2.- LA HERMANDAD DE LA SANTA VERA+CRUZ.

 

                                                              

 

"Nosotros debemos gloriarnos en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, en quien está la salud y la vida y la resurrección nuestra, por quien hemos sido salvados" (Gál. 6,14).

 

En este versículo de la Carta a los Gálatas del Apóstol San Pablo está la esencia evangélica del culto y veneración a la Santa Vera+Cruz.

 

El culto a la Cruz es consustancial al cristianismo. Es la señal del cristiano. En el culto al Lignum Crucis se encuentra el fundamento de las Cofradías Cruceras.

 

En la antigüedad se presentaba la Verdadera Cruz o Vera+Cruz del Salvador en Jerusalem a la presencia de multitud de peregrinos llegados de todas las partes del orbe. Perdida dicha reliquia en el año 614 por el saqueo realizado por los persas a Jerusalem, fue recuperada por el emperador Heraclio en el año 628. Los cristianos de Jerusalem veneraban en el mismo Calvario la Cruz del Redentor, besando la sagrada reliquia. Muy pronto les imitaron los cristianos occidentales, venerando las reliquias de la Vera+Cruz que habían logrado adquirir, hasta que la Iglesia, adoptando esta costumbre, introdujo su práctica de veneración de la Cruz en la liturgia del Viernes Santo.

 

En la Baja Edad Media se difundió y desarrolló el culto a la Santa Vera+Cruz, ya hemos reseñado anteriormente las asociaciones de Disciplinantes de la Cruz de Italia.

 

Pero en España, esta devoción está documentada desde el 15 de marzo de 1208, en que es consagrada una iglesia bajo la advocación de la Santa Vera+Cruz en las afueras de Segovia. Esta iglesia pertenecía a los Templarios, los cuales pudieron traer una reliquia del Lignum Crucis de Tierra Santa, ya que el Papa Honorio III le concede la reliquia y confirma su autenticidad por bula otorgada en 1224.

 

Es en el siglo XIV cuando esta devoción cobra mucho mayor auge, haciéndose presente su invocación en los mismos documentos oficiales. En las Cortes de Burgos de 1315 se termina jurando: "e juramos a Dios e a la Virgen Sancta María e a la Vera+Cruz e a los Sanctos Evangelios". Igualmente, en las Cortes de Carrión de 1317 la reina, doña María de Molina, jura a la Santa Vera+Cruz.

 

En 1326, el infante don Juan Manuel lucha y vence a los moros cerca de Antequera, previamente invocó:

 

"Señor, miembresete de mi e de los christianos que aqui son ayuntados por loor e reverencia de la Sancta Vera+Cruz en que Jhesu Christo tomo muerte e pasion en el Monte Calvario"[1].

 

Por las citas comprobamos cómo la devoción a la Santa Vera+Cruz estaba profundamente arraigada en el sentir de la época, difundiendo su devoción a las tierras que se iban conquistando.

 

En Sevilla, desde el 9 de mayo de 1448, aparece constituida como primera Hermandad penitencial la de la Santa Vera+Cruz, que desde 1468 practicaba la disciplina el Jueves Santo y cuyas Reglas fueron aprobadas el 22 de febrero de 1501 por don Fernando de la Torre, Provisor del Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, don Diego Hurtado de Mendoza.

 

Durante la segunda mitad del siglo XV comienzan a fundarse las cofradías de la Santa Vera+Cruz, en la mayoría de los casos de la mano de los franciscanos. Estas Cofradías procesionaban en la noche del Jueves al Viernes Santo con una simple cruz o crucifijo, llevado por un clérigo, con gran número de hermanos disciplinándose. Eran procesiones serias, austeras, devotas y penitentes, sin lujo ni boato alguno, saliendo de sus capillas, ermitas u hospitales, se dirigían por caminos y veredas hasta el campo, donde generalmente había un humilladero con una Cruz. Los cofrades iban revestidos de una túnica de lienzo blanca, la cual dejaban caer hasta la cintura los disciplinantes. Al regreso a la ermita u hospital los "hermanos de sangre" se lavaban sus heridas con pócimas y ungüentos que previamente se habían preparado en unas calderas, palanganas o "bacías de lavar los hermanos", expresión que aparece en los textos.

