La Plaza de San Lorenzo
Está situada en el castizo, sevillanísimo y rancio barrio de la antigua collación de San Lorenzo Mártir y a ella afluyen las calles Conde Barajas, Cantabria, Cardenal Spínola, Martínez Montañés y Eslava.
Toma su nombre de la Parroquia que, desde el siglo XIII, da nombre a la misma así como a su collación. También se conoció como Plaza Grande o Mayor de San Lorenzo.
Desde los siglos XVI y XVII se tienen noticias del empedrado de su pavimentación, aunque debido a las continuas y prolongadas riadas provocadas por las avenidas del río frecuentemente desaparecía. Baste el siguiente texto, de entre los muchos que se citan en la obra, como ejemplo de tales magnitudes:
“En sábado que se contaron veinte y cuatro días de Enero de 1626, a las doce de la noche estando el Río de Sevilla fuera de su madre ... Anegó la mayor parte de Sevilla, anegó el barrio de la Iglesia mayor, el de la Madalena, el de Sant Vivcente, el de Sant Lorenzo ... Andaban barcos por el Alameda ...otos ivan desde la Iglesia mayor hasta la puerta Real y hasta Sant Lorenzo ...”[1]
Desde el siglo XVI existió una cruz de cerrajería elevada sobre peana, e igualmente contó esta plaza con un pilar con agua procedente de la Fuente del Arzobispo, desmontado en 1853 y posteriormente substituido por una fuente de hierro con dos grifos, que también fue suprimida. Durante bastante tiempo la plaza estuvo pavimentada con ladrillos en sardinel, y se complementa con alcornoques y variado sistema de alumbrado.
El trazado actual es debido al proyecto de Balbino Marrón en la segunda mitad del siglo XIX, dotándola de un basamento con una geometría clara, completada con arbolado y bancos perimetrales.
El año 2003 se inicia a remodelación de la Plaza de San Lorenzo convirtiéndola en una zona peatonal sin niveles, como existía anteriormente. Desaparece la calzada que circunda la esfera de la plaza y se amplia la misma por la zona de las calles Eslava y Hernán Cortés, creándose una nueva plazoleta a la altura de esta última. Se le dota de mayor mobiliario urbano y mejores sistemas de iluminación y visibilidad.
Igualmente, entre la Parroquia de San Lorenzo y la Basílica del Gran Poder, mirando hacia el centro de la Plaza, se inauguró el 18 de febrero de 2005 el monumento a Juan de Mesa, obra de Sebastián Santos Calero.
Las edificaciones civiles que conforman la plaza se enmarcan desde finales de la centuria decimonónica y la mayoría en las primeras décadas del siglo XX.
Ha contado, asimismo, con uno de los más antiguos relojes públicos de la ciudad en la torre de la Iglesia, costeado y mantenido por la ciudad, el cual estuvo al cuidado de Sebastián Conde[2], el autor de la Cruz de la Cerrajería, que, a la par que labraba el hierro, era hábil relojero del Cabildo secular. Poseía, además, una parada de carruajes y varios puestos de agua.
Pero lo que da sabor, su esencia y corazón bombeante, a esta plaza son los edificios de la antigua Parroquia y el “relicario” de la Basílica que custodia al que sostiene con su Gran Poder la inamovible devoción religiosa de Sevilla.
La Parroquia de San Lorenzo fue fundada en tiempos de Fernando III y Alfonso X. Es una de las veinticinco históricas parroquias -y collaciones- que tenía intramuros la ciudad de Sevilla, según consta en el Repartimiento de la misma. Hay una tradición, basada en los testimonios nada fiables al respecto del abad Alonso Sánchez Gordillo, que afirma que con anterioridad había en este mismo lugar una ermita consagrada a la devoción francesa de Nuestra Señora de Rocamador.
La iglesia, erigida a fines del
siglo XIII o principios del XIV de estilo mudéjar, fue significativamente
reformada durante los siglos
XVII y XIX, de ahí la irregularidad de la planta.
Es, por tanto, el resultado de un largo proceso en el que a un núcleo central
-de tres naves separadas por pilares y cubiertas con estructuras de madera más
un presbiterio de dos tramos con bóvedas de nervadura- se le fueron añadiendo
cuerpos y volúmenes -capillas laterales, la capilla mayor, etc.- hasta
configurar el aspecto actual, presentando cinco naves separadas por pilares de
sección cuadrangular que se cubren con estructuras de madera, las laterales en
forma de colgadizo, y la central siguiendo el esquema de los artesonados
mudéjares de par y nudillo.
