CONMEMORACIÓN DEL TRASLADO DEL CUERPO DE SAN FERNANDO A SU URNA DE PLATA

El próximo día 14 de mayo, en la Capilla Real de la
Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla, tendrá lugar la
Conmemoración del 281 aniversario del traslado del Cuerpo de San Fernando a
la Urna de plata en 1729. A las 8 de la mañana se procederá a la apertura de
la Urna, que permanecerá hasta las 10. A las 8’30 se celebrará Santa Misa
Solemne concelebrada por los Capellanes Reales.
Una de las obligaciones de la Asociación de Fieles de Nuestra Señora de los
Reyes y San Fernando, a la que me honro en pertenecer, es difundir y
fomentar el culto y devoción al Santo Rey. Aportando mi granito de arena a esta
obligación, os presento esta entrada tomada de mi amplio estudio titulado
“Los Históricos Patronazgos de Sevilla”, de su apartado referente a San
Fernando y, concretamente, extracto lo referente al Traslado de su Cuerpo a la
Urna de Juan Laureano de Pina.
El jueves 30 de mayo de 1252 muere en el Alcázar sevillano Fernando III. Su
cuerpo fue llevado a la Catedral, sepultándolo en la parte destinada a rendir
culto a la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes. Fue el primer cristiano que se
enterró en el templo. Su epitafio escrito en las cuatro lenguas; arábica,
latina, hebrea y castellana, pregona al par de los vientos, el concepto que el
Monarca Santo gozaba en Sevilla.
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AQVI YAZE EL MVY ONDRADO FERNANDO,
SEÑOR DE CASTIELLA, E DE TOLEDO, E DE LEON,
E DE GALICIA, DE SEVILLA, DE CORDOVA,
DE MVRCIA, DE IAHEN,
EL QVE CONQVISSO TODA ESPAÑA,
EL MAS LEAL, EL MAS VERDADERO,
EL MAS FRANCO, EL MAS ESFORZADO,
EL MAS APVESTO, EL MAS GRANADO,
EL MAS ZOFRIDO, EL MAS HOMILDOSO,
EL QVE MAS TEMIE A DIOS,
EL QVE MAS LE FACIE SERVICIO,
EL QVE QVEBRANTO E DESTRVUYO A
TODOS SVS ENEMIGOS,
EL QVE ALZO, E ONDRO TODOS SVS AMIGOS,
E CONQUISSO LA CIVDAD DE SEVILLA,
QVE ES CABEZA DE TODA ESPAÑA
En el basamento de mampostería que sirve de soporte a la urna
se encuentran colocados, en sus cuatro lados, cuatro epitafios, compuestos en
árabe, latín, hebreo y castellano. La tradición sostiene que los cuatro
epitafios fueron compuestos por Alfonso X el Sabio, hijo de Fernando III. El
epitafio latino contiene la siguiente inscripción:
"HIC JACET ILLUSTRISSIMUS REX FERRANDUS CASTELLAE, ET TOLETI, LEGIONIS,
GALLECIAE, SIVILLIAE, CORDUVAE, MURCIAE, ET JAENI. CONSTANTISSIMUS, JUSTISSIMUS,
STRENUISSIMUS, DETENTISSIMUS, LIBERALISSIMUS, PACIENTISSIMUS, PIISSIMUS,
HUMILLISSIMUS IN TIMORE, ET SERVITIO DEI EFICACISSIMUS. QUI CONTRIVIT, ET
EXTERMINAVIT PENITUS HOSTIUM SUORUM PROTERVIAM, QUI SUBLIMAVIT, ET EXALTAVIT
OMNES AMICOS SUOS, QUI CIVITATEM HISPALENSEM , QUAE CAPUT EST, ET METROPOLIS
TOTIUS HISPANIAE DE MANIBUS ERIPUIT PAGANORUM, ET CULTUI RESTITUIT CHRISTIANO:
UBI SOLVENS NATURAE DEBITUM TRANSMIGRAVIT ULTIMA DIE MAII, ANNO AB INCARNATIONE
DOMINI MILLESIMO DUCENTISIMO QUINCUAGESIMO II"
EL EPITAFIO EN ÁRABE DICE: “Este es el túmulo del máximo Rey Don Fernando, señor de Casilla y de Toledo, de León, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia y de Jaén; muy agradable a Dios; que recuperó a toda España; varón fidelísimo, veracísimo, constantísimo, justísimo, fortísimo, óptimo, liberalísimo, mansísimo en su imperio, humildísimo; muy dado a Dios, y a lo que era de su obsequio; del cual tuvo Dios misericordia en las horas vespertinas del día viernes; el cual llenó de honra a todos sus escogidos amigos; el cual finalmente conquistó la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda España, y murió en ella; el que finalmente quebrantó y destruyó totalmente la fuerza de de todos sus enemigos, cuyo tránsito fue en el día 20 del mes Rabie primero, en el año seiscientos y cincuenta de la Hégira”
EL EPITAFIO HEBREO DICE: “En este lugar está el sepulcro de del Rey grande Don Fernando, señor de Castela y de Tolaitola, y de León y de Galicia, y de Isbilia y de Cortova y de Murcia, y de Gien. Esté su alma en el Huerto Edén. El que conquistó toda Sepharad, el Recto, el Justo, el prudente, el Magnífico, el Fuerte, el Piadoso, el Humilde, el que temió a Dios y le sirvió todos sus días; el quebrantó y destruyó a todos sus enemigos, y ensalzó y honró a todos sus amigos, y conquistó la ciudad de Isbilla, que es cabeza de toda Sepharad, y murió en ella en la noche del día segundo y vigésimo día del mes de Sivan, año cinco mil y doce de la creación del Mundo”.
