LAS FIESTAS DE NAVIDAD (III)
Hay muchos símbolos navideños que se convirtieron en emblemas de estas fechas a través de la historia. El primero y más importante de ellos es quizás el árbol de Navidad, una tradición que comenzó en los países protestantes (Alemania, Holanda e Inglaterra), después de la Reforma
La religión protestante prohibía las imágenes y la representación del Pesebre de Belén, entre ellas. Fue así como los creyentes, no queriendo olvidar el significado de la Navidad, decidieron utilizar un árbol (un pino, que es el único que sobrevive a las fuertes nevadas) y colocar en su punta una estrella.
Cada año millones de familias traen un árbol de navidad natural a sus hogares, en donde se convierte en el centro de atención y brilla intensamente.
Los historiadores han buscado entre innumerables fuentes el origen de la tradición del árbol de la navidad.
A finales de diciembre los egipcios traían ramas de palma a sus hogares como símbolo de la mejora de las cosechas durante el año.
Los romanos recortaban las ramas de los árboles y los adornaban con imágenes de su dios del sol. Para celebrar el solsticio del invierno, los hechiceros colgaban manzanas doradas y encendían velas en árboles de roble.
En la Edad Media se celebraba el “banquete de Adán” en la víspera del 24 de diciembre y su símbolo era un árbol de abeto del que colgaban manzanas rojas, que fue llamado el “árbol del paraíso”.
Sin embargo, es comúnmente aceptado que el árbol de navidad como parte de la celebración cristiana comenzó hace 400 años en Alemania y se extendió hacia la mayor parte de Europa en el siglo XIX.
Durante la guerra de revolución norteamericana los mercenarios del Hessian llevaron la costumbre a los Estados Unidos. Durante la Navidad de 1804, los soldados en la fortaleza Dearborn (ahora Chicago) acarrearon árboles a sus cuarteles.
Un artículo periodístico de Filadelfia imprimió en 1825 comentarios respecto a árboles adornados en hogares de inmigrantes alemanes durante la época de Navidad. En 1842, un alemán llamado Charles Minnegero introdujo la costumbre en Williamsburg, Virginia. Su árbol fue descrito como "espléndidamente adornado", con cadenas de palomitas, de tuercas doradas y de velas encendidas.
Mientras tanto, en la Inglaterra victoriana el príncipe Alberto, marido de la reina Victoria, dio al árbol de Navidad una estampilla de aceptabilidad, cuando lo introdujo en el palacio real. En el otro lado del Atlántico, el presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, fue el primer presidente que instalaba un árbol de Navidad en la Casa Blanca.
Sin embargo, no fue hasta 1923 cuando el presidente Calvin Coolidge estableció la ceremonia nacional de la iluminación del árbol de Navidad en el césped blanco de la Casa Blanca.
En España es a partir de los años setenta del pasado siglo cuando, como en otras tantas cosas, se empieza a usar esta costumbre sajona-americana. Las bolas, estrellas o herraduras que cuelgan hoy de los árboles de Navidad representan las antiguas piedras, manzanas u otros objetos que adornaban antes el roble. Cada uno de estos objetos tiene un significado. Las bombillas eléctricas que han sustituido a las velas simbolizan la luz del mundo. Dicen de las herraduras que traen buena suerte. Las piñas son símbolo de inmortalidad. Las campanas muestran la alegría navideña. Las manzanas o bolas de navidad representan la abundancia y la estrella del árbol representa la estrella de Belén.
Sea como fuere y a pesar del simbolismo expresado, que la inmensa mayoría de los que lo colocan desconocen, el árbol de navidad no ha formado históricamente parte de nuestras tradiciones culturales. Es , como decimos, una más de las muchas y, a veces, desafortunadas tradiciones anglo-americanas que casi sin notarlo se han introducido en nuestras casas. Algo parecido a lo que actualmente está ocurriendo con “jalogüin”.
Paradójicamente, en los tiempos presentes en los que tanto se reclama la identidad nacional, lingüística o cultural, estamos cada vez más “colonizados” por costumbres que nada tienen que ver con nuestras tradiciones, despreciando o minusvalorando incluso las nuestras propias.
Con el mayor de los respetos para el país, familia o persona que tenga esta costumbre por tradición, en mi casa no pongo “árbol de navidad”. Instalo, con todo cariño, “el nacimiento” desde el día de la Inmaculada, otrora llamado tan poéticamente en nuestra tierra “de la Purísima”.
Santa Claus, Papa Noel, el Espíritu de la Navidad y otros muchos nombres hacen alusión a una leyenda común importada, cada vez más “de moda”.
La tradición del espíritu de la Navidad es de origen nórdico, pero muy influyente también en las celebraciones latinas. Niños, jóvenes y adultos realizan diferentes ritos antes del 21 de diciembre, con el objeto de dar gracias por las bendiciones que han recibido a lo largo del año y también para pedir nuevos deseos.
