EL HUMILLADERO, EL VIA CRUCIS Y LA ERMITA DE LA CRUZ DEL CAMPO

Como otros tantos errores, que por efecto dominó se han ido perpetuando hasta nuestros días en la tradición e historiografía sevillana, el considerar el Via Crucis a la Cruz del Campo como el origen y causa primera de nuestra Semana Santa es uno de ellos.

Bien es cierto, como ya tuve ocasión de expresar en una entrada anterior titulada EL Origen y Evolución de las Hermandades Penitenciales (I), que este Via Crucis fue un elemento más que ayudó a forjar lo que hoy entendemos por Semana Santa, pero ni fue el origen, ni mucho menos, la única causa. No obstante, tanto la Cruz del Campo como el vía crucis de la Casa de Pilato constituyen dos elementos decisivos en la formación de la religiosidad popular en torno a la Pasión junto a las representaciones litúrgicas, el movimiento de los flagelantes, la devoción a la Vera+Cruz y otras similares y derivadas como las Cinco Llagas y la de la Sangre de Cristo, además de los propios frutos de las predicaciones cuaresmales.

Realmente la historia de la Cruz, Humilladero y Ermita de la Cruz del Campo es muy controvertida. Para los siglos de la fundación, entre el XIII y el XV existen pocas fuentes primarias, por lo que frecuentemente se recurre a las referencias de cronistas e historiadores antiguos.

Fue don José Gestoso en su famosa "Sevilla monumental y artística" (T. III., Sevilla, 1892, pp.537-540) el primer historiador que trató con seriedad y profundidad la cuestión. En ella comenta Gestoso las opiniones de eruditos, como Justino Matute o el Abad Gordillo, sobre la Cruz del Campo. Sin embargo, Gestoso se limita a sintetizar juicios contrarios de estos eruditos pero, al no disponer de fuentes primarias, no optó por la tesis de ningún autor concreto. El archivero de la casa ducal de Medinacelli en la propia Casa de Pilatos y escritor don Joaquín González Moreno (“Via Crucis a la Cruz del Campo”. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992) ha escrito una monografía sobre esta temática que aporta mucha luz sobre las cuestiones relacionadas con él, pero no en lo referente a la historia del monumento.El Humilladero de la Cruz del Campo en la Religiosidad Sevillana”, de José Roda Peña, Manuel García Fernández y Federico García de la Concha Delgado, es igualmente un interesante estudio sobre el Humilladero de la Cruz del Campo, el Monumento y sus restauraciones, así como el origen y desarrollo histórico del Vía Crucis a la Cruz del Campo.

Las confusiones se deben a que no se trata de un sólo edificio sino de un complejo formado por la Cruz, el Humilladero -del que se hicieron sucesivas reparaciones que han sido confundidas con la fecha de su construcción-, la Ermita y unas casas pensadas para servir de monasterio.

Pero vayamos por parte para intentar aportar los datos que manejamos con mayor lucidez y estructura ante un tema tan complejo.

 

1. LA CRUZ Y EL HUMILLADERO

De la existencia de la Cruz existen referencias documentales que datan de 1380. Si en el siglo XIV existía, lo más probable es que su erección date de la misma época de la conquista, ubicándose -según Matute- en el solar de un antiguo edificio musulmán. Desde la erección de la Cruz, el lugar se fue convirtiendo paulatinamente en uno de los rincones más venerados de los sevillanos. Por eso desde 1540 se convirtió en la séptima y última estación del vía crucis que desde 1521 salía de la Casa de Pilatos.

El Humilladero es sin duda posterior y, a juzgar por su estilo artístico, data del siglo XV. Resulta sumamente problemático elegir una de las dos hipótesis planteadas hasta la fecha, pues ambas son igualmente posibles. Así, por un lado, Gestoso apunta que debieron ser los cofrades de los Santos Ángeles quienes en 1460 lo edificaron. Por el otro, don Joaquín González Moreno, siguiendo al abad Gordillo y a Ortiz de Zúñiga, afirma que fue el asistente de Sevilla Diego de Merlo quien lo construyó en 1482. Todas las obras posteriores no son otra cosa que restauraciones de la primitiva estructura mudéjar. 

El analista Diego Ortiz de Zúñiga nos dice en el apartado 1 del año 1482:

“El Humilladero, que comúnmente llamamos de la Cruz del Campo, puesto sobre el conducto de las aguas, que casi desde él comienzan a elevarse sobre los caños de Carmona, y aquellos célebres y antiguos arcos de que he hablado en otros lugares, fue hecho este año, como alrededor de su bóveda muestra un letrero en los obscuros caracteres que usaba aquel tiempo, y ya no legible en alguna parte:

ESTA CRUZ ...E OBRA MANDO FAZER, E ACABAR EL MUNCHO HONRADO, E NOBLE CAVALLERO DIEGO DE MERLO, GUARDA MAYOR DE EL REY, E REYNA, NUESTROS SEÑORES, DE EL SU CONSEJO, E SU ASSISTENTE DE ESTA CIUDAD DE SEVILLA, E SU TIERRA, E ALCAIDE DE LOS SUS ALCAZARES, E ATARAZANAS DE ELLA, LA CUAL SE ACABO A PRIMERO DIA DE... DEL AÑO DEL NACIMIENTO DE NUESTRO SALVADOR IESU CHRISTO, DE MIL E QUATROCIENTOS E OCHENTA Y DOS AÑOS, REINANDO EN CASTILLA LOS MUY ... E SIEMPRE AUGUSTOS, REY, Y REYNA NUESTROS SEÑORES, DON FERNADO, E DOÑA ISABEL.

Consta de algunos papeles, que en este año por mandado de los mismos Reyes se repararon los caños de Carmona, interviniendo el mismo Asistente, cuya devoción dispuso este Humilladero en su principio, y donde lentamente comienza a levantarse el acueducto: viéndose que no fue obra del Marqués de Tarifa Don Fadrique Henríquez, como se entiende, aunque lo hallase puesto en sitio oportuno para medir hasta él el camino y estación de la Cruz, que comienza desde su casa, después que vino de Jerusalén, como se dirá en el año 1521”.

De la inscripción de la bóveda que transcribe Zúñiga, nos dice Gestoso que se hubiera perdido de no ser “por la diligencia de nuestro ilustrado amigo el Sr. D. Joaquín Guichot, que cuidó fuese restaurada en 1881”.

Sea una u otra la fecha de edificación, el Templete o Humilladero de la Cruz del Campo se levantaba antaño como un solitario peregrino en el camino que unía Carmona a Sevilla. Muestra un estilo gótico-mudéjar en sus arcos apuntados y en el ladrillo usado para su construcción.

Así nos lo describe Gestoso:

“A primera vista se observa en este edificio el estilo mudéjar, tan en voga a fines del siglo XV y en los albores del XVI, pues es un templete abierto por sus cuatro frentes, sostenido por sencillos pilares de ladrillo robustecidos con estribos o contrafuertes. De los referidos pilares arrancan sendos arcos ojivos, que sostienen un cupulino octogonal, rodeado exteriormente de un antepecho de almenas dentelladas. Interiormente el cupulino figura asentar sobre una imposta de ocho lados, cada uno de los cuales se ajusta a los de la referida cupulita, con pechinas de arista viva en cada uno de los ángulos del monumento”.