Desde que fuese sepultado en la recién creada Iglesia Mayor de Sevilla, su
Cuerpo estuvo sujeto a varios traslados por diversas circunstancias, que
igualmente documento pormenorizadamente en mi estudio.
El accidentado y dilatado proceso de canonización, del que me ocupo ampliamente
en el estudio anteriormente reseñado, tuvo un final feliz, anhelo secularmente
acunado en el alma sevillana. El 7 de febrero de 1671 el papa Clemente X, por
la Bula Gloriosissimos coelestis Hierusalem, que comienza con el Ad
futuram rei memoriam característico de este tipo de documentos, elevó al Rey
Santo a la Gloria de los altares, concediendo su culto público, fiesta y
rezo doble de Confesor no Pontífice para los Reinos de España y Señoríos
súbditos a su Monarquía.
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Desde el año 1675 se hicieron varias gestiones con la intención de separar el cuerpo de San Fernando, situado entre los de su esposa la reina Beatriz y su hijo el rey Alfonso X, que aunque en cajas separadas, ocupaban un mismo lugar. Esto no tuvo efecto hasta el 21 de mayo de 1677 en que, en solemnísima ceremonia y protocolos de rigor, los cuerpos de Doña Beatriz y Don Alfonso X fueron trasladados a los lugares donde aún en la actualidad ocupan a los pies de la Capilla Real: el del rey Alfonso X en la fachada del evangelio y el de Doña Beatriz en la de la epístola.
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Una consecuencia feliz de esta canonización de San Fernando fue la
construcción de una urna para procurar a los restos del Santo una instalación
acorde a su nuevo culto.
Como nos dice don Heliodoro Sancho Corbacho (1), la propia reina, en 20 de mayo
de 1671, “había resuelto se haga una Urna de plata con guarnición dorada”
por no estar el Santo “con el culto reverente que le está encomendado por la
Sede Apostólica” (2).
A este propósito se realizaron diversos diseños por artistas próximos a la
Corte, que fueron remitidos a Sevilla para que por el Cabildo de la Capilla
Real se informase lo más conveniente, previo dictamen de artífices señalados de
nuestra ciudad. Los propios artistas sevillanos también realizaron los suyos. El
Cabildo designó a Pedro Roldán, maestro escultor; Bernardo Simón de Pineda,
maestro arquitecto; Diego de León, maestro platero; y Francisco Rodríguez de
Escalona, maestro de cantería. De todo ello se remitió a Madrid la información
adecuada, el 12 de enero de 1672.
Tras unos años de silencio sobre el tema en cuestión, el 19 de octubre de 1677,
reunido el cabildo de la Capilla Real, se da lectura de una carta del rey
dirigida al Asistente de la Ciudad, en la que se decía se arbitrase la manera de
conseguir de Sevilla los medios necesarios “para colocar el cuerpo del Santo
Rey en el altar de Nuestra Señora en la forma que demostraba un diseño que
asimismo venía con la dicha carta, elegido por el Consejo...”
De este estudio de Sancho Corbacho, más que seguir el accidentado y
prolongado proceso de la confección de la urna, que duró 34 años, nos
interesa algunas importantes aportaciones documentales que hace sobre el estado
en que se encontraba la tumba conteniendo el cuerpo de San Fernando.
Así, en el Cabildo de Capellanes celebrado el 17 de junio de 1681 se da lectura
a una Carta-Informe que el regente de la Ciudad remite al rey en la que entre
otras cosas se dice que para poner el santo cuerpo de San Fernando “a los
pies de Nuestra Señora de los Reyes y que estuviese con la decencia y ornato
debido pues ahora se halla en sitio no desente en una caxa de madera ordinaria
con un paño ensima, roto, de seda deslustrada, muy biejo...”
