada sufrió una transformación importante: se trasladaron la portada y el balcón principal al centro del edificio y se construyó un nuevo zaguán de acceso al patio principal. En 1858 se derribó la cárcel situada a la izquierda de la Audiencia -Cárcel de los Oidores- por su mal estado, y sus dependencias se destinaron en parte al ensanche de la vía pública, y así ha llegado hasta nuestros días. En 1861 se emprendieron nuevas obras en las salas altas de la Audiencia y se eliminó la torre, que amenazaba ruina.
El día 6 de agosto de 1918 se produce en el edificio un incendio por causas desconocidas que destruye toda la parte alta y casi toda el ala derecha. Este hecho obliga a la última reforma importante que se llevó a cabo. Se realizó según proyecto de Aníbal González, que cedió sus honorarios para la reconstrucción, y concluyó en 1924. El aspecto exterior del edificio no ha cambiado mucho desde entonces. Las últimas obras realizadas, proyectadas por don Rafael Manzano, se produjeron en 1983 tras la adquisición por la Caja San Fernando y sirvieron para adaptarlo a sus nuevos usos, entre ellos dar albergue a una notable colección artística constituida por más de trescientas piezas de todas las épocas
La primera sesión plenaria que tuvo lugar en el Antiguo Palacio de la Audiencia se celebró el día 15 de febrero de 1983, y la última el 27 de noviembre de 1985. En total se celebraron allí 50 Plenos, que albergaron interesantes debates en una época en la que había que dotar a Andalucía de todo su entramado legislativo y su configuración institucional.[3]
El resto de las edificaciones en los límites de la Plaza se encontraba totalmente porticada y con miradores.

En el año 1930, don Santiago Montoto publicó en la revista madrileña Blanco y Negro el siguiente artículo referente a esta Plaza:
"En el centro de Sevilla, en lo que podemos llamar corazón de la ciudad, se abre la plaza más antigua y que ha disfrutado de más nombres en el transcurso del tiempo, y que -síntoma de los que alcanzamos- no ostenta rótulo alguno que anuncie su nombre de "Plaza de la Constitución". Sevilla, sin proponérselo, ha seguido dando testimonios de su historia política en esta plaza, la cual ha sido teatro de los más alegres y suntuosos festejos, y al par, de las escenas más tristes y luctuosas. Fiestas reales, torneos, toros y cañas, procesiones, fusilamientos, patíbulos, altares, todo ello en inconsciente sucesión conmovía a la muchedumbre apiñada en el ámbito de esta plaza, donde indistintamente se alzaba el tablado de las fiestas y el de la muerte. La historia de la ciudad desde la Reconquista ha pasado por ella, y ya en el siglo XVI decía el historiador Sigüenza que era "la más pública de Sevilla", y que su estructura era la misma que tenía antes de la toma de Sevilla por San Fernando.
El nombre que tuvo después de la Reconquista fue el de San Francisco, por el convento de este nombre, fundado el año 1268, por donación de unas casas que le hizo el Rey don Alfonso X a los franciscanos. Ya este sabio monarca, en documento fechado en Sevilla, miércoles 24 de agosto, era 1299, al conceder ciertas prerrogativas a los genoveses, dice: "Dámosle e otorgámosle una mezquita, en Sevilla, que es cerca del so barrio, en la plaza de sant francisco ... e esta mezquita les damos para hacer palazzo en ella"
Con el nombre de San Francisco llegó hasta el siglo XIX, en que, proclamada en ella el 29 de agosto de 1812 la Constitución, promulgada por las Cortes generales y extraordinarias, reunidas en la Isla de León, se rotuló la plaza con el siguiente título, esculpido en una losa de mármol: "Plaza de la Cosntitución".

No duró mucho tiempo este nombre. La tarde del 6 de mayo de 1814 los enemigos del nuevo régimen constitucional arrancaron y rompieron la supradicha losa, que fue sustituida por una tabla, que decía: "Plaza Real de Fernando VII".
