LA PLAZA DE LA ALFALFA
El enclave y proximidades de la actual Plaza de la Alfalfa es consustancial a la propia historia de la ciudad de Sevilla desde sus más remotos orígenes, como muy bien definió don Santiago Montoto al decir de esta Plaza “que parece que siempre ha existido”[1].
Todos los historiadores clásicos y los más recientes estudiosos avalan las hipótesis que presentan a este paraje como el centro cívico, social y económico en las diversas etapas históricas vividas por la vieja ciudad hispalense.
“Entre las islas que suelen formarse durante las avenidas, hay una mesa estrecha y larga, como una pincelada más intensa en la acuarela de grises del paisaje invernal y palustre; Así se contempla el solar de Sevilla desde el Aljarafe cuando las aguas del río forman una sábana que alcanza a La Pañoleta. Los barcos mercantes podían arribar a aquella mesa en todo tiempo. Sobre ella nació la Sevilla antigua, la que va de los Jardines de Murillo a la Plaza del Salvador”[2]
Limitada por un río caudaloso y de un arroyo, Tagarete, que completaba el cerco, esta mesa de unos 15 m. de cota y de 450 por 200 de superficie, con su centro en la actual calle Aire a una altura máxima de sólo 17 m., en época de grandes avenidas, quedaba convertida en una isla comprendida por las actuales calles de Francos, Placentines, Argote de Molina, Segovia, Don Remondo, Abades, Ángeles, Mateos Gago, Rodrigo Caro, Plaza de Doña Elvira, Gloria, Plaza de los Venerables, Lope de Rueda, Santa Teresa, Ximénez de Enciso, Cruces, Fabiola, Federico Rubio, San Nicolás, Muñoz y Pabón, Plasencia y Cuesta del Rosario[3].
“Aunque en Sevilla hubo grandes y suntuosos templos, circos... y anfiteatros.... todo ha desaparecido”, como ya en 1634 afirmaba Rodrigo Caro, y aunque no exista documentación literaria explícita al respecto, con toda probabilidad era en este entorno donde los historiadores y arqueólogos, por los restos arqueológicos encontrados[4], han esbozado el centro de la ciudad romana y sus principales edificios, situando también en este lugar la confluencia de las dos vías principales del decumano y cardo máximo que corresponderían a las actuales calles Águilas y Alhóndiga, con el lado norte del foro cívico de Hispalis en la plaza de la Alfalfa en la intersección de ambas.
Recientemente, en 2006, en la Plaza de la Pescadería, a escasos metros de la Plaza de la Alfalfa, se ha realizado un hallazgo arqueológico de primer nivel. A partir de los sondeos y a tan sólo 60 centímetros del asfalto se ha descubierto el muro de separación de lo que se supone es una de las tres grandes cisternas que se estima forman parte del «castellum aquae» de Hispalis, la obra hidráulica romana más antigua documentada en la ciudad encargada del almacenamiento y distribución del agua que llegaba a la Sevilla Romana desde Alcalá de Guadaíra. En 1172 Abu Yacub Yusuf reformaría notablemente la red de traída de aguas hasta el centro de la ciudad a través los Caños de Carmona y este gran depósito de agua para abastecer a la población.
Pero si durante la época romana ya gozó este paraje de relevante importancia, ésta se verá reforzada en la época islámica al ocupar la Alcaicería de la Loza parte de la actual Plaza y edificarse en su inmediata proximidad la mezquita aljama de Ibn Adabbas, actual templo del Divino Salvador.
“Tras la conquista de la ciudad por los cristianos en 1248 se intensifica el proceso de especialización de las plazas, característico del Medioevo. Concretamente el uso específico de las plazas con carácter mercantil guardará una estrecha relación con la zona de procedencia del género, así como con las puertas de la ciudad por las que debería de verificarse la entrada en el recinto de dicha mercancía. De este modo las carnes y verduras entraban principalmente por la zona oriental del casco (Puerta de la Carne), y se vendían en la Alfalfa (verdura) y en el mercado de caza que se establecerá, por acuerdo municipal de 1410, sobre los restos de la Alcaicería”[5]. Así en el siglo XV, por aumentar el mercado con verduras y hortalizas se le denomina de Ensaladeros[6].
