2.- LA HERMANDAD DE LA SANTA VERA+CRUZ.

"Nosotros debemos gloriarnos en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, en quien está la salud y la vida y la resurrección nuestra, por quien hemos sido salvados" (Gál. 6,14).
En este versículo de la Carta a los Gálatas del Apóstol San Pablo está la esencia evangélica del culto y veneración a la Santa Vera+Cruz.
El culto a la Cruz es consustancial al cristianismo. Es la señal del cristiano. En el culto al Lignum Crucis se encuentra el fundamento de las Cofradías Cruceras.
En la antigüedad se presentaba la Verdadera Cruz o Vera+Cruz del Salvador en Jerusalem a la presencia de multitud de peregrinos llegados de todas las partes del orbe. Perdida dicha reliquia en el año 614 por el saqueo realizado por los persas a Jerusalem, fue recuperada por el emperador Heraclio en el año 628. Los cristianos de Jerusalem veneraban en el mismo Calvario la Cruz del Redentor, besando la sagrada reliquia. Muy pronto les imitaron los cristianos occidentales, venerando las reliquias de la Vera+Cruz que habían logrado adquirir, hasta que la Iglesia, adoptando esta costumbre, introdujo su práctica de veneración de la Cruz en la liturgia del Viernes Santo.
En la Baja Edad Media se difundió y desarrolló el culto a la Santa Vera+Cruz, ya hemos reseñado anteriormente las asociaciones de Disciplinantes de la Cruz de Italia.
Pero en España, esta devoción está documentada desde el 15 de marzo de 1208, en que es consagrada una iglesia bajo la advocación de la Santa Vera+Cruz en las afueras de Segovia. Esta iglesia pertenecía a los Templarios, los cuales pudieron traer una reliquia del Lignum Crucis de Tierra Santa, ya que el Papa Honorio III le concede la reliquia y confirma su autenticidad por bula otorgada en 1224.
Es en el siglo XIV cuando esta devoción cobra mucho mayor auge, haciéndose presente su invocación en los mismos documentos oficiales. En las Cortes de Burgos de 1315 se termina jurando: "e juramos a Dios e a la Virgen Sancta María e a la Vera+Cruz e a los Sanctos Evangelios". Igualmente, en las Cortes de Carrión de 1317 la reina, doña María de Molina, jura a la Santa Vera+Cruz.
En 1326, el infante don Juan Manuel lucha y vence a los moros cerca de Antequera, previamente invocó:
"Señor, miembresete de mi e de los christianos que aqui son ayuntados por loor e reverencia de la Sancta Vera+Cruz en que Jhesu Christo tomo muerte e pasion en el Monte Calvario"[1].
Por las citas comprobamos cómo la devoción a la Santa Vera+Cruz estaba profundamente arraigada en el sentir de la época, difundiendo su devoción a las tierras que se iban conquistando.
En Sevilla, desde el 9 de mayo de 1448, aparece constituida como primera Hermandad penitencial la de la Santa Vera+Cruz, que desde 1468 practicaba la disciplina el Jueves Santo y cuyas Reglas fueron aprobadas el 22 de febrero de 1501 por don Fernando de la Torre, Provisor del Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, don Diego Hurtado de Mendoza.
Durante la segunda mitad del siglo XV comienzan a fundarse las cofradías de la Santa Vera+Cruz, en la mayoría de los casos de la mano de los franciscanos. Estas Cofradías procesionaban en la noche del Jueves al Viernes Santo con una simple cruz o crucifijo, llevado por un clérigo, con gran número de hermanos disciplinándose. Eran procesiones serias, austeras, devotas y penitentes, sin lujo ni boato alguno, saliendo de sus capillas, ermitas u hospitales, se dirigían por caminos y veredas hasta el campo, donde generalmente había un humilladero con una Cruz. Los cofrades iban revestidos de una túnica de lienzo blanca, la cual dejaban caer hasta la cintura los disciplinantes. Al regreso a la ermita u hospital los "hermanos de sangre" se lavaban sus heridas con pócimas y ungüentos que previamente se habían preparado en unas calderas, palanganas o "bacías de lavar los hermanos", expresión que aparece en los textos.
Aunque de esta fecha no existe documentación expresa, la Cofradía de la Santa Vera+Cruz de Albaida, hacía estación a la Cruz del Barrero, para la cual la Hermandad, en su toma de cuentas de 20 de mayo de 1726, destina "noventa y un real y veinticinco maravedíes de vellón que gastó en ayudar a componer la Cruz del Barrero", como consta en su Libro de Cuentas del citado año.
El Abad Alonso Sánchez Gordillo exalta esta Cofradía como ninguna otra:
"Después de las Cofradías y devoción al Santísimo Sacramento del Altar (...) entra en este lugar la Venerable Cofradía de la Santa Vera+Cruz, llamada en sus primeros principios de la Sangre por haber sido la primera en que la disciplina pública se hacía (...) y de la que se hizo en esta Ciudad tomaron ejemplo e imitación todos los demás pueblos y ciudades vecinas, de manera que en todos, grandes y pequeños, hay esta devoción"[2].
Y efectivamente esto fue así, pues de una relación de las citadas Hermandades de la Santa Vera+Cruz, en 1514, aparece entre otras la de Albaida "que es sostenida por la piedad de sus cofrades"[3]. Luego, la existencia de la citada Hermandad data, cuando menos, de la primera década del siglo XVI, aunque con toda seguridad fue fundada en la centuria anterior, pues ya en la fecha citada sus cofrades sostenían el culto con sus propias limosnas y poseían Hospital propio.
Estas hermandades de la Santa Vera+Cruz se vieron favorecidas por multitud de gracias e indulgencias que les otorgaron los papas Julio II, en 1508, y León X, en 1515.
Un acontecimiento trascencental para la vitalidad de estas Cofradías penitenciales de la Santa Vera+Cruz es el "Vivae Vocis Oráculo" del papa Paulo III, de fecha 7 de enero de 1536, por el que concede a los cofrades de estas hermandades amplias gracias e indulgencias, similares a las que se ganaban visitando personalmente las iglesias de Roma el día de Viernes Santo. Este reconocimiento papal hacia las Cofradías penitenciales de la Santa Vera+Cruz avivó en las ya fundadas su espíritu y devoción, y provocó la fundación de otras muchas bajo la misma advocación.
La hermandad de la Santa Vera+Cruz de Albaida tuvo en sus orígenes un carácter asistencial, administrando su propio Hospital. No olvidemos que los fines principales de estas Hermandades penitenciales eran dos: el culto y la penitencia pública, y el socorro a los cofrades y demás personas necesitadas.
Si repasamos las consideraciones generales del capítulo anterior, nos explicaremos fácilmente la finalidad y utilidad de la labor asistencial de esta Cofradía durante el siglo XVI: pestes, plagas, epidemias..., eran una constante. La Cofradía era el cauce asociativo primordial a través del cual se dispensaba la asistencia a los cofrades, fundamentalmente, ante la enfermedad y la muerte, como veremos a continuación.
Las gracias e indulgencias papales y las disposiciones conciliares alentaron aún más la práctica de la disciplina pública, orientándose esta Hermandad hacia este carácter estrictamente penitencial propio y característico de las Cofradías de la Santa Vera+Cruz, lucrándose así de las múltiples gracias concedidas.