Habiendo obtenido del Cabildo Catedral -al decir de un historiador- una comisión de entusiastas patriotas realistas, la promesa de hacer grabar en mármol, a su costa, la que había de reemplazar a la de madera, lo que así se verificó, y en plazo tan breve, que en la tarde del 11 de mayo se llevó la nueva lápida al café de la calle de Génova, de donde en lucida procesión y en parihuelas, que sostenían el Gobernador Militar don Francisco Chaperón, el inquisidor don Mariano Esperanza, don Lorenzo Castaños y un fraile capuchino, fue transportada a las Casas Capitulares, en cuya fachada había de colocarse". Debajo del rótulo pusieron una losa con esta inscripción: "Sevilla, para nuevo testimonio de su lealtad, para futuro documento de sus hijos, el día 6 de mayo de 1814.
Poco más de un lustro ostentó la plaza el nombre del versátil Fernando VII, puesto que en 21 de enero de 1820 los patriotas derribaron la lápida de mármol en que se leía "Plaza de Fernando VII" y pusieron en su lugar un cartel impreso que decía: "Plaza de la Constitución". Sólo unos meses duró este nombre. En 28 de septiembre del mismo año, conocida en Sevilla la nueva de la rendición de Cádiz, el antiguo Regimiento, reintegrado en sus funciones, mandó descubrir una nueva lápida de mármol en la fachada de las Casas Consistoriales, en la que se leía: "Plaza del Rey".
Persiste más este rótulo, que los liberales, el domingo 2 de marzo de 1834, tratan y no logran quitar, para sustituirlo por un cartelón que decía: "Plaza de Isabel II" nombre que llegó a lucir.
Un año después, el miércoles 2 de septiembre de 1835, habiendo fraternizado las tropas y las milicias, que, formadas en masa en la plaza de San Francisco, saludaron con estrepitosos vivas al nuevo Capitán General, éste se presentó en un balcón de las Casas Capitulares, ondeando una bandera con la siguiente leyenda: "Plaza de la Constitución".
Fisonomía muy distinta presenta este lugar del que tuvo de antaño. Cierto que conserva sus dos más insignes edificios, pero, ¡cuán cambiados! Sólo una parte de la fachada del Ayuntamiento ha resistido a la mudanza de los tiempos.
La fachada de la Audiencia, de reciente construcción, salvó su portada de las llamas de un voraz incendio, y en ella se ve el escudo de Sevilla, tal vez el mismo que el regente de la Audiencia hizo quitar en 1588, y que fue repuesto después de un ruidoso pleito ganado por Sevilla, y que duró hasta 1607; si no es aquel otro que en 1800, suprimió el regente Bruna y que restituyó a su lugar ante las vivas protestas del Ayuntamiento en defensa de su privilegio.
La fuente que desde el siglo XVI la decoraba, rematada por una figura de bronce, fundida por Morel hacia 1570, fue trasladada a la Alameda de Hércules. En los días en que la plaza se adornaba para las grandes fiestas, la fuente lucía muy variados artificios. Merece citarse el que se estrenó en 1746, cuando la proclamación de Fernando VI, consistente, según un escritor de la época, "en tres cuerpos de ajustada arquitectura con sobrepuesto de plata labrada. Cuatro mascarones vertían por la boca vino blanco y tinto[4], y en todas ellas se leían poesías castellanas"
De las fiestas de toros y cañas que en ella se celebraron fueron famosas las de 1620, de las cuales dejó escrita una relación el tan docto como travieso historiador hispalense Morovelli de Puebla.
Estuvo la plaza rodeada de portales. Muchos hemos llegado a ver, por los cuales es tradición, aunque sin fundamento, que Cervantes paseaba estudiando los asuntos de sus novelas inmortales.
