Un San Antonio de Padua de Cristóbal Ramos
En su hornacina de un pequeño retablo situado sobre el muro derecho que da acceso al presbiterio de la Capilla de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz de Albaida del Aljarafe (Sevilla) se halla una interesantísima y devota imagen de San Antonio de Padua. Todos los indicios apuntan a que su autoría responde a Cristóbal Ramos.
Cristóbal Ramos
Cristóbal Ramos nace en Sevilla el 25 de julio de 1725 y fue bautizado en la parroquia de San Isidoro el 2 de agosto de este mismo año con el nombre de Cristóbal Antonio José. Fue el hijo primogénito de Juan Isidoro Ramos, escultor, y de Beatriz Victoria Tello. Estos contrajeron matrimonio en la parroquia del Divino Salvador el 26 de septiembre de 1723.
Desde el 13 de noviembre de 1776 consta como hermano de la Hermandad del Santísimo Sacramento y Ánimas Benditas de la parroquia de San Martín. Tuvo que ser un hombre creyente, de ahí que sus obras tengan unción religiosa y emanen piedad y devoción.
A los 52 años, el 27 de julio de
1777 contrajo matrimonio en la parroquia de San Martín con doña Juana de Arenas,
viuda, de 39 años de edad, natural de Utrera, quien en primeras nupcias había
casado con Bartolomé Gómez Mascareñas, con quien tuvo una hija con una
enfermedad mental. De su matrimonio con Cristóbal no hubo descendencia.
Fue un hombre modesto y pasó por períodos económicos francamente penosos.
Junto a una formación barroca y gremial, sus obras muestran también una influencia de la escuela neoclásica. Contribuyó a la creación de la Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla.
Juan de Astorga debió ser discípulo suyo, pues en 1797 vivía en la casa de Cristóbal Ramos en la calle San Acacio, y todo hace suponer que heredase su taller a la muerte del maestro.
Cristóbal Ramos falleció el 11 de agosto de 1799, siendo amortajado su cuerpo con el hábito de San Francisco y enterrado al siguiente día en la parroquia de San Pedro.
Toda la formación en el arte de la escultura la recibió directamente de su padre. Trabajó fundamentalmente el barro, de amplia tradición y ocupación familiar, aunque también trabajó la talla en madera.
Tras una primera etapa tradicional barroca, en la segunda, a partir de los años setenta, Cristóbal Ramos consolida definitivamente su estilo. Se observa cómo el gusto francés influye en sus esculturas, atemperando los movimientos, suavizando el realismo del barroco, idealizando las imágenes, dando más valor a la belleza que a la realidad y al dramatismo. Sus imágenes acusan pinceladas academicistas, de mesura, ponderación y calma, que rozan levemente la estética neoclásica. En sus imágenes, quizá por influencia de “la Roldana”, se denota el sentido por lo bonito, el gusto por lo amuñecado, con una finura y modelado blando, lleno de delicadeza y melancolía. Tal es el caso de nuestro San Antonio.
La Imagen de San Antonio de Padua
Carmen Montesinos Montesinos en su libro El escultor sevillano D. Cristóbal Ramos (1725-1799)[1] en el apartado de obras documentadas y de segura atribución dice textualmente:
“S. Antonio de Padua de la capilla de la Vera-Cruz en la localidad sevillana de Albaida del Aljarafe. Se representa en el momento en el que se le aparece al Santo el Niño Dios. Algunos estudiosos vienen a decir de esta imagen, de 82 cm. de alto, que la cabeza recuerda al estilo y época de Ramos. Y en realidad es así, pues en la hechura se observa un fino modelado, así como dulzura, melancolía, corrección formal y frialdad academicista, propia de la obra del maestro. Sin embargo el Niño parece que no corresponde a la calidad artística del Santo, como si de otra mano se tratase. Ambas imágenes son de barro y la vestimenta de S. Antonio es de tela encolada”
Como se ha indicado, la cabeza está modelada en barro cocido, principal materia que trabajó Cristóbal Ramos. Posee una encarnadura mate, plasmando así con mayor certeza la calidad de la piel, tal y como señalaba el tratadista Pacheco. La base del rostro tiene una tonalidad de colores claros matizado por el rosado de los frescores. Es presumible que fuese el propio Cristóbal Ramos quien lo policromase, aunque en algunas escrituras protocoladas de sus obras aparece como testigo del maestro un tal Álvaro Valdés, pintor, que bien pudo trabajar con él en algunas de sus creaciones. Los ojos están realizados de una fina película de cristal a modo de “cáscara de huevo”, que se prepara debidamente para reforzarla y sobre ella se pinta. Están colocados hábilmente asimétricos dando así una sensación de mirada perdida, aunque muy luminosos y piadosos, moviendo a devoción. Las pestañas están pintadas sólo las superiores. Los cabellos están tratados con un modelado blando, sin profundizar en la materia y sin grandes movimientos formales.
