LAS FIESTAS DE NAVIDAD (y IV)

Las Fiestas de Navidad (I)
Las Fiestas de Navidad (II)
Las Fiestas de Navidad (III)

 

Nochevieja y Año Nuevo


Desde los inicios del Imperio Romano, enero estaba dedicado al dios bifronte Janus, que mira delante y detrás: al año que se va y al principio del que viene, por eso le representaban con dos rostros, uno barbudo y viejo y el otro jovencito.

Los romanos invitaban a comer a los amigos y se intercambiaban miel con dátiles e higos para que pasase el mal sabor de las cosas negativas y que el año que empezase fuese dulce.

Esta vieja costumbre romana fue poco a poco entrando en Europa, donde con la misma finalidad venturosa comenzaron a ofrecerse lentejas, de las que se dice que propician la prosperidad económica del año que empieza.

En la Edad Media la Iglesia trató de oponerse a las viejas costumbres, pero no consiguió extirpar la atmósfera disipada de la noche de San Silvestre, que se mantuvo como la última isla pagana de las doce noches navideñas (las comprendidas entre la Navidad y la Epifanía), que la Iglesia consideraba como periodo de renovación para mejorar el año venidero.

En España, la tradición de tomar las doce uvas se remonta tan sólo a principios de nuestro siglo. La implantación de esta costumbre, que por cierto es exclusiva de nuestro país, no se debe a motivos religiosos o culturales, sino más bien a meros intereses económicos. En la Nochevieja de 1909, los cosecheros, en un esfuerzo desesperado de imaginación, consiguieron desembarazarse del excedente de uvas de ese año inventando el rito de tomar las uvas de la suerte en la última noche del año

El día de Año Nuevo está íntimamente ligado a los calendarios que se han sucedido en el tiempo. Las variaciones entre los muchos calendarios en uso desde los tiempos antiguos a los modernos han sido debidas a la inexactitud de los primeros cálculos de la duración del año, junto con el hecho de que un año no puede ser dividido exactamente por ninguna de las demás unidades de tiempo: días, semanas o meses. Los calendarios más antiguos basados en meses lunares dejaban de coincidir con las estaciones. Ocasionalmente había que intercalar o añadir un mes para conciliar los meses lunares con el año solar. Un calendario que periódicamente realiza ajustes de este tipo se denomina lunisolar.

·         Los antiguos babilonios tenían un calendario lunisolar de 12 meses lunares de 30 días cada uno, y añadían meses extras cuando necesitaban mantenerlo en línea con las estaciones del año.

·         Los egipcios fueron los primeros en sustituir el calendario lunar por uno basado en el año solar. Midieron el año solar como 365 días, divididos en 12 meses de 30 días cada uno, con 5 días extras al final. Hacia el 238 a.C. el rey Tolomeo III ordenó que se añadiera un día extra cada cuatro años, que era por lo tanto similar al moderno año bisiesto.

·         En la antigua Grecia se utilizaba un calendario lunisolar, con un año de 354 días. Los griegos fueron los primeros en intercalar meses extras en el calendario sobre una base científica, añadiendo meses a intervalos específicos en un ciclo de años solares.

·         El original calendario Romano, introducido hacia el siglo VII a.C., tenía 10 meses con 304 días en un año que comenzaba en marzo. Dos meses más, Enero y Febrero, fueron añadidos posteriormente en el siglo VII a.C., pero como los meses tenían solamente 29 o 30 días de duración, había que intercalar un mes extra aproximadamente cada segundo año. Los días del mes eran designados por el incómodo método de contar hacia atrás a partir de tres fechas: las Calendas, o primeros de mes; los Idus, o mediados de mes, que caían el día 13 de ciertos meses y el día 15 de otros; y las Nonas, o el noveno día antes de los Idus. El calendario romano se hizo enormemente confuso cuando los funcionarios que tenían encomendada la adición de días y meses abusaron de su autoridad para prolongar sus cargos o para adelantar o retrasar elecciones.

·         En el año 45 a.C. Cayo Julio César, siguiendo el consejo del astrónomo griego Sosígenes (siglo I a.C.), decidió utilizar un calendario estrictamente solar. Este calendario, conocido como calendario Juliano, fijó el año normal en 365 días, y el año bisiesto, cada cuatro años, en 366 días. El calendario juliano también estableció el orden de los meses y los días de la semana tal como figuran en los calendarios actuales. En el 44 a.C. Julio César cambió el nombre del mes Quintilis a Julius (julio), por él mismo. El mes Sextilis recibió el nuevo nombre de Augustus (agosto) en honor de Augusto, que sucedió a Julio César. Algunos expertos mantienen que Augusto estableció la duración de los meses que utilizamos actualmente.