Fue esta plaza predilecta de los curiales, tanto, que dijo de ella Mal-lara, en 1571, describiendo los lugares más famosos de la ciudad: "La Plaza de San Francisco, para la justicia". El mayor número de las escribanías estaban alojadas en los pintorescos portales de ella; y a dos pasos, a la boca de la calle de las Sierpes, la calle sin noche, la Cárcel Real, con azoteas y galerías, desde las cuales los presos de posición veían los festejos que en la plaza se celebraban.
Tema de inspiración para los pintores románticos por lo abigarrado del conjunto, con la bella perspectiva de la Giralda al fondo, la reprodujeron grabados y litografías, siendo muy interesante el dibujo del inglés Levis (1838).
Dos días tiene esta plaza sevillana, de los cuales su espíritu palpita y alienta, al par que el de la ciudad toda. Mañana del Corpus, plena de sol, de ambiente embalsamado por el aroma de la juncia y el romero, alegría sana llegada de los campos, donde granan las espigas y verdean las uvas, que luce, como simbólicos airones, la Custodia de Arfe; noche de Jueves Santo, de blanca luna y rutilantes luceros, en que se sueña y añora la muerte de Jesús, que, con la cruz a cuestas, camina al Calvario, al mágico conjuro del genio de Montañés, famoso.

Quien visitó la metrópolis andaluza en esas fiestas no olvidará nunca el magnífico espectáculo de la Plaza de San Francisco, de "la Plaza", como por antonomasia le llamamos los sevillanos".
Hasta aquí el artículo citado de Montoto.
Fue Plaza de la Libertad en 1873 con el advenimiento de la I República, pero transcurrido un año volvió al de Constitución. En 1931 vuelve a sustituirse el nombre de Constitución por el de República. En 1936 se le denominó Plaza de la Falange Española, hasta que en 1980 recupera oficialmente el de Plaza de San Francisco, con la que se le conoce actualmente, denominación que siempre estuvo en el uso del pueblo de Sevilla.
Respecto a la fuente de Mercurio que se encuentra actualmente en la Plaza he recogido hasta la fecha noticias incongruentes. En su artículo sobre la Plaza de San Francisco publicado en la revista Blanco y Negro de 1930 don Santiago Montoto afirma: "La fuente que desde el siglo XVI la decoraba, rematada por una figura de bronce, fundida por Morel hacia 1570, fue trasladada a la Alameda de Hércules”
1.- Don Julio Domínguez Arjona en su página titulada "La Fuente de Mercurio II"[5] dice que la fuente:
"Fue restaurada profundamente en 1655 por Pedro Sánchez Falconde y en 1717 se funde una nueva estatua ya que el original de Pesquera y Morel desapareció en 1712"
A mediados del siglo XIX es desmontada y estuvo en los Jardines de las Delicias, en la casa de los Levíes, en la casa de los Pinelo, en el propio Alcázar y en los Jardines de Murillo.
Llegamos a 1974 donde este Mercurio del siglo XVIII, recordemos que el original lo robaron, vuelve a su sitio y se construye una nueva fuente del arquitecto Rafael Manzano, inspirándose en la anterior fuente también dieciochesca de Fernández Iglesias . Donde como vemos no solo es fuente la escultura de bronce sino también el pilón de piedra circular con motivos neobarrocos".
No cita fuentes o procedencia de tan sustanciosa información. De estos datos, interpreto que Rafael Manzano es el autor de la “nueva fuente” pero que el Mercurio “que vuelve” a la Plaza es el realizado en 1717 por Fernández Iglesias, ¿es esto correcto?
En cuanto a “ la desaparición o robo en 1712” que alude don Julio Domínguez Arjona, quizás esté la explicación en el siguiente texto de don Justino Matute:
“Mucho incomodó a Sevilla la falta de agua de los Caños de Carmona, que duró más de quince días, desde el 22 de junio, a causa de haberse roto trece arcos de su acueducto frente al monasterio de San Benito. Impaciente la gente por creer que la obra duraba más de lo que debía, derribó una noche la fuente de la plaza de San Francisco, en cuya caída se rompió la taza y lastimó el pilón; lo que dio motivo a tratar de traer una fuente construida en Génova, que no tuvo efecto”[6].
