Plaza de Cristo de Burgos
Dice Montoto, al hablar de la de Argüelles en sus Calles de Sevilla, que el nombre más antiguo que conoce es el de Mesón del Rey “por uno famoso, sito en ella, de ese título, que fue propiedad de Maese Rodrigo, fundador de la Universidad Hispalense. Ortiz de Zúñiga, en los papeles reunidos para redactar sus Anales, que se conservan en la Biblioteca Capitular, al folio 280, escribió: “...y siendo así que el convento (el de los Trinitarios) trataba de echar la puerta principal a la plaza de San Leandro, el comercio de los vinateros, que entonces era muy grande y había muchos mercaderes, pidió a dicho convento echase la puerta principal a la plazuela del Mesón del Rey”
El espacio que
actualmente configura la Plaza del Cristo de Burgos surge a mediados del siglo
XIX como ampliación de la plaza de los Descalzos y parte del Adarvejo o Morería.
En principio, esta zona formaba parte del primitivo barrio de la judería que el
rey conquistador dio a esta etnia en el repartimiento. Aquí estuvieron asentados
hasta el año 1360 en que Pedro I les concede lo que pasaría a ser la Judería,
entre las collaciones de San Bartolomé y Santa Cruz. Tras esto, este espacio fue
ocupado por los mudéjares, llamándose el Adarvejo de los Moros o Morería, donde
residieron hasta 1502, aunque algunos autores, como Ortiz de Zúñiga mantienen
que existían algunos aún en 1505.

A partir de entonces las edificaciones allí existentes tuvieron distintos usos, entre ellas la de “un fuerte caserón, ubicado frente a la Iglesia de San Pedro, antes dedicado a casa de comedias y, posteriormente, a galera o centro de recogida de mujeres escandalosas”[1]. Este edificio terminará albergando la primera fábrica de tabaco de España.
Justino Matute nos da noticias de ello:
“Por los años de 1620 había tenido principio en esta ciudad la fábrica de tabacos por un tal Juan Bautista Carrafas, de nación armenio, con facultad real para su elaboración y venta. Sus considerables productos, por los grandes consumos que se hacían, sugirieron el arbitrio de estancarlo, como se verificó el año de 1632, habiendo vendido la facultad de fábrica y venta a Antonio de Soria en treinta cuentos de maravedís cada año, de que se le despachó real cédula fecha en Madrid a 28 de diciembre de 1636; cuya cantidad se destinó para satisfacer los dos millones pagaderos en seis años con que el reino junto en Cortes, celebradas el mismo, había servido a S.M. Fenecido este asiento se hicieron otros, y en algunos años se administraron estos estancos por la real Hacienda, ampliando el edificio en que se había establecido la fábrica, frente a la iglesia parroquial de San Pedro. También se le aumentó el precio en vista de lo introducido que estaba su uso en toda clase de gentes, que casi llegó a ser moda. Por otra real cédula de 15 de diciembre de 1685 fue nombrado administrador general de esta renta y fábrica D. Félix Nieto de Silva, conde de Guaro y Asistente de esta ciudad, en cuyo tiempo se hicieron varias obras, y otras en el de D. Eugenio de Miranda y Gamboa, del Consejo de S.M., en el de Hacienda, que le sucedió: mas no bastaba ya a contener los grandes talleres y oficinas que se necesitaban para abastecer al público, no obstante que se había ampliado el edificio por la plazuela de los Trinitarios Descalzos el año de 1726; en cuyas labores se ocupaban mil operarios en treinta y cuatro cuadras, y había setenta y cuatro molinos servidos con ciento y sesenta caballerías. (...) En vista de todo se trató de construir nueva fábrica de planta, y elegido el sitio entre la puerta de Jerez y el convento de San Diego, se empezaron a abrir los cimientos el miércoles 15 de setiembre del presente año (1728)”[2]
Este proceso de expansión de la fábrica culminará en la primera mitad del siglo XVIII, cuando el aumento de la producción, la inadecuación de las instalaciones y las molestias para el vecindario hacen ineludible la construcción de la nueva fábrica (1728-1770) en el Prado de San Sebastián, a donde se trasladó la primitiva fábrica en 1758, quedando estas dependencias como barrio de gente pobre y de escaso poder social y económico. Durante la ocupación francesa parte de estas instalaciones sirvieron como cuarteles, actividad que continuó hasta que su derribo en 1840 propició la apertura del espacio que configura la plaza, siendo en esta época denominada de los Descalzos.