Cobija entre sus arcos una cruz de mármol blanco (la Cruz del Campo), con las imágenes de Cristo y María, atribuidas a Juan Bautista Vázquez “el viejo” en 1571, aunque la única documentación existente nos la refiere Gestoso diciendo que “un asiento del Libro de Caja de 1571, por el cual consta que la Ciudad pagó 1.000 maravedíses al escultor bautista Vázquez por la mitad de lo que ha de hacer en el umilladero de la Cruz del Campo. En 1572 se libraron al mismo artista Vázquez 24 ducados por la mitad de lo en que se le remató el umilladero de la Cruz que está en camino de Carmona questa ciudad mando adereçar”

Así mismo, Gestoso nos da noticia que “en viernes 4 de abril de 1648 se libraron a D. Pedro Caballero de Illescas 500 reales de vellón para atender a los reparos que el monumento necesitaba, reconstrucción de la gradería, reforzar uno de los estribos, limpiar las atajeas que vierten las aguas y la bóveda. Finalmente, en 1880, como todo el monumento amenazase ruina, dispuso el Excmo. Ayuntamiento que fuese renovado y fortalecido, como así tuvo lugar, siendo el encargado de la obra el arquitecto municipal D. Aurelio Álvarez. Además de asegurar la fábrica por los medios que se estimaron conducentes, se la ha rodeado de una verja que la ponga a salvo de las manos destructoras que tanto daño le habían causado hasta aquí”.

Estas noticias tienen cierta contrariedad con la que nos ofrece Esteban Mira Caballos en “Datos inéditos sobre el Humilladero de la Cruz del Campo y la Cofradía de los Santos Ángeles de Sevilla” (Boletín de las Cofradías de Sevilla, Nº 482, 1999 , pags. 97-102), en base a un documento localizado por él en el Archivo de la Real Chancillería de Granada que trata de un pleito incompleto de 37 páginas que enfrentó al Obispo de Marruecos, don Sebastián de Obregón, y los cofrades de los Santos Ángeles por la capilla y ermita de la Cruz del Campo, donde se afirma que:

“Era el arzobispado de Sevilla quien ostentaba la propiedad del humilladero a diferencia de lo que se ha afirmado. La institución eclesiástica lo cedió en 1532 al Obispo de Marruecos don Sebastián de Obregón, quien a su vez lo transfirió, en 1539, al monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos de Sevilla. Debió ser finalmente tras la exclaustración cuando la propiedad pasó finalmente al Ayuntamiento hispalense”.

Carlos J. Romero Mensaque (en "Breve historia de la Semana Santa de Sevilla", editorial Sarriá, de la que es co-autor José Domínguez León) opina que:

“Existía ya extramuros de la ciudad, junto al tramo en que se elevaba el acueducto o Caños de Carmona, cercano a la puerta del mismo nombre, un pequeño humilladero, muy modesto, con una cruz de madera que algunos autores relacionan con la hermandad de los negros titulada de Nuestra Señora de los Ángeles, que poseía hospital y cofradía propia desde el siglo XIV fundada por el arzobispo Gonzalo de Mena. Después de diversas vicisitudes, este humilladero fue reconstruido por el asistente Diego de Merlo en 1482, labrando nueva cruz en piedra, la que cubrió con hermoso templete mudéjar. Sin duda no por azar este mismo año se recibe con gran solemnidad una reliquia del "lignum crucis", siendo además prelado de la archidiócesis Pedro González de Mendoza, cardenal del título de la Santa Cruz en Jerusalén. (Esto último es cuestionado por varios historiadores)

En el siglo XV se conocía a este emplazamiento como el de la Cruz del Campo y era un centro importante de la religiosidad popular pasionista sobre todo en cuaresma, siendo además punto de confluencia de misioneros mendicantes (franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas, mercedarios y trinitarios) alentando a la conversión y a las prácticas penitenciales que se desarrollaban, bien de forma organizada por los propios frailes, bien de modo espontáneo. Aparecen igualmente las primeras congregaciones o cofradías fundadas en sus conventos. Fueron muchos los sevillanos que se reunían espontáneamente todos los viernes de cuaresma a realizar unas indudables y auténticas estaciones de penitencia, que se formalizarán ya en los siglos XVI y XVII por medio de diversas cofradías de la feligresía.

Hoy día, el monumento, que está catalogado como Bien de Interés Cultural, luce una enésima juventud –han sido numerosísimas sus rehabilitaciones casi desde su construcción– en la que resaltan las pinturas e inscripciones recién halladas en la cara interna de la cúpula bajo capas y capas de cal. En ellas hay un mensaje en letras góticas sobre su construcción, y otro peor conservado del que se han rescatado tan sólo palabras sueltas tras su última restauración efectuada en 2007.

 

2. EL VIA CRUCIS Y EL HUMILLADERO DE LA CRUZ DEL CAMPO.

Vía Crucis es un término latino que en español significa Camino de la Cruz. Se refiere al camino que recorrió nuestro Señor Jesucristo, cargado con la Cruz desde el Pretorio de Pilato hasta el monte Calvario y en éste, desde que fue clavado en el patíbulo hasta ser colocado en el sepulcro. Consta de catorce escenas “pasos” o episodios que reciben el nombre de estaciones, por constituir momentos de parada o descanso.

Según una tradición documentada en el siglo V, se nos presenta la Santísima Virgen recorriendo cada día los sitios donde su Divino Hijo había sufrido y derramado su sangre; en los lugares señalados se detenía, evocaba el recuerdo a la vez dulce y amargo, besaba el suelo y oraba.

El origen del Vía Crucis se remonta a Jerusalén. Ciertos lugares de la Vía Dolorosa (aunque no se llamó así antes del siglo XVI) fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos de la era cristiana. El Camino de la Cruz se convirtió en la meta de numerosos peregrinos, que acudían a vivir en primera persona la meditación bíblica, mientras recorrían los verdaderos escenarios de la Pasión del Señor.

El Vía Crucis en Jerusalén fue una consecuencia natural e inmediata de la Pasión de Cristo. Pero no era tal como lo conocemos hoy.

Hasta el siglo X no se suele indicar división en estaciones y hasta el XIII no se determina el recorrido exacto por el que caminó por las calles de la ciudad llevando la Cruz. En los siglos XII y XIII comienza a hablarse de escenas o estaciones. Varios autores (Riccoldo, Sanuto, Pipin, etc) proponen algunas de ellas. Las primeras que toman cuerpo son las del Pretorio o Eccehomo, el consuelo de las mujeres piadosas o Nolite flere, el encuentro con su Madre o Pasmo de la Virgen y la del Cireneo. Algunos sustituyen el encuentro con la Virgen por un episodio donde Jesús descansó, correspondiente a alguna de las tres caídas.

Juan Palomer (1422) cita cinco estaciones, que nombra en sentido inverso, desde el Calvario a la casa de Pilato: un descanso del Señor al pie del cerro, el Cireneo, el encuentro con las mujeres piadosas, el encuentro con la Virgen y el Pretorio. Pocos años después Jacobo de Verona y Jorge de Nuremberg añaden el episodio de la Verónica. A mediados del siglo XV las paradas del recorrido de los peregrinos son ya catorce y se empieza a llamarlas estaciones.

