La Plaza del Pan
Plaza de Jesús de la Pasión

Situada a la espalda de la iglesia del Divino Salvador, la actual Plaza de Jesús de la Pasión, vulgo del Pan, es quizás uno de los espacios urbanos de Sevilla que, casi desde el nacimiento de la propia ciudad, ha sido y continua siendo uno de sus enclaves vitales.
Parte integrante de lo que en sus días debió ser el Foro romano, centrado en la contigua Plaza de la Alfalfa. Tuvo esta Plaza desde sus orígenes una marcada vocación comercial.
Este uso comercial de la Plaza adquiere
singular relevancia bajo la dominación musulmana, estableciéndose en ella el
zoco al amparo de la mezquita de Ibn Addabas, como parece deducirse de los
escritos de Ibn Abdún[1].
Tras la conquista cristiana, al menos desde el siglo XIV, este espacio continua relacionado con una actividad mercantil y comercial que mantendrá durante siglos. En el siglo XIII se denominó plaza de los Poyos de las Hogazas, en clara referencia a la venta de pan; en el XIV, Atafonas o Atahonas, aunque, curiosamente no existieran en ella hornos de pan. En los siglos medievales posteriores se la denomina de San Salvador, por la inmediata colegial del mismo nombre. También fue conocida como Debajo de San Salvador o simplemente de Abajo.
“Otra plaza es la que dicen de Abajo, donde están las panaderas de Sevilla en su poyo; están en otro frontero deste los panaderos que traen las mui blancas y mui sabrosas roscas de Utrera y hogazas de Alcalá, y de Gandul y Marchenilla. Véndese en esta plaza todo el año peros, y camuesas, cermeñas y peras; todas frutas secas. Así mismo, a su tiempo, cerezas comunes y guindas y mui gruesas cerezas roales, higos verdes y brevas; finalmente, todo género de frutas que suelen dar apetito y sabor”[2].
En 1545 se ordenó que las regateras de hortalizas dejasen la Alfalfa y la Plaza Pequeña (del Pan) y se estableciesen en la del Salvador. Del siglo XVI existen documentos en el Archivo Municipal referidos a la construcción de un altar en una tribuna abierta hacia la Plaza del Pan para celebrar Misa los días de precepto:
“Los bezinos de la collación de nuestro señor san salvador desta ciudad desimos que en los años pasados se deshizo un altar que miraba a la plaça donde se bende el pan alcalá y la fruta donde ordinariamente todos los domingos y dias de fiesta se dezia missa. Para que las gentes que estavan ocupadas en sus oficios asi fruteros como panaderos oyesen missa por çer gente ocupada y que en realidad de verdad de mucha della se queda sin oyr ...”[3]
Esta petición fue vista y leída en el Cabildo de la Ciudad el 1 de julio de 1592, informándose en él que serían los cofrades de la cofradía de la Señora Santa Ana los que “dizen y se ofrezen de hazerle muy bueno y muy adornado”.
Al menos desde el siglo XVI
existe constancia documental de que esta Plaza estaba porticada y en sus
soportales de columnas había numerosas tiendas de todo tipo de géneros que, en
principio, sirvieron como lugares de almacenamiento de las tablas y otros
artilugios y accesorios de los tenderetes y puestos de venta, pero que con el
tiempo se convirtieron en tiendas, hoy aún existentes adosadas a la Iglesia.
En el siglo XVII hace aparición su nuevo topónimo, la Plaza del Pan, debido a que en ella se situaban los puestos de venta de este producto. En 1667 se le llamó de la Fruta. En el siglo XIX es denominada como “del Pan vieja” o “Vieja del Pan”. En 17 de noviembre de 1868 se le dio el rótulo del Comercio. Ya en 1914, y debido a una petición de los vecinos se le denomina Plaza de Jesús de la Pasión, en clara referencia a la imagen del Nazareno del mismo nombre que alberga la Iglesia del Salvador. Durante la II República, cambia de nuevo a Plaza del Pan y a partir de 1939, retoma su actual nombre oficial de Jesús de la Pasión, aunque el castizo pueblo sevillano siempre se refiere a ella como “del Pan”.
La plaza tiene forma trapezoidal
con la base más ancha hacia Alcaicería y más estrecha en la desembocadura en la
Cuesta del Rosario. Lo que ha caracterizado a esta plaza durante siglos ha sido
su valor de centralidad, al estar ubicada en un espacio estratégico, entre la
que fuera mezquita aljama y la alcaicería, una de cuyas puertas daba a la plaza.