Al hablar de este lugar, Montoto en su obra Las Calles de Sevilla dice que “de la primera mitad del siglo XV conocemos un documento en que ya está mencionado este paraje, diciéndose de unas casas que están situadas “al Alfalfa” (Leg. 33, Archivo de la Catedral)”.
Gran popularidad debía de tener esta Plaza pues en las Ordenanzas de Sevilla, impresas en 1517, se ordena que los pregoneros debían cumplir su deber en las Gradas y en las plazas de San Francisco, Salvador, Alfalfa, Santa Catalina y Feria. Igual que los porteros emplazadores y ejecutores de la justicia debían ejercer su cargo todas las mañanas en esta Plaza. Otro dato de interés es que fue esta Plaza y sus calles aledañas, debido al continuo tránsito de personas y carros, fue uno de los primeros espacios públicos que gozó de enladrillado en su pavimento.
Luis de Peraza en su Historia de Sevilla, en 1535, cita a la Plaza “del Alfalfa, donde nací yo y me crié hasta haver veinte años” como una de las principales de la ciudad[7]. “La Plaza del Alfalfa, que dicen los naturales haverse llamado así por una yerva llamada alfalfa que es mui buena para bestias, de la qual hay grande abundancia en Valencia, que se solía vender allí. Agora se venden mui gordos pavos, capones, gallinas, perdices, conejos, y todo género de aves”[8].
Quizá por esta razón de especialización en venta de aves, en 1545 el asistente Pedro de Navarra, marqués de Cortes, mandó edificar en las inmediaciones de esta Plaza la Carnicería Mayor de la ciudad, que lindaba con la Alcaicería de la Loza y con las calles de la Caza, la Espartería, los Odreros, la Pescadería y la propia Alfalfa, lugares todos de mucho comercio y especialmente relacionados con los abastos del vecindario. Eran estas Carnicerías un mercado específicamente destinado a la venta de carne del ganado que se sacrificaba en el matadero situado extramuros de la Puerta de la Carne. Una frenética actividad comercial tenía este sector en la populosa y variopinta Sevilla del XVI que debía ser uno de los lugares “favoritos” de pillos y pícaros, pues merece la irónica y sagaz consideración del Ingenio de las Letras al referir en su Novela Ejemplar Cipión y Berganza “Coloquio de los perros” que "Finalmente, oí decir a un hombre discreto que tres cosas tenía el Rey por ganar Sevilla: la calle de la Caza, la Costanilla y el Matadero"[9].
En su Historia de Sevilla, publicada en 1587, Alonso de Morgado nos dice, al hablar de las nueve carnicerías de la ciudad que “... de las cuales la más principal y mayor es en la collación de San Isidro, con cuarenta y ocho tablas para en que pesar las carnes, que ocupaban sus cuatro lienzos a la redonda, atajada cada una tabla con rejas, puertas y cerraduras de hierro con dos puertas principales, y en medio un espacioso patio de pilares de mármol, capaz de toda la gente de a pie y a caballo a que el uso da licencia de tomar carne en ella”[10]. Se accedía a través de dos puertas que se abrían a la Plaza de las Berzas o de la Verdura y a la de la Alfalfa.
Al igual que ocurriera en la cercana Plaza del Pan, y según costumbre de la época, contaba estas Carnicerías en uno de los corredores altos que dominaba todo el patio con un altar “con su retablo bien adornado, con una campana para hacer señal a misa, como quiera que se celebra en ella todos los domingos y fiestas de guardar, para que la oigan los muchos carniceros y demás infinita gente que allí se ocupan”, según afirma Morgado. Dentro vivía un alcaide que, entre otras obligaciones, debía tener en todo momento limpia esta carnicería mayor, barrida a escoba. De estas carnicerías dice Montoto que “no había población que tuviese otras tales, por su tamaño, higiene y comodidad de vendedores y compradores”.
En el siglo XVIII, debido al mal estado del pavimento de la calle Águilas, se prohíbe el acceso de carros de verdura hasta la Alfalfa, pasando a ser comerciado este género en la Plaza de Pilatos, y limitando la venta en las Carnicerías a aves, caza y recova. Desde 1776 las Carnicerías se convertirían en un mercado de abastos.