Felix Fabri añade en 1480 el episodio de la puerta judiciaria (la segunda caída), y divide el lugar del Calvario, considerado en conjunto hasta ese momento, en las cinco últimas estaciones, cada una con su propio lugar de oración y diferenciada de las demás (desnudado, clavado, levantada la Cruz, el desconsuelo de la Virgen y el Santo Sepulcro).

Pero no todos los creyentes podían ir a Jerusalén a seguir los pasos de la Pasión de Cristo in situ. Esta tradición, que comenzó a extenderse en el siglo IV, en la época del emperador Constantino, encontró pronto algunos problemas prácticos: El primero, las serias dificultades que la distancia y las difíciles comunicaciones ponían a los peregrinos; el segundo, las invasiones musulmanas que dominaron esta tierra.

Por tal motivo, a partir del siglo VII, se pasó a establecer las estaciones para el Vía Crucis en diversos santuarios de Europa y, más tarde, en determinados lugares de cada diócesis particular, con el objeto de acercar más este ejercicio de piedad al pueblo cristiano. Desde el siglo XII los peregrinos escriben sobre la "Vía Sacra", como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión.

No sabemos cuándo surgieron las Estaciones según las conocemos hoy, ni cuándo se les comenzó a conceder indulgencias pero probablemente fueron los Franciscanos los primeros en establecer el Vía Crucis ya que a ellos se les concedió en 1342 la custodia de los lugares más preciados de Tierra Santa.

Tampoco está claro en qué dirección se recorrían ya que, según parece, hasta el siglo XV muchos lo hacían comenzando en el Monte Calvario y retrocediendo hasta la casa de Pilato.

Ferraris menciona las siguientes Estaciones con indulgencias:

-El lugar donde Jesús se encuentra con su Madre.

-Donde Jesús habló con las mujeres de Jerusalén.

-Donde se encontró con Simón Cirineo.

-Donde los soldados se sortean Sus vestiduras.

-Donde fue crucificado.

-La casa de Pilato

-El Santo Sepulcro

En los siglos XV y XVI se erigieron Estaciones en diferentes partes de Europa. El Beato Alvarez (m.1420), que en su regreso de Tierra Santa, construyó una serie de pequeñas capillas en el convento dominico de Córdoba en las que se pintaron las principales escenas de la Pasión en forma de estaciones. Por la misma época, la Beata Eustochia, clarisa, construyó Estaciones similares en su convento en Messina. Hay otros ejemplos. Sin embargo, la primera vez que se conoce el uso de la palabra "Estaciones" siendo utilizada en el sentido actual del Vía Crucis se encuentra en la narración del peregrino inglés Guillermo Wey sobre sus visitas a la Tierra Santa en 1458 y en 1462. Wey ya menciona catorce estaciones, pero sólo cinco de ellas corresponden a las que se usan hoy día, mientras que siete sólo remotamente se refieren a la Pasión.

Las Estaciones tal como las conocemos hoy fueron aparentemente influenciadas por el libro "Jerusalén sicut Christi tempore floruit" escrito por un tal Adrichomius en 1584. En este libro el Vía Crucis tiene doce estaciones y éstas corresponden exactamente a nuestras primeras doce. En 1731 Clemente XII fijó definitivamente en catorce el número de Estaciones.

Con el precedente del dominico fray Álvaro de Córdoba en 1421, y la difusión y devoción que promovieron los franciscanos, fue don Fadrique Enríquez de Ribera en 1521 el introductor en España, y concretamente a través de Sevilla, “para que esta Nobilísima Ciudad estuviese ennoblecida con la devota memoria de este sitio, y gozase de las innumerables indulgencias de que participan los que en Jerusalén la visitan” de la piadosa práctica que conoció en su viaje a Jerusalén y que conocemos como Vía Crucis público.

Si bien en los comienzos, cuando tras un breve del papa Clemente VII, fechado el 17 de septiembre de 1529 se autorizaba su práctica, se comenzó a realizar en las Cuaresmas sevillanas en torno a su lugar de residencia, denominado posteriormente "Casa de Pilato" al iniciarse allí los "pasos" o estaciones que rememoraban el camino de Cristo al Calvario, pronto estas estaciones se verificaron a iglesias o ermitas de la feligresía: Parroquia de San Esteban, Convento de San Agustín. Contaba solamente con siete de las catorce estaciones de que en la actualidad consta.

Estas siete estaciones o “pasos” provienen de dos hitos básicos:

1. De la costumbre de recorrer las siete estaciones el Jueves Santo, que tiene su origen en el jubileo o Año Santo (1300), cuando los romanos podían ganar indulgencias extraordinarias al detenerse a visitar los principales templos romanos o llamadas estaciones.

PRIMERA CASA: Jesús en el Huerto de Getsemani.- Aquí se entristeció grandemente el Señor y oró y sudó sangre por nuestra salvación.

SEGUNDA CASA: Jesús en la casa de Anás. Aquí el Señor recibió una cruel bofetada de mano de uno de los presentes.

TERCERA CASA: Jesús en la casa de Caifás.- En donde el Señor fue escupido, abofeteado y padeció gravísimas injurias y dolores. Aquí también fue negado por su Apostol Pedro.

CUARTA CASA: Jesús en Casa de Pilato.- Aquí fue calumniado vilmente y se pidió que fuera crucificado.

QUINTA CASA: Jesús en el Palacio de Herodes.- Aquí fue vilmente injuriado por el rey y su ejército y le vistieron de blanco por burla.

SEXTA CASA: Jesús de nuevo ante Pilatos.- Aquí Jesús fue flajelado, coronado de espinas y condenado a muerte.

SEPTIMA CASA: Jesús muere en el Calvario.- Aquí fue clavado en la cruz.

2. Lo que más popularizó el Vía Crucis fuera de Jerusalén fue la peregrinación de Martín Ketzel, a finales del siglo XV. Quedó tan impresionado que a su regreso encargó al escultor Adam Kraft siete grandes monumentos que reprodujeran siete momentos del Vía Crucis : encuentro con María, el Cireneo, el encuentro con las mujeres piadosas, la Verónica, una caída de Jesús extenuado, la Crucifixión, el Descendimiento y Jesús difunto en los brazos de su Madre. Estas esculturas, llamadas popularmente caídas se hicieron enormemente famosas y fueron copiadas en muchas ciudades europeas. Al principio no se colocaba en los templos sino en las vías y lugares públicos.

Hasta treinta breves apostólicos recibió de este pontífice Enríquez de Ribera entre 1512 y 1539, lo que constituye un caso excepcional. El conjunto de estos documentos se cataloga en el archivo Medinaceli con el título de Bulario del primer marqués de Tarifa.

Tras los primeros tiempos en que el Via Crucis sólo llegaba a la llamada “Huerta de los Ángeles”, en 1630 fue ampliado hasta el templete o Humilladero de la Cruz del Campo, quedando así configurado el recorrido definitivo, que partía de la Casa de Pilato y finalizaba en la Cruz citada.

Esto fue para conmemorar la concesión de indulgencia plenaria por Urbano VIII a todos los sevillanos que después de recibir los sacramentos del perdón y la eucaristía hiciesen el camino hasta la Cruz de la Calzada, y por ello, en este mismo año de 1630 se levantó el retablo de mármoles de colores con la Cruz que preside uno de los laterales de la fachada principal del Palacio. La Plaza donde se encuentra el Palacio, denominado popularmente como la Casa de Pilato, se denominaba en el siglo XVI Plaza del Marqués de Tarifa, y a finales del mismo siglo se le denominaba Del Duque de Alcalá. Desde 1754 está documentado su nombre actual de Plaza de Pilato por clara asimilación en el nombre que daba el pueblo al Palacio en ella existente.