 

Aunque de esta fecha no existe documentación expresa, la Cofradía de la Santa Vera+Cruz de Albaida, hacía estación a la Cruz del Barrero, para la cual la Hermandad, en su toma de cuentas de 20 de mayo de 1726, destina "noventa y un real y veinticinco maravedíes de vellón que gastó en ayudar a componer la Cruz del Barrero", como consta en su Libro de Cuentas del citado año.

 

 

El Abad Alonso Sánchez Gordillo exalta esta Cofradía como ninguna otra:

 

"Después de las Cofradías y devoción al Santísimo Sacramento del Altar (...) entra en este lugar la Venerable Cofradía de la Santa Vera+Cruz, llamada en sus primeros principios de la Sangre por haber sido la primera en que la disciplina pública se hacía (...) y de la que se hizo en esta Ciudad tomaron ejemplo e imitación todos los demás pueblos y ciudades vecinas, de manera que en todos, grandes y pequeños, hay esta devoción"[2].

 

Estas hermandades de la Santa Vera+Cruz se vieron favorecidas por multitud de gracias e indulgencias que les otorgaron los papas Julio II, en 1508, y León X, en 1515.

 

Un acontecimiento trascencental para la vitalidad de estas Cofradías penitenciales de la Santa Vera+Cruz es el "Vivae Vocis Oráculo" del papa Paulo III, de fecha 7 de enero de 1536, por el que concede a los cofrades de estas hermandades amplias gracias e indulgencias, similares a las que se ganaban visitando personalmente las iglesias de Roma el día de Viernes Santo. Este reconocimiento papal hacia las Cofradías penitenciales de la Santa Vera+Cruz avivó en las ya fundadas su espíritu y devoción, y provocó la fundación de otras muchas bajo la misma advocación.

 

La hermandad de la Santa Vera+Cruz de Albaida tuvo en sus orígenes un carácter asistencial, administrando su propio Hospital "que es sostenido por la piedad de sus cofrades". No olvidemos que los fines principales de estas Hermandades penitenciales eran dos: el culto y la penitencia pública, y el socorro a los cofrades y demás personas necesitadas.

 

Si repasamos las consideraciones generales del capítulo anterior, nos explicaremos fácilmente la finalidad y utilidad de la labor asistencial de esta Cofradía durante el siglo XVI: pestes, plagas, epidemias..., eran una constante. La Cofradía era el cauce asociativo primordial a través del cual se dispensaba la asistencia a los cofrades, fundamentalmente, ante la enfermedad y la muerte, como veremos a continuación.

 

Las gracias e indulgencias papales y las disposiciones conciliares alentaron aún más la práctica de la disciplina pública, orientándose esta Hermandad hacia este carácter estrictamente penitencial propio y característico de las Cofradías de la Santa Vera+Cruz, lucrándose así de las múltiples gracias concedidas.

 

En 1561 se produce una reforma de Reglas de todas las Hermandades de esta advocación existentes en el Arzobispado de Sevilla a instancias de don Fernando Valdés quien, así mismo, las aprueba.

 

Basándonos en el contenido común y general de estas Reglas, podemos configurar la organización, cultos, procesiones, obligaciones y fines de la Cofradía que estudiamos.

 

Tras el Protocolo inical de constitución de la Cofradía, comienzan las Ordenanzas o Reglas que han de guardar los cofrades:

 

"En el nombre de Dios e de Sancta María e de toda la cohorte celestial. Porque las buenas obras que los hombres hacen nunca mueren, por ende, nos los cofrades de la Cofradía de la Sancta e Vera+Cruz, así los que ahora somos como los que serán de aquí adelante, establecemos la dicha Cofradía e Hermandad a loor de la Sancta Trinidad, que es Padre e Hijo e Espíritu Sancto, que son tres personas e un Dios verdadero, e a honra e alabamiento de la Virgen Sancta María, Nuestra Señora, e de la Sancta e Vera+Cruz ..."

