LAS FIESTAS DE NAVIDAD (II)
Una de las tradiciones más populares y pintorescas en vísperas de Navidad eran “las posadas” o “Jornaditas”, las cuales se celebran cada noche desde el 16 al 24 de diciembre, desgraciadamente desaparecidas de nuestras costumbres. Por tradición oral de labios de mi madre, sé que antaño tenían gran realce en el vecino pueblo de Olivares, donde se montaba un enorme y monumental Belén en la antigua Iglesia Colegial. Se sigue conservando esta tradición en Castilleja de la Cuesta http://www.rafaes.com/navidad-castilleja-jornaditas1.htm y en Carrión de los Céspedes
Estas celebraciones conmemoraban el viaje frío y difícil de Maria y de José de Nazaret a Belén en la búsqueda del abrigo. La "posada" significa simplemente alojarse o el abrigo.
Antiguamente, cada una de estas noches antes de Navidad se llevaba a cabo una fiesta en un hogar del vecindario. Había alimentos y bebidas, con caramelos y fruta para los niños. Una vez que oscurecía, todos los huéspedes se ubicaban fuera de la casa en cuestión. Un niño vestido como ángel avanzaba, seguido por los niños que figuraban a Maria y José. Los muchachos y las muchachas vestidos en trajes color plata y oro constituían una procesión, seguida por los adultos y los músicos. Cada uno canta la tradicional canción, mientras iluminan su paso con una vela. Cuando alcanzan la casa, el grupo se divide en dos. Los de fuera piden posada a los de dentro; terminada la canción las puertas de la casa se abren, y la diversión comienza. El final feliz a cada posada era siempre la piñata.
He aquí la letra completa de la canción para pedir posada:
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FUERA DE LA CASA |
DENTRO DE LA CASA |
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En el nombre del cielo |
Aquí no es mesón, |
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No seas inhumano, |
Ya se pueden ir |
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Venimos rendidos |
No me importa el nombre, |
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Posada te pide, |
Pues si es una reina |
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Mi esposa es María, |
¿Eres tú José? |
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¿Eres tú José? |
¡Dichosa la casa |
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Se abren las puertas, entran los peregrinos y continúa la letanía |
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Entren, Santos Peregrinos, |
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Oh, peregrina agraciada, oh, bellísima María. Yo te ofrezco el alma mía para que tengáis posada. |
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Humildes peregrinos |
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Cantemos con alegría |
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La tradición más apreciada en la navidad es “el nacimiento”, un arreglo
elaborado con figuras de arcilla, cera, madera, metal y tela que representan el
nacimiento del Niño Jesús. Los nacimientos son llamados Crèches en Francia y
escenas de natividad en Inglaterra.
Los belenes o nacimientos son representaciones del nacimiento de Jesús, que se realizan con pequeñas figuras que recrean el lugar y la fecha de este alumbramiento. Hay figuras principales como la de la Virgen María, la de San José y la del Niño Dios y hay otras figuras menos relevantes pero también tradicionales: el buey, la mula, los pastorcillos, etc... enmarcados todos ellos en un paisaje natural, con piedras, arena, nieve, árboles e incluso riachuelos (los más rústicos se simulan con papel de plata).
Esta tradición pervive en la
actualidad en España, Francia, Italia, Alemania, el Tirol austriaco, la
República Checa, en todos los países de Latinoamérica y en Estados Unidos.
Ya hay un antecedente histórico de los belenes en las esculturas y pinturas que
adornaban los templos y que servían para que los fieles analfabetos conocieran
cómo se produjo la llegada del Hijo de Dios.
Pero el verdadero origen de esta tradición navideña tan popular se remonta al siglo XIII, en el año 1223, cuando se realiza en Greccio, una pequeña localidad de Italia, una representación viviente de los acontecimientos que rodearon la fecha de la natividad de Cristo. Fue San Francisco de Asís el impulsor de esta representación escénica, con la que pretendía celebrar una Navidad lo más realista posible.
Para la misma, recreó una cueva muy pobre y parecida a un portal en la que introdujo un pesebre y mandó traer un buey y una mula, además de solicitar la participación de lugareños para recrear las escenas que se sucedieron en el nacimiento del Niño-Dios, desde la infructuosa búsqueda de una posada, el alumbramiento, la anunciación del ángel a los pastores, la adoración y las ofrendas que los Reyes Magos le trajeron desde el Oriente guiados por la estrella de Belén. En esta cueva celebró la homilía de Nochebuena, con notable éxito.
Este nacimiento "viviente" dio paso a la representación con pequeñas figuras, que en ocasiones constituían un nacimiento o "belén" que pasaba de casa en casa hasta el término de la Navidad.
Otra versión dice que el primer nacimiento se hizo con figuras hechas de barro en Nápoles, Italia, a finales del siglo XV. El monarca Carlos III ordenó que los belenes se popularizaran en todo el reino itálico y español. En América, los frailes introdujeron las costumbres navideñas cristianas utilizándolas para la evangelización de los indios nativos.
Lo cierto es que la Iglesia se encargó de que los belenes se montaran en iglesias, hogares o sitios públicos, para acrecentar la fe y la devoción.
La producción artesanal y artística de las figuras que simbolizaban los personajes principales del Nacimiento de Jesús y los secundarios, los animales y algunos enseres, nos ha legado museos y colecciones de gran valor artístico e histórico. La tradición belenística está preservada por los belenistas y por todos los que montan un belén, por discreto o modesto que sea.
El tamaño de las figuras de un belén depende del gusto de quien lo realiza, llegando incluso a ser de tamaño natural, si bien lo más general es que sean pequeñitas para poder montarlo en una sala o habitación del hogar.