El analista Ortiz de Zúñiga nos dice:

“El Marqués de Tarifa, después de haber gastado casi tres años en peregrinación devota a la Tierra Santa, volvió a Sevilla, en que era muy deseado, por el mes de Octubre.

Los sucesos de su santo viaje, y descripción de los sagrados lugares que adoró, dexó escritos y corren impresos*. Taxo las medidas de la distancia que anduvo Christo Señor nuestro con la cruz a cuestas, y comenzó con aplauso la estación venerada de la Cruz, a que puso el principio desde la puerta de su casa a la Parroquia de San Esteban, y saliendo por la puerta de Carmona, dura hasta el Humilladero de la Cruz del Campo (fábrica del Asistente Diego de Merlo, como dixe en el año 1482), que accidentalmente concurrió con el sitio en que comienzan a levantarse los caños del conducto de las aguas; que de una parte con huertas que les suceden, y de otra el arrabal de San Benito con varios jardines, hacen de gran apacibilidad la estación, que devotamente se frecuenta los Viernes de la Cuaresma: señalados con cruces los lugares que dan particular punto a la meditación, en cuyo sitio antes había ya ermita con título de la Santa Cruz, que advierto a la curiosidad”.

* “Este libro es del viaje que hize a Jerusalem,de todas las cosas que en él me pasaron desde que salí de mi casa de Bornos, miércoles 24 de noviembre de 1518 hasta 20 de Octubre de 1520 que entré en Sevilla. Yo D. Fadrique Enrique de Ribera Marqués de Tarifa. En Sevilla año de 1606. (Al fin Sevilla por Francisco Pérez. En las Casas del Duque de Alcalá. 1606”.

Se hicieron otras ediciones, en 1608 en Lisboa, y en 1733 y 1748 en Madrid

Desde 1521 hasta 1873 se practicó ininterrumpidamente, aunque las procesiones de disciplinantes terminaron por prohibición real en 1777, no obstante, continuaron las cofradías concurriendo con sus hermanos de luz hasta que en 1873 quedó definitivamente clausurado el Via Crucis.

Romero Mensaque dice al respecto:

“Hasta hace poco se sostenía que el vía crucis del Marqués de Tarifa tenía como término la Cruz del Campo, lo que se ha documentado como erróneo al menos hasta el siglo XVII donde efectivamente se constata que se reactiva y amplía hasta este humilladero. Este dato hace revisar el papel de privilegio concedido a este Vía Crucis como factor inmediato en la génesis de la Semana Santa al unir dos manifestaciones de piedad tan importantes en un momento clave”

Como ya se ha comentado al inicio, es excesivo considerar al Vía Crucis a la Cruz del Campo como el origen de la Semana Santa sevillana, se ha magnificado igualmente el papel que éste jugó en el nacimiento de las hermandades y de las estaciones de penitencia. Algunas corporaciones existían bastante tiempo antes que el piadoso ejercicio y muchas de ellas nacidas en el siglo XVI no tienen ninguna relación con el mismo.

Esta estación participaba más de las características de una romería que de una procesión urbana, a ello debía ayudar, en su caso, la climatología primaveral y la percepción de los ricos olores de una vegetación que se abre a la vida en el tiempo de la Cuaresma; pero difícilmente soportable si se producían las lluvias que habían de convertir en un fangal y hacer intransitable el itinerario.

El itinerario estaba flanqueado por cruces y altares portátiles que, decentemente aderezados, señalaban los pasajes del vía crucis, éstos estaban encomendados a los franciscanos encargados, al tiempo, de recoger las limosnas. No sabemos si se mantenían durante toda la Cuaresma o se desmontaban y erigían cada viernes, día señalado para la celebración del ejercicio.

Después de rezar la primera estación en la Casa de Pilatos, desde 1630 en la cruz que está situada en la portada, mandada erigir por el Duque de Alcalá, se formaban las filas de flagelantes, aspados y empalados que rezaban dos estaciones más en el interior de la ciudad: la segunda en la Cruz que estaba en la propia Plaza y en la puerta que mira al sur de la Parroquia de San Esteban, la tercera respectivamente.

Atravesaban la Puerta de Carmona que permanecía abierta los viernes de Cuaresma a tal efecto. Morales Padrón nos dice que en esos días se cerraban con unos palos para evitar el paso de los carruajes, pero permitiéndose el de los fieles que se dirigían a la Cruz del Campo. La cuarta estación, extramuros, en la Cruz que estaba en la esquina del convento de San Agustín mirando al lugar en que se hallaba la antigua Puerta de Carmona y la quinta en una Cruz de madera pintada de negro al final de la cerca del propio convento, antes de atravesar el arroyo Tagarete.

A partir de aquí y siguiendo el camino de Alcalá entramos en un paisaje rural, con huertas, campos y asentamientos de urbanismo marginal; en un buen trecho acompañado por los Caños de Carmona, que contaban entonces con 410 arcos, y la Alcantarilla de las Madejas.

El primer sector a atravesar era el Prado de Santa Justa, o con más propiedad de Santas Justa y Rufina, salvando el foso del arroyo de Miraflores que, procedente de la hacienda Los Espartales, forma junto a los derrames de la Fuente del Arzobispo, el Tagarete. Dejando a la izquierda el Árbol Gordo se llega a la iglesia conventual de San Benito de la Calzada, antes denominado de Santo Domingo de Silos, donde se reza la sexta estación.

La séptima se cumplía en pleno descampado, en una cruz sobre pedestal debajo de unos álamos. Algunas huertas y casitas aglomeradas en torno a un horno de pan constituían el paisaje. En estos pagos hubo, entre 1608 y 1620, una casa de frailes trinitarios descalzos, los que posteriormente se trasladaron al convento de los Descalzos de la actual Plaza Cristo de Burgos.

Las estaciones octava, novena, décima y undécima, se erigen igualmente en pleno campo, sobre los arrecifes de la calzada están marcadas con cruces encima de pedestales entre álamos, huertos como el de los Ángeles o el del Cardenal. Cercano el lavadero de lanas de Mallén y algunas fundaciones religiosas que están el tiempo preciso para encontrar acomodo en el interior de la ciudad. San Acacio permaneció en este lugar desde 1601 a 1603.

Con la duodécima estación rezada en el Humilladero concluía el Vía Crucis sevillano, donde se hacía la meditación del monte Calvario en el paso de la Crucifixión.

En el siglo XVIII se le añadieron las dos restantes ejercitadas en el exterior y en el interior de una ermita situada en el emplazamiento del antiguo hospital de Nuestra Señora de los Ángeles, y que después ocupó el primitivo convento de San Benito; la mandó edificar Fray Sebastián de Obregón en recuerdo de esta efemérides y la intituló de la Santa Cruz en Jerusalén donde se meditaba los pasos o estaciones del Sepulcro y Enterramiento de Cristo Nuestro Señor.

En 1720 se ampliaron el número de estaciones, llegando hasta el siglo XIX las catorce cruces con sus placas y bases de ladrillo que las representaban. En cada estación se representaba en azulejo el “paso” correspondiente. Las cruces unas eran de hierro y otras de piedra, viéndose continuamente alumbradas con faroles, y en tiempo de primavera adornadas con ramajes y flores.