Más adelante, el mismo autor dice:
“El 7 de noviembre (de 1717) empezó a correr la fuente de la plaza de San Francisco, que construyó el maestro cantero Juan de Iglesias, natural de Burgos, toda de piedra, con un giraldillo de bronce en su remate, que se doró a fuego. Ascendió su costo a 2.000 ducados, que pagó la Ciudad; y por disposición de la misma se dio principio a empedrar la dicha plaza, pues antes estaba terriza y con desigualdades que afeaban su espaciosidad”[7]
2.- Lo mismo ocurre con don José Elías Bonells[8] cuando dice: “En 1850 se sustituyó la fuente de piedra, rematada con un giraldillo de bronce, que construyó el maestro cantero Juan de Iglesias y que reproducen los grabados de los siglos XVIII y primera mitad del XIX, por la popularmente conocida "Pila del Pato", la pila nómada de Sevilla, ya que en 1881 fue trasladada a la Alameda de Hércules, con posterioridad a la Plaza de San Sebastián (actual Palacio de Justicia), y en la actualidad ubicada en la Plaza de San Leandro.
En el ángulo donde se ubica el Banco de España en confluencia con la calle Hernando Colón se instaló en 1974 la fuente de Mercurio, que ya había existido en la plaza.
La figura de bronce de Bartolomé Morel, estuvo durante muchos años instalada en el estanque próximo a la que fue vivienda del jardinero Mayor, en los Jardines de las Delicias, trasladada posteriormente a la Casa de los Pinelo y de allí a su emplazamiento actual en la Plaza de San Francisco”.
De este texto parece concluirse que la figura del Mercurio de la fuente que se instala en 1974 es la primitiva del s. XVI, tras su exilio itinerante, y la fuente es la realizada por Juan de Iglesias, ¿es esta posibilidad la correcta?

3.- En 1717, año en que arde la Iglesia del Convento de San Francisco, se llevan a cabo mejoras en la Plaza, que antes estaba terriza y con desigualdades que afeaban su espaciosidad. Tal reforma consiste en un empedrado de su suelo y la colocación, en noviembre de tal año, de una nueva fuente que construye el maestro cantero Juan de Iglesias “toda de piedra, con un giraldillo de bronce en su extremo que se hizo a fuego”. Dicha fuente, que viene a sustituir a la del siglo XVI, trasladada a la Alameda, estaba dotada de un gran caudal de agua y un alguacil para su cuidado y limpieza[9].
“Por una parte el acerado perimetral de la manzana sur de la plaza se dilata acogiendo la fuente primitiva restaurada, que se dispone ahora de acuerdo a unos patrones compositivos radicalmente distintos”[10].
¿A qué llaman “la fuente primitiva restaurada” a la del XVI o la del XVIII que es acogida nuevamente en la Plaza?
4.- Mas si la documentación citada no fuera ya de por sí “enrevesada” encuentro el siguiente texto al comentar un plano de la Plaza de San Francisco en las Fiestas Reales de Toros y Cañas: “Al ser desplazada la Pila del Pato, labrada en 1717 por Juan Fernández Iglesias, se dispuso de un espacio cuadrilongo para el brillante espectáculo, presidido por la familia real y la corte, ...”[11]
¿Estaba por esta época de 1729-1733 la Pila del Pato en la Plaza de San Francisco? ¿Es Juan Fernández Iglesias el autor de la Pila del Pato?
5.- Por último, consultando sobre Diego de Pesquera en la Gran Enciclopedia de Andalucía obtengo: “Realizó también la figura en bronce de la fuente que estuvo en la Plaza de San Francisco y que luego se trasladó a los Jardines de las Delicias, instalándose recientemente en la plaza antedicha un duplicado. Precioso es el Mercurio trazado por él y fundido por Bartolomé Morel en 1575, del Alcázar, con indudables recuerdos praxitelianos”[12].