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y el 5 de septiembre de 1682 , los Capitulares se lamentan de que los
extranjeros que vienen de Roma, después de haber visto en aquella ciudad el
santo tan celebrado, se encuentran en Sevilla con una caja “... entre
telarañas y polvo, entre unos atavíos tan rotos y maltratados, que al referirse
a esto, no sin muy tiernas lágrimas es posible referirlo, que aún siendo como es
tan notorio, pluguiera a Dios no fuera, parecerá en lo venidero increíble”.
Tras sucesivos períodos de interrupción del trabajo de
confección de la urna por muy variados y diversos motivos, ésta se concluye en
septiembre de 1719. Su autor fue Juan Laureano de Pina.
Pero hubo de pasar una década para que el cuerpo incorrupto de San Fernando
fuese trasladado a la nueva urna.
Es interesante la “Diligencia sobre cómo estaba el cuerpo de San Fernando
antes de ser trasladado a la nueva urna para la procesión” que Sancho
Corbacho documenta en el Archivo de la Capilla Real, muy parecida en lo
esencial, aunque menos minuciosa, a las de las inspecciones oculares que
realizaron para el proceso de canonización don Cristóbal Báñez y otra del médico
Gaspar Caldera de Heredia transcritas por Zúñiga en sus Anales del año 1668,
cuya lectura me reitero en aconsejar. Esta Diligencia dice:
“Domingo 8 de mayo de 1729, 4 de la tarde ante ... manifestaron una caja de
madera que estaba forrada por fuera de tela encarnada antigua, con clavazón
dorada, y sobre ella una cruz del largo de la caja de filigrana de plata. La que
fue abierta con dos llaves una por dicho Excmo. Sr. Arzobispo y la otra el
enunciado Sr. Capellán mayor; cuya caja estaba forrada por dentro de tafetán
carmesí y en ella un cuerpo difunto que dichos señores dijeron ser del
gloriosísimo señor San Fernando tercero de este nombre rey de castilla y de León
el que estaba entero e incorrupto la mayor parte cubierto de otro manto real
cuya tela y color no se percibía por lo consumido con el transcurso de
cuatrocientos y setenta y siete años –que ha fallecido este Santo Rey- pero se
conoce estar bordado de castillos y leones correspondiente a él un casquete o
solideo en la cabeza. La pierna izquierda tiene desnuda los ojos cerrados la
boca abierta y un lado de ella por el lado bajo lastimado. Le faltan algunas
muelas y solo dos dientes de la parte lastimada, pero los demás iguales y
enteros. La nariz solo está algo consumida pero entera, distinguiéndose con toda
claridad el bigote rubio a manera de cordón. Se conoce en lo interior de la boca
la lengua consumida. Tenía las manos una sobre la otra y de la derecha le faltan
todos los extremos de los dedos hasta las primeras coyuntura (3). La izquierda
tiene cerrada con la misma igualdad de uñas y pellejo que si estuviera vivo pero
le falta todo el dedo grueso que así este como por las puntas de los otros dedos
se conoce haberlos arrancados por tener pendientes los nervios de ellos. Las
piernas y los pies están en toda perfección y en la derecha tiene como arrancado
un pedazo de pellejo al principio de la caña. Los pies estaban blancos por cuya
razón se perciben clara y distintamente las venas nervios y tendones. Tiene
puestas unas abarcas de cuero negro que dijeron dichos señores ser las mismas
con que se enterró como así mismo la espada y bastón que entonces le pusieron
con la advertencia de estar las abarcas gastadas por la planta, como
manifestando haber servido, pero en todo enteras y capaces de durar muchos años.
El bastón es de ébano y no de granadillo como en algunos escritos se pone
respecto de que cuando murió el Santo no se habían descubierto las Indias de
donde viene esta especie, cuyo bastón tiene pomo y pie de marfil esmaltado de
oro y la espada con puño de plata, de cuyo santo cuerpo se exhala un olor
admirable que manifiesta la eterna gloria de que goza...”
El Ilustrísimo Arzobispo Don Luis Salcedo y los doctores D. Juan Antonio
Bizarrón, arcediano de Sevilla, D. José de Céspedes y Federigui, arcediano de
Carmona, D. Gabriel Torres de Navarra, canónigo, y D. Pedro de Quiroga,
racionero, convocado el Capellán mayor, D. José Pérez de León, como nos
documenta Justino Matute en su Anales, apartado 13 del citado año,
trasladaron, en 14 de mayo, el sagrado cuerpo a su nueva urna de plata
sobredorada con cristales, que se incluye en otra del mismo metal, siendo
colocada sobre robusta parihuela que cubrían faldones de tisú, quedando expuesto
a la veneración de los fieles y cantándose solemnísimas vísperas.