¿Por qué esta fecha es la que recibe el espíritu de la Navidad? Esta es la noche más larga del año y se convierte en uno de los días más especiales, no sólo por este motivo, sino también porque se celebra el solsticio de invierno, instante en el que la tierra se encuentra más distante del Sol. En estos solsticios se reciben bendiciones especiales y es por ello que debemos estar atentos para invocarlas y recibirlas; una de estas bendiciones va dirigida directamente a los hombres de buena voluntad y ha sido denominado como el Espíritu de la Navidad; “el viejo Pascual”, como se conocía antiguamente, tiene el encargo de traer a los hombres felicidad, prosperidad, alegría y regocijo.
La leyenda cuenta así:
"Hace miles de años, llego al planeta Tierra un bello ser que provenía de una galaxia muy lejana. Vivió en la zona que hoy se conoce como Escandinavia. Con su contagiosa alegría y su poder de precipitación, iba impartiendo, de zona en zona sus conocimientos sobre la vida en otros universos. Era alto, delgado y de aspecto muy juvenil. Su cuerpo emanaba brillante luz de tonalidad rojo-dorada."
Como todas las leyendas, esta, del Maestro de la Natividad, tiene su fondo de verdad. Debido a su gran generosidad, él se convirtió en la figura de un hombre dispuesto siempre a ofrecer millones de regalos cada año. La imagen de su gran sabiduría hizo de él, un anciano. Su cuerpo que irradiaba luz rojiza, dio lugar a la vestimenta de ese color que siempre lleva Santa Claus y las características tradicionales de la región fría son un reflejo de los países donde el residía.
El aspecto del Maestro de la Natividad no es el que conocemos hoy en día, algo grueso y con barba blanca, ya que la leyenda le describía como un ser bello, hermoso. Era rubio, con ojos azules grandes, cara ovalada, figura delgada y alta. Durante la Navidad, pero también en todo el año, bendice los hogares y regala prosperidad a toda la humanidad. Es, el encargado de traer, cada fin de año la abundancia, juntamente con la radiación de Paz, Amor, Unión y Fraternidad.
El aspecto de hoy en día se lo debemos a Coca Cola que lo eligió para sus anuncios navideños hace muchos años y le vistió con sus propios colores rojo y blanco.
Es una tradición, como hemos dicho nórdica, que nada tiene que ver con el origen religioso y cristiano de nuestra navidad latina. La Navidad conmemora y celebra la llegada del Niño-Dios-Jesús, que poco tiene que ver con el Espíritu de la Navidad o Santa Claus. Según sea el país o la cultura donde se haga referencia a Papá Noel, lo harán con la siguiente terminología. se indica también el nombre de tradiciones relacionadas como la de los Reyes Magos.
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AUSTRIA AZERBAYÁN
BELGICA
BRASIL CANADA CHINA COLOMBIA COSTA RICA El Niño Jesús CHECOSLOVAQUIA DINAMARCA INGLATERRA
ESTONIA
FINLANDIA
FRANCIA
ALEMANIA
ALEMANIA NORTE
ALEMANIA NOROESTE
ALEMANIA, TIERRAS DEL RIO RHIN ALEMANIA SUR
INDIA HOLANDA HONG KONG HUNGRÍA ISLANDIA |
IRLANDA ITALIA JAPÓN LAPONIA LATVIA LIBERIA
LITUANIA
MEJICO HOLANDA
NORUEGA PALESTINA PERÚ
POLONIA
PORTUGAL PUERTO RICO RUSSIA
ESCANDINAVIA ESCOCIA Santa Clause SICILIA ESLOVENIA ESPAÑA SUECIA TURQUÍA
URUGUAY
ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA GALES |
Una de las posibles “razones” para fomentar entre nosotros esta importada “costumbre” es la de decir que “así los niños tienen tiempo en las vacaciones de navidad para disfrutar de los juguetes que les ha traído Papá Noel el día de Navidad”. Creo que esta explicación no necesita comentarios, simplemente, por absurda.
Pero, lo absurdo llega hasta cuando los propios padres van “a las grandes superficies comerciales” con sus propios hijos a comprar el regalo. Despojar del encanto, misterio, incertidumbre, incluso de “chantaje” si se es “malo”, a la costumbre del regalo de Navidad (lo traiga quien lo traiga) es, cuando menos, quitar ilusión y poesía a esta ya de por sí “desilusionada” infancia actual.
A mi casi medio siglo de existencia, sigo escribiendo mi carta a los Reyes Magos y paso las Navidades ilusionado esperando “la noche de Reyes”. Y, hasta ahora, siempre me sorprenden gratamente.
Regalos de Navidad
La tradición de dar regalos de navidad tiene un origen incierto, aunque muchos creen que se originó en el antiguo festival romano de la saturnalia. La saturnalia (nombrada así en honor al dios romano Saturno) se celebraba del 17 al 25 de diciembre. Su propósito era despedir al año viejo y salvaguardar la salud de las cosechas sembradas en invierno. Para el pueblo, sin embargo, era también una época de banquetes y de ofrecer regalos. Los ciudadanos intercambiaban arreglos de laurel que se suponía traían buena suerte, y los niños recibían muñecos pequeños de arcilla que eran comprados en una feria. Los regalos de pasteles y dulces hechos en casa eran también intercambiados mientras que la clase alta hacía presentes de joyería o pedazos de oro y plata.