En el ángulo de la Plaza de San Lorenzo con la calle Eslava se levanta la torre del templo. La torre, cuyo origen es del siglo XV, construida sobre una de las portadas góticas, quedando ésta cegada. Fue nuevamente alterada en el siglo XVII y rematada por un campanario barroco en el año 1757.
La portada de piedra tallada que da a la plaza fue diseñada por Diego López Bueno, en 1625. Sobre la puerta se dispone un alfiz quebrado en cuya parte superior hay un ángelque sirve de “costalero” a la lápida con la inscripción: “Beate Laurenti Martyr Christi Intercede pro nobis”. San Lorenzo. mártir de Cristo, ruega por nosotros
En el centro del frontón partido superior, una hornacina acoge una escultura del santo mártir. A los lados del mismo sendos altorrelieves de parrillas sobre fuego representan las armas del Santo titular, evocando el modo de su martirio.
Diversos retablos cerámicos adornan su fachada: el de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, realizado por Manuel Rodríguez de Tudela en 1912; el reciente de la Virgen del Dulce Nombre, un relieve dedicado al que fuera párroco ejemplar de este templo el Beato Cardenal Spínola, realizado en 1905; y el de Ánimas, obra de Antonio Kierman Flores, basado en otro que existió desde el siglo XVIII.
El templo parroquial es un completo y variado museo. Afortunadamente se conserva en este templo la mayor parte de la riqueza artística con que lo enriquecieron las generaciones pasadas. El retablo mayor, encargado en principio a Juan Martínez Montañés en 1632, que tras hacer la carpintería del mismo traspasó la labor escultórica en 1645 a Felipe de Ribas.
Los dos retablos colaterales a la capilla mayor son obras barrocas, realizados entre 1682 y 1689 por el escultor Fernando de Barahona, aunque las imágenes que cobijan son de época anterior. El Cristo del Amparo, de mediados del XVII, obra de Francisco Dionisio de Ribas; y de 1554 la Virgen de la Granada, que talló el escultor flamenco Roque de Balduque.
Digna de admiración es la imagen de la Virgen del Carmen, obra de alabastro del siglo XIV que fue la titular del Convento Casa-Grande del Carmen Calzado hispalense, cuyo plan de altar (antes de la Inmaculada) goza de una azulejería del círculo de Hernando de Valladares. La Inmaculada de Jacinto Pimentel es de 1630.
En la cabecera de la nave de la epístola se halla la Capilla Sacramental, obra del maestro Félix Romero de 1699 y decorada con pinturas murales al fresco de Francisco Pérez Pineda, Domingo Martínez y Gregorio Espinal. El retablo solomónico, concertado en 1703, realizado por Pedro Ruiz Paniagua. Los ángeles lampareros son obras de Hita del Castillo de 1738.
Respecto a las pinturas podemos citar la que sobre marco barroco representa a la Virgen de Rocamador, bello ejemplar del influjo de la pintura sienesa y a la que el profesor Post asigna fecha poco anterior a 1350; y cuyo altar está revestidos de lienzos de azulejos de 1609; las pinturas de los retablos de la Anunciación y de la Virgen de Belén, del italianizante Pedro Villegas Marmolejo, muerto en 1596 y cuya lápida sepulcral se encuentra a los pies del templo; la Inmaculada Concepción de Francisco Pacheco; la tabla del retablo de Ánimas fechado en 1587 cuyo altar posee unos magníficos azulejos realizados entre 1599-1609; o la del Cristo de las Fatigas del s. XVI.
A los pies de la nave central se encuentra el coro realizado en 1713 y cuyo autor es el maestro carpintero Juan Leonardo. Del órgano del siglo XVIII es autor Juan Calero.
En este templo radican canónicamente dos señeras hermandades penitenciales. A los pies de la nave de la epístola se encuentra la antigua Capilla del Gran Poder, cuya titularidad sigue poseyendo, presidida por la imagen de la Virgen del Dulce Nombre realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1924. En un retablo lateral se encuentra Nuestro Padre Jesús ante Anás, obra de Antonio Castillo Lastrucci de 1923. El crucificado del Mayor Dolor, fechable en el primer tercio del siglo XVII y atribuido al círculo de Andrés de Ocampo, y cuatro ángeles pasionarios realizados por la Roldana.