Sánchez Herrero, en su libro “La Semana Santa de Sevilla”, señala que: “El Via Crucis de la Cruz del Campo, que desde el siglo XVI se solía organizar los viernes de Cuaresma, en las fiestas de la Cruz y en tiempos de sequía, epidemias y guerras, se había convertido en el siglo XVIII en “verdadera mascarada, con escándalos y desórdenes, tanto que la indecencia con que se presentaban algunos nazarenos, desnudos bajo las túnicas asaz cortas y transparentes, como por el bullicio y algazara que con bromas y risas promovían mujeres de moralidad dudosa”. Añade El cronista que “la gente acudía a divertirse como en feria o verbena, haciendo su agosto los vendedores de comestibles y bebidas”

En el siglo XIX, entre la invasión francesa, la exclaustración y desamortización, y los convulsos tiempos hicieron decaer la práctica de este piadoso ejercicio. Los gobiernos municipales derribaron la ermita anexa al templete. También destruyeron las cruces que representaban las estaciones, pero no pudieron derribar el templete a pesar de ser ese su deseo por ser propiedad municipal.

En 1957 se restablece esta práctica, pero no cuajó y decayó, pasándose a realizarlo en el centro de la ciudad.

Julio Domínguez Arjona hace un extraordinario recorrido de los azulejos del Via Crucis en su página http://www.antonioburgos.com/galeria/varios/arjona/viacrucis.html.

“Primera estación: Palacio de los Duques de Medinaceli o Casa de Pilatos. En la Cuaresma de 1521 el I Marqués de Tarifa instaura el Santo Via Crucis a la Cruz del Campo, lo que discurrió hasta 1873. Las estaciones estaban entonces señaladas con cruces y peanas identificativas. Los descendientes de su creador el 8 de Marzo de1957 los restablecieron, siendo algunos azulejos que se acompañan originales de esta época y la mayoría son de la restauración que se ha realizado en la segunda mitad de la década actual, sufragados por diversas hermandades. Dicho Via Crucis callejero desgraciadamente no se celebra. Un servidor tuvo la suerte de verlo una vez

2ª Estación:. calle San Esteban num. 2. El Silencio, original.3ª Estación: Las Penas de San Vicente, Iglesia de San Esteban, calle San Esteban, nuevo (el original estuvo hasta hace poco y se cayó a pedazos ).4ª Estación: El Gran Poder, calle Navarros esquina calle San Esteban, nuevo

5ª Estación: Nuestro Padre Jesús de la Penas de San Roque, azulejo nuevo, calle Luis Montoto número 23, nuevo.6ªEstacion: El Valle, iglesia de San Benito, calle Luis Montoto, original. 7ª Estación:.La Candelaria, calle Luis Montoto numero 61, nuevo

8ª Estación: Los Gitanos, calle Luis Montoto 87 ( donde estaba Puericultura toda la vida), nuevo.9ª Estación: Esperanza de Triana, calle Muñoz Seca esquina con Luis Montoto, original. Aquí se produce el más lastimosos salto desde esta estación a la 10ª , que es el Cristo de las Penas de la Estrella, estación ésta que brilla por su ausencia, y a la 11º, situada en el Tribunal Tutelar de Menores que era la Exaltación. Ambas brillan por su ausencia desconociendo los motivos. Estación 12ª:El Cachorro, esquina a la calle Toáas Murube con Luis Montoto, nueva.

13ª Estación: El Baratillo, nueva.14ª Estación: Santa Marta. nueva,

Hasta aquí este recorrido histórico sobre la práctica religiosa del Via Crucis y su implantación y evolución en Sevilla.

 

3.-LA CAPILLA Y HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES.

¿Es la antigua ermita de la Cruz del Campo el origen de la Hermandad de los Negritos?

Si cronológica y espacialmente –con criterios y documentación histórica-  tenemos ya situados el Humilladero y el Via Crucis de la Cruz del Campo, no corre la misma fortuna para la Ermita o Ermitas situadas en el entorno de dicho Humilladero.

Igualmente irresoluble hasta el momento –documentalmente hablando- es la continuada atribución y vinculación que tradicionalmente se realiza entre la Ermita de la Cruz del Campo y la Hermandad de los Negros o Negritos.

Este apartado intentará simplemente poner sobre el tapete la situación actual de las investigaciones al respecto, sin llegar a conclusiones certeras, pero sí a cuestionar lo que hasta el momento se viene dando como cierto y constatado.

Vayamos por parte.

En primer lugar, de lo que no cabe duda, es que al menos desde finales del siglo XIV existía una Ermita-Hospital instituida por don Gonzalo de Mena y Roales, arzobispo de la mitra hispalense (1393-1401), para los negros desvalidos, advocado de Nuestra Señora de los Reyes (Magos) y que con posterioridad cambió su nombre por el de Nuestra Señora de los Ángeles, a expensas de la hermandad de luz, cuyos cofrades tenían a su cuidado la institución y el cuto de la capilla, como así lo manifiesta Isidoro Moreno en su documentado estudio sobre la Hermandad de los Negritos. Desconociéndose el primitivo lugar de su ubicación, aunque es probable, que estuviera en torno a la Puerta de Carmona y al Convento de San Agustín.

Así se expresa Isidoro Moreno en el apartado titulado “Don Gonzalo de Mena y su fundación para negros”:

“Como señala el profesor Alfonso Franco, entre el 10 y el 15% de la población esclava sevillana eran personas con deficiencias, por defectos físicos o por vejez, debido a lo cual se convertían en “una molesta carga para sus dueños que tratarían por cualquier medio de verse libre de ellos: algunos eran ingresados en un hospital; a otros se les permitía continuar en casa de sus amos por la caridad y el cariño que hacia ellos sentían; y unos pocos lograban ser vendidos a precios baratísimos “.

No es de extrañar, pues, que el Arzobispo, respondiendo al principio de subsidiaridad cristiana, y ejerciendo su protección sobre los más desamparados, crease en estas circunstancias una institución asistencial para ellos: nace así el hospital y casa para morenos. Junto a este, ya desde el principio, pudo instituirse una hermandad, del mismo tipo de las que atendían muchos de los otros hospitales existentes en la ciudad; pero incluso si no hubiera sido así, dicha casa-hospital se convertiría necesariamente en el eje de la sociabilidad y luego del asociacionismo étnico hasta consolidarse la hermandad ya de forma institucionalizada”.

Hasta aquí el planteamiento de la cuestión. Será ya en el primer tercio del siglo XVI cuando tengamos unos importantes documentos que nos den más datos sobre el tema. Me refiero a “Datos inéditos sobre el Humilladero de la Cruz del Campo y la Cofradía de los Santos Ángeles de Sevilla” de Esteban Mira Caballos. En la introducción del mismo dice:

“En este artículo aportaremos alguna luz sobre la historia de la Ermita y el Humilladero de la Cruz del Campo en base a un documento localizado por nosotros en el Archivo de la Real Chancillería de Granada. Se trata de un pleito incompleto de 37 páginas que enfrentó al Obispo de Marruecos, don Sebastián de Obregón, y los cofrades de los Santos Ángeles, por la Capilla y Ermita de la Cruz del Campo. Como ya hemos advertido el proceso se encuentra incompleto pues tan sólo aparecen las diligencias iniciales, las cartas de poder respectivas para seguir el proceso en la Chancillería y un interesantísimo interrogatorio sobre cuestiones relacionadas con la Cruz del Campo.