En 1561 se produce una reforma de Reglas de todas las Hermandades de esta advocación existentes en el Arzobispado de Sevilla a instancias de don Fernando Valdés quien, así mismo, las aprueba. En la relación de Hermandades aparece la de Albaida[4].
Basándonos en el contenido de estas Reglas[5], podemos configurar la organización, cultos, procesiones, obligaciones y fines de la Cofradía que estudiamos.
Tras el Protocolo inical de constitución de la Cofradía, comienzan las Ordenanzas o Reglas que han de guardar los cofrades:
"En el nombre de Dios e de Sancta María e de toda la cohorte celestial. Porque las buenas obras que los hombres hacen nunca mueren, por ende, nos los cofrades de la Cofradía de la Sancta e Vera+Cruz, así los que ahora somos como los que serán de aquí adelante, establecemos la dicha Cofradía e Hermandad a loor de la Sancta Trinidad, que es Padre e Hijo e Espíritu Sancto, que son tres personas e un Dios verdadero, e a honra e alabamiento de la Virgen Sancta María, Nuestra Señora, e de la Sancta e Vera+Cruz ..."
"Ordenamos e establecemos, primeramente, que no rescibamos en esta nuestra Cofradía hombre o mujer sino el que fuere vecino o morador de este lugar, e si después fuere a morar a otro lugar que le hagamos oficio a la vigilia, e a la misa e al enterramiento, con el cirio e con las candelas, e el cofrade que no fuere que peche por ello.
Y otro si, ordenamos que sea hecho un libro en que estén escriptos los nombres de los cofrades e de las cofradas, e de los que finaren aparte.
Y otro si, que no rescibamos hombre o mujer de mala fama, ni descomulgado alguno pudiéndolo saber. Y que den por la entrada cuatro maravedíes e una libra de cera, e si fuere viudo o viuda que pague la mitad de lo que dicho es. Y si alguno de nuestros cofrades hubiere saña o querella de aquel que en esta nuestra Cofradía quisiere entrar, que antes que sea rescibido que le hagan buena enmienda; y después de la enmienda que sea rescibido e escripto en el libro por cofrade.
Y otro si, establescemos que hagamos cabildo cada vez que el muñidor nos muñiere por mandado de nuestro prioste. Y que este cabildo se haga en la Iglesia del Hospital, e el cofrade que a estos cabildos fuere muñido e no viniere que peche, e si la culpa fuere del muñidor, que no lo miña, que el muñidor peche la caloña que el cofrade había de pechar".
Hagamos observar algunos aspectos del contenido de las Reglas: la Cofradía está establecida en un Hospital, por tanto, independiente de la parroquia; los cofrades para ser recibidos deben estar en buena armonía con los demás y abonar una cuota de entrada; tienen obligación de asistir, bajo pena, a los cabildos, siendo el muñidor por mandato del prioste quien avise a los hermanos de las actividades de la Cofradía; los cofrades han de ser vecinos o habitantes del lugar.
En el capítulo de cultos y procesiones, se especifica:
"E que hagamos la procesión de disciplina el Jueves Sancto en la noche con asistencia de la Hermandad como es uso e costumbre. E los oficiales de la nuestra Cofradía nombren los cofrades que han de portar las insignias, e que el prioste aderece el Hospital con la mayor decencia, e los alcaldes conviden a los clérigos para el Sermón. E otrosi, que los cofrades tomen la disciplina o iluminen con sus hachas.
E así mesmo establecemos e ordenamos que tengamos una fiesta el día de la Cruz de Mayo, y todo cofrade que fuere en la Villa que venga el día de su víspera, e que vayamos todos a la víspera e que tengamos candelas e que arda el cirio e las candelas desde que comenzaran las vísperas hasta que sean dichas. Y todo cofrade que no fuere siendo sano e muñido que peche media libra de cera. E al otro día a la misa, que arda el cirio e que tengamos nuestras candelas e ofrezca cada uno lo que quisiere. E asista la Hermandad a la procesión general de dicho día de la Cruz. E el cofrade que no fuere que peche la misma pena. E que nos digan los clérigos una vigilia por los cofrades finados, e que arda nuestro cirio e que tengamos candelas desde que comenzare la vigilia hasta que sea dicha. Y el que a esta vigilia no fuere que peche media libra de cera. E al otro día que nos digan los clérigos una misa de réquiem por las ánimas de nuestros cofrades defuntos, que los perdone Dios e a nos traiga a buen fin. E dicha la misa, andemos en procesión al cementerio con los clérigos, e con el cirio e con las candelas, por ánimas de nuestros cofrades e por nuestros defuntos, bien e ordenadamente; y andada la procesión, que volvamos a la nuestra iglesia".
Como apreciamos no son muy explícitas las Reglas, pero nos configuran ya las ceremonias y procesiones que constituyen la esencia de la Hermandad y sus funciones y obligaciones religiosas.
A continuación, las Reglas establecen la organización de la Hermandad:
"Otrosi, establecemos e ordenamos que hayamos dos alcaldes en la dicha Cofradía que libren los pleitos e las contiendas que acaescieren entre los cofrades en razón de las caloñas e penas, e de los propios e de las deudas que debieren a dicha Cofradía, y otorgamos ser de ser obedientes a los sus mandamientos en razón de lo que dicho es, y de lo haber por firme e no venir contra ello en ningún tiempo e por ninguna manera.
Y otro si, establecemos que hayamos cada año un prioste que tenga e recaude el propio e demás deudas de la dicha Cofradía, e que tenga el cirio e las candelas de la Cofradía. E que cualquier cofrade que fuere elegido de los cofrades en cabildo que lo sea hasta un año cumplido. Y esto que sea no habiendo embargo derecho de gran vejez o de gran enfermedad o pobreza. E que desde el prioste hubiere un año cumplido, que dé luego cuenta al otro prioste que fuere puesto en lugar de él de todo lo que hubiere rescibido e recaudado para la dicha Cofradía. Y que estén a la dicha cuenta los alcaldes e dos hombres buenos de entre los cofrades, y que dé e entregue todo lo que le fuere alcanzado por la dicha cuenta".
En estas Reglas se dispone la organización de la Cofradía, ordenándose la elección anual de los cargos de los alcaldes y prioste, así como la obligación de rendir cuentas de los bienes de la Hermandad, constituyendo de esta forma los Libros de Cuentas que tanta información nos aportarán de la vida y actividades de la misma.
Las Reglas continúan con unas disposiciones sobre la asistencia a los hermanos enfermos y difuntos y las obligaciones que el resto de los cofrades tienen para con ellos, estableciéndose en los mismos términos que hemos expuesto en el capítulo anterior.
Como hemos reiterado varias veces, la estación penitencial tenía un marcado carácter de austeridad, reflejado incluso en las propias Reglas.
Por los estudios realizados por diversos autores y tratadistas, estaría formada por algunas insignias, un Santo Cristo o Crucifijo portado por clérigos, y los hermanos de luz y sangre. Desde que la Hermandad de la Santa Vera+Cruz de Sevilla incorporara la Imagen de Nuestra Señora en 1536, a imitación de la de Toledo que lo hacía anteriormente, se generaliza esta costumbre en el resto de las Hermandades de esta advocación. Iba en unas sencillísimas andas "sin palio ni cubierta alguna ... ni vestidos de brocado de color, ni corona imperial, ni bajo palio suntuoso, ni debajo de dosel de estado"[6], éstos serían añadidos a partir del siglo XVII.
