Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Albaida del Aljarafe
El pasado 12 de marzo de 2004, la que era Agrupación Parroquial ha adquirido el rango diocesano de Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Albaida del Aljarafe (aún no es Hermandad Filial de la Matriz de Almonte), con sede canónica en nuestra Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción. Sirva esta página para expresar mi personal reconocimiento y satisfacción por tal acontecimiento, sin duda, de trascendental importancia para la vida social y religiosa de nuestro Pueblo. Pido y deseo que el Espíritu, a través de esta nueva Hermandad, derrame sobre ella y nuestro Pueblo nuevos y más auténticos dones espirituales.
Con tal motivo, y en vísperas de la celebración de su anual y solemne Triduo en honor de su Titular, que se celebrará durante los días 22, 23 y 24 del presente mes de abril en el que ocupará la sagrada cátedra nuestro paisano el diácono D. Ramón Herrero Muñoz, creo oportuno ofrecer a los usuarios de esta página unas pinceladas sobre la historia, Imagen y acontecimientos de relevancia que la Ermita, Romería y otros eventos han ocurrido en relación con la misma, a fin de que obtengamos un mejor y más preciso conocimiento sobre esta indiscutible y variopinta realidad que se aglutina en torno a la devoción y sociología del ROCÍO.
Etimología
Del latín ros - roris (rocío) y su verbo rorare (rociar), se forma en latín vulgar "rosciar", que con la pérdida de la s queda "rociar", a partir del cual se obtiene el sustantivo "rocío". En español es un nombre propio de gran resonancia, al estar asociado a la romería por excelencia, la del Rocío.
Nuestra Señora del Rocío es la imagen que se venera en el santuario dedicado a la Virgen María bajo esta advocación en Almonte, provincia de Huelva. Es un lugar de romerías. El auge de esta romería no cesa de crecer año tras año. Son multitudes de muchos centenares de miles de andaluces que se dan cita en la explanada del santuario de la Blanca Paloma.
No es casual que sea ésta la advocación de la Virgen en torno a la cual se mueven mayores multitudes. Desde siempre y en todas las culturas, el rocío se ha considerado un principio vital para la tierra y para el hombre, y se le han asignado funciones fecundantes. Al transferirse a la Virgen María en sus diversas advocaciones la mayoría de atributos de las divinidades femeninas que poblaban los santuarios paganos, no podía faltarle el atributo de portadora del rocío. Unido a esto el fenómeno cultural de las romerías, una de cuyas funciones esenciales a lo largo de los siglos ha sido la de propiciar el encuentro de mozos y mozas de otros pueblos, a fin de evitar el estancamiento genético, no es de extrañar que sea precisamente la Virgen del Rocío la que ha aglutinado en torno a sí este singular fenómeno social, religioso y folclórico.
En todas las mitologías y en todos los ritos que de ellas se derivan, el rocío, junto con los vientos, ocupa un lugar especial. En la cultura talmúdica y rabínica el rocío es de por sí una bendición y un propagador de las bendiciones del cielo. "Da rocío y lluvia para bendición de la tierra", dice la liturgia hebrea. "El rocío de la resurrección", dice la doctrina rabínica, se guarda en un depósito en Arabot, el más elevado de los cielos, y con él se devuelve la vida a los muertos. En muchos países de Europa, en el mes de mayo se cortan ramas empapadas de rocío los días de fiesta y con ellas mueven algazara; en muchos otros, ruedan la gente moza desnudos por el suelo para empaparse del fecundante y vivificante rocío. En otros, el rocío es elemento indispensable en el preparado de medicinas...
Es realmente bello y sugestivo el nombre de Rocío, y ocupa un lugar preeminente entre los nombres de mujer aportados por la Naturaleza: Alba, Aurora y Rocío, ocupan el lugar más alto. Sigue la Luna, oculta bajo el nombre de Elena, y ya en la vegetación, Silvia, Silvana, Rosa, Margarita, Azucena, Hortensia, Jazmín... y entre los minerales, Gema, Ágata, Esmeralda... Una bellísima secuencia de nombres de mujer.
CRONOLOGÍA HISTÓRICA DEL ROCÍO
I. INTRODUCCIÓN
El Rocío ha llegado actualmente al momento más importante de su historia. La Hermandad Matriz de Almonte, con sus hermandades filiales, han extendido esta devoción por todo el territorio español, rebasando incluso nuestras fronteras.
El momento culmen de la historia rociera viene, quizás, representado por la visita de S.S. el Papa Juan Pablo II el 14-6-93, hecho que viene a refrendar, por el Vicario de Cristo, la importancia que tiene esta expresión de religiosidad popular, que hunde sus raíces en la sencilla y sincera fe de un pueblo, que ha sabido conservar y transmitirla durante siete siglos de historia.