El proceso se generó a raíz de la cesión que en 1532 hizo el arzobispo de Sevilla de la Ermita y Humilladero de la Cruz del Campo a don Sebastián de Obregón. Los cofrades del Hospital de los Santos Ángeles, pese a que se habían trasladado de la Cruz del Campo en la segunda mitad del siglo XV, seguían realizando una función anual en su antiguo templo y recaudando limosnas. Desde 1532 aparecieron algunos inconvenientes con su nuevo propietario, don Sebastián de Obregón, que se intentarán dilucidar primero ante la autoridad eclesiástica y finalmente ante los oidores de la Chancillería de Granada.

Sin embargo es probable que los cofrades conservasen algún privilegio más que el mencionado, porque quedó claro en el proceso que el Obispo de Marruecos jamás puso impedimentos para la celebración en la capilla de su tradicional fiesta de la Cruz de Mayo”.

Notificación de la cesión del humilladero y ermita de la Cruz del Campo a don Sebastián de Obregón y toma de posesión, Sevilla, 2 de diciembre de 1532.

"In Dei nomine amen. Por este público instrumento a todas las personas que lo vieren y oyeren sea notorio y manifiesto como en dos días del mes de diciembre año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta y dos años en este dicho día podía ser a hora de las nueve antes de mediodía, estando dentro de la iglesia nombrada de Nuestra Señora de la Cruz que es extramuros de la Muy noble y Muy Leal ciudad de Sevilla en presencia de mi el notario público apostólico y testigos infraescriptos pareció el reverendo padre y señor fray Sebastián de Obregón de la orden de San Benito confesor del ilustrísimo y reverendísimo señor Cardenal don Alonso Manrique arzobispo de Sevilla inquisidor general en estos reinos de España contra la herética probidad e hizo presentación de una carta patente de provisión que de la dicha iglesia le hizo el dicho señor cardenal y sellada con su sello y refrendada de su secretario cuya data de la dicha provisión parece ser a primero día del sobre dicho mes de diciembre del dicho año por la cual carta parece como el dicho señor cardenal proveyó de la dicha iglesia de Nuestra Señora de la Cruz al dicho fray Sebastián de Obregón y le hizo colación y provisión y canónica institución de la dicha iglesia para que la tenga y administre y rija y gobierne y lleve y goce de todas las limosnas y frutos y rentas en cualquier manera pertenecientes a la dicha iglesia y su sitio como cosa anexa y perteneciente a la provisión del dicho señor cardenal arzobispo de Sevilla y para que el dicho fray Sebastián de Obregón haga edificar en ella y junto a ella todo aquello que mas convenga para el servicio de Dios y aumento del culto divino y manda so pena de excomunión que sea puesto en la posesión de la dicha iglesia y en todo lo a ella anexo y concerniente y pueda poner personas eclesiásticas o religiosas para que en su nombre administren y sirvan la dicha iglesia y sucedan en ella de tal manera que siempre vaya en aumento porque Dios Nuestro Señor sea mejor servido según y como se contiene en la dicha provisión la cual así presentada y leída por mi el dicho notario dijo que por virtud de la dicha provisión quería tomar y aprender la tenencia y posesión de la dicha iglesia y casa de devoción con todo lo a ella anexo y concerniente por ante mi el dicho notario para que se le diese por testimonio para guarda y conservación de su derecho y luego incontinente se entro en la dicha iglesia y se fue al altar de nuestra Señora y a otro altar que en la dicha iglesia están y estando junto a los dichos altares dijo que tomaba y tomo posesión de la dicha iglesia con todo su término y pertenencias y en señal de posesión puso sus manos en los dichos altares y mudo los candeleros que en ellos estaban y tomo un libro misal y las llaves de la dicha iglesia y tomo una campanilla y se anduvo paseando por la dicha iglesia de una parte a otra y cerró las puertas de ella y echó fuera a las personas que ende estaban y dijo que todo lo hacía e hizo en señal de verdadera posesión que de la dicha iglesia y casa de devoción tomaba y tomo y se apoderó en ella y todo esto pacífica quieta y realmente sin contradicción de persona alguna que ende estuviese ni pareciese y el dicho señor fray Sebastián de Obregón lo pidió por testimonio y yo el dicho notario le di ende este según y como ante mi pasó en el dicho día mes y año susodicho, estando presentes por testigos los discretos varones fray Bernardino de Fuente el Enzina y fray Juan Bautista y fray Tomás de Arenas profesos de la dicha orden de Santo Domingo y Jerónimo de Cobarruvias, natural de Cobarruvias diócesis de Burgos a ellos llamados y rogados. Y porque yo el bachiller Bartolomé Martínez clérigo presbítero de ella diócesis de toledo notario apostólico por autoridad apostólica fui presente a lo que dicho es convino con los dichos testigos este instrumento en esta forma para hacer escribir y hacer aquí este mi signo a todo en testimonio de verdad rogado y requerido. Firma Bartolomé Martínez clérigo, apostólico notario."

Tras estos documentos es cuando planteamos la duda:

¿Es esta Ermita-Hospital la misma que fundó el Cardenal don Gonzalo de Mena y Roales para dar cobijo y atención a los negros de Sevilla y que se identifica y atribuye sistemáticamente a la Hermandad de los Negritos?

Siguiendo los datos que emanan del documento que aporta Esteban Mira Caballos, la Capilla era de una sola nave y cubierta con bóveda de crucería. Allí había dos altares uno de ellos, el principal, dedicado a la advocación de Nuestra Señora de la Cruz. La capilla tenía concedidos muchos perdones y privilegios, entre ellos pedir limosna.

En el proceso de 1536 que transcribe Esteban Mira Caballos, en la pregunta segunda del interrogatorio realizado se interpelaba a los testigos por la capilla de la siguiente forma:

"Si saben que hace cinco, diez, veinte, treinta y cuarenta años a esta parte y más tiempo que la dicha capilla ha habido y al presente hay altar y altares y campanilla pequeña en la cual capilla y altares por todo el dicho tiempo se ha usado como al presente se usa decir misas así rezadas como cantadas y con mucha solemnidad y con sermones y también se han dicho y dicen vísperas... como en lugar bendecido".

Todos los testigos ratificaron la pregunta. Así, por ejemplo Benito de Salazar, casero de la Cruz del Campo, dijo que efectivamente había altares en donde se decía misa y que además había "una campana pequeña que se tañe a la misa".

Los cofrades tenían licencia para pedir limosnas a aquellos caminantes que pasaban por delante del Humilladero. Pero, es más, Pedro de Quijada, clérigo sacristán de la Catedral Hispalense, manifestó haber visto "que en el lugar del Viso" también se pedían limosnas para la dicha capilla de la Cruz del Campo. En estos momentos desconocemos los motivos por los que los cofrades tenían autorización para pedir limosnas en un lugar tan concreto como era El Viso.

Desconocemos los motivos por los que los cofrades de los Santos Ángeles decidieron en torno al tercer tercio del siglo XV trasladarse a otra capilla y hospital situado en la collación de San Andrés.