La Capilla de Nuestra Señora de la Soledad se halla a los pies de la nave del evangelio. Posee retablo barroco realizado en 1730 presidido por la Imagen titular, la más antigua dolorosa de las que procesionan en Semana Santa, obra anónima de hacia 1600. La capilla está decorada con pinturas murales de 1957.
Esta plaza, centro geográfico y
social de San Lorenzo, ha sido testigo de muchos sucesos relevantes. En 1652 se
puso fin al motín del Pendón Verde o de la Feria, ocasionado por la carestía del
pan, ahorcando en ella a uno de los amotinados. La revuelta estalló el 22 mayo
en el popular barrio de la Feria y se prolongó hasta la noche del 26 al 27 en
que los amotinados fueron sorprendidos mientras dormían por varios destacamentos
armados comandados por D. Francisco Tello de Portugal.
En esta Parroquia recibieron las aguas bautismales el inmortal poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano Valeriano, pintor notable. También vivió en esta feligresía el magistral escultor Martínez Montañés, en la antigua calle de los Tiros, hoy advocada con el nombre del artista.
En 1920, la Parroquia y plaza de San Lorenzo fueron testigo de un extraordinario acontecimiento popular: los funerales del que fuera figura relevante del toreo de la época, Joselito el Gallo.
Por esta época, el prolífico imaginero Antonio Castillo Lastrucci monta una academia de escultura en los altos de un inmueble de la plaza, donde actualmente se halla la Basílica del Señor del Gran Poder. En 1.923 traslada el taller a la calle San Vicente 52.
El 7 de Julio de 1936 esta plaza vivió otro acontecimiento singular, en ella fue por vez primera interpretado el Himno de Andalucía, creado por Blas Infante quien se inspiró en la música del himno religioso del “Santo Dios”cantado popularmente por los jornaleros de la campiña durante sus labores de siega. Don José del Castillo Díaz, Director de la Banda Municipal de Sevilla y Presidente de la Sección de Música del Ateneo de Sevilla, efectuó los arreglos de la música para banda.
En 1965 a la imagen de María Auxiliadora de la calle San Vicente, talla anónima de la escuela valenciana de finales del siglo XIX, se le impone una corona realizada por D. José Mª Peña en un acto litúrgico celebrado en la plaza y presidido por el entonces Gobernador Civil: D. José Utrera Molina y esposa, que actuaron de padrinos.
En este mismo año de 1965 fue construida, según planos de Antonio Delgado Roig y Alberto Balbotín de Orta, en los terreros que ocupaba la antigua Jefatura de Obras Públicas, la actual Basílica del Gran Poder, siendo Hermano Mayor de esta Hermandad de penitencia Miguel Lasso de la Vega y Marañón. El 27 de mayo por la mañana son trasladados los dos pasos con los titulares a la Santa Iglesia Catedral, el de María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso con acompañamiento musical, haciendo procesión de regreso en la tarde y entrando en el nuevo templo al filo de la media noche. El templo se consagró el día siguiente, viernes, por el Cardenal José María Bueno Monreal.
“La actual Basílica Menor, título incorporado por Bula Pontificia de Juan Pablo II de 29 de diciembre de 1992, posee única puerta principal en la plaza de San Lorenzo, siendo un inmueble adosado a construcciones anteriores, entre ellas la propia parroquia de San Lorenzo y las ubicadas entre las calles Hernán Cortés, Pescadores, Jesús del Gran Poder, Conde Barajas y Plaza de San Lorenzo. Las dependencias de la cofradía se extienden, además de las propias del templo, a las casas del número 13 de la plaza, en las que tienen cabida las dependencias administrativas y capitulares de la corporación y a las anexas al templo de la Calle Pescadores, con entradas habilitadas para la sacristía y casas del capiller y rector del templo.
El Templo de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder es estilísticamente hijo de su tiempo. El proyecto ideado y ejecutado bajo la dirección de los arquitectos sevillanos Alberto Balbontín de Orta y Antonio Delgado Roig es claramente ecléctico construido estructuralmente con materiales modernos y revestido de una apariencia clásica. Su gran referente es el Panteón de Roma.