Tal evento deber ser un compromiso para todos los rocieros, tanto en nuestra vida espiritual, cuanto en la profundización en sus raíces históricas, compromiso que nos lleve a hacer realidad las palabras del Santo Padre: "…haced de este lugar de El Rocio una verdadera escuela de vida Cristiana."
II. APUNTES DE LA HISTORIA ROCIERA:
El Rocío, cuya historia se encuentra hoy documentada en sus aspectos más importantes, ha estado envuelta en una leyenda, como ocurre con otras muchas advocaciones, que viene recogida en las Reglas de la Hermandad Matriz de 1758 y que comienza diciendo así: "Entrado el siglo XV de la encarnación del Verbo Eterno, un hombre que, o apacentaba ganado o iba de caza, hallándose en el término de la villa de Almonte…" . Hoy la historia sitúa los orígenes del Rocío dos siglos antes y todo indica que fue el mariano monarca Alfonso X el Sabio (1252-1284) quien pudiera haber erigido aquella primera Ermita, tras su conquista de Niebla en 1262, mandando colocar allí la bella imagen de la Virgen.
Desde esa fecha y hasta hoy, la historia no deja de hacer referencia a la ermita de Nuestra Señora de las Rocinas:
1335… Se reúnen en el bodegón de Freile representantes de la ciudad de Sevilla y de la villa de Niebla para tratar de la mojonera entre ambas jurisdicciones "… cabo de una iglesia que dicen de Santa María de las Rocinas". ( La Virgen toma por entonces el nombre del lugar: La Rocina ).
1340… El libro de "Las monterías", escrito por Alfonso XI , es un tratado de caza mayor que da amplias noticias de los lugares de más abundante caza de sus reinos y, en este sentido, al referirse a lo que hoy es el Rocío, dice: "… E señaladamente son los mejores sotos de correr cabo de una iglesia que dicen de Santa María de las Rocinas".
1349… Otro documento nos dice que Urraca Fernández, vecina de Niebla, envía en su testamento dos maravedíes "a la obra de Santa María de las Rocina".
1400… Las Capitulaciones entre el reino de Sevilla y el condado de Niebla se firman el 25 de febrero en "la Iglesia que dicen de Santa María de las Rocinas por amenazar ruina el bodegón de Joaquín Freile".
Desde el Siglo XV hasta mediados del s. XVI la documentación es escasa, sin embargo, en las ordenanzas del Duque de Medina Sidonia, y en la propia compra de la villa de Almonte, que se realiza durante todo el siglo XV, se hace referencia a la Ermita de Santa María de las Rocinas en más de una ocasión.
A principios del siglo XVI, según Actas del Ayuntamiento de Almonte, parece que ya existía la Hermandad Matriz con el nombre de "Cofradía de Nuestra Señora de las Rocinas".
1574… Se funda en Almonte el convento de la Victoria de la Orden Franciscana de los Mínimos, los cuales tuvieron la custodia de la ermita durante más de veinte años.
1587… el sevillano Baltazar Tercero, emigrante en Perú, deja el 11 de febrero Dos Mil pesos de plata para fundar una capellanía y restaurar la Ermita.
1635… La Virgen, que hasta entonces era una imagen de talla, se viste según era la moda en esa época, quedando como está hoy.
1653… El pueblo de Almonte aclama a la Virgen como su Patrona y comienza a llamarla con el título de NUESTRA SEÑORA DEL ROCÍO.
En las reglas de 1758 se alude a este cambio de nombre diciendo que se hizo "… no sin mística alusión."
El nuevo nombre se inspira en la Liturgia de la Misa de Pentecostés, que compara la acción del Espíritu Santo con la fecundidad del Rocío. Por este motivo, se hace también el traslado de su fiesta del 8 de septiembre, al domingo, solemnidad de Pentecostés.
Con estos acontecimientos el pueblo de Almonte quiso significar que la Virgen del Rocío es la Virgen del Espíritu Santo, invocándola así al decir ¡viva esa Blanca Paloma! en alusión al Espíritu Santo, en forma de Paloma, que preside sus andas.
Siglo XVIII… A imitación de la de Almonte, surgen las primeras Hermandades Filiales en los pueblos vecinos de la comarca.
1758…Primeras Reglas que se conocen de la Hermandad Matriz de Almonte (Primordial, más antigua y principal Hermandad de Nuestra Señora del Rocío).
1813… En agradecimiento a los favores recibidos por el pueblo, con motivo de la invasión francesa, se decide conmemorar con el voto del Rocío Chico dichos acontecimientos cada 19 de agosto.