¿Pudiera ser la causa la idea que en 1488 tuvo el arzobispo don Diego Hurtado de Mendoza de reducir algunos de los hospitales sevillanos con el objeto de que pudiera prestar en los mismos mejor hospitalidad aunque dicho proyecto –que contó con el apoyo del Rey y del Papa Inocencio III- no pudiera llevarse a cabo por los numerosos obstáculos que se interpusieron en la ciudad?

Sea como fuere está claro que los cofrades de los Santos Ángeles habían abandonado por aquellas fechas esta Ermita. Obviamente también el oratorio perdió su nombre y fue rebautizado como capilla de "Nuestra Señora de la Cruz".

En el Interrogatorio que para el mencionado Pleito se realiza, el testigo Juan de Villafranca, sacerdote de la parroquia del Sagrario de Sevilla, atestiguó con una claridad meridiana al decir que conocía la capilla de "Nuestra Señora de los Ángeles que ahora es su advocación la Cruz de Jerusalén". Pese a su marcha, los cofrades continuaron celebrando algunas fiestas en dicho templo, como la de la Cruz de Mayo.

Asimismo la capilla gozaba de inmunidad como las demás iglesias de la localidad. En este sentido el mismo declarante, Benito de Salazar reveló que en dicho oratorio había habido muchas personas "retraídas" y que habían gozado de "inmunidad eclesiástica como lugar bendito y sagrado y por tal es habido y tenido".

En las afueras de la capilla y justo delante del Humilladero se situaba el cementerio. Este resultaba de suma utilidad ya que al estar en las afueras de la ciudad, allí se enterraban muchos de los que por haber muerto de enfermedades infecciosas no los dejaban sepultar en las iglesias de intramuros. Precisamente en la probanza un testigo, llamado Pedro Marco Viñero, natural de Sevilla en la collación de la Magdalena, declaro lo siguiente:

"De la tercera pregunta dijo que lo que sabe es que en el año de mil y quinientos y veinte y tres falleció un hijo de este testigo en una su heredad que es allí cerca y porque murió de pestilencia y no lo dejaban meterse en la ciudad que este testigo y otro mozo que es ya fallecido lo enterraron allí al pie de la Cruz como en lugar sagrado y que hallaron allí otro difunto enterrado que parecía que había pocos días que se había enterrado allí y lo demás no lo sabe".

Hasta aquí los datos que podemos extraer del documento aportado por  Esteban Mira Caballos. Intentaremos ahora contrastarlos con el estudio que Isidoro Moreno realiza sobre la Hermandad de los Negritos y los datos que este autor aporta.

En el apartado titulado “La situación del primitivo Hospital y Hermandad y su traslado al sitio actual en 1550”, Isidoro Moreno dice:

“Uno de los errores más generalizados respecto a sus primeros siglos, existente en Bermejo y otros autores y que viene perdurando hasta hoy, es la falsa creencia de que la hermandad y su capilla no radicaron hasta 1604 en el lugar que todos conocemos entre las puertas de Carmona y del Osario. Contrariamente a ello, en el propio archivo de la cofradía (Libro de Cuentas de Mayordomos de los años 1675 a 1723, página 23) se encuentra una copia, realizada en1680, de una escritura del año 1550 que dice textualmente:

 "El jurado Gómez Ximénez y Hernán Pérez dieron a tributo perpetuo tres solares a la cofradía de nuestra Señora de los Ángeles, que es de los hermanos morenos, por precio de 12 ducados y seis gallinas de renta en cada un año, por escritura ante Luís de Medina, escribano público de Sevilla en 9 de noviembre de 1550 años. Este oficio es en el Candilejo, que al presente lo ejerce Sebastián del Águila, y de dicho Sebastian del Águila se sacó traslado, y lo sacó Juan Salmerón este año de 1680 ".

La confusión señalada, que se repite en la inmensa mayoría de los autores, se debe a que el tributo anual de los doce ducados y las seis gallinas se pagó, a partir de 1604, a Don Francisco de Vargas, Marqués de Castellón --y a partir de él a sus sucesores, hasta que pasa en el siglo XVIII al convento de San Agustín--, por escritura realizada en la misma escribanía de Luís de Medina el 12 de diciembre de 1604. Quienes vieron este documento y no conocieron el de 1550 creyeron que realmente la compra de los tres solares por la hermandad se había realizado cincuenta y cuatro años más tarde, aunque no deja de ser extraño que no consideraran raro que en el documento referido al año 1604 se señale que los tres solares se dieron "a tributo a los hermanos de Nuestra Señora de los Reyes, que hoy se llama de los Ángeles y en que tienen hoy labrada su Capilla y una Casa accesoria que está dada de por vida... ". La alusión al título de la Virgen cuando se adquirieron los solares debió haber advertido a los lectores del documento de que este sitúa la venta de los solares en tiempos anteriores a la aprobación de las Reglas de 1554.

Las estipulaciones acordadas en 1550 se cumplieron durante casi tres siglos, en los que cada año, como consta en los Libros de Cuentas, la cofradía pagó dicha renta, hasta 1722 al Marqués de Castellón y a partir de dicho año al convento de San Agustín, al que le fue adjudicado ese tributo cuando salieron "a pleito de concurso" los bienes del Marqués”.

Por tanto, en 17 de junio de 1554, cuando se aprueban las primeras Reglas de la Cofradía, ésta radicaba en el barrio de San Agustín –luego llamado de San Roque- igualmente extramuros de la ciudad, entre dos famosas puertas de Sevilla: la de Carmona y la del Osario, en la capilla o ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, que lo era del hospital de este mismo nombre, con el título de Nuestra Señora de la Piedad y de los Ángeles.

Más adelante en el mismo apartado del magnífico estudio, Isidoro Moreno, manifiesta:

“A lo que no contribuye la copia de la escritura pública analizada es a despejar las dudas sobre el lugar o lugares donde estuvo anteriormente establecido el Hospital fundado por Don Gonzalo y, por tanto, la hermandad. Sobre esto nos encontramos hoy en un nivel menos seguro al de cualquier otro aspecto de su historia, aunque ello no signifique que carezcamos de indicios.

En efecto, la vinculación de la hermandad con el humilladero de la Cruz del Campo, y la propia cercanía de los nuevos terrenos adquiridos en 1550 al camino que se dirige hacia él paralelo a los caños de Carmona, hace que lo más probable sea que la Casa-Hospital se encontrara no muy lejos del convento de San Agustín y poco distante de la Cruz del Campo. El cronista Peraza, que escribe sobre la primera mitad del mil quinientos, apunta esto, denominándola de la Cruz de los Ángeles y señalando que cerca de ella existía el llamado Molino de la Cruz. Justino Matute, basándose en una Historia del Monasterio de San Benito, escrita por el abad Gordillo, que se conserva en la Biblioteca Colombina de la Catedral, escribe que "el Humilladero y Cruz se construyó el año de 1460 por la cofradía de los Ángeles, sita en el Hospital del mismo título", la cual cedió luego el patronato, en 1532, a Fray Sebastián de Obregón, abad de dicho monasterio, "con ciertas cargas y condiciones ". A cambio de la cesión, el convento debía pagar un tributo anual al Hospital y cofradía de los Ángeles, el cual consta se efectuó hasta 1805, haciéndolo al Hospital del Amor de Dios al que se había fusionado aquel en la reducción de hospitales que tuvo lugar en Sevilla en 1587”.