La originaria
Plaza de la Alfalfa, que comprendía desde las esquinas de las actuales calles
Huelva y Odreros a la de Cabeza del Rey Don Pedro, tenía en su centro una
hermosa cruz de hierro, sobre un pedestal de mampostería, rodeada de una verja
con faroles. Según Romero Mensaque, “En los últimos momentos del Barroco
estas cruces van desapareciendo de la geografía urbana de Sevilla y en el siglo
XIX son ya muy pocas las que permanecen en sus primitivos emplazamientos. Es un
signo de la decadencia de la estética devocional barroca, de la propia
concepción de religiosidad que retorna a los ámbitos sagrados de los templos.
Esto ocurrió con la cruz que estaba situada en el centro de la plaza de la
Alfalfa y de la que cuidaba una antigua hermandad erigida en 1691”. Algunas
de las causas era que muchas de estas cruces estaban situadas en lugares que
obstaculizaban el tráfico rodado o eran objeto de "indecencias". En 1832 se
suprimió la verja y posteriormente, en 1838, esta bellísima cruz fue trasladada
al lugar donde actualmente se ubica en la plazuela de la calle Augusto Plasencia,
contigua a la Parroquia de San Isidoro, colocándose en su lugar, tras el derribo
de las Carnicerías, la fuente con agua procedente de los Caños de Carmona que
había estado adosada a su pared y que años después sería también suprimida.
A partir de
1820, en que las Carnicerías son trasladadas al flamante Mercado de la
Encarnación, se llevará a cabo una reforma urbanística del sector que culminará
con la demolición del antiguo edificio en 1837. De 1831 existe una aguada
realizada por Richard Ford de la fachada occidental de las Carnicerías. La
fachada coronada con las armas de Carlos V, las columnas del Plus Ultra y la
Cruz de San Andrés, en los laterales las armas del Cabildo Municipal.
Madoz, al describir la "Plaza de las Carnicerías" dice que "Se encuentra entre la calle de la Alfalfa, la Alcaicería y la calle de San Juan; tiene dicho nombre por ocupar el área del edificio en que estaba la venta de carnes del abasto público, bajo el nombre de carnicería del Rey. Derribada esta por los años 1836 al 37, se formó el paseo, cuadrilongo, con 40 acacias y 18 asientos sin respaldo; también tiene a un extremo su puesto de agua y refrescos, y no lejos de él, aunque ya fuera del paseo, está la abundante fuente llamada de la Alfalfa. En cuanto a la concurrencia, puede decirse lo que en el anterior; si bien en este hay más movimiento por su situación entre calles de mucho tránsito"[11].
Este espacio de las antiguas Carnicerías será unido a la primitiva Plaza de la Alfalfa, propiciando uno de los grandes ensanches urbanísticos característicos del siglo XIX dando lugar al actual espacio que ocupa la Plaza, formando una sola unidad espacial para el que Balbino Marrón en 1848 redactará un proyecto para la plaza que “se configura como un espacio perfectamente ordenado y geométricamente perfecto mediante la instrumentación del arbolado y de los bancos del paseo perimetral”[12].
En el siglo XIX una de las aceras de esta Plaza estuvo ocupada por la popular “Espartería de la Alfalfa”, de la que debido a trabajar en este menester tomó el nombre de “El Espartero” el que fuera famoso y popular diestro taurino Manuel García Cuesta. Al menos desde mediados de este siglo existía en la Plaza un mercadillo de ropa y muebles viejos que con posterioridad dio origen al popular "mercadillo de pajaritos" que se ha venido celebrando cada domingo hasta el año 2006.
A lo largo del siglo XIX esta Plaza recibió distintas y sucesivas denominaciones: Boquete, Infante Don Fernando, Mendizábal. Y en 1937 se rotuló como General Mola.
La edificación, debido a los ensanches y alineaciones realizados, es en su mayoría de principios del s. XX. Se alternan las viviendas unifamiliares con las plurifamiliares con una altura media de tres plantas más la baja, donde por lo general, se instalan locales comerciales. Lo más destacado de sus fachadas son los típicos balcones sevillanos que se asoman a la plaza.