Se accede
al mismo por una portada que mezcla elementos del Renacimiento como óculos o
pilastras geométricas, con el Barroco de frontones partidos o cartelas. Esta
portada repite de modo ascendente por tres veces el mismo ritmo. La puerta de
ingreso, flanqueada por dos columnas torneadas que sostienen un friso mixto, se
corona por un frontón triangular partido que alberga un gran relieve con el
escudo de la corporación. Este primer conjunto, retundido en la fachada, se
enmarca en un arco de medio punto jalonado con óculos que da paso a una “segunda
portada” con repetición del ritmo, variando las columnas torneadas por pilastras
compuestas que se rematan en cartelas en las que se anuncia la fecha de
consagración, pero sosteniendo igualmente el frontón partido en el que se
alberga una espadaña de similar estructura en tamaño descendente pero de porte
puramente barroco, con tres campanas y rematada en una cruz de forja.
El interior es una planta concéntrica circular con añadidos, precedida por un atrio porticado con grandes balconadas, al que se anexan dependencias pertenecientes a la vivienda del número trece de la plaza en el lado derecho y con el antiguo tesoro en el izquierdo. Se cubre este primer espacio con una bóveda rebajada de casetones, dando paso mediante una segunda portada, de similar esquema barroco a la exterior, al espacio del soto coro que es el ingreso a la nave concéntrica.
La nave es sencilla y sólo se compone de un zócalo de gran altura de mármol rojo y negro del artesano Gascó que alterna con los muros blancos. En su espacio frontal se sitúa elevado el presbiterio. A los lados de éste se ubican dos puertas que acceden a la Sacristía, al deambulatorio con escaleras por el que se llega al camarín del Señor y la Capilla del Sagrario, espacio rectangular reducido en las confluencias de la escalera de bajada del camarín y la salida de éste al templo. El camarín del Señor es un espacio delimitado por dos suntuosas escaleras de mármoles que abren paso al espacio del tras altar en el que recibe culto la venerada Imagen. El testero del muro, rememora la imagen de enmarcar al Señor en una venera tallada en mármol rojo, repitiendo el esquema conocido de la Capilla de San Lorenzo.
Todo el espacio se cubre con una bóveda de media naranja rebajada decorada con casetones rectangulares, recibiendo, como el Panteón de Roma, la única entrada de luz por el óculo central, aquí una linterna peraltada con capulín que es sostenido por parejas de columnas que enmarcan vidrieras sin temas decorativos.
Los únicos elementos muebles que exornan el templo son, además de los litúrgicos, los altares de madera tallada y dorada realizados por Guzmán Bejarano, que repite adecuándolo a la dimensión del templo y añadiéndole hornacinas laterales para San Juan y la Virgen, el retablo que diseñara para la capilla de San Lorenzo el pintor Gonzalo Bilbao entorno a 1895. De gran acierto son los austeros lienzos del Vía Crucis reformado por Juan Pablo II debidos al pintor Antonio Agudo Tercero, que ornamentan los muros de la basílica desde 1996. Más reciente es el Sagrario, del año 2000 y obra de Orfebrería Triana reproduciendo la fachada principal dieciochesca de la Basílica de San Juan de Letrán, sede del Obispo de Roma, a la que se encuentra incorporada la Cofradía por dos veces. En la Capilla del Sagrario, pequeño habitáculo destinado a la reseva y oración a Jesús Sacramentado, destaca la ubicación de un busto de la Santísima Virgen, dolorosa donada por la familia Charlo colocada en una hornacina-retablo de madera tallada y dorada en cuya franja inferior se coloca el Sagrario de puerta de plata con el escudo de la corporación. Anexas a este espacio, en la salida del camarín, están las esculturas de los beatos benefactores de la devoción a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, Diego José de Cádiz (1967-1970), obra de Castillo Lastrucci acabada por su hijo Adolfo y el Cardenal Spínola y Maestre, de Navarro Arteaga en el 2000.
En el año 1992 se efectúan reformas de instalaciones, cerrándose al culto y colocándose las imágenes en el atrio en un altar provisional en los meses de verano”[3]
Esta Basílica Menor de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder es el relicario que guarda la joya más preciada de la devoción religiosa de Sevilla, su Señor.