"Ordenamos e establecemos, primeramente, que no rescibamos en esta nuestra Cofradía hombre o mujer sino el que fuere vecino o morador de este lugar, e si después fuere a morar a otro lugar que le hagamos oficio a la vigilia, e a la misa e al enterramiento, con el cirio e con las candelas, e el cofrade que no fuere que peche por ello.

Y otro si, ordenamos que sea hecho un libro en que estén escriptos los nombres de los cofrades e de las cofradas,  e de los que finaren aparte.

Y otro si, que no rescibamos hombre o mujer de mala fama, ni descomulgado alguno pudiéndolo saber. Y que den por la entrada cuatro maravedíes e una libra de cera, e si fuere viudo o viuda que pague la mitad de lo que dicho es. Y si alguno de nuestros cofrades hubiere saña o querella de aquel que en esta nuestra Cofradía quisiere entrar, que antes que sea rescibido que le hagan buena enmienda; y después de la enmienda que sea rescibido e escripto en el libro por cofrade.

Y otro si, establescemos que hagamos cabildo cada vez que el muñidor nos muñiere por mandado de nuestro prioste. Y que este cabildo se haga en la Iglesia del Hospital, e el cofrade que a estos cabildos fuere muñido e no viniere que peche, e si la culpa fuere del muñidor, que no lo miña, que el muñidor peche la caloña que el cofrade había de pechar".

 

 

Hagamos observar algunos aspectos del contenido de las Reglas: la Cofradía está establecida en un Hospital, por tanto, independiente de la parroquia; los cofrades para ser recibidos deben estar en buena armonía con los demás y abonar una cuota de entrada; tienen obligación de asistir, bajo pena, a los cabildos, siendo el muñidor por mandato del prioste quien avise a los hermanos de las actividades de la Cofradía; los cofrades han de ser vecinos o habitantes del lugar.

 

En el capítulo de cultos y procesiones, se especifica:

 

"E que hagamos la procesión de disciplina el Jueves Sancto en la noche con asistencia de la Hermandad como es uso e costumbre. E los oficiales de la nuestra Cofradía nombren los cofrades que han de portar las insignias, e que el prioste aderece el Hospital con la mayor decencia, e los alcaldes conviden a los clérigos para el Sermón. E otrosi, que los cofrades tomen la disciplina o iluminen con sus hachas.

E así mesmo establecemos e ordenamos que tengamos una fiesta el día de la Cruz de Mayo, y todo cofrade que fuere en la Villa que venga el día de su víspera, e que vayamos todos a la víspera e que tengamos candelas e que arda el cirio e las candelas desde que comenzaran las vísperas hasta que sean dichas. Y todo cofrade que no fuere siendo sano e muñido que peche media libra de cera. E al otro día a la misa, que arda el cirio e que tengamos nuestras candelas e ofrezca cada uno lo que quisiere. E asista la Hermandad a la procesión general de dicho día de la Cruz. E el cofrade que no fuere que peche la misma pena. E que nos digan los clérigos una vigilia por los cofrades finados, e que arda nuestro cirio e que tengamos candelas desde que comenzare la vigilia hasta que sea dicha. Y el que a esta vigilia no fuere que peche media libra de cera. E al otro día que nos digan los clérigos una misa de réquiem por las ánimas de nuestros cofrades defuntos, que los perdone Dios e a nos traiga a buen fin. E dicha la misa, andemos en procesión al cementerio con los clérigos, e con el cirio e con las candelas, por ánimas de nuestros cofrades e por nuestros defuntos, bien e ordenadamente; y andada la procesión, que volvamos a la nuestra iglesia".

 

 

Como apreciamos no son muy explícitas las Reglas, pero nos configuran ya las ceremonias y procesiones que constituyen la esencia de la Hermandad y sus funciones y obligaciones religiosas.