¿Este “duplicado” se debe entender como “nueva”, tanto la fuente como la escultura, y es la realizada por Rafael Manzano en 1974 y de la que actualmente disfrutamos?
Sea como fuere, en el ángulo donde se ubica el Banco de España en confluencia con la calle Hernando Colón se instaló en 1974 la actual fuente de Mercurio, que ya había existido en la plaza.
Hay datos acerca de una ampliación de la Plaza en 1734 “... y este año (la ciudad) compró tres casas en la plaza de San Francisco, que hacían esquina frente de la puerta de la Audiencia, entre la calle de las Sierpes y los Papeleros, las cuales derribó para dar más regularidad a la plaza y mejor vista a aquel edificio”[13]. Entre 1755 y 1756 se repara la Cárcel Real, tras la ruina que ocasiona el terremoto de Lisboa de 1755. Este edificio permanecerá en uso hasta 1887 en que es sustituido por la Cárcel del Pópulo, en el Arenal.
A parir de mediados del XIX la Plaza se convierte en escenario, en su mobiliario y ocupación, de los progresos tecnológicos de la sociedad moderna: se suceden diversos sistemas de alumbrado, los distintos medios de transporte la utilizan de parada, adoptando un carácter más funcional.

Con el derribo propugnado en el proyecto de rectificación de líneas de las calles de Cánovas del Castillo, Cabo Noval, Felipe Pérez y Plaza de la Constitución, en 1915, comienzan a desaparecer de la Plaza los pórticos que la dotaron de la imagen con que se reconoce en los grabados antiguos.
Hoy en día es un amplio espacio abierto en el casco histórico, donde se viven momentos significativos de la Ciudad, siendo engalanada en solemnidades religiosas o festivas con las tradicionales "velas", arcos triunfales y exorno floral.
Romualdo de Gelo
![]()
[1] GUERRERO LOVILLO, José: Guía artística de Sevilla. Sevilla, 1986
[2] GESTOSO Y PÉREZ, José: Sevilla monumental y artística. Ed. Facsímil realizada por Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla, 2ª ed. Sevilla, 1984, tomo III, págs. 117-182
[3] Texto tomado de la página web oficial del Parlamento de Andalucía.
[4] Este dato lo cita también MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Anales Eclesiásticos y Seculares de la MN y ML Ciudad de Sevilla. Lib. XX. Sevilla, 1997. Ediciones Guadalquivir, 2ª ed. Tomo II, pág. 63, apart. 7.
[5] DOMÍNGUEZ ARJONA, Julio: http://www.galeon.com/juliodominguez/2005/ayme.html
[6] MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Anales Eclesiásticos y Seculares de la MN y ML Ciudad de Sevilla. Lib. XIX. Sevilla, 1997. Ediciones Guadalquivir, 2ª ed. Tomo I, pág. 96, apartado 8
[7] MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Anales Eclesiásticos y Seculares de la MN y ML Ciudad de Sevilla. Lib. XIX. Sevilla, 1997. Ediciones Guadalquivir, 2ª ed. Tomo I, pág. 117, apartado 9.
[8] ELÍAS BONELLS, José: Plantas y Jardines de Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 2003
[9] VIOQUE CUBERO y otros: Apuntes sobre el origen y evolución morfológica de las plazas del casco histórico de Sevilla. Sevilla. 1987. pág.129
[10] VIOQUE CUBERO y otros: Apuntes sobre el origen y evolución morfológica de las plazas del casco histórico de Sevilla. Sevilla. 1987. pág.131.
[11] LEÓN, Aurora: “Iconografía y fiesta durante el lustro real: 1729-1733”. Arte Hispalense Nº 53. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 1990, pág 130.
[12] Gran Enciclopedia de Andalucía, Tomo 6. Granada, 1979, pág.2712.
[13] MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Anales Eclesiásticos y Seculares de la MN y ML Ciudad de Sevilla. Lib. XIX. Sevilla, 1997. Ediciones Guadalquivir, 2ª ed. Tomo I, pág. 259, apartado 15.