1948… Surgen las Peregrinaciones Extraordinarias por iniciativa de la hermandad de La Palma del Condado, promovidas por el vizconde D. Ignacio de Cepeda, invitando a todos a acudir al Rocío en acción de gracias a la Virgen.
Los siglos XVIII, XIX y XX están colmados de acontecimientos, todos ellos perfectamente documentados, que hacen imposible su enumeración en una obra de estas características. No obstante, y por su importancia, destacamos algunos acaecidos en el presente siglo.
III. ACONTECIMIENTOS MÁS DESTACADOS DEL SIGLO XX.
1919… Coronación canónica de Nuestra Señora del Rocío. Parte la idea del canónigo de la catedral Hispalense D.Juan Francisco Muñoz y Pavón, insigne rociero que lanza la idea en un célebre artículo, publicado en prensa, titulado: " La pelota está en el tejado". El 8 de Junio, el Delegado Pontificio, Cardenal Almaraz, entonces Arzobispo de Sevilla, depositó la corona sobre la Bendita Imagen de Nuestra Señora del Rocío, estallando en ese momento la alegría y el júbilo en todos los allí presentes, según cuenta la crónica que de tan magno acontecimiento hizo D. Ignacio de Cepeda, Vizconde de la Palma. Entre las muchas personas que contribuyeron a hacer posible la coronación, destacamos a una almonteña sin par, Anita Valladolid, entonces camarista de la Virgen, recordada hoy con entrañable cariño por el pueblo de Almonte.

1969… Inauguración del actual Santuario, siendo bendecido por el entonces Obispo de la diócesis onubense D. José Mª García Lahiguera el 12 de Abril.
1992… Clausura en el Rocío el 27 de septiembre de los XVIII Congresos marianos y XI Mariológicos, presidida por el Legado Pontificio Cardenal Martínez Somalo, con la asistencia del nuncio de S.S. Monseñor Tagliaferri, estando representadas con sus Simpecados todas las Hermandades y con la augusta presencia de SS.MM. los Reyes de España D. Juan Carlos I y Doña Sofía.
1993… Llega en este año, el día 14 de Junio, el acontecimiento más importante en la historia rociera, cuando un Papa, S.S. Juan Pablo II, se postra por primera vez a los pies de la Virgen del Rocío, para saludar después a los fieles que allí se encontraban, con un mensaje que es todo un testimonio de amor a la Virgen y a sus devotos los Rocieros. Aquel día, en presencia de la más alta jerarquía eclesiástica nacional y universal, y ante miles de fieles emocionados, S.S. el Papa pronunció las palabras que son el más grande respaldo que esta realidad de fe que es el Rocío podía esperar:
¡QUE TODO EL MUNDO SEA ROCIERO!
1999… Inauguración y bendición, por el Sr. Obispo de Huelva, del nuevo Retablo y Camarín de la Virgen del Rocío.
2000…Se admite por la Hermandad Matriz, como primera Hermandad Filial surgida fuera de España, a la de Bruselas (Bélgica), con el número 97 de antigüedad.
IV. LA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL ROCIO.
A continuación transcribo literalmente el artículo de José Alonso Morgado y González titulado "La Imagen de la Virgen del Rocío venerada en Almonte", publicado en el nº 26 de la Revista "Sevilla Mariana", 15-VII-1882, y que yo extraigo del libro que me regaló el profesor restaurador don José Rodríguez Rivero-Carrera titulado "La Romería del Rocío" publicado por la Academia Sevillana de Buenas Letras en 1934, págs. 61-68.
"A tres leguas de aquella antigua Villa, y no muy lejos del Coto Real denominado de Oñana, se halla situado el pintoresco y célebre Santuario de María Santísima del Rocío, tan popular y conocido en Andalucía, por la belleza singular de la Sagrada Imagen, por la celebridad de sus romerías, y sobro todo por la tierna y acendrada devoción que los habitantes de las provincias de Huelva y Sevilla profesan desde tiempo inmemorial a tan peregrina y encantadora efigie de la Madre de Dios.
Considerada bajo el punto de vista que hoy presenta, es de estatura natural, y se halla vestida con el traje característico del siglo XVII, época en que empezaron a vestirse de telas las imágenes, pues hasta entonces se había acostumbrado hacerlo así, y sólo se veían talladas y pintadas con variedad de colores. El Niño Jesús lo muestra delante sosteniéndolo con sus manos, e inclinando su vista hacia El, y toda ella ofrece el aspecto de la mujer misteriosa, que vió San Juan en sus revelaciones, rodeada de los rayos del Sol, coronada con diadema imperial de estrellas, y debajo de sus pies la luna.