Ya hemos aclarado en los apartados precedentes de este estudio todo lo relativo al Humilladero y su fecha de ejecución, con lo que no vamos, nuevamente, a argumentar lo dicho aquí por Zúñiga y Matute., así como la cesión al obispo de Marruecos Fray Sebastián de Obregón, analizado más arriba.

En realidad el hospital de los Santos Ángeles no fue más que un pequeño sanatorio donde se albergaban algunos esclavos o libertos convalecientes. Incluso después de su traslado a la collación de San Andrés tan sólo tenía capacidad para ocho enfermos. Tras el decreto de reducción de hospitales se integró en el del Amor de Dios, y su casa fue subastada en 750.000 maravedís y adquirida por el convento de Regina Angelorum. (Véase en este sentido la obra de Juan Ignacio Carmona García: “El sistema de la hospitalidad publica en la Sevilla del Antiguo Régimen”. Sevilla, Excelentísima Diputación Provincial, 1979, pp. 104 y 288).

Mas de nuevo se complica el tema y es el propio Isidoro Moreno el que aporta los siguiente:

“Lo anterior, que es también recogido por Leandro José de Flores, en sus Noticias varias de la collación de San Roque, debería dejar zanjada la cuestión si no fuera porque el propio Matute refiere que los siglos XV y XVI "había en Sevilla por estos años una Cofradía bajo la advocación de los Santos Ángeles, con su hospital para pobres, situado en la calle que hoy llaman del Rosario (y antes de los Ángeles, precisamente por la existencia del hospital, en la parte más cercana a la calle de Colcheros, en la collación de la Magdalena), al que Don Juan de Guzmán, primer Duque de Medina-sidonia, por su testamento, otorgado en Sevilla ante Pedro García, escribano público de ella, con fecha de 27 de Enero de este año, dejo de limosna mil maravedíes".

En la reducción de hospitales efectuada en 1587, el hospital de los Ángeles figura como perteneciente a la collación de San Andrés, incorporándose al del Amor de Dios, como muchos otros. Parece difícil admitir que este hospital de los Ángeles, situado en el centro de la ciudad fuese el de la hermandad de los negros; tanto más cuanto que este, en sus primeros tiempos, debió llamarse "de Nuestra Señora de los Reyes", como apuntan diversas fuentes.

De cualquier forma, es innegable que la corporación de los morenos ha tenido históricamente una relación más estrecha que ninguna otra con el Humilladero de la Cruz del Campo y con el Vía Crucis que en diversas épocas se ha realizado hasta allí. Si no el humilladero mismo --que fue reconstruido primero por el asistente de la ciudad, don Diego de Merlo, en 1482, y luego, en 1521, por el primer Marqués de Tarifa, don Fabrique Henríquez de Ribera, tras su viaje a Tierra Santa, acercándolo un poco a la ciudad para que la distancia a su palacio, la Casa de Pilatos, fuese la misma que la tradición señala entre el Pretorio y el Calvario: 1.321 pasos, equivalentes a 997,13 metros--, la hermandad de los negros sí tenía a su cargo una de las cruces que marcaban las 12 estaciones del Vía Crucis que culminaba en aquel (hasta mediados del Setecientos no se añadieron las dos últimas estaciones actuales). En uno de los libros existentes en el archivo de la cofradía puede leerse el siguiente acta, fechada en 2 de Marzo de 1675: "Estando pidiendo el señor Alcalde, Domingo Pérez, en la estación de la Cruz del Campo que toca a dicha cofradía, se aderezó dicha cruz y la peana que por causa del empedrado de la Calzada, y como echaron las carretas por la parte de afuera, derribaron la dicha peana, con lo cual quedó aderezada". El mayordomo y otro hermano aportaron los ladrillos, la cal y otros elementos necesarios para la reparación, que supuso un desembolso de 114 reales, según consta en las cuentas del ejercicio 1671-72.

Conviene recordar que, hasta la reforma urbanística de 1816, las cruces que señalaban las estaciones Séptima, Octava, Novena, Décima y Undécima se alzaban, sobre peanas de ladrillo, entre los álamos que sombreaban el arrecife contiguo a los Caños de Carmona que constituía la principal entrada a la ciudad, siguiendo la antigua Calzada romana. A una de estas cruces se refiere con toda seguridad el acta que recoge la reparación hecha por la cofradía. Y, si nos atenemos a lo que señala algún autor, lo más probable es que sea a la Novena, ya que esta se hallaría situada frente a la conocida como Huerta de los Ángeles, "así nombrada en recuerdo del hospital y capilla que allí poseyeron los individuos negros de Sevilla, fundación del Cardenal don Gonzalo de Mena y Roelas a fines del siglo XIV". Si este dato es exacto, cosa posible aunque no segura, ya que la documentación existente no es concluyente al respecto, tendríamos también resuelto el problema de la ubicación de la primitiva Casa-Hospital de la hermandad. Pero, incluso si actuando con la necesaria prudencia no lo estimásemos así, habría que reconocer como muy significativo el hecho de que los negros de la cofradía de Nuestra Señora de los Ángeles tuviesen a su cargo el cuidado de la cruz del Vía Crucis situada delante de los terrenos que fueron del Hospital de los (Santos) Ángeles antes de su venta al abad del cercano monasterio de San Benito. Difícilmente podríamos pensar que esto se deba una simple casualidad. ¿Podrían haber existido, al menos en una determinada época, dos hospitales dependientes de una misma corporación o relacionados, uno directa y otro indirectamente, con ella? ¿O pudo haber dos hospitales destinados a negros, uno intramuros y otro extramuros? Con los actuales datos conviene no hacer afirmaciones demasiado contundentes. Sigue abierta, pues, la cuestión”. 

Mas para añadir un poquito más de incertidumbre al tema, aporto tres citas más de analistas e historiadores, que aunque distantes en el tiempo, añaden nuevos matices. Así, Arana de Varflora en su “Compendio histórico descriptivo...”, I parte, pág. 73-74, respectivamente, publicado en 1789, dice:

“Ermita de Nuestra Señora de Gracia, vulgarmente de los Ángeles, está edificada extramuros de la ciudad casi enfrente de San Roque. Su propiedad pertenece a la hermandad de los Negros; y su fundación es anterior al año de 1400”

“Ermita de Nuestra señora de la Soledad, inmediata al humilladero de la Cruz del Campo”

Madoz en su Diccionario, al hablar del Humilladero de la Cruz del campo, dice:

“Al frente y cerca de esta Cruz, se halla una pequeña ermita dedicada a la Soledad de Nuestra señora, de origen antiquísimo, la cual estuvo hasta la exclaustración de los religiosos exenta de la jurisdicción ordinaria y sujeta a la orden de San Benito”

Y Félix González de León en su “Notocia Artística, Histórica...”, tomo II, pág. 289, publicado en 1844, dice:

“Ermita de la Cruz del Campo. En esta pequeñísima Ermita hay un solo altar, en que se venera una pequeña Imagen de Nuestra señora de la Soledad, con bastante decencia y culto, de que cuidan los inmediatos vecinos de la Calzada”

Irresoluble hasta el momento, por falta de una exhaustiva documentación histórica, este importantísimo tema, al cual, desde estas líneas sólo he pretendido conjuntar los datos existentes, y que conozco, hasta el presente.

 

Romualdo de Gelo