 

A continuación, las Reglas establecen la organización de la Hermandad:

 

 

"Otrosi, establecemos e ordenamos que hayamos dos alcaldes en la dicha Cofradía que libren los pleitos e las contiendas que acaescieren entre los cofrades en razón de las caloñas e penas, e de los propios e de las deudas que debieren a dicha Cofradía, y otorgamos ser de ser obedientes a los sus mandamientos en razón de lo que dicho es, y de lo haber por firme e no venir contra ello en ningún tiempo e por ninguna manera.

Y otro si, establecemos que hayamos cada año un prioste que tenga e recaude el propio e demás deudas de la dicha Cofradía, e que tenga el cirio e las candelas de la Cofradía. E que cualquier cofrade que fuere elegido de los cofrades en cabildo que lo sea hasta un año cumplido. Y esto que sea no habiendo embargo derecho de gran vejez o de gran enfermedad o pobreza. E que desde el prioste hubiere un año cumplido, que dé luego cuenta al otro prioste que fuere puesto en lugar de él de todo lo que hubiere rescibido e recaudado para la dicha Cofradía. Y que estén a la dicha cuenta los alcaldes e dos hombres buenos de entre los cofrades, y que dé e entregue todo lo que le fuere alcanzado por la dicha cuenta".

 

 

En estas Reglas se dispone la organización de la Cofradía, ordenándose la elección anual de los cargos de los alcaldes y prioste, así como la obligación de rendir cuentas de los bienes de la Hermandad, constituyendo de esta forma los Libros de Cuentas que tanta información nos aportarán de la vida y actividades de la misma.

 

Las Reglas continúan con unas disposiciones sobre la asistencia a los hermanos enfermos y difuntos y las obligaciones que el resto de los cofrades tienen para con ellos, estableciéndose en los mismos términos que hemos expuesto en el capítulo anterior.

 

Como hemos reiterado varias veces, la estación penitencial tenía un marcado carácter de austeridad, reflejado incluso en las propias Reglas.

 

Por los estudios realizados por diversos autores y tratadistas, estaría formada por algunas insignias, un Santo Cristo o Crucifijo portado por clérigos, y los hermanos de luz y sangre. Desde que la Hermandad de la Santa Vera+Cruz de Sevilla incorporara la Imagen de Nuestra Señora en 1536, a imitación de la de Toledo que lo hacía anteriormente, se generaliza esta costumbre en el resto de las Hermandades de esta advocación. Iba en unas sencillísimas andas "sin palio ni cubierta alguna ... ni vestidos de brocado de color, ni corona imperial, ni bajo palio suntuoso, ni debajo de dosel de estado"[3], éstos serían añadidos a partir del siglo XVII.

 

Continuando cronológicamente, de 1586 se conserva en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla una relación de las Hermandades de la Santa Vera+Cruz de la diócesis hispalense realizada por el provisor D. Íñigo Lizañana confirmando su ubicación, y es aquí cuando tenemos noticias de que la Hermandad de Albaida está incluida dentro del grupo que se hallan en "Hospitales propios o compartidos con la advocación de la Cruz o de San Sebastián". Estas Hermandades son las de Dos Hermanas, Las Cabezas de San Juan, Huévar, Albaida, Benacazón, Salteras, Villaverde del Río, Puebla del Río, Almonte, Higuera de la Sierra y Arcos de la Frontera. Otras Hermandades de esta advocación como las de Paterna, San Juan del Puerto, Villarrasa, Chipiona, El Pedroso y La Palma del Condado, se hallan en Hospitales denominados de la Misericordia o de la Concepción.

 

Con esto refrendamos lo expuesto al respecto en el capítulo anterior, ya que por estas fechas la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, como acabamos de ver por las Reglas expuestas, tenía carácter estrictamente penitencial, y su primitivo carácter asistencial fue ocupado por la recién fundada Cofradía de San Sebastián, de ahí que el Hospital se denomine con la advocación del Santo.

 

Con anterioridad a estas fechas, doña María Melgarejo había dejado instituida en la Hermandad la Memoria de la Misa del Gallo la noche de Navidad, como recogen los Libros de Memorias y Capellanías de nuestro Archivo Parroquial, y hemos documentado en el capítulo precedente.