La antigua celebridad de esta Imagen, pide ahora con detención examinarla monumentalmente y artísticamente, y al efecto, hemos visitado su Santuario pare estudiarla despojada de las vestiduras sobrepuestas con que se halla adornada en nuestros días. desde luego, lo primero que descubrimos al fijar la vista, es una bellísima escultura, que mide poco más de un metro, y revela el estilo propio de los principios del siglo XV, época en que fué aparecida según refiere la tradición
El estado de deterioro en que se hallaría, debió hacer que se tratase de su restauración, y ésta imprimió seguramente en ella el sello del último período del gusto llamado gótico. está embutida en la que se describió antes, tiene completamente borrado su rostro, pende de sus hombros un sencillo manto pintado de azul y el vestido está de verde, sujetándolo a la cintura una correa salpicada de estrellas de color de oro, dejándose ver entre los pliegues de la túnica por su parte baja el calzado grana de forma puntiaguda. En el sitio del pecho al lado izquierdo, está perfectamente señalado el lugar que ocupó el Niño, como también la sentida actitud del brazo con que lo sujetaba la Señora, La rigidez y el estilo severo con que los artistas de aquella edad modelaban sus estatuas, está en relación con el aspecto que manifiesta, y es todo lo que hoy se puede apreciar de esta obra de arte.
De todo lo expuesto se deduce claramente que la Imagen ha sido modificada en dos ocasiones distintas: la primera cuando fué hallada, y con posterioridad a mediados del siglo XVII, que al tratar de vestirla sufrió una transformación radical, dejando oculta y maltratada interiormente la primitiva que se acaba de describir ¡Cuántas joyas artísticas se hallarán perdidas y ocultas, por la indiscreción y la ignorancia, semejantes a esta, cuyo estado no podrán menos de deplorar los amantes de los monumentos históricos, dando a la vez lugar a que se dude de la veracidad de las tradiciones piadosas de los pueblos!.
He aquí ahora lo que refiere la tradición popular acerca del origen, descubrimiento y prodigios de esta preciosa Imagen, según se halla consignado en la Regla de su Hermandad. Es un hecho constante, que las esculturas de la Santísima Virgen halladas o aparecidas en los bosques o montañas de los campos, traen su origen de haberlas ocultado allí los antiguos cristianos, cuando nuestra querida patria se vió invadida por el furor de los sarracenos. Celosos aquellos fieles de la honra y gloria de Dios, y el culto y veneración debidos a su Santísima Madre, temían que sus Imágenes fuesen destruidas o profanadas por los secuaces del Korán, enemigos declarados de las prácticas de la religión de Jesucristo. Para evitar, pues, tan horroroso sacrilegio, las escondían en sitios ignorados, lejos de las poblaciones, y conservadas por la Providencia a través de los tiempos, se fueron encontrando muchas después de la reconquista, según plugo a los designios del Señor, para fomentar más y más la devoción a su amada Madre la Virgen María, por medio de prodigios y maravillas.
Esto es lo que precisamente ha sucedido con la venerable Imagen de Nuestra Señora del Rocío, a principios del siglo XV, cuando la Religión había llegado en nuestro suelo al más alto grado de gloria y esplendor. En aquel tiempo, un vecino de la referida villa de Almonte salió al campo con ánimo de distraerse en los placeres de la caza, y llegando al sitio de su término conocido con el nombre de La Rocina, bosque inculto y lleno de malezas, en el que había siglos tal vez que no penetraba planta humana, los perros se internan en la espesura, y demuestran con sus ladridos y ademanes la sorpresa que les
cause un objeto extraño y desconocido. Semejante actitud impulsa al cazador, llevado de un instinto natural, a penetrar en lo interior del sitio donde estaban, y aproximándose, admira una imagen colocada sobre el tronco de un árbol; llegándose a ella la examina, y reconoce en efecto que es un bello simulacro de la Madre de Dios.
Era de talla, y tenía sobrepuesta una túnica de lino entre blanca y verde, con una inscripción latina a la espalda que decía: Nuestra Señora de los Remedios. Atónito con la vista de tan peregrina hermosura, se postra a venerar la Imagen de la Virgen, e inmediatamente trata a costa de gran trabajo sacarla de aquel sitio montuoso, y así lo verifica al punto; más como fuese su intención, dice la relación impresa que citamos antes, colocarla en la villa de Almonte, distante tres leguas de aquel luger, siguiendo sus piadosos deseos, se quedó dormido, a esfuerzo del cansancio y la fatiga; y al despertar se halló sin la sagrada imagen.