Puede que posea algunos repintes o alteraciones de la policromía original pues fue “tocado” en los años setenta del pasado siglo.
Ramos utilizó frecuentemente la técnica de la “tela encolada”para recubrir el soporte o estructura del candelero de la imagen, material del que está formado el hábito de “fraile menor” del Santo. Este tipo de material por su ductilidad ayuda a la elaboración de los pliegues. A estos ropajes hechos con lienzos se les daba bastantes manos de cola y sulfato de cal para que tuvieran resistencia y no se bruñían para evitar que se resquebrajaran. Su decoración se limita a ribetes y cíngulo dorado.
Posee el Santo aureola en plata de ley y el Niño corona imperial.
Simbología Iconográfica
En la iconografía de San Antonio anterior al siglo XVII aparece sin otro distintivo que un libro, símbolo de su sabiduría y conocimiento de las Sagradas Escrituras. Por regla general, a partir del siglo XVII, como es el caso de nuestro Santo, se ha representado a San Antonio con el Niño Jesús en los brazos; ello se debe a un suceso que tuvo mucha difusión y que ocurrió cuando San Antonio estaba de visita en la casa de un amigo. En un momento dado, éste se asomó por la ventana y vio al santo que contemplaba, arrobado, a un niño hermosísimo y resplandeciente que sostenía en sus brazos. En ocasiones se le representó con un lirio en las manos y también junto a una mula que, según la leyenda, se arrodilló ante el Santísimo Sacramento que mostraba el Santo; la actitud de la mula fue el motivo para que su dueño, un campesino escéptico, creyese en la presencia real del Señor en la Eucaristía.
Estado de conservación de la Imagen
Aunque estructuralmente no presenta graves problemas, sí se ha de destacar algunas lagunas de policromía que presenta en el rostro: mejillas, mentón y nariz. También sería conveniente una limpieza de su policromía.
La imagen del Niño está muy deteriorada, presentando fractura en ambos brazos que peligran su estructura. Pérdida del dedo meñique de la mano derecha. Igualmente presenta abundantes lagunas polícromas casi en todo su cuerpo.
Una restauración profesional sería del todo aconsejable para esta talla de gran valor artístico y devocional.
La devoción a San Antonio en Albaida del Aljarafe
Ya en vida el Santo gozaba de gran devoción en Padua, como atestiguan sus biógrafos. Su fama de excelente predicador y de hacedor de milagros se extendió por todo el orbe, siendo uno de los Santos que gozan de más fervor popular y cuya devoción está extendida por todo el orbe católico.
Los franciscanos, desde sus inicios fomentaron y difundieron la devoción al Santo de Padua en todas sus prédicas.
Los orígenes de la devoción en Albaida están intrínsecamente vinculados a la otra devoción auspiciada por los franciscanos a la Santa Vera+Cruz. Desde tiempo inmemorial esta Hermandad venera y rinde culto a este Santo en el día de la conmemoración de su muerte, el 13 de junio, con solemne Misa cantada.
Las órdenes mendicantes de dominicos y franciscanos fueron las que más se expandieron en Andalucía desde el siglo XIII y sobre todo a partir del siglo XVI. Unos y otros contaron con cementerio, como importante punto de atracción de mandas y limosnas. Su popularidad proporcionó un importante motivo para que sus miembros fueran los más frecuentemente llamados a las honras fúnebres, y las hermandades que establecieron con los cabildos catedralicios propiciaron su presencia en entierros y otros ritos funerarios. Su relación con las capas medias de la población les granjeó, asimismo, gran cantidad de encargos de servicios religiosos "pro anima".