En sus proximidades estaban situados los hospitales de Belén y de San Andrés, pertenecientes ambos al gremio de los atahoneros
Toda esta actividad originaba una ocupación intensiva, a lo que contribuía la construcción de tenderetes de madera, haciendo difícil la circulación y originando una gran confusión. El Porvenir la describe en 1860 como uno de los lugares más concurridos, frecuentados y paseados de la ciudad, mientras que Álvarez Benavides (1873) la considera de mucho tránsito, motivo por el cual desde 1857 existía en esta Plaza uno de los seis buzones para la recogida del correo existentes en la ciudad y uno de los quioscos que construyó el municipio, lo que nos da fe de su relevante importancia y popularidad.
La popularidad de esta plaza queda además reflejada en el hecho de que haya sido citada por diversos autores, bien para describirla, o para situar en ella alguna escena de sus obras, como Muñoz y Pabón, Cela, Burgos, o Cervantes en Rinconete y Cortadillo.
“Avisóles su adalid de los puestos donde habían de acudir: por las mañanas, a la Carnicería y a la plaza de San Salvador; los días de pescado, a la Pescadería y a la Costanilla; todas las tardes, al río; los jueves, a la Feria.
Toda esta lición tomaron bien de memoria, y otro día bien de mañana se plantaron en la plaza de San Salvador; y, apenas hubieron llegado, cuando los rodearon otros mozos del oficio, que, por lo flamante de los costales y espuertas, vieron ser nuevos en la plaza; hiciéronles mil preguntas, y a todas respondían con discreción y mesura. En esto, llegaron un medio estudiante y un soldado, y, convidados de la limpieza de las espuertas de los dos novatos, el que parecía estudiante llamó a Cortado, y el soldado a Rincón”.
El poeta Luis Cernuda, nieto
de Bidón el droguero de la Plaza del Pan, cuya droguería
estaba en la misma Plaza del Pan entrando desde la Cuesta del Rosario, la
segunda o tercera casa a la derecha, en la acera opuesta a las tiendecitas de los
muros traseros del Salvador, las evocó en «Ocnos» en un capítulo antológico, «Las
tiendas», «En esas tiendecillas de la plaza del Pan cada uno de los objetos
expuestos eran cosa única, y por eso preciosa, trabajada con cariño, a veces en
la trastienda misma, conforme a la tradición transmitida de generación en
generación. Su atmósfera soñolienta aún parecía iluminarse a veces con el fulgor
puro de los metales, y un aroma de sándalo o de ámbar flotar en ellas vagamente
como un dejo rezagado».
El caserío que
se levanta en esta Plaza es en general del siglo XX, destacando la situada en su
lado norte, conocida como Casa Pedro Roldán, realizada por el arquitecto Espiau.
En la actualidad, 2006, la Plaza del Pan y su entorno, ha sido objeto de una actuación urbanística denominada “La piel sensible”. El nuevo pavimento evoca en su color y textura a los antiguos gremios de la zona. Se ha utilizado granito, piedra hidráulica de colores (albero, rojo, azul, verde...) y caliza blanca en Alcaicería, poco vista aquí y muy común en Italia.
Esta denominada “piel sensible”, pretende ser un único mosaico que evoca de manera abstracta lo que fueron estas calles, repletas de gremios de artesanos durante siglos: panaderos, hojalateros, vendedores de especias, ceramistas. Las incrustaciones de metal rememoran al gremio de los hojalateros que durante siglos vendieron en esta plaza. Se ven incrustaciones de colores. Las rojas son por el pimentón, una de las especias que se vendían en la calle Herbolario. El nuevo granito de la plaza del Pan es tostado, como el color de la harina, en memoria del gremio de los panaderos.
La plaza del Pan también estrena iluminación. Acaban de colocar las farolas de aluminio, los bancos y las papeleras, todo ello rodeado de una amplia y contundente crítica por considerarse este "moderno" mobiliario urbano no acorde con el entorno histórico en el que se sitúan.
Romualdo de Gelo
![]()
[1] Ibn Abdún, Sevilla a comienzos del siglo XII. El tratado de Ibn Abdun, E. Levi-Provençal y E. García Gómez (trad.) (1948). Sevilla, 1981.
[2] PERAZA, Luis de: Historia de Sevilla. Transcripción, estudio y notas por Francisco Morales Padrón. Sevilla, 1996, pág. 105.
[3] A.M.S., Sección III, Escribanías de cabildo del siglo XVI, t. V, nº 11. Citado por ALBARDONEDO FREIRE, José Antonio: El Urbanismo de Sevilla durante el reinado de Felipe II. Guadalquivir Ediciones. Sevilla, 2002, págs. 415-416.