Entre los personajes más singulares están el encantado o extasiado ( el primero en llegar al pesebre y sorprenderse de la escena que ve) y el cagón (pastor que está haciendo sus necesidades fisiológicas).
Se hace uso de musgos para recrear los montes, utilizando trapos o cajas de cartón para dotar al belén de una orografía accidentada, papel de plata para simular riachuelos, y hojas y flores para hacer todo ello más natural. En ocasiones se recubre con harinas a modo de nieve.
Las figuras principales se disponen en el portal, con el pesebre y completando todos los demás personajes, a excepción de la imagen del recién nacido que se reserva hasta la noche del 24 al 25 de diciembre.
Los villancicos eran cantados desde hace miles de años en Europa, pero éstos no eran villancicos de Navidad. Eran canciones paganas, cantadas en la celebración del solsticio del invierno mientras la gente bailaba alrededor de círculos de piedra. El solsticio de invierno es el día más corto del año, generalmente alrededor del 22 de diciembre. La palabra villancico en realidad significa baile o canción de la alabanza y alegría.
Los villancicos eran escritos y cantados durante las cuatro estaciones, pero solamente la tradición de cantarlas en Navidad sobrevivió.
Los primeros cristianos asumieron el control de las celebraciones paganas del solsticio y las remplazaron con las celebraciones de navidad, dando a la gente canciones cristianas para cantar en vez de las paganas. En el año 129, un obispo romano ordenaba que una canción llamada "Himno del ángel" se debía cantar en la misa de navidad en Roma. Otro himno famoso de Navidad fue escrito en el año 760 por Comas de Jerusalén para la iglesia ortodoxa griega. Pronto muchos compositores comenzaron a escribir villancicos pero no mucha gente tuvo predilección por ellos, ya que eran escritos y cantados en latín, una lengua que la gente normal no podría entender.
Durante la Edad Media la mayoría de la gente había perdido todo interés en celebrar la navidad. Esto cambió gracias a San Francisco de Asís, cuando en 1223 comenzó a escenificar pequeñas obras de teatro relacionadas con la Natividad en Italia. Los actores cantaban villancicos que narraban la historia de la salvación a lo largo de la obra. . Los estribillos de estos villancicos a veces eran cantados en latín, pero normalmente se cantaban ya en la lengua “vulgar” que la gente que participaba en la obra pudiera entender. Estos villancicos se hicieron muy populares y se esparcieron rápidamente a lo largo de Francia, España, Alemania y otros países europeos. Este tipo de obras fueron escritas en 1410, pero solamente un fragmento muy pequeño de ellas se conservan hoy en día.
Antes de que el cantar villancicos fuera una práctica popular, éstos eran cantados por cantantes oficiales llamados "Esperas". Estos eran grupos cuya figura principal eran los líderes locales importantes (tales como los miembros del Consejo). Fueron llamados Esperas porque cantaban solamente en la víspera de Navidad (que era conocida como “noche de espera”, actual Nochebuena)
Poco a poco nuevos villancicos fueron creados y llegaron a ser populares, al igual que la costumbre de cantarlos en las calles. Hoy en día los villancicos son cantados en todo el mundo y son indudablemente una parte de la navidad.
En nuestra tierra, aunque desgraciadamente se van perdiendo, los villancicos tenían gran aceptación y calado popular. Los villancicos “cultos” eran interpretados en las ceremonias religiosas durante el tiempo litúrgico de Navidad. Pero junto a éstos, el pueblo creó sus propios villancicos, no exentos de “picardía” o “sabor popular”, pero con una gran dosis de afectividad. Así, por ejemplo:
La idealización y “sobrenaturalidad” de los “personajes” juegan un papel importante en los villancicos de corte popular. Veamos siguiente:
Y siempre la ternura, la sensibilidad, expresada con formas populares, familiares, humanas:
Miles de letras han ido formando el acerbo cultural de nuestra tierra a lo largo de los siglos, desde los “cultos”, aunque empapados de sabor popular, de Lope de Vega, Calderón, Tirso, hasta los puramente “populares” con infinidad de variantes:
Estos villancicos cantados a coro, acompañados de todo tipo de instrumentos improvisados de percusión para “hacer música y compás” (cucharas, tenedores, vasos, botellas, almirez, cántara ...), era la forma de expresión festiva por excelencia de toda reunión en época de navidad. Entre villancico y villancico, una anécdota, un “traguito o latigazo” para aclarar y “entonar” las desgañotadas gargantas. Cuando ya se alcanzaba el “cúlmen” del ambiente festivo, hacía su aparición el baile y los villancicos se teñían de aires flamencos.
Desgraciadamente, en estas reuniones familiares y de amigos y vecinos en las fiestas navideñas, los programas televisivos, las cintas de cassettes, los discos compactos, la música del momento y el “artista de turno” han desplazado al villancico interpretado por los propios congregados. Las reuniones han pasado de ser realizadas, interpretadas y puestas en escena por los propios reunidos a ser “una reunión” que escucha o contempla pasivamente lo que el “aparato televisivo o musical” oferte según quien “tenga el mando” del mismo.
No se trata de decir que tiempos pasados fueron mejores ni verlos como la panacea. Pero lo que no cabe la menor duda es que las relaciones humanas que se establecían en las celebraciones festivas de antaño (no hace tanto tiempo) eran más enriquecedoras que las que hoy en día se viven. Es otro de los pagos o tributos que hemos de abonar a un mal entendido “progreso” o “modernidad”.
Romualdo de Gelo 14-12-04