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El día 15, tras los divinos oficios, los Reyes y demás
familia real, que se encontraban en Sevilla desde el Domingo de Ramos 10 de
abril, y el Cabildo, en majestuosa procesión que presidía el Prelado de
pontifical acompañado de otras dignidades mitradas, se dirigieron a la Capilla
Real, de donde se condujo a la capilla Mayor de la Santa Iglesia el santo cuerpo
de San Fernando, donde se cantó la misa votiva
Por la tarde se realizó una solemne procesión muy similar a la que se celebró
con motivo de la canonización en 1671, esta vez sin la presencia de Nuestra
Señora de los Reyes, y con la peculiaridad que
“Delante de la sagrada urna iban la música y los doce capellanes reales con
pluviales blancas, y luego la grandeza y los caballeros del Toison y de Sancti
Spiritus. Del basamento de la urna partían ocho cintas de oro, que llevaban en
sus manos las personas reales: las dos delanteras los infantes don Luis y Dª.
María, ésta de tres años y aquél de dos; las del costado izquierdo los
serenísimos D. Carlos y D. Felipe, y las del derecho los Príncipes de Asturias
D, Fernando y doña María Bárbara; cerrando este real obsequios sus Majestades
los Reyes, que llevaban las dos de la testera”
Estando el cuerpo de San Fernando en su nueva urna se implantan unos nuevos
ritos hasta entonces imposibles de haberse podido realizar como es el de su
exposición a la pública veneración.
Justino Matute en sus Anales del año 1730, apartado 15, nos da cuenta que con la
posibilidad de ser expuesto, gracias a la urna de cristal interior que lo
contiene, los Capellanes Reales dirigen al Rey, que se hallaba en Cazalla,
suplicándole se sirviese señalar los días del año en que debería exponerse el
cuerpo del Santo a la pública veneración de los fieles

“...y vista por el Real Consejo de la Cámara, se despachó real cédula, fecha
en Cazalla a 30 de junio de este año, por la que se señalaron los días 30 de
mayo, en que se celebra su glorioso tránsito; el 23 de noviembre, festividad de
San Clemente, en que se ganó esta ciudad; el 22 de agosto, último día de la
octava de la Asunción de Nuestra Señora, y el 14 de mayo, aniversario de la
traslación a las nuevas urnas: cuyas llaves habían de guardar, una el Arzobispo,
y en su vacante o ausencia el Provisor, y la otra el capellán mayor, o el más
antiguo en iguales casos. Posteriormente declaró el rey, a consulta de la misma
Cámara, por su real cédula despachada en San Lorenzo a 5 de diciembre de 1733,
que en el caso de trasladarse la fiesta de San Fernando, no se había de
descubrir su sagrado cuerpo; pero sí el día anteriormente señalado”
Constantes han sido a lo largo de la historia, de cuyos hitos
dan buena cuenta nuestros historiadores y analistas, los cultos de acción de
gracias por entronizaciones o nacimientos reales, misas de réquiem por sus
defunciones, rogativas, o cualesquieras otros acontecimientos de la ciudad o de
la nación, ante la Imagen bendita de Nuestra Señora de los Reyes y del Santo
Rey. Tal es el caso de 1732 en que, tras otros cultos en la Santa Iglesia, se
hizo una novena en la Capilla Real “con asistencia de la Ciudad, en la que el
primer día y el último, que fue 5 de julio, estuvo descubierto el cuerpo de San
Fernando, y en este mismo se cantó Te Deum por la noticia que se tuvo de haberse
logrado felizmente el desembarco de nuestra tropa en la playa de las Aguadas...”
en la conquista de Orán. También se descubrió de forma extraordinaria su santo
cuerpo el 4 de enero de 1759 cuando se realizaron rogativas con asistencia de
los dos Cabildos por la salud del rey Fernando VI. Sirvan estos eventos como
meros ejemplos de los muchos ocurridos a lo largo de estos casi tres siglos de
exposición a la veneración pública del cuerpo del Santo Rey Fernando.
Romualdo de Gelo
NOTAS A PIE:
(1) SANCHO CORBACHO, Heliodoro: “Historia de la construcción de la Urna de plata
que contiene los restos de San Fernando” Boletín de Bellas Artes, 2ª época, nº
1. Sevilla. 1973.
(2) Archivo de la Capilla Real de Sevilla. Actas Capitulares., 20 de mayo de
1671
(3) Esto es causa de los varios traslados que el sagrado cuerpo del Santo ha
tenido a lo largo del tiempo como he ido relatando. De este año en concreto hay
noticia en los Anales de Matute del año 1742, apartado 8, donde dice: “Se colocó
este año entre las insignes reliquias de nuestra Santa Iglesia en primoroso
relicario, a devoción y a expensas de su Arcediano titular, un dedo del Santo
Rey San Fernando, que se desprendió de su venerable cadáver al tiempo de
trasladarlo a la nueva urna”. Sobre este mismo tema de los dedos del Santo véase
el apartado 2 del año 1768 de los Anales de Justino Matute.