Continuando cronológicamente, de 1586 se conserva en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla una relación de las Hermandades de la Santa Vera+Cruz de la diócesis hispalense realizada por el provisor D. Íñigo Lizañana confirmando su ubicación, y es aquí cuando tenemos noticias de que la Hermandad de Albaida está incluida dentro del grupo que se hallan en "Hospitales propios o compartidos con la advocación de la Cruz o de San Sebastián". Estas Hermandades son las de Dos Hermanas, Las Cabezas de San Juan, Huévar, Albaida, Benacazón, Salteras, Villaverde del Río, Puebla del Río, Almonte, Higuera de la Sierra y Arcos de la Frontera. Otras Hermanades de esta advocación como las de Paterna, San Juan del Puerto, Villarrasa, Chipiona, El Pedroso y La Palma del Condado, se hallan en Hospitales denominados de la Misericordia o de la Concepción.
Con esto refrendamos lo expuesto al respecto en el capítulo anterior, ya que por estas fechas la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, como acabamos de ver por las Reglas expuestas, tenía carácter estrictamente penitencial, y su primitivo carácter asistencial fue ocupado por la recién fundada Cofradía de San Sebastián, de ahí que el Hospital se denomine con la advocación del Santo.
Con anterioridad a estas fechas, doña María Melgarejo había dejado instituida en la Hermandad la Memoria de la Misa del Gallo la noche de Navidad, como recogen los Libros de Memorias y Capellanías de nuestro Archivo Parroquial, y hemos documentado en el capítulo precedente.
Aunque escasas son las noticias que de esta época han llegado hasta nosotros, no por ello dejan de tener una trascendental y relevante importancia, pues nos dan testimonio de la existencia de la Hermandad, nos fundamenta el porqué de la misma, de sus cultos y procesiones, así como de su organización.
Desgraciadamente, debido a la pérdida de documentación del Archivo Parroquial por las diversas circunstancias que exponemos en el capítulo dedicado al mismo, el siglo XVII es igualmente parco en noticias referentes a nuestras Hermandades y Cofradías.
Del ya varias veces mencionado Memorial de fiestas de 1637, constatamos la pervivencia de esta Hermandad, situando su sede canónica en el Hospital del Glorioso Mártir Señor San Sebastián, como ya se atestiguaba en 1586.
Nada más se dice al respecto en este Memorial, salvo la noticia de la celebración de "una misa cantada a Señora Santa Lucía en su día"; celebración que ya vendría de antiguo. Así nos explicamos la popularidad que en la actualidad sigue gozando dicha celebración, a la cual se unen gente de todos los pueblos de la comarca, ya que hunde sus raíces en la más genuina tradición secular.
Habremos de acudir a los Libros de Memorias de Misas para, a través de ellos, tener al menos constancia de las actividades religiosas de la Hermandad que nos ocupa.
Y efectivamente, desde el primer Libro de Memorias que se conserva[7], aunque debieron existir otros anteriores que se han perdido, se refleja desde 1643 los cultos que tenía obligación de celebrar la Hermandad. Textualmente dice así:
"Memorias y misas cantadas de la Cofradía de la Vera+Cruz desde que empecé a ser colector yo, el doctor Juan Damas, que fue desde el 6 de enero de 1643.
Tiene obligación esta Cofradía cada año a decir seis misas de memorias cantadas por las personas que les dejaron sus haciendas. Ytem por doña María Melgarejo, noche de Navidad, una Misa cantada del Gallo. Ytem más tiene obligación de hacer la fiesta de la Cruz en 3 de mayo".
Estos cultos se mantendrán inalterables durante los siglos XVII y XVIII, hasta la reducción de los mismos decretada por el Abad Bernardo Antonio Poblaciones Dávalos en 1808, como veremos posteriormente.
La explicación de porqué no figura la procesión de penitencia ni la de la Cruz de Mayo es debido a que en este Libro sólo se reseña las obligaciones de misas, no otros actos de cultos, pero se debían celebrar con toda seguridad como ordenan las Reglas citadas anteriormente.
Las misas de memorias que habían instituido cofrades o personas devotas a cambio de sus haciendas, excepción hecha de la Misa del Gallo, no tienen fecha fija de celebración, dejándose al arbitrio del cura párroco, aunque se dicen inexorablemente cada año hasta la fecha citada de la reducción de cultos.
La Fiesta de la Cruz, como ya hemos visto establecida en sus Reglas, se celebraba el 3 de mayo, Festividad de la Invención de la Santa Cruz.
Esta fiesta tenía carácter eminentemente religioso, aunque con el tiempo se iría cargando de un carácter más festivo. Consistía: el día 2 por la tarde se celebraba solemne Vísperas cantadas según la liturgia canónica de la época. Estas Vísperas las celebraba el sacerdote acompañado del sochantre y del diácono y subdiácono revestidos de dalmáticas. El día 3, fiesta principal de la Hermandad, se cantaba la solemne Misa de la Santa Cruz y posteriormente se realizaba la procesión general por el lugar (pueblo), figurando en ella la Santa Cruz en sus andas y Nuestra Señora de la Piedad que procesionaba bajo palio ostentando a su Divino Infante entre sus manos, en el centro de su regazo. Cronológicamente iremos aportando datos al respecto.
Esa misma tarde del 3 de mayo, se celebraba la Vigilia, que tenía un carácter austero, pues en ella se hacía memorial de los cofrades difuntos. Los actos concluían con la Misa de aniversario o de réquiem del día 4 y posterior procesión de responsos al cementerio. Este es el origen de la Misa que por los hermanos difuntos celebran nuestras Hermandades actualmente en el mes de noviembre de cada año.
Ni que decir tiene que a todos estos cultos estaban obligados por Reglas a asistir los hermanos, imponiéndoseles la pena correspondiente a quien faltase sin causa grave o justificada.
Del arraigo de la devoción mariana de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, que siempre contempló a María junto a la Cruz del Señor, es muestra inequívoca que el 2 de junio de 1653 se obligase bajo voto a la defensa del dogma de la Pura, Limpia e Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, para lo cual trasladó su Imagen al templo parroquial, donde "díjose la Misa de la Concepción Purísima de Nuestra Señora y después de vísperas se volvió su Imagen al Hospital"[8].
Así se documentan los cultos hasta el año 1656 al que alcanza el citado Libro parroquial.
El Libro que le debía seguir hasta 1685 no ha llegado hasta nosotros, por lo que no tenemos ninguna clase de noticias de este período de tiempo, mas con toda seguridad continuarían los cultos en los términos expresados.
Gracias a la suspicacia del entonces cura párroco don Sebastián José de Gálvez, a quien pertenece la nota que nos dejó escrita en unos folios, pues el Libro donde debía anotarla se hallaba en poder del Notario mayor de Olivares, tenemos constancia que "el 19 de abril de 1685, que fue Jueves Santo, por la noche hice la procesión de la Santa Vera+Cruz" y "el 2 de mayo dije la víspera de la Santa Cruz y el día siguiente la Misa con procesión y a la tarde vigilia por los hermanos de la Vera+Cruz y la misa cantada de réquiem el día siguiente".