Afligido y penetrado de dolor, volvió al sitio donde la halló primeramente, y la vió allí lo mismo que antes, conociendo que por medio de aquel singular y maravilloso prodigio, manifestaba la Señora su voluntad de que allí fuese donde se le tributase culto y veneración. Entonces marchó a Almonte a referir todo lo acaecido, y propagada la noticia con la mayor rapidez, salieron el clero y el Cabildo de la villa seguidos de numeroso pueblo, y dirigiéndose al lugar de la aparición o hallazgo de la devota efigie de María, la vieron tan peregrina y encantadora, que desde aquel mismo instante empezó a arrebatar los afectos de los corazones, y ser objeto de la más entusiasta y fervorosa devoción.
Desde luego se le erigió allí una pequeña ermita, y se construyó el altar para colocar la Sagrada Imagen, de tal modo que el tronco en que fué hallada, le sirviese de pedestal. A pesar de la advocación de los Remedios con que sin duda fué venerada en la antiguedad, la llamaron generalmente de Las Rocinas, por el sitio de su invención, cuyo título, andando el tiempo, se ha mudado insensiblemente en el misterioso y poético del Rocío, con que es invocada hoy la Señora, no sin una mística y significativa alusión.
Extendiéndose, pues, por toda aquella comarca la devoción a María Santísima de las Rocinas, adquiriendo nombre de milagrosa, y a fines del siglo XVI su fama había pasado ya las Américas, y prueba de ello, dice la relación anterior, que entre sus devotos se señaló notablemente en aquellas apartadas regiones, Baltasar Tercero, natural de la ciudad de Sevilla, el que hallándose en Lima por los años de 1587, otorgó su testamento ante el escribano público Esteban Pérez, y dejó entre otros legados, uno de mil pesos, para que llevados a Almonte se impusiesen, y se fundase una capellanía en la ermita de Nuestra Señora, a fin de que los moradores de aquellas selvas y contornos no careciesen los días festivos del Santo Sacrificio de la Misa.
Además dejó también otra limosna de quinientos pesos para reparar la ermita y hacer habitaciones para el Capellán, que debía celebrar en ella todos los días.
Progresivamente iba aumentándose el fervor y la devoción a la Santísima Virgen, y el año de 1635 fué asignado por primer Ermitaño el P. Fray Juan de San Gregorio, de la Congregación de San Pablo, cuya vida ejemplar y edificante contribuyó poderosamente a promover y fomentar el culto con notable concurrencia de los fieles. Más donde se experimentó de un modo visible la protección de la Soberana Señora, en cuantos la invocaban ante esta su Sagrada Imagen, fué en la horrorosa epidemia que afligió a Sevilla y toda su comarca en los años de 1649 y siguientes.
Desde aquella triste época data su principal y mayor celebridad. Consternados los hijos de Almonte acordaron llevar la Imagen de las Rocinas a la iglesia parroquial de la villa, y ésta se vió libre de aquel terrible azote que asolaba a Andalucía. Con éste motivo se hizo fiesta solemnísima, en la que fué elegida su Patrona. Asimismo data desde aquella fecha la institución de su fiesta anual el día segundo de Pascua del Espíritu Santo, como igualmente la tan renombrada romería, que ha llegado hasta nosotros como la más numerosa de cuantas por aquí se conocen, y la que goza de más fama y popularidad.
Al mismo tiempo se refiere también la fundación de la Hermandad, para sostenimiento y solemnidad de los cultos, y a imitación de ésta han ido erigiéndose otras sucesivamente, según el orden siguiente de antiguedad. después de la primitiva de Almonte, ocupa el primer lugar la de Villamanrique, a ésta le sigue la de Pilas, después la de La Palma, a ésta las de Moguer y Sanlúcar de Barrameda, y por último las de Triana, Umbrete y Coria del Río".
Santa María de las Rocinas, a fines del siglo XVI o principios del XVII, fue vestida de ricas telas, conforme al gusto e ideas estéticas y espirituales de aquel tiempo.
Desde entonces la Virgen luce el traje de gran dama española. El vestido se componía de la basquiña o falda acampanada, con el verdugado o armazón cónico de aros para mantenerla ahuecada y tensa, jubón o corpiño para cubrir el busto, con gorguera de encajes y ajustadas mangas con puños o vuelillos también de encajes y enriquecidas con franjas horizontales de pasamanería. Sobre las mangas del jubón se lucían otras, amplísimas, denominadas de punta o perdidas.
Para vestir así a la Virgen del Rocío, el traje experimentó ciertas innovaciones, que, con ligeras variantes, se mantiene hasta la fecha. Para ello, la gorguera se prolongó y adaptó a la cabeza de la Señora en forma de cofia, y sobre ella se colocó el simbólico velo de las vírgenes. El manto pendía de los hombros, y no como ahora que cubre la cabeza (9).