Velázquez y Sánchez[3] al tratar en sus Anales el año 1840 nos describe minuciosamente la situación vital de este entorno con las siguientes palabras:
“La antigua fábrica de tabacos, establecida frente a la parroquia de San Pedro, desde la construcción de la nueva entre las puertas de Jerez y San Fernando, quedó asignada unas veces a casa de vecindad, otras a viviendas de inválidos, y últimamente a cuartel de infantería; fijándose en las estrechas y oscuras calles de su contorno mujeres de vida airada, hombres de pésimos antecedentes, y tugurios infectos, donde venía a congregarse en nefando consorcio cuanto constituye en los grandes centros de población esa hez social, en que se mezclan el vicio, la degradación y la infamia en todas sus esferas. La Morería, que así se llamaba este barrio, teatro continuo de crímenes, torpezas y enormidades, parecía encubrir sus antros, lupanares y cavernas, con la siniestra sombra del cuartel de San Pedro, y la junta pensó acertadamente que así como ahuyenta la luz a las lúgubres aves nocturnas, la desaparición de aquel caserón disforme y el espacio de una ancha plaza en su lugar contribuirían a la expulsión de aquellos sitios de esa escoria de las ciudades, que se procura el amparo de las tinieblas, como salvaguardia de los execrables misterios de su vida. De acuerdo con la municipalidad, a quien pertenecía el edificio, se acordó derribarlo, y con gran disgusto de las Celestinas y Aspasias de aquellos tortuosos callejones, de los Monipodios y mata-sietes que frecuentaban su libre sociedad, y de los industriales que explotaban semejante Pentápolis, empezó el lunes, 2 de noviembre, la demolición del cuartel por una cuadrilla de operarios municipales; demostrando muy luego la experiencia el fundamento del cálculo de la junta en la desinfección moral de aquel distrito”
Una vez derribada la mayor parte de esta primitiva manzana, en 1845 Ángel de Ayala y J. Manuel caballero inician una serie de actuaciones urbanas para el proyecto de la plaza, hasta que a finales del mismo año Balbino Marrón toma el relevo como Arquitecto Mayor de la Ciudad. Éste propondrá una primera solución en 1847 y en 1865 proyectará la ordenación definitiva de la plaza, siguiendo la tónica habitual del XIX de crear grandes plazas en el interior de los densos cascos urbanos.

Con esta intervención las dos pequeñas plazas de origen medieval, una frente a la Iglesia de San Pedro y otra frente a la de los Descalzos, se integran en un único espacio de mayor rango dando origen al actual de la Plaza Cristo de Burgos.
El Convento de los Trinitarios
Descalzos fue establecido en 1606 en el arrabal de la Calzada, a las afueras de
la ciudad. En 1610 doña María Solís hizo una donación de casas a esta comunidad
en la Vinatería y treinta mil ducados para su fundación. Situado en el ángulo
sureste de la actual Plaza de Cristo de Burgos, en 1625 se levanta el templo
dedicado a Nuestra Señora de Gracia, perteneciente a la Orden Trinitaria
Descalza, de ahí que hacia 1665 sea conocida indistintamente esta zona por plaza
de los Descalzos, de los Trinitarios o de la Trinidad. Este convento ocupaba la
manzana comprendida entre las actuales calles Descalzos, Dormitorio y Alhóndiga.
De este templo procede la Imagen del Señor Cautivo que actualmente se encuentra
en San Ildefonso, imagen de profundo arraigo y fervor popular. Debido a la
exclaustración de 1835 los frailes abandonan el convento y fue usado como
viviendas, no obstante el templo se mantuvo hasta la Revolución de 1868 en que
fue desmantelado y siendo ocupado por el Club Popular del Café de Emperadores.