Como podemos observar por esta
valiosa anotación, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz continuaba realizando su
estación de penitencia el Jueves Santo por la noche, excepción o privilegio que
las Hermandades de esta advocación conservaban desde sus orígenes y que el
Sínodo de 1604 lo
ratificó.
Respecto a las Sagradas Imágenes, en el Inventario de 1690, repetidas veces citado, se dice:
"Ytem reconocióse una Imagen de un Crucifijo de bulto grande que es de la Hermandad de la Vera+Cruz y tiene un velo de gasa blanca. Yten reconocióse la Imagen de Nuestra Señora de vestir con su Niño en los brazos, con un vestido y sus mangas de tela rosada antiguo y puntas de oro".
Llegado este punto, y antes de continuar con su estudio cronológico, queremos puntualizar lo siguiente: Siendo conscientes de la arraigada devoción y profunda veneración que el pueblo de Albaida siente hacia las Sagradas Imágenes titulares de nuestras Hermandades, mirándolas más con los ojos de la fe que con los humanos materiales, y teniendo iniciadas las investigaciones que nos aporten datos certeros y concluyentes sobre su documentación, hechura y autoría, pues los que disponemos en la actualidad nos encaminan por diversas vías de investigación, a veces incongruentes e inconexos, optamos por eludir referencias o hipótesis sobre las mismas hasta no tener la certeza documental que corrobore plenamente cualquiera de dichas vías, permaneciendo, por tanto, abierta nuestra investigación sobre tan veneradas Imágenes.
Debido a ello, en este capítulo nos limitaremos a reflejar los datos que sobre ellas disponemos y hagan alusión, evitando cualquier tipo de conjeturas que, por no estar definitivamente amparadas documentalmente, puedan ser causa de desafortunadas interpretaciones que provoquen heridas en la sensibilidad devocional que hacia estas Imágenes sentimos, respectivamente, los hijos de Albaida.
Creemos más importante dejar constancia de la seria y honda piedad religiosa que el pueblo siente hacia las mismas, que levantar polémicas aventuradas e infructuosas, respetando así tanto a las Sagradas Imágenes como a quienes les profesamos veneración en lo más recóndito de nuestros corazones.
Todo lo dicho no obsta, si Dios quiere, que si algún día estas investigaciones en cauce nos llevasen a una certeza documental sobre este tema, puedan o deban ser publicadas para tener de esta forma un mejor conocimiento sobre tan benditas Imágenes, alma y centro de la devoción de nuestras Hermandades.
Establecido todo lo anterior y contando con el beneplácito de los lectores, proseguimos nuestro estudio adentrándonos en el siglo XVIII.
Para documentar este período contamos fundamentalmente con el Libro de Cuentas y Cabildos de la propia Hermandad, fechado entre 1710 y 1764. Además, acudiremos a los Libros de Memorias y Capellanías de 1685-1713, que se encuentra en nuestro Archivo Parroquial, y al fechado entre 1714-1756 que se halla en la Parroquia de Olivares.
Desde 1685 hasta 1707 realizó la Hermandad los cultos y procesiones que señalan sus Reglas. Fueron los años comprendidos entre 1708-10 cuando, según el Libro de Memorias correspondiente, no se realizaron procesiones "por falta de estipendios", aunque sí se celebraron los cultos y misas acostumbrados, incluida la solemne cantada del 3 de mayo.
El siglo XVIII, como iremos viendo y ya avanzamos en las consideraciones generales de este capítulo, fue difícil. Albaida sufre un declive irrefrenable en su población y en su economía, e indudablemente, esto repercute en sus Hermandades, a pesar de lo cual, éstas mantienen vivos sus fervores.
A través del Libro de Cuentas de la Hermandad conocemos las fuentes de financiación de la misma. Fundamentalmente, ésta se abastecía de las cuotas de ingreso de los hermanos; del repartimiento anual de los mismos; de las pujas que se realizan por llevar las andas o pasos en las procesiones, portándolas quienes más ofreciesen; de las penas que debían abonar los hermanos por su falta de asistencia a los cultos y ceremonias fúnebres de los cofrades difuntos; de la administración o rentas que le producían diferentes casas, huertas, tierras y haciendas que les habían ido legando los hermanos en sus testamentos; además de la limosna que se obtenía de pedir los domingos, Jueves y Viernes Santos.
En la Cuenta que se le tomó a Juan Moreno Constantina, mayordomo de la Santa Vera+Cruz del año 1710, se dice:
"Mas se le hace cargo de 12 reales de vellón que importó la limosna de los domingos, Jueves Santo y Viernes Santo".
Respecto a gastos que habitualmente aparecen en las cuentas figuran: el del ingreso a la Fábrica de la Iglesia; el del cura y sochantre; el del aceite de la lámpara del altar de la Capilla del Hospital; del predicador de los cultos y Sermón del Jueves Santo; de las obras que se realizan en el Hospital o en la Capilla del mismo; de las menudencias necesarias para ataviar o preparar los pasos o enseres de las Imágenes; los pagos "por el derecho de visita" al señor Abad de Olivares; la cera para el culto y procesiones, amén de gastos extraordinarios que se realizan.
Gracias a estas tomas de cuentas, obtenemos importantes noticias sobre la vida de la Hermandad. Así, de la tomada el año 1711 a Mateo de la Parra, mayordomo, sabemos que:
"Se le hace cargo de 168 Rv. que importó el repartimiento que se le ha hecho a los hermanos y hermanas de dicha Cofradía, que son 24".
En las cuentas de los años 1712 y 1713 se especifica que son 19 hermanos y 4 hermanas, que pagan cada uno 8 reales y medio, lo que da el total de 184 Rv. En el año 1719 son 32 hermanos, más "9 Rv que pagan 3 hermanos por excusados por no vivir en el lugar".
En este mismo año "se le recibe en data 10 reales y medio que lo importó una toca que se hizo para Nuestra Señora" y "15 reales de vellón por el aderezo de la toalla de Nuestra Señora".
En el año 1721 son 32 hermanos, 3 excusados y 4 hermanas los que forman la Hermandad.
Fue en este mismo año restaurada la Imagen de la Virgen, colocándosele ojos de cristal y encarnándola nuevamente con el tono anacarado característico de la época, que conserva en la actualidad, dando "en data 329 reales de vellón que llevó el artífice por la composición de la Imagen de Nuestra Señora".
Respecto a los hermanos excusados, es hermoso constatar cómo aun no viviendo en el lugar, por las circunstancias que fuesen, no dejaban de cumplir con sus obligaciones cofradieras, muestra más que palpable de la entrañable vinculación que se sentía con la Hermandad, la cual, en correspondencia, como ordenaban sus Reglas, le organizaría con la máxima atención sus honras fúnebres en caso de defunción, como consta en las cuentas:
"Mas se le recibe en data 2 reales de vellón que dio de limosna para una misa por el alma de un hermano de dicha Cofradía".
Esta hermosa y cristiana costumbre de ofrecer sufragios por los hermanos difuntos se mantiene en la actualidad en nuestras Hermandades penitenciales.
Aunque en todas las cuentas se citan las misas de los hermanos que fallecieron durante el año, nos llama poderosamente la atención por su elevado número las que aparecen en la cuenta de 15 de mayo de 1737, donde se le desquitan al mayordomo "30 reales de vellón que pagó de 15 misas rezadas que mandó decir por 15 hermanos difuntos". Una elevada cifra para la ya muy mermada población de Albaida y escaso número de cofrades.