Las pequeñas modificaciones introducidas en el vestido de la Virgen corresponden a etapas posteriores de su evolución. La ráfaga de puntas de plata dorada fue donada en 1733 por José Carlos Tello de Eslava, canónigo de Sevilla, y por su hermana Isabel. El velillo de encajes que rodeaba el rostro no se transformó en rostrillo hasta el último tercio del siglo XIX, fecha en que las amplias mangas de punta se convirtieron en mantolín. Y por último, desde principios del siglo XX se le prendieron flores en los hombros y al centro de la ráfaga (10).
Entre las numerosas joyas con que se engalana, merece destacarse una, por el especial simbolismo que encierra, y por haberse popularizado en una canción. Se trata de una salamanquesa o salamandra, donada por el vizconde de La Palma, Ignacio Cepeda, que la Virgen luce en el hombro. A la salamandra se le atribuía la propiedad de vivir en medio del fuego, sin recibir la menor quemadura, antes bien, se regeneraba entre las llamas, como el ave fénix. Esta significación, hoy olvidada, era sobradamente conocida y relacionada con el fuego del Espíritu Santo, hasta el punto de que en los sínodos de Jaén, 1492, y de Córdoba, 1520, se reseña el hecho de que el día de Pentecostés arrojaban lagartijas en el interior de los templos (11).
La corona de oro y pedrería que luce la Virgen en sus fiestas, fue realizada por Ricardo Espinosa de los Monteros, en mayo de 1919, quien siguió el modelo de la que ostenta la Inmaculada grande de la catedral hispalense, obra de Arfe. La corona del Niño la confeccionó José de los Reyes Cantuero, en la misma fecha. De entonces es también el rostrillo metálico, que imita a los que en principio lució, de tisú de oro o plata con argentería (12).
V. SUS TÍTULOS
La Virgen ha sido invocada en aquellos parajes desde el siglo XIII con tres títulos. La leyenda dice que en la espalda de la figura se leía: «Nuestra. Señora de Los Remedios». Sin embargo, la Virgen comenzó a recibir culto con el toponímico de Santa María de las Rocinas. Y con motivo de fijarse su fiesta en la Pascua del Espíritu Santo, se transforma el título en Rocío, advocación mariana de mística y significativa alusión. De ahí que la paloma, símbolo iconográfico del Espíritu Santo, sea, en la devoción rociera, atributo y piropo de la Madre de Dios.
La devoción a esta imagen fue prendiendo en aquel lugar de las marismas. La primera alusión documental se remonta a 1335, en que el ballestero real Juan Ruiz estableció el amojonamiento entre Niebla y Almonte, con acuerdo de los respectivos concejos y señores, teniendo como punto de referencia la ermita de Santa María de las Rocinas, que se encuentra cerca del embarcadero y bodegón que estaba en el nacimiento del caño o madre de las Rocinas (14). Las Crónicas de Alfonso XI reseñan una cacería del monarca en aquellos sotos, cuando en 1337 «volvió a campear contra Portugal». Al recoger el rey su experiencia cinegética en el Libro de la Montería, compuesto entre 1340 y 1348, menciona expresamente la ermita de Santa María de las Rocinas (15). De 1349 es una noticia que pudimos hallar entre los pergaminos de la Colección diplomática del monasterio de Santa Clara de Moguer; indicativa de la fama alcanzada por esta Virgen más allá de los términos de Almonte. En efecto, en el testamento de Urraca Fernández, vecina de Niebla, fechado el 10 de febrero de 1349, se mandan dos maravedíes a la obra de Santa María de las Rocinas, y a las ermitas de Santa María de Lavapiés (Niebla), Santa María de Furugente (Moguer) y San Juan de Moraniña (Bollullos del Condado), y a otras iglesias (16).
Durante la Baja Edad Media, el culto de la Virgen del Rocío estuvo mal atendido por falta de medios económicos y por la inhóspita situación de la ermita. Sin embargo, la ubicación entre Sanlúcar de Barrameda y Niebla, señoríos de los Guzmanes, vía de comunicación obligada para los intercambios comerciales, favoreció la difusión de tal advocación mariana.
A fines del siglo XVI concurren dos hechos que fomentan esta devoción. En 1574, Pedro de Gauna, canónigo de la catedral de Sevilla, funda en Almonte un convento de Mínimos, con el título de Ntra. Sra. de la Victoria, quienes andando el tiempo se harán cargo del culto «durante más de veinte años en el entonces casi abandonado santuario de Santa María de las Rocinas» (17). Y sobre todo, al otorgar su testamento Baltasar Tercero, natural de Sevilla, vecino de Lima, el 11 de febrero de 1587, ante el escribano público Esteban Pérez, dispuso la fundación de una capellanía «en la ermita que se llama nuestra señora de las rrosinas que está entre Sanlúcar de Barrameda e la dicha villa de Almonte, dejando para ello dos mill pesos ensayados y marcados y quinientos pessos ensayados para rreparos de la dicha ermita de nuestra señora de las rrosinas e para en que viva el clérigo que sirviese la dicha capellanía e para hornamentos e para las demás cosas nesessarias para servicio de la dicha capellanía» (18).