·         El año juliano era 11 minutos y 14 segundos más largo que el año solar. Esta diferencia se acumuló hasta que hacia 1582 el equinoccio de primavera se produjo 10 días antes y las fiestas de la iglesia no tenían lugar en las estaciones apropiadas. Para conseguir que el equinoccio de primavera se produjera hacia el 21 de marzo, como ocurrió en el 325 d.C., año del primer Concilio de Nicea, el papa Gregorio XIII promulgó un decreto eliminando 10 días del calendario. Para prevenir nuevos desplazamientos instituyó un calendario, conocido como Gregoriano, que estipulaba que los años centenarios divisibles por 400 debían ser años bisiestos y todos los demás años centenarios debían ser años normales. Por ejemplo, 1600 fue un año bisiesto, pero 1700 y 1800 no lo fueron. El calendario gregoriano recibe también el nombre de cristiano, porque emplea el nacimiento de Cristo como punto de partida.

Antiguamente el primer día del año era el primero de la primavera (entrada del Sol en el signo de Aries). aun hoy día se siguen citando las estaciones por el orden inicial: Primavera, Verano, Otoño, Invierno. En la Edad Media, gran parte de los países europeos utilizaban el calendario juliano y observaban el Día de Año Nuevo el 25 de marzo, llamado Día de la Anunciación, y celebrado como el momento en que le fue revelado a María que daría a luz al Hijo de Dios. Dicha fiesta de la Anunciación sustituirá a la costumbre pagana de la entrada de la Primavera y primer día del año.

 

Con la introducción del calendario gregoriano en 1582, los países católicos comenzaron a celebrar el Día de Año Nuevo el 1 de enero. Tradicionalmente, se trataba de una fiesta religiosa, aunque en la actualidad la llegada del año nuevo es motivo de alegre celebración, lejos de ceremonias religiosas.

Reyes Magos

San Mateo es el único evangelista que menciona a los Reyes Magos, aunque no dice que fueran reyes, sino magos. Hasta el siglo IV no se estableció en tres el número de los reyes magos. Por la misma época se decidió que uno de ellos fuese negro e incluso después del descubrimiento de América, en el siglo XV, se representó en ocasiones a Baltasar como un jefe indio. En el siglo IX se les designó por primera vez con sus nombres actuales y en lo que se refiere a la estrella que les guió, se hicieron conjeturas sobre una triple conjunción de los planetas Júpiter y Saturno a su paso por Piscis, según propuso Kepler ya en 1606.

La palabra "Magos" originariamente significaba la pertenencia a una casta de sacerdotes de la antigua Persia. Se dice que fueron los seguidores de Zoroastro, maestro y profeta persa. Mientras profesaban las doctrinas del zoroastrismo, practicaban un ritual que incluía el verter libaciones de leche, aceite y miel sobre una llama, mientras entonaban rezos e himnos. La religión de los magos fue lentamente incluyendo elementos babilónicos, tales como la astrología, la demonología y la magia (la cual deriva de la palabra magi). Más o menos hacia el siglo I d.C., los magos eran reconocidos como hombres sabios y adivinos.

Por eso, los magos mencionados en la Biblia, que vinieron de Oriente a adorar al Niño Jesús (Mat. 2,1-12), eran considerados sabios. Según el evangelio de san Mateo se trataban de nobles peregrinos poseedores de conocimientos astronómicos y astrológicos que siguieron una estrella hasta Belén, en Judea, para rendir homenaje al recién nacido Jesús. Le ofrecieron oro, presente conferido a los reyes; incienso, empleado en el culto en los altares de Dios, y mirra, un compuesto embalsamador para los muertos.

Cuando llegaron a Jerusalén, reclamaron la ayuda de Herodes, que ostentaba el título de 'rey de los judíos', para encontrar al Niño que según la profecía iba a ser el Mesías. Herodes contestó que no sabía dónde podrían hallarlo, y les pidió que volvieran a su palacio una vez hubieran encontrado al futuro gobernador de Israel, sin embargo, después de un sueño premonitorio, decidieron no volver a verlo.

En tradiciones posteriores los magos se convirtieron en reyes. Sus nombres -Melchor, Gaspar y Baltasar- aparecen por primera vez en el mosaico de una iglesia del siglo VI en Rávena, Italia. La visita de los magos se celebra el 6 de enero en las Iglesias católica, ortodoxa y anglicana, conmemorando en realidad la primera revelación de Jesús a los gentiles (así llamaban los judíos a los que no eran de su misma raza), siendo desconocida la verdadera fecha.

La Catedral de Colonia contiene un cofre que guarda los supuestos huesos de los Magos de Oriente. El relicario, diseñado por Nicolás de Verdún, fue construido entre los años 1180 y 1230.

La tradición de los Reyes Magos viene de cuando los Reyes Magos llevaron al Niño Jesús oro, incienso y mirra. En la actualidad los niños escriben una carta a los Reyes contándoles cómo se han portado y les piden regalos. Si han sido buenos les traen los regalos que han pedido y si han sido malos les traen carbón. Los Reyes Magos llegan a casa de los niños la noche del 5 al 6 de enero y dejan los regalos a cambio de bebida y maíz para los camellos.