En 1738 "no hubo procesiones por la calamidad de los tiempos y pobreza de la Cofradía", como se documenta en el segundo Libro de Memorias y Capellanías citado anteriormente.
Por lo que respecta a las procesiones, Estación de penitencia y Festividad de la Cruz, son abundantes las noticias que tenemos a través de las cuentas y cabildos. Así, en las de 1712 y 1713 se dice:
"Mas se le recibió en data 11 reales de vellón que gastó en alfileres y clavos, cordel y guita para el aderezo de las andas para las procesiones".
En la cuenta de 1715 aparecen constatadas las pujas para portar las andas de la siguiente forma:
"Se le hace cargo de 40 reales de vellón que dieron de limosna para llevar la Imagen del Santísimo Cristo. Mas se le hace cargo de 22 reales y medio que dieron de limosna por llevar la Imagen de Nuestra Señora. Mas se le hace cargo de 60 reales de vellón que dieron de limosna por llevar a la Santa Cruz el día de su Fiesta".
En el año 1719 aparece: "Mas se le hace cargo de 7 reales y medio que dieron de limosna por llevar la Imagen de Nuestra Señora el día de la Cruz".
Debió ser este año difícil en el plano económico pues no se realizó estación de penitencia, ni salió la Santa Cruz, sólo, como hemos reflejado, Nuestra Señora de la Piedad, la cual estrenó una toca "que dio en data 10 reales y medio" y "15 reales de vellón por el aderezo de la toalla de Nuestra Señora".
De la cuenta de 12 de mayo de 1723, "se le recibe en data 45 reales de vellón que costó el componer unas andas para la Cruz", mas, como se refiere, no llegó a procesionar dicho año ni el siguiente por "estar la Cofradía alcanzada", es decir, sin fondos, como se dice en el Libro de Memorias de dicho año.
En el cabildo celebrado el 4 de abril de 1725 se acuerda:
"... se venda una arboleda y se proceda en los 100 reales que ha dicho Francisco de Aguilar, y se inviertan en dorar las andas que están empezadas a dorar y por falta de medios no se pueden acabar de perfeccionar, que son las que sirven para poner la Santísima Cruz y hacer la procesión del día de la Cruz. Y así lo acordaron y firmaron los que supieron".
Este acuerdo es ratificado en Auto de visita de 15 de abril de dicho año.
En la cuenta de 15 de mayo de 1725 se dice: "Mas se le recibe en data 195 reales de vellón que pagó al pintor para acabar de dorar las andas".
Curiosamente, en el Libro de Memorias se expresa:
"Este año de 1725, 30 de marzo, Viernes Santo por la mañana, hice la procesión de penitencia con asistencia de los hermanos, y el no haberse hecho la noche antes, como es costumbre, fue por haber hecho la noche tempestuosa de mucha agua. Y la Fiesta general del día 3 de mayo no se hizo este año por estar por acabar de dorar las andas de la Santa Cruz".
En esta misma cuenta de 1725 se nos habla de la realización de un nuevo vestido para la Virgen, para lo cual, además del dinero, se aporta lo que rentó la venta de la plata quemada del vestido antiguo que tenía: "Mas se le recibe en data a dicho mayordomo 100 reales de vellón que dio para ayuda de acabar el vestido de Nuestra Señora , que lo demás que se gastó fue de la plata que se quemó del vestido viejo".
Al año siguiente, 1726, no se realizó la estación de penitencia, pero sí la Festividad de la Santa Cruz, para la cual se había terminado de dorar el paso y la peana de la misma, como consta en la cuenta tomada el 20 de mayo de 1726, donde se expresa literalmente:
"Mas se le recibe en data a dicho mayordomo 20 reales de vellón que llevó Blas de Herrera por componer la peana de la Santa Cruz. Y 34 reales de vellón que llevó el pintor por dorar dicha peana de la Cruz".
La Santa Cruz, de madera tallada y dorada, es la insignia más antigua que posee la Hermandad, cuya hechura data de principios del siglo XVI.
Esta Festividad debió tener gran lucimiento y regocijo para la Hermandad, ya que en esta misma cuenta se dice que: "Se le hace cargo a dicho mayordomo de 124 reales y 3 cuartillos que dieron de limosna por llevar la Santa Cruz", cantidad exorbitada para lo que era corriente pujar en la época. Fue por tanto en este año de 1726 cuando se procesionó por primera vez con las nuevas andas doradas de la Santa Cruz, figurando ésta bajo el hermoso templete recién tallado y dorado, conservándose hasta, al menos, 1858, pues en el Inventario de dicho año se dice: "Un paso viejo y otro nuevo para la Santa Cruz".
Del siglo XVIII se conservan seis Inventarios fechados entre 1720 y 1730, cuyos contenidos vienen a ser similares. El Inventario de bienes que se hizo a Antón González Corto, mayordomo de la Hermandad que nos ocupa, en el año 1722 dice textualmente:
"En la Villa de Albaida en 20 días del mes de junio de 1722, sus mercedes Juan Moreno Prieto y Manuel José de la Fuente, alcaldes de la Cofradía de la Santa Vera+Cruz, sita en dicha Villa, hicieron parecer ante sí a Antón González Corto, prioste que fue el año pasado de 1721, para que entregase los bienes de dicha Cofradía. Y estando presente Juan García, prioste presente, se entregó estos dichos bienes ante mí, el presente escribano, en la forma y manera siguiente:
Primeramente entregó un estandarte de damasco con su cruz de plata, más una cama de tafetán. Más una saya, un manto y un monillo y una toca de Nuestra Señora. Cuatro almohadillas de las andas. Una basía (sic) de lavar los hermanos. Una trompeta, dos varas de la demanda, la campanilla de muñir, y la llave del arca de la cera. Una mesa donde se pone Nuestra Señora que se compró para que sirva a todas las Cofradías que están en la Iglesia. Un palio verde con cuatro borlas de seda y cuatro campanillas de plata. Cuatro lazos, un vestido de tela blanco y otros colores de Nuestra Señora. Más dos candeleros. Más un estandarte negro de entre ambas Cofradías. Un sudario de bretaña. Una toalla de Nuestra Señora de estopilla. Una corona de Nuestra Señora de plata. Unos faldones negros que son de las Cofradías de la Vera+Cruz y la Soledad. Más unos cordones".
Hacemos observar que el paso fue comprado por todas las Hermandades de la Villa, para que sirviese en sus procesiones a la Imagen de Nuestra Señora en sus advocaciones de: Socorro, Rosario, Soledad y Piedad. El estandarte negro y los faldones del mismo color pertenecían a las dos Hermandades de penitencia: Santa Vera+Cruz y Soledad. Destaquemos, pues, el clima de cooperación existente entre ambas.