Aunque la predicación de los hijos de San Francisco se realizaba por las tierras aljarafeñas al menos desde el siglo XIV, fue en 1400 cuando el arzobispo Gonzalo de Mena, para crear el Monasterio de Santa María de las Cuevas (Sevilla), trasladada hasta el Aljarafe a la comunidad franciscana que cuidaba de la antigua ermita que en aquel lugar estaba establecida. Pero será a partir del día 25 de agosto de 1525, en que se funda el Monasterio de Nuestra Señora de Loreto de frailes menores de la orden de San Francisco, cuando esta presencia se hará más constante.
San Francisco Solano tras profesar como fraile el 25 de abril de 1570, fue destinado al convento de Nuestra Señora de Loreto, en el Aljarafe, donde estudió Filosofía y Teología hasta 1576, cuando se ordenó y fue nombrado predicador, labor que desarrolló hasta 1581 en pueblos cercanos del Aljarafe y que resultaría determinante en su futuro como misionero.
Debió ser por estas fechas, ya fundada la Hermandad de la Santa Vera+Cruz de gran arraigo franciscano, cuando la devoción al "Santo de los pobres" estuviese plenamente asentada en nuestro Pueblo junto a la secular devoción a Santa Lucía, de larga historia en esta Hermandad.
Hemos aquí de señalar que, aunque es la Hermandad de la Santa Vera+Cruz la que secularmente, y según ordenan sus Reglas, debe celebrar solemne función religiosa en honor de este Santo, es el Pueblo entero, sin ningún tipo de distinción de otras pertenencias a hermandades, quien nuestra su devoción a San Antonio de Padua. Devoción, profundamente enraizada en los albaidejos, en su religiosidad popular, a quien se acude con plena garantía para obtener su ayuda ante las cosas perdidas, aunque como por aquí se dice "es muy interesado".
A los pies del Santo se halla un relicario del mismo que se da a venerar a los fieles tras la Función religiosa el día de su onomástica.
Biografía de San Antonio de Padua
-1195: Nace en Lisboa y en el bautismo recibe el nombre de Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo.
-1210: Sufre una grave crisis de pubertad. Ingresa en Lisboa en los Canónigos Regulares de San Agustín. El historiador Surio dice de él que visitaba a menudo las iglesias y monasterios de la ciudad y que era compasivo con los pobres, a quienes socorría en sus necesidades.
-1212: Se traslada al monasterio de Santa Cruz de Coimbra, dedicándose por entero a la plegaria y el estudio adquirió en poco tiempo los más amplios conocimientos sobre la Biblia
-1220: Pasa a formar parte de la familia franciscana.
-1220/21: De finales del otoño de 1220 a marzo de 1221, misionero en Marruecos de donde tuvo que regresar debido a su enfermedad de hidropesía. De regreso a Portugal, la nave en que viaja es arrastrada por la tempestad, y va a parar a Sicilia.
-1221: Del 30 de mayo al 8 de
agosto, participa en el capítulo general de Asís, terminado el
cual lo destinan
al eremitorio de Monte Paolo en la Romaña.
-1222: El 24 de septiembre pronuncia en Forlí el discurso que revela su sabiduría, hasta entonces escondida, y se le confiere luego el oficio de predicador.
-1223/24 Maestro de teología en Bolonia, con la aprobación de San Francisco. En una carta que, por lo general, se considera como perteneciente a San Francisco, se confirma este nombramiento con las siguientes palabras: "Al muy amado hermano Antonio, el hermano Francisco le saluda en Jesucristo. Me complace en extremo que seas tú el que lea la sagrada teología a los frailes, siempre que esos estudios no afecten al santo espíritu de plegaria y devoción que está de acuerdo con nuestra regla". Sin embargo, se advirtió cada vez con mayor claridad que, la verdadera misión del hermano Antonio estaba en el púlpito. Por cierto que poseía todas las cualidades del predicador: ciencia, elocuencia, un gran poder de persuasión, un ardiente celo por el bien de las almas y una voz sonora y bien timbrada que llegaba muy lejos. Por otra parte, se afirmaba que estaba dotado con el poder de obrar milagros y, a pesar de que era de corta estatura y con cierta inclinación a la corpulencia, poseía una personalidad extraordinariamente atractiva, casi magnética.
-1224/27: Apostolado en Francia. Poco duró su magisterio en el estudio de los franciscanos de Bolonia, por cuanto las necesidades generales de la Iglesia reclamaron su presencia en Francia, para combatir allí la herejía albigense. Santo Domingo había trabajado incansablemente para reducir a los herejes; pero, a pesar de su acendrado celo y de su actividad incansable, la herejía mostrábase cada día más pujante. Ante aquel peligro movilizó el Papa a todos los predicadores que por su celo, ciencia y santidad de vida fueran aptos para acometer una cruzada eficaz de apostolado, para persuadir a los herejes de la falsedad de su doctrina. Entre los escogidos figuraba San Antonio. Custodio de los hermanos en la región de Limoges.