 

Aunque escasas son las noticias que de esta época han llegado hasta nosotros, no por ello dejan de tener una trascendental y relevante importancia, pues nos dan testimonio de la existencia de la Hermandad, nos fundamenta el porqué de la misma, de sus cultos y procesiones, así como de su organización.

 

Desgraciadamente, debido a la pérdida de documentación del Archivo Parroquial por las diversas circunstancias que exponemos en el capítulo dedicado al mismo, el siglo XVII es igualmente parco en noticias referentes a nuestras Hermandades y Cofradías.

 

Del ya varias veces mencionado Memorial de fiestas de 1637, constatamos la pervivencia de esta Hermandad, situando su sede canónica en el Hospital del Glorioso Mártir Señor San Sebastián, como ya se atestiguaba en 1586.

 

Nada más se dice al respecto en este Memorial, salvo la noticia de la celebración de "una misa cantada a Señora Santa Lucía en su día"; celebración que ya vendría de antiguo. Así nos explicamos la popularidad que en la actualidad sigue gozando dicha celebración, a la cual se unen gente de todos los pueblos de la comarca, ya que hunde sus raíces en la más genuina tradición secular.

 

Habremos de acudir a los Libros de Memorias de Misas para, a través de ellos, tener al menos constancia de las actividades religiosas de la Hermandad que nos ocupa.

 

Y efectivamente, desde el primer Libro de Memorias que se conserva[4], aunque debieron existir otros anteriores que se han perdido, se refleja desde 1643 los cultos que tenía obligación de celebrar la Hermandad. Textualmente dice así:

 

"Memorias y misas cantadas de la Cofradía de la Vera+Cruz desde que empecé a ser colector yo, el doctor Juan Damas, que fue desde el 6 de enero de 1643.

Tiene obligación esta Cofradía cada año a decir seis misas de memorias cantadas por las personas que les dejaron sus haciendas. Ytem por doña María Melgarejo, noche de Navidad, una Misa cantada del Gallo. Ytem más tiene obligación de hacer la fiesta de la Cruz en 3 de mayo".

 

Estos cultos se mantendrán inalterables durante los siglos XVII y XVIII, hasta la reducción de los mismos decretada por el Abad Bernardo Antonio Poblaciones Dávalos en 1808, como veremos posteriormente.

 

La explicación de porqué no figura la procesión de penitencia ni la de la Cruz de Mayo es debido a que en este Libro sólo se reseña las obligaciones de misas, no otros actos de cultos, pero se debían celebrar con toda seguridad como ordenan las Reglas citadas anteriormente.

 

Las misas de memorias que habían instituido cofrades o personas devotas a cambio de sus haciendas, excepción hecha de la Misa del Gallo, no tienen fecha fija de celebración, dejándose al arbitrio del cura párroco, aunque se dicen inexorablemente cada año hasta la fecha citada de la reducción de cultos.

 

La Fiesta de la Cruz, como ya hemos visto establecida en sus Reglas, se celebraba el 3 de mayo, Festividad de la Invención de la Santa Cruz.

 

Esta fiesta tenía carácter eminentemente religioso, aunque con el tiempo se iría cargando de un carácter más festivo. Consistía: el día 2 por la tarde se celebraba solemne Vísperas cantadas según la liturgia canónica de la época. Estas Vísperas las celebraba el sacerdote acompañado del sochantre y del diácono y subdiácono revestidos de dalmáticas. El día 3, fiesta principal de la Hermandad, se cantaba la solemne Misa de la Santa Cruz y posteriormente se realizaba la procesión general por el lugar (pueblo), figurando en ella la Santa Cruz en sus andas y Nuestra Señora de la Piedad que procesionaba bajo palio ostentando a su Divino Infante entre sus manos, en el centro de su regazo. Cronológicamente iremos aportando datos al respecto.

 

Esa misma tarde del 3 de mayo, se celebraba la Vigilia, que tenía un carácter austero, pues en ella se hacía memorial de los cofrades difuntos. Los actos concluían con la Misa de aniversario o de réquiem del día 4 y posterior procesión de responsos al cementerio. Este es el origen de la Misa que por los hermanos difuntos celebran nuestras Hermandades actualmente en el mes de noviembre de cada año.