Para no repetir los mismos enseres enumerados en el citado Inventario, sólo vamos a añadir las nuevas prendas que aparecen en el siguiente de fecha 10 de mayo de 1726, que extractando se configura así:
"Un vestido de damasco de manopla encarnado y blanco con quince lazos, de los cuales cinco son de dos hojas encarnadas. Unas arandelas de encajes de Nuestra Señora. Más se le entregó un vestido negro de Nuestra Señora. Ytem una toca de Nuestra Señora de gasa y una camisa. Ytem una cama de tafetán encarnado. Cuatro varas de cintas negras que sirven en el vestido de la Imagen. Una toalla de estopilla de cinco varas y un sudario de lo propio. Una funda de contesia que sirve para la Cruz. Ytem unas pulseras de corales finos para Nuestra Señora. Ytem una toca de encajes de trensillas de seis dedos de ancho. Ytem un bobillo de lo mismo. Unas arandelas de lo mismo. Unas gebillas (zapatitos) del Niño de plata y su valor son dos de plata".
Por último, del Inventario con fecha de 15 de mayo de 1730, añadimos:
"Un palio negro de damasco que es de ambas Cofradías. Prendas del Niño. Una corona de plata imperial. Una media luna de plata de filigrana con cuatro piedras, tres encarnadas y una verde, y una joya de plata sobredorada de petillo. Ytem una funda de contesia que sirve de tapar las andas de la Santa Cruz".
Además se citan diversos ornamentos y objetos de culto que sirven para la celebración de la Santa Misa.
Como podemos apreciar por los Inventarios, la Imagen de Nuestra Señora de la Piedad, figuraba ya bajo palio en las procesiones: negro en Semana Santa y verde para la Festividad.
Esta costumbre del palio debía proceder de mediados del siglo XVII. Destaquemos que fue primero costumbre su uso en Imágenes y pasos de gloria, posteriormente se generalizó en los de Semana Santa. El paso constaba de cuatro varas o varales, lo que denota su reducido tamaño, portándose exclusivamente la Imagen de la Virgen, sin adornos de flores ni velas, moda que se introducirá a finales del siglo, siendo portado por cuatro hermanos que previamente lo pujaban.
Observemos igualmente el reducido o escaso número de insignias, limitándose éstas al estandarte, varas de los alcaldes, una trompeta, cuya misión era ir anunciando el paso del cortejo procesional, y la campanilla que tañía el muñidor.
Sólo se nombran dos andas, la de la Santa Cruz, propia de la Hermandad, y la de Nuestra Señora, que servía a todas las Hermandades. No se citan andas para el Santo Cristo, pues éste aún procesionaba llevado en hombros de tres hermanos.
Será en el año 1753 cuando, a través del cabildo celebrado el 15 de abril, tengamos noticias por primera vez "que lleven el paso del Santísimo Cristo: Francisco Cabezón, Antonio Cabezón y Diego y Antón Cotán". Es por tanto a partir de esta fecha cuando el Señor comenzaría a ser procesionado en andas, perdiéndose así la antiquísima costumbre de ser portado a hombros.
La organización de la procesión de penitencia corría a cargo del prioste que, en muchos casos, tenía que proveer lo más indispensable de su propia economía, aunque algunas veces la Cofradía se comprometiera a restituirle cuando fuera posible. Otras veces, de ninguna de las maneras posibles, se reunía lo necesario para poder realizarla, como ocurrió en los años 1745, 1747, 1749, 1751 y 1754 "por no tener caudal la Cofradía".
Para poderse efectuar la salida procesional era requisito indispensable reunir en los días previos "a los oficiales y hermanos más antiguos de la Santa Vera+Cruz para tratar y conferir las cosas tocantes y que más convengan a dicha Cofradía y procesión del Jueves Santo en la noche".
En este cabildo se le ordenaba al prioste que "aderece la Capilla del Hospital con la mayor decencia posible" y se nombraban los hermanos que previamente habían pujado el portar las Sagradas Imágenes.
Igualmente, se le confería autorización para que "convide al señor cura a la procesión y al sochantre de dicha Iglesia para que asistan y también convide al padre predicador para que nos predique y exhorte a la devoción con que hemos de ir a dicha procesión".
Al anochecer del Jueves Santo los hermanos se reunían en la Capilla del Hospital, y tras saldar los contratiempos que pudiesen existir entre ellos y confesados y comulgados según ordenan las Reglas, se realizaba una pequeña procesión encaminada hacia la Iglesia Parroquial para visitar al Señor en el Monumento Eucarístico. Vuelta a la Capilla daba comienzo el ejercicio piadoso del Sermón de Pasión. Este Sermón era pronunciado por el predicador cuaresmal nombrado al efecto.
En su origen, el Sermón de Pasión, debía ser una dura arenga ascética que moviese a los cofrades a un sincero arrepentimiento y devoción al contemplar los sufrimientos padecidos por el Redentor. Mas con el tiempo debió ir adquiriendo unos tintes más populares y festivos, siendo el origen del denominado Pregón o Sentencia de Pilatos y Voz del Ángel, pieza cantada o pregonada que se insertaba en alguna parte del Sermón.
Quien escribe estas líneas hace grandes esfuerzos para no embargar en ellas sus propios e íntimos sentimientos, mas no quiere en esta ocasión dejar de hacer memoria de un piadoso cofrade de esta Hermandad, don Romualdo Fraile Muñoz (d.e.p.), gracias al cual ha llegado el texto de la Sentencia de Pilatos transmitido de generación en generación. Dice así:
"Manda el Presidente Poncio Pilatos, regente de Jerusalem por el Imperio Romano que, Jesús, llamado por la plebe de Nazaret, galileo de nación, sea condenado a muerte por hombre sedicioso, contrario a la ley del Senado y del gran Emperador Tiberio César. Porque juntando y congregando cada día en la ciudad muchas gentes pobres y ricas, no cesa de remover tumultos en Judea, queriendo hacerse Hijo de Dios y Rey de Israel, y amenazando cada día con la destrucción de esta insignia, ciudad y templo, negándole el tributo al César.
Por tanto, se ordena que su muerte sea fijándolo con clavos en una Cruz a usanza de reo, porque tuvo atrevimiento de entrar con ramos y triunfos, con gran parte de la plebe, en Jerusalem y en su Santo Templo.
Manda el Centurión Quinto Cornelio que, con sus propias vestiduras lo lleven a la vergüenza por todas las calles de la ciudad, para que sirva de escarmiento a los malhechores y quede su cuerpo colgado entre dos ladrones, para que así pague con su muerte su delito y satisfaga las ofensas cometidas contra nuestros Sacerdotes y Senado. Quien tal hizo, que tal pague".
Bellísima composición de la más genuina teología popular con la que se adoctrinaba al pueblo sobre la vida, pasión y muerte del Redentor.
Tras el canto y Pregón de la Sentencia se producía el de la Voz del Angel, el cual debía ser un bello canto de alabanza a Nuestro Dios y Señor. Desgraciadamente este texto no ha llegado hasta nosotros.
Esta práctica del Sermón y la Sentencia perduró hasta los años cincuenta del siglo XX, tradición igualmente perdida.
Concluido el Sermón de Pasión, principiaba la procesión de penitencia, la cual iba antecedida del muñidor y un hermano vestido de túnica haciendo sonar la trompeta anunciando el paso del cortejo. Seguían cuatro hermanos portando luces en sus hachas, situándose en medio la manguilla parroquial y los disciplinantes, hasta que fueron suprimidos en 1777. Le seguían dos diputados de gobierno con bastones en las manos y, a una cierta distancia, el estandarte llevado por otro hermano con túnica, tras el cual daba comienzo el cuerpo de hermandad, en el centro del cual se colocaba la Imagen del Santo Cristo acompañada por ocho hermanos de túnica y hachas que lo iluminaban. Acto seguido figuraba el simpecado portado por otro hermano de túnica acompañado de otros dos portando hachas en sus manos. Un reducido grupo de hermanos y el convite antecedían el paso de Nuestra Señora rodeada de ocho hermanos de luz y tras el cual figuraba el preste acompañado de diáconos y el sochantre interpretando el Miserere y el Stabat Mater.
