San Clemente: La Fiesta de la Conquista
El 23 de noviembre de 1248, festividad de San Clemente, capitulaba la ciudad de Sevilla ante las tropas del Rey Fernando III. Desde hace más de 750 años, en las mañanas del frío y húmedo otoño sevillano, ondeaba en el alcázar hispalense la seña real del rey Fernando III el Santo. La Isbilia musulmana había capitulado ante la conquista cristiana (después de 800 años de invasión y dominación musulmana hablar de reconquista queda un poco lejano y encima llevamos 757 años de cristianismo, nos faltan 43 para el empate), y un mes después, el 22 de Diciembre el rey santo efectuaba su entrada oficial en Sevilla, al frente de sus tropas.
El sitio y la conquista de Sevilla tras veinte meses de asedio, son una de las más notables empresas militares de aquellos tiempos; allí debió enfrentarse con decisión y valor enérgico hasta con el desánimo que el calor y la enfermedad producían en muchos de los suyos. La entrada y conquista de Sevilla no fue, según nuestro Santo, triunfo del conquistador, sino merced especial de Santa María, y a gloria suya se dedicó el cortejo: las naves de Ramón Bonifaz cubrían el río engalanadas y empavesadas; brillaban las armaduras de los guerreros al reluciente sol andaluz y resonaban los himnos sagrados, mientras, cerrando la marcha y en carroza triunfal, adornada con joyas, tapices y brillantes, iba la Virgen victoriosa, porque "grandes mercedes e honras e bienandanzas -diría el rey luego-, nos fizo et mostró Aquel que es comienzo e fuente de todos los bienes, non por los nuestros merescimientos mas por la sua gran bondad, e por los merescimientos de Cristo, cuyo caballero somos, e por los ruegos de Santa María, cuyo siervo nos somos".
Desde entonces para rememorar dicha efemérides, en el día de San Clemente, se realiza en esa Catedral-Museo, la llamada procesión de San Clemente, o de la Espada, o de las Gradas.
Fue instituida por Alfonso X el Sabio en 1255 y se celebra desde dicha fecha hasta nuestros días como procesión seria claustral, o sea por el claustro y por las gradas catedralicias, culminando con una solemne misa en el altar mayor, siguiendo la reglamentación hecha por Felipe II a mediados del siglo XVI .
En la procesión toma parte “la Ciudad en pleno” —o sea Ayuntamiento, Corporación municipal— y bajo masas, en unión de los Canónigos del Cabildo catedralicio, traen una reliquia de San Clemente , el pendón de San Fernando llevado por el miembro más joven de la corporación municipal y la espada de San Fernando portada por “el asistente de la ciudad”, con la peculiaridad de que es portada no por el mango sino por la punta.
La espada fernandina que se puede admirar en el tesoro de la Catedral, no sólo ha sido portada por asistentes o alcaldes sevillanos en sus diversas etapas históricas sino también por reyes de España, comenzando por el rey Sabio y por Sancho IV, Fernando IV, Alfonso XI, Pedro I, Enrique II Juan I, Enrique III , Enrique IV, Fernando el Católico, Felipe V y el último Alfonso XIII .
Otra de las peculiaridades de este día de otoño sevillano es que es descubierta la tumba donde yacen los restos del rey Santo, soberbia obra de Laureano Pina, al igual que ocurre el día de San Fernando, el último día de la octava de la Virgen de los Reyes, y el aniversario del traslado de los restos a la Capilla Real, para su veneración pública.
De las muchas procesiones ordinarias y extraordinarias que se celebran en esta magnífica Catedral quizás sea una de las más antiguas y con más raigambre, cuando Sevilla se reencuentra con un profundo pasado y donde el centro es una espada, la misma que clavara el rey Santo en el suelo bajo el grito de "¡¡¡Val(ed)me Señora!!!" , y entonces brotara agua para saciar a sus tropas en el asedio a Sevilla, la misma que tanta triunfales batallas le diera a su señor, hoy en pleno siglo XXI, en pleno tercer milenio vuelve a recorrer las naves de la Catedral Metropolitana de Sevilla.
El DCCLVII aniversario de la conquista de Sevilla al "agareno", como reza el pleito-homenaje que debe acatar el Asistente antes de recibir la espada. San Fernando de cuerpo presente y festividad rescatada, Gratia Dei. Gastadores de Ingenieros -y gastadoras por aquello de lo políticamente correcto- con el uniforme de gala por primera vez en muchos años. Procesión de tercia por las últimas naves con mezcla de pluviales en terciopelo y damasco con capillos y tiras de imaginería bordadas, que eso sí que es un pedazo de pasarela Hispalis a lo divino. Fantasmones y fantasmas con sábanas blancas e ínfulas caballerescas. ¿Será por fantasmas en la Catedral? Que le pregunten a Carlos Ros. Dos colegios, diez turistas despistados haciendo fotos y cuatro gatos, porque como me dice el muy macareno Fernando Cano Romero "qué poquitos vamos quedando". Por no venir no ha venido ni la música de la Municipal, que ya no toca en este día la marcha turca delante del Cabildo Secular por la antigua Alcaicería de la Seda. "Se habrán hecho del Silencio esta gente. O del Calvario" me apunta un amigo en la puerta de los Palos. Eso, palos de protocolo había que darle al concejal de la oposición que confundió la Procesión de la Espada con un copeo informal en el Pineda o la visita a un pub y apareció -y se tiró toda la mañana- con una bufanda muy fashion violeta liada al cuello. Tampoco ha venido el frío, que con esto del cambio climático en matacanógigos por San Clemente hace casi la misma temperatura que en Chipiona por agosto, y parece que fue ayer cuando dos chalaos -que hasta se llevaban a sus hijos chicos para abultar más- tiritaban al lado de la fuente de Lafita mientras ondeaban pendones omeyas, se acordaban de los muertos de Fernando III y reclamaban un estado islámico en Andalucía, y es que ya se sabe que hay gente "pa tó". Misa de latines con prédica canonjil, o café cortado y tertulia en la barra del "Giralda", a gusto del consumidor. En fin, todo muy rrrrrancio, como diría mi amigo Paco Robles.
Álvaro Pastor Torres
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