 

Ni que decir tiene que a todos estos cultos estaban obligados por Reglas a asistir los hermanos, imponiéndoseles la pena correspondiente a quien faltase sin causa grave o justificada.

 

Del arraigo de la devoción mariana de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, que siempre contempló a María junto a la Cruz del Señor, es muestra inequívoca que el 2 de junio de 1653 se obligase bajo voto a la defensa del dogma de la Pura, Limpia e Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, para lo cual trasladó su Imagen al templo parroquial, donde "díjose la Misa de la Concepción Purísima de Nuestra Señora y después de vísperas se volvió su Imagen al Hospital"[5].

 

Así se documentan los cultos hasta el año1656 al que alcanza el citado Libro parroquial.

 

El Libro que le debía seguir hasta 1685 no ha llegado hasta nosotros, por lo que no tenemos ninguna clase de noticias de este período de tiempo, mas con toda seguridad continuarían los cultos en los términos expresados.

 

Gracias a la suspicacia del entonces cura párroco don Sebastián José de Gálvez, a quien pertenece la nota que nos dejó escrita en unos folios, pues el Libro donde debía anotarla se hallaba en poder del Notario mayor de Olivares, tenemos constancia que "el 19 de abril de 1685, que fue Jueves Santo, por la noche hice la procesión de la Santa Vera+Cruz" y  "el 2 de mayo dije la víspera de la Santa Cruz y el día siguiente la Misa con procesión y a la tarde vigilia por los hermanos de la Vera+Cruz y la misa cantada de réquiem el día siguiente".

 

Como podemos observar por esta valiosa anotación, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz continuaba realizando su estación de penitencia el Jueves Santo por la noche, excepción o privilegio que las Hermandades de esta advocación conservaban desde sus orígenes y que el Sínodo de 1604 lo ratificó.

 

Respecto  a las Sagradas Imágenes, en el Inventario de 1690, repetidas veces citado, se dice:

 

"Ytem reconocióse una Imagen de un Crucifijo de bulto grande que es de la Hermandad de la Vera+Cruz y tiene un velo de gasa blanca. Yten reconocióse la Imagen de Nuestra Señora de vestir con su Niño en los brazos, con un vestido y sus mangas de tela rosada antiguo y puntas de oro".

 

Llegado este punto, y antes de continuar con su estudio cronológico, queremos puntualizar lo siguiente: Siendo conscientes de la arraigada devoción y profunda veneración que el pueblo de Albaida siente hacia las Sagradas Imágenes titulares de nuestras Hermandades, mirándolas más con los ojos de la fe que con los humanos materiales, y teniendo iniciadas las investigaciones que nos aporten datos certeros y concluyentes sobre su documentación, hechura y autoría, pues los que disponemos en la actualidad nos encaminan por diversas vías de investigación, a veces incongruentes e inconexos, optamos por eludir referencias o hipótesis sobre las mismas hasta no tener la certeza documental que corrobore plenamente cualquiera de dichas vías, permaneciendo, por tanto, abierta nuestra investigación sobre tan veneradas Imágenes.

 

Debido a ello, en este capítulo nos limitaremos a reflejar los datos que sobre ellas disponemos y hagan alusión, evitando cualquier tipo de conjeturas que, por no estar definitivamente amparadas documentalmente, puedan ser causa de desafortunadas interpretaciones que provoquen heridas en la sensibilidad devocional que hacia estas Imágenes sentimos, respectivamente, los hijos de Albaida.

 

Creemos más importante dejar constancia de la seria y honda piedad religiosa que el pueblo siente hacia las mismas, que levantar polémicas aventuradas e infructuosas, respetando así tanto a las Sagradas Imágenes como a quienes les profesamos veneración en lo más recóndito de nuestros corazones.

 

Todo lo dicho no obsta, si Dios quiere, que si algún día estas investigaciones en cauce nos llevasen a una certeza documental sobre este tema, puedan o deban ser publicadas para tener de esta forma un mejor conocimiento sobre tan benditas Imágenes, alma y centro de la devoción de nuestras Hermandades.