Como podemos apreciar, no todos los hermanos vestían la túnica nazarena, reservada ésta a los disciplinantes y a los hermanos que ejercían alguna función en la procesión. El llamado "cuerpo de hermandad" eran los miembros de ésta vestidos con trajes de calle al uso.
Las llamadas hachas eran unas velas compuestas generalmente de grasa animal, con cuatro pabilos; en algunas ocasiones se solían hacer con mecha de esparto embadurnada en alquitrán. Se utilizaban por ser más baratas que la cera y más resistentes a los envites del aire, evitando que se apague.
El acompañamiento de personas ajenas a la Hermandad se catalogaba como "convite".
Por estas fechas la Cofradía salía sobre las tres de la madrugada y, tras hacer estación a la Cruz del Barrero, regresaba con las claras del día. Tras las disposiciones que el rey Carlos III promulgó en 1777, prohibiendo las Cofradías durante la noche, el acto del Sermón de Pasión se prolongaba durante toda la madrugada del Viernes Santo y la Cofradía iniciaba su estación al romper el alba.
Descrita la estación penitencial al estilo de la mitad del siglo XVIII, proseguimos refiriendo algunas noticias de interés.
Desde la cuenta de 15 de mayo de
1722 tenemos constancia del recibimiento
"en data de 7 reales y medio de
vellón que llevaron por componer el pelo del Santo Cristo".
En 1728 "se le recibe
en data 30 reales de vellón que se gastó en componer el velo".
En 1741 "se le recibe
en data 16 reales de vellón que gastó en el sudario que se compró",
aunque ya teníamos noticia de su uso anterior a esta fecha a través de los
Inventarios. El Santísimo Cristo de la Vera+Cruz tenía, y tiene, tallado
sutilmente su cabellera, e igualmente un delicado paño de pureza o sudario. A
pesar de ello fue moda imperante en la época
añadirle estos suplementos naturales, los cuales conserva aún en la actualidad.
En posteriores cuentas se vuelve a insistir sobre el aliño del pelo y sudario, mas no se dice nada acerca del velo, debiendo desaparecer su uso. Este velo era una tela suave que se ponía en la parte trasera de la cruz, como alegoría del pasaje evangélico que dice que "el velo del templo se rasgó" al morir el Salvador.
De estas fechas no consta noticia alguna sobre la corona de espinas ni las potencias del Santo Cristo, aunque con toda seguridad, al menos la primera de ellas, debía poseerla.
La devota y milagrosa Imagen del Señor de la Vera+Cruz es de tamaño menor al natural y no está tallada en madera, sino de una mezcla de diversos y diferentes elementos moldeables, usados en la época para aliviar su peso. No olvidemos que era portado a hombros de sus cofrades y, como veremos, se usaba también para el acto del Descendimiento por la Hermandad de la Soledad hasta que ésta adquirió la Imagen del Santísimo Cristo de los Afligidos en el año 1787. Este tema será tratado más extensamente en el apartado dedicado a la Hermandad de la Soledad, pues es de sus Archivos documentales de donde obtenemos información al respecto.
Ya hemos señalado que en el Inventario de 1690 se dice expresamente "un Crucifijo de bulto grande que es de la Hermandad de la Vera+Cruz"; pues bien, en el Libro de Memorias 5 que se halla en la Parroquia de Olivares, en el año 1714 se dice textualmente: "Este año no se hizo estación de penitencia por no haber traído el Cristo nuevo que se ha mandado hacer en Sevilla". Es a partir de este dato desde donde tenemos iniciadas nuevas investigaciones para esclarecer, en la medida que las fuentes lo permitan, lo sucedido con la Imagen del Santo Cristo, pues hasta el presente son varias y confusas las noticias que poseemos documentadas al respecto y que, como analizaremos más adelante, se complicarán aún más con algunos textos alusivos al tema que posee la Hermandad de la Soledad.
Respecto a Nuestra Señora de la Piedad, ya hemos hecho alusión a la primera noticia que tenemos de Ella en el Inventario de 1690, aunque su hechura de marcados rasgos goticistas hablan por sí solos de una muy anterior fecha de ejecución de la misma; anteriormente hemos documentado la restauración de 1721. Igualmente, tenemos iniciadas investigaciones que nos aporten más datos sobre su hechura y, a ser posible, autoría.
Nuestra
Señora de la Piedad sabemos que figuraba vestida rigurosamente de luto, o sea,
saya y manto negro. Su paso era unas pequeñas andas con unos faldones negros y,
a partir de 1730, palio del mismo color. Anteriormente había desfilado
procesionalmente con palio propio de color verde, el cual a partir de la fecha
citada, dejó para su desfile procesional del 3 de mayo, hasta que lo mudara en
el siglo XIX por otro de color
celeste, como veremos. El palio era sostenido por cuatro varales que en 1743
"da en data 24 reales
que dio para ayuda a las varas que se compraron entre las Hermandades para el
paso de Nuestra Señora".
Con el paso del tiempo cada Hermandad irá adquiriendo su paso propio.
El aderezo de Nuestra Señora consistía: en saya, a veces enteriza, denominándosele entonces "vestido"; entre hombros y cintura llevaba el monillo, especie de jubón o corpiño, sobre el que se le colocaba el petillo, trozo triangular de tela ricamente ataviado que lucía sobre el pecho, suplantado por los actuales tocados; alrededor del cuello y muñecas se le colocaban las arandelas, especie de encaje alechugado; todo concluía con el manto y la toca. En ocasiones, enmarcando el rostro se le colocaba el rostrillo, del cual tenemos referencias en la cuenta de 1744 donde "se le recibe en data 15 reales de vellón que gastó en componer un rostrillo para la Virgen".
Es digno de mencionar cómo en esta época imperaba un clima de convivencia y ayuda fraterna entre todas las Hermandades de Albaida, afrontando entre todas los difíciles momentos económicos por los que atravesaban y uniendo sus esfuerzos para la adquisición de enseres necesarios con que poder realizar las obligaciones que les imponían sus respectivas Reglas. Será en el siglo XIX cuando se trunque esta concordia.
En este estado continuó la Hermandad de la Santa Vera+Cruz hasta 1755, en que realizó ambas procesiones, estación de penitencia y Festividad de la Santa Cruz. El año 1757 realizó sólo la Festividad, siendo anecdótico que en la cuenta de 10 de junio de este año, se constate que "se le reciben en data 50 reales de vellón que costaron los fuegos para la Festividad de este año de la Santa Cruz". Como ya hemos indicado en esta Festividad procesionaban la Santa Cruz en sus andas y bajo templete, y Nuestra Señora de la Piedad con su Niño en los brazos, presentándose como Madre de Dios, bajo palio verde y saya y manto blanco y floreado y la media luna de plata por escabel de sus pies.