Del antiguo edificio sólo queda parte de la iglesia y la torre, escondida tras
una casa de fachada decimonónica en la actual calle denominada precisamente
Descalzos. Este edificio fue adquirido por la Hermandad del Santísimo Cristo de
Burgos en 1979 para futura Capilla, haciendo hoy las veces de Casa-Hermandad.
La por entonces denominada plaza de los Descalzos pasará en 1858 a denominarse del Príncipe Don Alfonso, con motivo del nacimiento del que más tarde reinaría con el nombre de Alfonso XII. Con la proclamación de la Primera República pasaría a llamarse Plaza de Argüelles como homenaje a quien fue Ministro de la Gobernación y que participó en la redacción de las Constituciones de 1812 y 1837. En 1938 pasó a denominarse Plaza de la Virgen del Pilar. Por último, será en 1951 cuando esta Plaza adquiera su nomenclátor actual de Cristo de Burgos por la devota y antigua Imagen de esta advocación que se venera en la Iglesia de San Pedro.

La Plaza Cristo de Burgos responde básicamente al proyecto que en 1865 realizara Balbino Marrón. Es una plaza de corte decimonónico, formada por un gran salón rectangular ligeramente elevado sobre la acera que la rodea perimetralmente. En él se distinguen tres zonas cuadrangulares formando glorietas limitadas por peldaños y adornadas por bancos de fundición moderna y solería cerámica. Hasta la década de los setenta del pasado siglo existía en su zona central en bello conjunto de pérgolas profusamente revestidas de plantas trepadoras.
Traídos del Parque de María Luisa y plantados hacia 1925, se enseñorean airosos cuatro grandes árboles de las lianas (Ficus macrophylla) con vistosas raíces aéreas, limitando las cuatro esquinas de la plaza constituyendo lo esencial de su vegetación.


Las diversas propuestas que a partir de comienzos del siglo XX plantearán la apertura de un eje este-oeste a través del casco antiguo afectarán a esta plaza en su extremo norte. Así en 1958 se realiza el ensanche de la calle Imagen y se modifican las alineaciones en el tercio contiguo de la plaza, al tiempo que se desplaza el centro de la composición geométrica de la platea central de la misma con respecto a la del siglo XIX. En uno de su lados se encuentra el controvertido edificio del Colegio Oficial de Arquitectos.
El lado norte, precedida por la plaza de su nombre, lo flanquea la fachada lateral de la Iglesia de San Pedro. Construido el templo a mediados del siglo XIV en 1379, según algunos autores sobre el solar de una antigua mezquita. Es de estilo gótico-mudéjar, de tres naves con techos de madera y separadas por arcos apuntados sobre pilares rectangulares y cabecera poligonal de dos tramos. El presbiterio está cubierto por bóveda de piedra con nervios que se sustentan sobre pequeñas columnas adosadas a la pared. La torre está formada por cuerpo, campanario y chapitel. El primer cuerpo data de su fundación y conserva restos mudéjares. El cuerpo de campanas es de estilo barroco del siglo XVI y posee ocho capillas. El chapitel se encuentra decorado con paneles de azulejería obra de Martín Infante (1593-1597). Durante los siglos XVI y XVII se realizaron alteraciones en el templo; entre 1613 y 1624 Diego de Quesada construyó la portada que da a la plaza de San Pedro ornamentada por escultura de "San Pedro" obra de Martín Cardino. La fachada situada a los pies del templo es de 1612, presenta portada con arco de medio punto entre pilastras. Encima de la portada óculos con vidrieras que representan a "San Pablo y San José" en las laterales y a "San Pedro" en la central.
En esta Parroquia recibió las aguas bautismales el pintor Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, nacido en las inmediaciones de la plaza, en la que antiguamente fue conocida por calle de la Gorgoja, hoy Padre Luis María Llop, y cuya casa natal se conserva en la actualidad.