Nada mejor para expresar este sentimiento, unido al entorno de la plaza que nos ocupa, que transcribir el siguiente texto de Chaves Nogales[4]:
“Va
cayendo la tarde; en los aledaños de la iglesia hay unas casitas pobres,
viejísimas, con sus caras lavadas y sus zaguanes aljofifados. De ellas salen, a
medida que las sombras se acercan, unas temblorosas viejecitas, el catrecillo
bajo el brazo y el rosario entre los sarmientos de sus manos. Van pegadas a las
paredes, fundiéndose en la sombra, hasta trasponer el atrio de la iglesia y
arrellanarse en un rinconcito de la capilla donde se venera a Nuestro Padre
Jesús del Gran Poder, para permanecer allí amodorradas, musitando sus preces
eternas… «Padre Nuestro, que estás en los cielos…»
Capuchinas, Eslava, Martínez Montañés, Caldereros, Teodosio, Santa Clara, Panecitos. Calles recatadas y silenciosas del barrio de San Lorenzo, sobre las que Jesús del Gran Poder hace pesar su poderío; calles, que viven casi exclusivamente de la preocupación religiosa, y mantienen en su ámbito la devoción latente, exaltada, como sentimiento único, como norma exclusiva de todo su vivir.
Cuidan de mantener esta preocupación las viejucas atemorizadas, las campanadas claras del reloj de la iglesia, que también tiene su inquietante leyenda[5], y el silencio mismo de estas calles, que fuerza a la meditación, a una vida interior, intensa, atormentada por los sufrimientos eternos de Jesús, que el genio de Montañés[6] supo hacer inconmensurablemente fuerte, para que fuese inconmensurablemente dolorido.
Todos los viernes del año hay un incesante desfilar de devotos hacia la iglesia de San Lorenzo, durante las horas de oración. De los barrios extremos, de toda Sevilla, llegan los grupos de mujeres, que se arrodillan unos minutos ante la imagen, para balbucear sus preces. ¿Cómo siente Sevilla la devoción hacia Nuestro Padre Jesús del Gran Poder? Es indefinible; para el observador extraño, será siempre un misterio este movimiento impulsivo de nuestro pueblo hacia el Nazareno de Montañés. Es una fe ciega, indestructible, más allá de los imperativos teologales y de la misteriosa atracción de las supersticiones. Adoran estas almas débiles, debilitadas, de los sevillanos, tanto al Dios, como al hombre extraordinariamente poderoso, símbolo de la fortaleza y el dolor, que supo crear el prodigioso imaginero, para pasmo y dominación de estos espíritus fluctuantes, estos caracteres difuminados, estas almas combatidas por tan diversos requerimientos; la ciudad entera viene una vez por semana a cobijarse en esta iglesia, bajo ese Gran Poder indefinido, esa suma total de potencias divinas y humanas.
La capilla donde se venera esta imagen, es la sensación más fuerte, más definitiva, que hemos recibido de la devoción de un pueblo. La iglesia fría, ensombrecida, hace resaltar la luz, la vida de esta pequeña capilla, refulgente, cálida, calor suave de oraciones ininterrumpidas, que unos labios comienzan, otros continúan y ningunos cierran, como una sola y compleja manifestación de piedad.
En la soledad del templo, la capilla del Gran Poder, creada por la Hermandad, vivificada por el sentimiento popular, más cercano a sus hermandades que a sus parroquias, promueve la sensación de una sola llama encendida por la piedad y el temor; llama en la que van consumiéndose los corazones como la cera de las candelerías.
Tiene, además, esta imagen la reverencia que le otorga el ser la más fuerte emoción de nuestra Semana Santa. La salida procesional de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, deja en el ánimo tal sensación de poderío y sublimidad, que durante todo el año, la visión grandiosa de los hieráticos penitentes perdura en el sensorio de quienes los vieron pasar, sobrecogidos, aterrorizados por el escalofrío de la madrugada y la nota desgarrada de una saeta”
Expresábamos al inicio que esta plaza de San Lorenzo se hallaba en uno de los barrios más señeros y populares de la ciudad de Sevilla. Y como muestra, un botón:
En Casa Ricardo, antigua Casa Ovidio, situado
en la calle Hernán Cortés, a espalda de la
Parroquial de San Lorenzo, uno de los bares cofrades
con más solera de Sevilla, “santuario” reconfortante del cuerpo y el espíritu, del paladar y
el aroma a incienso, se halla un cuadro allí existente sobre el dintel interior
de la puerta de entrada, ennegrecido por la pátina del tiempo, que representa al
Señor en su paso procesional y que bien pudiera plasmar la
descripción realizada por Chaves Nogales, tal cual él la vivenció: devoción
arraigada e imperecedera de Sevilla al que Todo lo Puede.