Al principiar el siglo XVII se inicia un gran desarrollo del fervor popular en torno a la Señora de las Rocinas. Las causas que lo provocaron, junto a las ya citadas, fueron el traslado de la Virgen de Morañina, de Bollullos par del Condado, en 1602, a Sevilla, que hizo posible que la devoción mariana de toda la comarca revirtiera sola y exclusivamente en la ya famosa Virgen marismeña. Y sobre todo, el sentido movimiento mariano del Barroco y la Reforma, que en Sevilla es esencialmente concepcionista, como justa y adecuada réplica a la corriente protestante.
Los devotos de la Virgen, enfervorizados por las pláticas y sermones de los predicadores, acudían ante su augusta presencia en demanda de remedio y solución para sus males. Así fue cómo la fama de la Blanca Paloma voló por toda Andalucía, por toda España e incluso por América.
Ante la epidemia sufrida en 1649, los almonteños decidieron trasladar procesionalmente a la Virgen desde el santuario a la parroquial de Almonte. Poco después la villa quedó libre del azote que diezmaba las poblaciones andaluzas. Y como pública protestación de fe y gratitud a la Señora por todos los favores y gracias recibidos por su intercesión, el 29 de junio de 1653, el Concejo, Justicia y Regimiento de la villa juraron defender la Inmaculada Concepción de la Virgen y votaron por «Patrona de esta villa a la Reina de los Ángeles, Santa María de las Rocinas» (19).
La fiesta de la Virgen se celebraba el día de la Natividad o del Dulce Nombre de María. Pero en el acta de patronazgo se hace constar que acordarán y determinarán la solemnidad de su fiesta, con misa solemne y sermón. En fecha inmediata se instituyó la fiesta anual, al decir de la Regla, «el día segundo de la Pascua del Espíritu Santo» (20).
Por aquel entonces se transformó la advocación de Rocinas en Rocío. El primer documento que así la nombra es el acta capitular de 25 de abril de 1653 (21).
Y surge la tan renombrada romería como una de las manifestaciones más importantes de la religiosidad y del folclore andaluz, en honor de la «Patrona de Almonte y Reina de Andalucía». Para el sostenimiento y solemnidad de los cultos se funda la Hermandad Matriz. Luego, a imitación de la de Almonte, se fueron erigiendo otras muchas (22).
Ante ciertas necesidades urgentes y graves, -sequías, epidemias y hambre- la Virgen era traída a Almonte. Según Álvarez Gastón (23), en el siglo XVIII vino trece veces; en el siglo XIX hay constancia de seis; en la centuria del XX, sabemos que vino con motivo de la restauración del santuario, en 1915, y del camarín y retablo en 1919; a los siete años de su coronación canónica se trajo de nuevo a Almonte. Desde entonces acude con tal periodicidad, hasta 1977.
El traslado desde la basílica del Rocío hasta la parroquial de Almonte se hace a hombros de todo el pueblo. La Virgen, en esta ocasión, viste de Pastora. En realidad se trata de una ropa de camino propia de la indumentaria femenina de hacia 1600, compuesta por larga saya, bohemio o capotillo y sombrero de amplias alas, decorado con flores silvestres. A su llegada al Chaparral, se saluda a la Señora con un gran estruendo de salvas de escopeta al aire, signo de júbilo y contento entre los campesinos y cazadores de la localidad. Una vez desvelada la imagen, comienza el recorrido por el itinerario previsto, en el que se levantan arcos triunfales decorados con filigranas de papel, de bellísima artesanía popular. El retorno a la aldea del Rocío sigue el mismo ritual (24).
Por último, hemos de reseñar la fundación de otra festividad, conocida popularmente como el Rocío Chico, para rememorar anualmente la prodigiosa intercesión de la Blanca Paloma en Almonte durante la invasión francesa (25). Sabido es que el 17 de agosto de 1810, dos partidas de caballería del ejército francés reclutaban hombres en Almonte para organizar una milicia cívica. Inesperadamente, treinta y seis vecinos de la localidad se amotinaron y dieron muerte a la mayor parte de los soldados franceses, incluyendo al capitán Dosau. Desde Sevilla se dispuso como escarmiento que Almonte fuese saqueada y degollada toda la población. Así fue como, en la noche del 18 al 19 del citado mes, apresado los cabildos eclesiástico y secular de la villa, ofrecieron a la Virgen del Rocío, si salvaban la vida, celebrar una función anual de acción de gracias en memoria del beneficio alcanzado. Ante la situación creada, un puñado de soldados españoles se encaminaron desde Aznalcázar hasta Sevilla para desafiar a los franceses que, temerosos, hicieron volver a las tropas enviadas para castigar a los almonteños. Más tarde, apagada la sed de venganza, se conmutó la sentencia por un impuesto dinerario. De esta forma se salvó Almonte. Y a partir de entonces, cada 19 de agosto se dan cita en el Rocío, junto con los almonteños, miles de devotos para cumplir lo prometido.