Según el Libro de Memorias fechado entre 1757-1783 de nuestro Archivo parroquial, los años 1756 y 1758 no se realizaron procesiones. La razón es obvia, por causa del Terremoto el templo parroquial se había destruido y se estaba sacando de cimientos su nueva construcción, para lo que estaban destinados los escasos medios económicos de que se disponían y puestos a dicho servicio.
Durante este período, como hemos documentado en el capítulo dedicado al templo parroquial, la Capilla del Hospital hizo las funciones de Parroquia, albergando en ella a las Hermandades del Santísimo y del Rosario, junto con la de San Sebastián que estaba establecida canónicamente en la misma.
En 1759, tras la construcción y bendición del nuevo templo parroquial, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz reanudó ambas procesiones.
En la década de los sesenta se constata la celebración intermitente de dichas procesiones, dándose el caso de años que no se realizan ninguna de las dos, como ocurrió en 1761, 1765, 1766, 1768 y 1770; en otros años sólo se realiza la procesión de la Festividad de la Santa Cruz, tal como ocurrió en los años 1760 y 1764, muestra inequívoca de que las Hermandades estaban perdiendo su estricto y austero carácter penitencial. En el año 1773 se realizó la Festividad de la Santa Cruz el 30 de junio, desconociéndose los motivos que indujeron a ello.
Son tiempos difíciles, que nos llevarán a una larga ausencia de celebraciones procesionales desde el año 1774 hasta 1783. Muy diversas razones motivaron esta circunstancias. En primer lugar la dura crisis social y económica que se vivía en esta época; promulgación de Reales Cédulas que limitaban cada vez más el procesionar de las Cofradías, culminando con la dictada por Carlos III obligando a las mismas a reformar sus Reglas y a pedir su aprobación al Real y Supremo Consejo de Castilla; la aberración y desconsideración que hacia ellas sentían los ilustrados y parte del clero; amén de las gravosas cargas e impuestos que soportaba por estas fechas la escasísima población de Albaida.
De esta forma, en 1784 el mayordomo de la Fábrica parroquial interpone pleito contra los respectivos mayordomos de las Hermandades, entre ellas la de la Santa Vera+Cruz, por falta de pagos de los ingresos anuales a la Fábrica de los años 1781-1783, a razón de 18 reales por cada año, sumando un total de 54 reales de vellón lo adeudado por esta Hermandad, por lo que el mayordomo de la Fábrica pide "haya por presentada la certificación y se sirva mandar se les haga saber a los dichos mayordomos actuales de las dichas Hermandades que dentro de un breve término que se les señale me paguen las respectivas cantidades de que son deudores, con apercibimiento que de no hacerlo desde luego se le embargará prendas equivalentes al principal y costas de justicia".
Visto el tal pedimento del mayordomo de Fábrica, el Teniente de Gobernador don Luis Zapata dicta Auto de apremio y embargo si en el plazo de tres días no son satisfechas dichas cantidades. Esto ocurriría el 2 de octubre de 1784.
Tras la notificación pertinente a cada mayordomo de las respectivas Hermandades y no haberse procedido al pago por ninguna de ellas, el mayordomo de Fábrica eleva suplicatorio de que se proceda al embargo de prendas, decretando el Teniente de Gobernador proceda el Alguacil mayor a "sacar prendas equivalentes a los dichos mayordomos según la cantidad respectivamente que resulten deber y por lo que puedan corresponderles por razón de costas". Este Auto se fecha en Albaida en 11 de noviembre de 1784.
Nuevamente el mayordomo de Fábrica interpone diligencia haciendo constar que "a mi pedimento se mandó que el Alguacil mayor sacase prendas equivalentes al principal y costas a los mayordomos de las dichas Hermandades, cuya diligencia no ha tenido efecto". Pide se cumpla tal diligencia en 28 de enero de 1785.
En Auto de 31 de enero de 1785, don Benito Cotán, Teniente de Gobernador de la Villa, dice:
"... que había y hubo por acusada la reveldía a los mayordomos de las dichas Hermandades y mandó que por lo proveído se saquén nóminas de las partidas que son en deber del ingreso de Fábrica las citadas Hermandades y se entregue, con expresión de sus mayordomos, al Alguacil mayor de esta dicha Villa, para que requeridos que sean al pago de sus respectivas cantidades, y no teniendo efecto inmediatamente, les saque prendas equivalentes para dicho pago y las costas".
Por segunda vez este requerimiento no obtuvo la respueta ordenada, los mayordomos de las Hermandades seguían sin satisfacer la deuda, a lo que nuevamente el mayordomo de Fábrica apela ante don Diego Ibáñez, Teniente de Gobernador de la Villa, en 25 de agosto de 1786.
El Teniente de Gobernador, en Auto de 28 de septiembre de 1786 mandó "que se les vuelva a hacer saber, por segundo y último término, a los mayordomos de las Hermandades que se citan que en el previo de un día satisfagan a la parte de la Fábrica las respectivas cantidades que le son en deber, y no haciéndolo se proceda inmediatamente a sacarles por el Alguacil mayor prendas equivalentes para el pago y el de las costas causadas y que se causen hasta que tenga efecto".
El pleito continúa con la relación de las diligencias realizadas notificando la sentencia dictada a cada mayordomo. Mas no sabemos si, por fin, abonarían o no las deudas, ya que el documento termina en estas últimas diligencias. Esto ocurría entre el 20 y 23 de octubre de 1786, tras dos largos años de pleito entre la Fábrica parroquial y la totalidad de las Hermandades de la Villa.
Hemos querido extendernos en el mismo para reafirmar la profunda crisis y desidia por la que atravesaban nuestras Hermandades en la época a la que nos referimos, pues todo este pleito se entabla, en el caso de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, por tan sólo 54 reales de vellón.
Será a partir de 1789 cuando de nuevo, con nuevas Reglas aprobadas, se reanuden las procesiones tanto de penitencia como de Festividad ininterrumpidamente hasta 1809. En 1794 se celebra la Festividad en septiembre, en 1796 en octubre y en 1797 y 1799 en junio. Desconocemos los motivos que originaban esta inestabilidad de fecha de celebración, mas debió obedecer a motivos laborales y económicos.
A pesar de todas estas variopintas circunstancias, la Hermandad no había dejado de celebrar en ningún momento sus misas de obligación que tenia establecidas desde principios del XVII.
Mas aunque parece que se ha superado y regularizado el bache de los años anteriores, las Hermandades continuaban en pésimas condiciones económicas, siendo desde todo punto de vista elogioso el esfuerzo que realizaron nuestros cofrades antepasados para sobreponerse a tan negativas circunstancias, muestra fehaciente del fervor y espíritu que les animaba, no permitiendo que nuestras Hermandades se extinguieran, como lo hicieron la de San Sebastián y del Rosario de nuestra Villa, y muchísimas de la propia ciudad a lo largo de este siglo, entre ellas la propia Hermandad de la Santa Vera+Cruz de Sevilla, maestra y origen de todas las Hermandades penitenciales del Arzobispado.
En el siglo XIX podemos distinguir dos clarísimos y contrapuestos períodos. El primero, marcado por la decadencia, ocuparía la primera mitad del siglo. El segundo, a partir de esta fecha se establecerá un período de revitalización y auge de las Hermandades que continuará en marcada línea ascendente hasta nuestros días, parejo con el biene