Desde mediados del
siglo XX la mayor parte de la superficie de la Plaza está dedicada al tráfico
rodado, limitándose las intervenciones urbanísticas a establecer conexiones más
amplias entre esta Plaza y las de la Pescadería y San Isidoro.
En cuanto al mobiliario, destaca la ausencia de bancos, los bares de la zona disponen de mesas y sillas a modo de terraza, que, como los kioscos, y contenedores tanto de basuras como de vidrios pueblan la acera haciendo difícil el recorrido de la misma. Y, a pesar de esto, en la plaza, aunque a duras penas, se desarrollan actividades comerciales, se utiliza como lugar de encuentro, bares de juventud, paso tradicional e ineludible de cofradías en Semana Santa, lo que no hace sino resaltar la cualidad de ágora que aún sigue manteniendo este lugar desde el principio de su historia.
Actualmente todo el entorno de la Plaza será sometido , dentro del proyecto urbanístico denominado "Piel sensible", a un importante proceso de peatonalización que haga de este lugar más acogedor.
Romualdo de Gelo
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[1] MONTOTO, Santiago: Esquinas y Conventos de Sevilla. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla, 2005, 3ª ed., 1ª reimpresión, pág. 65.
[2] BLANCO FREIJEIRO, Antonio: “La ciudad antigua” en Historia de Sevilla. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla, 1984, 3ª ed., pág.89.
[3] COLLANTES DE TERÁN, F.: Contribución al estudio de la topografía sevillana en la Antigüedad y en la Edad Media según los más recientes hallazgos arqueológicos. Tesis doctoral. Sevilla, 1956. Publicada en Sevilla, 1977
[4] Rodrigo Caro en su obra Antigüedades hace referencia a la existencia de un teatro. Ceán Bermúdez, en la página 249 de su obra Sumario de las Antigüedades Romanas que hay en España, publicado en 1832, describe los edificios romanos conservados en aquel momento y habla de un teatro en la Borceguinería, actual calle de Mateos Gago. Varios investigadores han expuesto teorías de su situación pero ninguna ha permitido la confirmación con restos concluyentes. En 1998, Ordóñez Agulla en sus Primeros pasos de la Sevilla romana: (siglos I a.C.-I d.C.) , págs. 144-157, plantea la posibilidad de que se encontrarse entre el Convento de Madre Dios y el templo de San Nicolás, próximo a la calle Mármoles, basándose en la existencia de una inscripción antigua encontrada en el mencionado Convento, aunque según otras fuentes este epígrafe CIL II 1193 apareció en las inmediaciones de la Catedral en 1563, lo que invalidaría tal argumentación.
[5] VIOQUE CUBERO y otros: Apuntes sobre el origen y evolución morfológica de las plazas del casco histórico de Sevilla. Sevilla. 1987. pág. 30.
[6] PASSOLAS JÁUREGUI, Jaime: Historia y recuerdos de calles y Plazas de Sevilla. Ed. Rosalibros. Sevilla, 2004. pág.42.
[7] PERAZA, Luis de: Historia de Sevilla. Transcripción, estudio y notas por Francisco Morales Padrón. Sevilla, 1996, pág. 106.
[8] PERAZA, Luis de: Historia de Sevilla. Transcripción, estudio y notas por Francisco Morales Padrón. Sevilla, 1996, pág. 105.
[9] CERVANTES, Miguel de: Cipión y Berganza. Novelas ejemplares. Espasa-Calpe, Colección Austral nº 29, vigésima edición, Madrid, 1980, pág.184.
[10] MORGADO, Alonso de: Historia de Sevilla. Sevilla, 1587, pág. 52v. Reeditado por la Biblioteca Hispalense, 1981, pág. 132.
[11] MADOZ, Pascual: Sevilla. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía. Ed. facsímil publicada por Ámbito Ediciones, S.A., Salamanca, 1986. pág. 330.
[12] VIOQUE CUBERO y otros: Apuntes sobre el origen y evolución morfológica de las plazas del casco histórico de Sevilla. Sevilla. 1987. pág 30 citando a A. GONZÁLEZ CORDÓN: Vivienda y ciudad. Sevilla 1849-1929. Sevilla, 1985.