Uno de los acontecimientos más importantes de la devoción rociera fue la coronación canónica de la venerada imagen, concedida por el cabildo del Vaticano, reunido en su aula capitular el 11 de agosto de 1918. Consta por un rescripto fechado el 8 de septiembre del mismo año, encabezado por el cardenal Rafael Merry del Val (26). Tras los laboriosos preparativos, asumidos por una comisión presidida por Juan Francisco Muñoz y Pabón, tuvo lugar la solemne ceremonia en la señalada fecha del 9 de junio de 1919. El cardenal de Sevilla, Enrique Almaraz y Santos, depositó la áurea corona en las sienes de la Virgen, mientras pronunciaba las palabras del ritual: «Así como te coronamos en la tierra, merezcamos, por tu intercesión, ser coronados en el Cielo» (27). En el lugar que ocupó la Señora en esta ocasión, para perpetua memoria se levantó al año siguiente un triunfo, obra del escultor sevillano Ordóñez (28).
VI. LA ROMERÍA DEL ROCÍO
La romería del Rocío es de tal magnitud que desborda por completo los límites del presente estudio. Es tan rica en matices y aspectos, religiosos, folclóricos, sociológicos, antropológicos, artísticos y culturales, que se consagra como el arquetipo de romerías populares del Valle del Guadalquivir (29). Se celebra en la Pascua de Pentecostés.
Con anterioridad, según las distancias, las hermandades filiales efectúan su salida en peregrinación hacia la aldea del Rocío (30). El sábado, víspera de la fiesta, hacen su entrada oficial y su presentación a la Virgen. Por riguroso orden de antigüedad son recibidas por la Hermandad Matriz ante el santuario.
El domingo de Pentecostés, en el Real del Rocío, se celebra una misa solemne de pontifical, oficiada por el obispo de Huelva. Llegada la noche se organiza el Rosario Grande. Y en la madrugada del lunes tiene lugar la singular procesión de la Blanca Paloma. Hasta el siglo XIX se celebraba a continuación del canto de tercia, sobre las diez de la mañana. Al mediar la centuria, se suprimió la hora canónica para salir inmediatamente después de la eucaristía. Hacia 1920, la procesión guardaba aún ciertas formas litúrgicas. Luego se fijó la hora de salida en el rayar del alba. Pero en los últimos años, no hay lugar para las tradicionales misas de las hermandades que se celebraban en la madrugada. Una mística violencia se apodera de los almonteños. Irrumpen en el presbiterio y arrebatan enfervorizados a la Virgen que sacan al exterior del santuario en sus andas bajo baldaquino de plata (31).
Cuando alborea el día, la Señora abandona el atrio y comienza su lento ir y venir, sin pisar el suelo. Siurot lo describe así: «No hay nada en el mundo comparable con esta procesión verdaderamente trágica [...]. La Virgen va sobre sus hombros como la espuma en la cresta de la ola» (32). Hasta bien pasado el mediodía no regresa al templo la Blanca Paloma.

Del santuario donde es venerada la patrona de Almonte, digamos que primitivamente fue «una pequeña ermita de diez varas de largo, y se construyó el altar para colocar la imagen, de tal modo que el tronco en que fue hallada le sirviera de peana» (33). Debido a los graves desperfectos que sufrió en 1755, hubo necesidad de derribarla y levantar otro santuario en su lugar, cuyas obras finalizaron en 1760. Hacia 1764-1765 se instaló en su interior el espléndido retablo-vitrina, atribuido a Cayetano d’Acosta, en que recibió culto la imagen hasta 1963 (34). Debido a la afluencia desbordante de peregrinos, facilitada por la nueva carretera, se hizo imprescindible levantar un santuario más amplio.
Se eligió el proyecto de Alberto Balbontín Orta y Antonio Delgado Roig, arquitectos de Sevilla. La primera piedra fue colocada por Mons. Cantero Cuadrado el 26 de enero de 1964, y bendecida la nueva iglesia por Mons. García Lahiguera el 12 de abril de 1969.
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