Este sin par rincón de “Casa Ricardo” desde que se abrió en 1898 como abacería (tienda donde se vendían productos traídos de las colonias, ultramarinos, vinos y licores), ha pasado por diferentes manos y nombres, como Casa Antiane, La Covadonga y Casa Ovidio, hasta llegar en 1985 a manos de su actual dueño, guarda las esencias eternas de la ciudad. Allí podemos aún escuchar la sonora cantinela del pregonar de sus exquisitas “tapas” con el fondo acompasado de alguna marcha cofradiera al par que disfrutar de la exquisitez del trato humano y afable de sus eficientes dependientes. ¡Todo un lujo de sevillanía en uno de los barrios de más rancio abolengo de la Sevilla intemporal!
Romualdo de Gelo
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[1] PALOMO, Francisco de Borja: Historia crítica de las riadas de Sevilla. Área de Cultura y Fiestas Mayores. Colección Clásicos Sevillanos, 20. Sevilla, 2001. Tomo I, págs. 237-238..
[2] De Sebastián Conde se conserva un retrato decimonónico en su villa natal de Almonte (Huelva) con la siguiente leyenda: “Sebastián Conde, natural de esta villa de Almonte, excelente y aventajado maestro del gremio de rejeros, autor de la Cruz llamada de la Cerrajería, en Sevilla, cuya obra hizo en aquella ciudad el año de 1692”. Esta hermosa cruz se ha reproducido actualmente, colocándose sobre la espadaña del Santuario de la Virgen del Rocío.
[3] Texto transcrito literalmente tomado de la página de la Hermandad http://www.gran-poder.es/WGP_CORPORACION/WebOficialBasilica.htm
[4] CHAVES NOGALES, Manuel: La ciudad. Ensayos, Universidad de Sevilla, Colección de bolsillo, nº 57, Sevilla, 1977 (segunda edición). -Edición facsímil para conmemorar la salida de Diario de Sevilla, 1999. págs. 40-42.
[5] “Cuenta la leyenda que un albañil recibió el encargo de tapiar una habitación en una casa, y que para hacer el trabajo se lo remunerarían muy bien, aunque tenía que ir con los ojos vendados hasta el lugar donde estaba ubicada la casa. El albañil aceptó, y tras darle varias vueltas por distintas calles con los ojos vendados, llegó a la casa finalmente. Cuando iba a comenzar el trabajo observó, que en la habitación que iba a tapiar había una mujer a la que se iba a dejar dentro de la misma. Como consecuencia de las amenazas que recibió de su contratante, no tuvo mas remedio que llevar a cabo su trabajo y emparedar a la desgraciada mujer. Una vez vuelto a casa, el albañil sintió remordimientos y lastima por la mujer que había enterrado viva y puso el hecho en conocimiento de la autoridad competente.
El albañil contó a la policía que el único dato que tenía para descubrir donde se encontraba la mujer era que durante su trabajo oyó dar dos campanadas en poco rato, deduciendo la autoridad que tenía que ser el reloj de San Lorenzo , por ser el único en Sevilla que daba los cuartos. Tras dar varias vueltas por el barrio dieron con la casa y derribaron la habitación recién tapiada encontrando allí a la mujer aún con vida. Según los datos facilitados por la mujer, se pudo averiguar quién era el hombre que la mandó lapidar y se le pudo detener en Cádiz, donde iba a embarcar con destino a Cuba. La leyenda termina contando que el detenido era un verdugo de Cuba que se quiso vengar en esta mujer por ser pariente de una persona que había descubierto su identidad de verdugo”
Fuente: http://www.sevillainformacion.org/templos/parroquias/sanlorenzo/index.html
[6] Por la época de este artículo se atribuía la bendita Imagen del Señor a Montañés, y no, como es en realidad, a Juan de Mesa, quien la tallara en 1620. Igualmente, el Señor se hallaba, en 1921 en que fue escrito este texto, en su Capilla de la Parroquia de San Lorenzo, la que ocupa actualmente la Hermandad del Dulce Nombre”.
GUERRERO LOVILLO, José: Guía artística de Sevilla. Sevilla, 1986
MONTOTO, Santiago: Parroquias de Sevilla. Biblioteca Hispalense. Sevilla, 2001
PASSOLAS JÁUREGUI, Jaime: Historia y recuerdos de calles y Plazas de Sevilla. Ed. Rosalibros. Sevilla, 2004.
VIOQUE CUBERO y otros: Apuntes sobre el origen y evolución morfológica de las plazas del casco histórico de Sevilla. Sevilla. 1987