-1227: A finales de este año, regresa a Italia.
-1230: En el capítulo general de Asís deja el oficio de provincial; luego, por asuntos de la Orden, pasa unos meses en la curia pontificia. En el otoño, regresa a Padua.
-1231: Del 5 de febrero al 23 de marzo, predica en Padua la cuaresma, con predicación diaria, práctica hasta entonces desconocida.
-1231: Desde la segunda mitad de mayo hasta el 13 de junio, Antonio permanece en el eremitorio de Camposampiero, cerca de Padua. Bien pronto se dio cuenta de que sus días estaban contados y entonces pidió que le llevasen a Padua. No llegó vivo más que a los aledaños de la ciudad
-1231: El 13 de junio, por la tarde, Antonio muere a las puertas de Padua, en el pequeño convento de los frailes situado en Arcella, junto al monasterio de las clarisas. Al morir tenía tan sólo treinta y cinco años de edad. Durante sus funerales se produjeron extraordinarias demostraciones de la honda veneración que se le tenía. Los paduanos han considerado siempre sus reliquias como el tesoro más preciado.
-1232: Antes de que hubiese transcurrido un año de su muerte, el 30 de mayo, Gregorio IX canoniza a San Antonio en Espoleto. El Papa Gregorio IX pronunció la antífona "O doctor optime" en su honor anticipándose en siete siglos a la fecha del año 1946, cuando el Papa Pío XII declaró a San Antonio "Doctor de la Iglesia".
Se le llama el "Milagroso San Antonio" por ser interminable lista de favores y beneficios que ha obtenido del cielo para sus devotos, desde el momento de su muerte. Uno de los milagros más famosos de su vida es el de la mula: Quiso uno retarle a San Antonio a que probase con un milagro que Jesús está en la Santa Hostia. El hombre dejó a su mula tres días sin comer y luego, cuando la trajo a la puerta del templo, le presentó un bulto de pasto fresco y al otro lado a San Antonio con una Santa Hostia. La mula dejó el pasto y se fue ante la Santa Hostia y se arrodilló.
San Antonio es el patrón de los pobres y ciertas limosnas especiales que se dan para obtener su intercesión reciben el nombre de "pan de San Antonio”. No hay ninguna explicación satisfactoria sobre el motivo por el que se le invoca para encontrar los objetos perdidos, pero es muy posible que esa devoción esté relacionada con un suceso que se relata entre los milagros, en la "Chronica XXIV Generalium" (No. 21): un novicio huyó del convento y se llevó un valioso salterio que utilizaba San Antonio; el santo oró para que fuese recuperado su libro y, al instante, el novicio fugitivo se vio ante una aparición terrible y amenazante que lo obligó a regresar al convento y devolver el libro.
En Padua hay una magnífica basílica donde se veneran sus restos mortales.
«Alégrate, feliz Lusitania: salta de júbilo, Padua dichosa, pues engendrasteis para la tierra y para el cielo a un varón que bien puede compararse con un astro rutilante, ya que brillando, no sólo por la santidad de su vida y gloriosa fama de sus milagros, sino también por el esplendor que por todas partes derrama su celestial doctrina, alumbró y aún sigue alumbrando al mundo entero con una luz fulgentísima».
León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo", porque su imagen y devoción se encuentran por todas partes.
Llamado "Doctor Evangélico". Escribió sermones para todas las fiestas del año
"El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree" -San Antonio
San Antonio no ha perdido actualidad y su memoria es evocada constantemente por el pueblo cristiano. La experiencia cotidiana enseña que San Antonio no defrauda nunca la esperanza de sus devotos, que confían en su valimiento ante el trono del Altísimo.
Romualdo de Gelo
BIBLIOGRAFÍA
Luis Arnaldich, OFM, "San Antonio de Padua", tomo II, Ed. Católica (BAC 184), Madrid, 1959, pp. 635-642
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[1] MONTESINOS MONTESINOS, C.: El escultor sevillano D. Cristóbal Ramos (1725-1799). Arte Hispalense nº 42. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 1986, pág. 50.