Como la saturnalia ocurría en el solsticio, también era conocida como el festival de las luces. Muchos de los regalos eran velas que la gente quemaría a través de las noches del invierno para convocar al sol de nuevo a la vida. Estas tradiciones romanas de banquetes y regalos, según algunas fuentes, fueron absorbidas más adelante en las celebraciones cristianas de navidad.
Con la enseñanza de los Discípulos, la gente conoció la historia de los tres reyes magos que viajaron del Oriente y que traían regalos al “Rey recién nacido”. A partir de entonces la costumbre se alteró levemente. Seguía habiendo el intercambio de presentes, pero ahora se imitaban los regalos donados por los reyes magos al Niño-Dios.
Las cosas dulces han sido siempre un regalo de navidad tradicional para asegurar el dulzor en el año que comienza, al igual que las lámparas, que simbolizan un deseo de la luz y calor, y el dinero, que representa el deseo de aumentar la abundancia y prosperidad.
Durante un tiempo, los italianos defendieron la comarca de Cremona como cuna del turrón, aunque estudios posteriores dieron la paternidad a los árabes instalados en España. El primer documento escrito sobre el turrón data de 1603, y en él se describe cómo en la localidad de Jijona se fabricaban turrones. Otras especialidades, como la yema, son casi coetáneas a las originales. El coco llegó hacia el siglo XVIII. Los turrones de chocolate y frutas son originarios de los años treinta y cuarenta del pasado siglo XX.
La costumbre de enviar tarjetas de navidad comenzó en el Reino Unido en 1843 gracias a Sir Henry Cole. Él era un funcionario que estaba muy interesado en el nuevo servicio de correos y se preguntaba cómo podría ser utilizado por más gente. Sir Henry tuvo la idea de las tarjetas de navidad, y con su amigo J. Horsley, que era artista, diseñaron la primera tarjeta de navidad y la vendían a cambio de un chelín.
Mientras que las imprentas mejoraban, las tarjetas de navidad llegaron a ser mucho más populares y fueron producidas en gran número a partir de 1860. Una tarjeta de navidad grabada por el artista Guillermo Egley, que ilustró algunos de los libros de Charles Dickens, está en exhibición en el Museo Británico. Por el año 1900, la costumbre se había extendido por Europa y había llegado a ser especialmente popular en Alemania.
Las primeras tarjetas de navidad tenían generalmente cuadros de la escena de la natividad en ellos. En los últimos tiempos de la era Victoriana, el gorrión y escenas con nieve llegaron a ser muy populares porque en ese tiempo se apodaba a los carteros "carteros gorriones" debido a los uniformes rojos que usaban.
Entre los años 1910 y 1920 las tarjetas de navidad hechas en casa eran las más populares. Eran a menudo de formas inusuales y tenían cosas tales como hojas y cintas en ellas. Generalmente eran demasiado delicadas como para enviar a través del correo y se entregadas en mano.
Hoy en día, las tarjetas de navidad tienen toda clase de imágenes en ellas: bromas, cuadros de invierno, o escenas románticas de la vida en las épocas pasadas. Las asociaciones de caridad venden a menudo sus propias tarjetas de navidad como manera de recopilar dinero para su organización. Esta costumbre comenzó en Dinamarca en el año 1900 por un trabajador postal que pensó que sería una buena manera para juntar dinero, así como para mejorar el diseño de las tarjetas. Fue un gran éxito, pues más de cuatro millones fueron vendidas en el primer año. Pronto Suecia y Noruega adoptaron esta costumbre y desde entonces se extendió a toda Europa y América
La cesta de Navidad, la paga extra, las loterías y las rifas son la representación más moderna del tradicional aguinaldo. La cesta de Navidad tiene sus raíces en las canastillas que usaban antes los campesinos para entregar los aguinaldos. Las rifas existen desde hace mucho tiempo y es otra forma de conseguir dinero. En España en 1857 se decretó que todas las rifas se sorteasen con los números premiados en la lotería nacional. Los primeros sorteos de la lotería de Navidad y Reyes fueron en 1812 y 1942 respectivamente. En algunos países de América como Argentina también se juega a la lotería por Navidad.
La “cansina cantinela” de los niños de San Ildefonso la mañana del 22 de diciembre ha sido, junto con los aromas de las tortas caseras ya comentadas en el primer artículo, uno de los síntomas inequívocos de la llegada de la Navidad en mi infancia. Las “esperanzas” depositadas en cada décimo o participación de lotería se harán o no realidad en esta generalmente fría mañana, inicio de las tradicionales "vacaciones escolares de navidad".
Romualdo de Gelo, 15-12-04