La noche de Reyes es una de las más felices para todos los niños que tendrán sus regalos. Fue a mediados del siglo XIX cuando se representó a los Reyes Magos como portadores de juguetes para los niños. Hasta entonces, los obsequios eran mucho más cotidianos: Gaspar traía caramelos y golosinas, requesón, miel o frutos secos; Melchor regalaba prendas de vestir o calzado y Baltasar era el encargado de castigar a los niños que habían sido malos durante el año con carbón, leña o piedras (en la actualidad fabricados con azúcar).

La Estrella de Belén

La Biblia relata cómo una estrella guió a los tres Magos desde Oriente y señaló el lugar donde se encontraba el Niño Dios al detenerse sobre el pesebre. Este milagro ha intentado explicarse a través de muchas teorías. Entre otras, que se trataba del brillante planeta Venus, del paso de los cometas Halley o Hale-Bopp, de una supernova, una ocultación de la luna... Una de las hipótesis más aceptadas fue la que propuso en 1606 Johannes Kleper. Según este astrónomo, se trataría de una rara triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno, pasando el Sol en esos momentos por Piscis. Esta conjunción se presenta a los ojos del observador terrestre como una sola estrella muy brillante. Otra hipótesis más reciente en el tiempo es que se trataba de una nova brillante observada cerca de la estrella Theta Aquilae. La estrella de Belén se conmemora situándola tanto en la representación del pesebre como en la punta del árbol de Navidad.

La Leyenda

Para poder realizar la labor de entregar juguetes a los más pequeños, los Reyes Magos cuentan con la ayuda de unos pequeños duendes que les van informando del comportamiento de los niños. La costumbre exige que los pequeños depositen sus zapatos limpios en el balcón la noche del 5 de enero y, junto a ellos, agua, alguna pieza de fruta y un poco de hierba para aliviar el esfuerzo de los Magos y los dromedarios reales. La leyenda cuenta que dos amiguitos del Niño Jesús, viéndole pobre y descalzo, decidieron cederle sus zapatos, por lo que los lavaron y dejaron en el balcón para secar. A la mañana siguiente, cuál no sería su sorpresa al encontrárselos llenos de regalos que habían dejado los Reyes Magos premiándoles así por su bondad.


La Carta a Los Reyes

Durante el primer cuarto del siglo XIX se hizo popular que los niños escribiesen una carta a los Reyes Magos de Oriente solicitando sus regalos. Estas cartas se dejaban junto al calzado pero pronto comenzaron a enviarse por correo postal y en nuestros días son enviadas ya por correo electrónico.

Las Cabalgatas

Los Reyes llegan a la ciudad la tarde-noche del 5 de enero y son recibidos por los representantes municipales, que organizan una cabalgata por las calles más céntricas de la localidad, para goce y disfrute de los niños que reciben caramelos y besos de sus Reyes preferidos. Pueden recorrer las calles a caballo, guiados por sus pajes, en una carroza o en un todo terreno (esto es más moderno), regalando simpatía e ilusión a los más pequeños.

Luego a acostarse pronto porque esa noche los Reyes magos, si nos hemos portado bien, nos traerán todo lo que les hayamos pedido. Si no nos hemos portado tan bien, nos dejarán carbón.

Gran parte de esta tradición, se ha trasladado a la Nochebuena, en la que llega Papá Noel, con el fin de que los niños aprovechen las vacaciones escolares para jugar con los regalos, pero la ilusión sigue estando en la Noche de Reyes.

Roscón de Reyes

Este dulce, uno de los más antiguos de Navidad, tiene un origen pagano. El Imperio Romano celebraba la llegada del año nuevo el 1 de marzo. Los romanos atendían a las leyes del tiempo, porque al llegar la primavera desbordaban de vida árboles y plantas, y la luz aumentaba, lo que hacía creer que comenzaba un nuevo ciclo anual. En aquellos tiempos, desde mediados de diciembre a finales de marzo tenían lugar las fiestas de invierno, durante las cuales Roma celebraba la protección de sus dioses. Años más tarde la Iglesia logró cristianizar esas fiestas paganas superponiendo la fecha del nacimiento de Cristo al solsticio de invierno. Con motivo de aquellas fiestas se elaboraban unas tortas redondas hechas con higos, dátiles y miel que se repartían entre plebeyos y esclavos. En su interior se introducía una haba seca y al afortunado que le tocaba la legumbre era nombrado rey de reyes durante un corto período de tiempo.

Hacia el año 1000 la Iglesia había logrado transformar el espíritu primitivo de la fiesta de tal modo que en diversos lugares de Francia la figura del "rey haba" recaía sobre el niño más pobre de la ciudad.

Felipe V importó a España esta tradición del rosco como culminación de las fiestas de Navidad, desprovisto de todo simbolismo y cubierto de frutas escarchadas con alguna sorpresa escondida en su interior.

Os deseo Feliz y Santa Navidad y que el Año que comienza

os sea propicio en bienes espirituales y materiales

Romualdo de Gelo, 21-12-04

La Carta a los Reyes Magos