“En Domingo seis días del mes de Junio de mil y quinientos. y noventa y nueve años bautizé, yo el Licenciado. Gregorio de Salazar, cura de la iglesia de san Pedro de la ciudad de Seuilla a Diego, hijo de Juan. Rodríguez de Sylva y de Gerónima. Velázquez su muger. Fue su padrino Pablos de Ojeda vecino. en la collación de la Magdalena. Advirtiósele la cognación spiritual. ffª ut sª. El licd°. Greg°. de Salazar (rubricado)”[4].
El caserío de la plaza no es particularmente destacable, excepción de la casa-palacio rotulada con el número 21 perteneciente al siglo XVII con un bello mirador a modo de torreón, aunque en la actualidad ha sido acondicionada para convertirla en viviendas particulares.
Desde finales del siglo XIX existió en la plaza una parada de carros de alquiler. Hasta finales de los años 40 del pasado siglo se instalaba en el centro de la plaza un cine de verano.
Esta bella Plaza ha sufrido en los últimos años el efecto devastador de “la movida”. Al decir del Dr. Yebra Sotillo, “Nada más antisevillano que la actualmente denominada movida. El sevillano siempre ha sabido divertirse sin molestar, sin perder la compostura, con sentido innato de la medida.”[5] Pero no entienden esto quienes al socaire de la noche, en bandadas impersonales de incívicos, destruyen el patrimonio común de esta Sevilla soñada y ... vilipendiada. Tras el paso y “arraso” que esta calaña realizó en esta plaza, fue en 2003 restaurada recomponiéndose la solería, la estructura y disposición de los parterres, renovación de bancos y farolas de corte fernandino, y el mobiliario urbano. En el centro de la Plaza se ha instalado una estatua del “Niño Ricardo”, guitarrista flamenco que vivió en la cercana calle Almudena, obra en bronce realizada por J. Gavira Alba.
Romualdo de Gelo
Bibliografía:
Las fotos antiguas pertenecen y están tomadas de la Fototeca de la Universidad de Sevilla y del Archivo de ABC de Sevilla.
CARDOSO BUENO, Diego A.: Sevilla. El Casco Antiguo. Historia, Arte y Urbanismo. Sevilla, 2006.
ELÍAS BONELLS, José: Plantas y Jardines de Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 2003
MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Anales Eclesiásticos y Seculares de la MN y ML Ciudad de Sevilla. Lib. XIX. Sevilla, 1997. Ediciones Guadalquivir, 2ª ed. 3 Tomos.
MONTOTO, Santiago: Las calles de Sevilla
- Esquinas y Conventos de Sevilla. Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla, 2005, 3ª ed., 1ª reimpresión.
PASSOLAS JÁUREGUI, Jaime: Historia y recuerdos de calles y Plazas de Sevilla. Ed. Rosalibros. Sevilla, 2004.
VELÁZQUEZ Y SÁNCHEZ, José: Anales de Sevilla de 1800 a 1850. Excmo. Ayto. de Sevilla. Colección Clásicos Sevillanos, 7. Sevilla. 1994.
VIOQUE CUBERO y otros: Apuntes sobre el origen y evolución morfológica de las plazas del casco histórico de Sevilla. Sevilla. 1987.
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[1] RODRÍGUEZ GORDILLO:J.M.: “La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla”, en Sevilla y el Tabaco. Sevilla, 1984.
[2] MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Anales Eclesiásticos y Seculares de la MN y ML Ciudad de Sevilla. Lib. XIX. Sevilla, 1997. Ediciones Guadalquivir, 2ª ed. I Tomo, apartado 7, págs. 195-196.
[3] VELÁZQUEZ Y SÁNCHEZ, José: Anales de Sevilla de 1800 a 1850. Excmo. Ayto. de Sevilla. Colección Clásicos Sevillanos, 7. Sevilla. 1994. págs. 526-527.
[4] Archivo de la Iglesia parroquial de San Pedro de Sevilla. Libro 5° de Bautismos de 1594 a 1612, fol. 61.
[5] YEBRA SOTILLO, Ismael: Sevilla vista desde la Alfalfa. Ateneo de Sevilla. Sevilla, 2007. pág. 21