 

Establecido todo lo anterior y contando con el beneplácito de los lectores, proseguimos nuestro estudio adentrándonos en el siglo XVIII.

 

Para documentar este período contamos fundamentalmente con el Libro de Cuentas y Cabildos de la propia Hermandad, fechado entre 1710 y 1764. Además, acudiremos a los Libros de Memorias y Capellanías de 1685-1713, que se encuentra en nuestro Archivo Parroquial, y al fechado entre 1714-1756 que se halla en la Parroquia de Olivares.

 

Desde 1685 hasta 1707 realizó la Hermandad los cultos y procesiones que señalan sus Reglas. Fueron los años comprendidos entre 1708-10 cuando, según el Libro de Memorias correspondiente, no se realizaron procesiones "por falta de estipendios", aunque sí se celebraron los cultos y misas acostumbrados, incluida la solemne cantada del 3 de mayo.

 

El siglo XVIII, como iremos viendo y ya avanzamos en las consideraciones generales de este capítulo, fue difícil. Albaida sufre un declive irrefrenable en su población y en su economía, e indudablemente, esto repercute en sus Hermandades, a pesar de lo cual, éstas mantienen vivos sus fervores. 

 

A través del Libro de Cuentas de la Hermandad conocemos las fuentes de financiación de la misma. Fundamentalmente, ésta se abastecía de las cuotas de ingreso de los hermanos; del repartimiento anual de los mismos; de las pujas que se realizan por llevar las andas o pasos en las procesiones, portándolas quienes más ofreciesen; de las penas que debían abonar los hermanos por su falta de asistencia a los cultos y ceremonias fúnebres de los cofrades difuntos; de la administración o rentas que le producían diferentes casas, huertas, tierras y haciendas que les habían ido legando los hermanos en sus testamentos; además de la limosna que se obtenía de pedir los domingos, Jueves y Viernes Santos.

 

En la Cuenta que se le tomó a Juan Moreno Constantina, mayordomo de la Santa Vera+Cruz del año 1710, se dice:

 

"Mas se le hace cargo de 12 reales de vellón que importó la limosna de los domingos, Jueves Santo y Viernes Santo".

 

Respecto a gastos que habitualmente aparecen en las cuentas figuran: el del ingreso a la Fábrica de la Iglesia; el del cura y sochantre; el del aceite de la lámpara del altar de la Capilla del Hospital; del predicador de los cultos y Sermón del Jueves Santo; de las obras que se realizan en el Hospital o en la Capilla del mismo; de las menudencias necesarias para ataviar o preparar los pasos o enseres de las Imágenes; los pagos "por el derecho de visita" al señor Abad de Olivares; la cera para el culto y procesiones, amén de gastos extraordinarios que se realizan.

 

Gracias a estas tomas de cuentas, obtenemos importantes noticias sobre la vida de la Hermandad. Así, de la tomada el año 1711 a Mateo de la Parra, mayordomo, sabemos que:

 

"Se le hace cargo de 168 Rv. que importó el repartimiento que se le ha hecho a los hermanos y hermanas de dicha Cofradía, que son 24".

 

En las cuentas de los años 1712 y 1713 se especifica que son 19 hermanos y 4 hermanas, que pagan cada uno 8 reales y medio, lo que da el total de 184 Rv. En el año 1719 son 32 hermanos, más "9 Rv que pagan 3 hermanos por excusados por no vivir en el lugar".

 

En este mismo año "se le recibe en data 10 reales y medio que lo importó una toca que se hizo para Nuestra Señora" y "15 reales de vellón por el aderezo de la toalla de Nuestra Señora".

 

En el año 1721 son 32 hermanos, 3 excusados y 4 hermanas los que forman la Hermandad.

 

Fue en este mismo año restaurada la Imagen de la Virgen, colocándosele ojos de cristal y encarnándola nuevamente con el tono anacarado característico de la época, que conserva en la actualidad, dando "en data 329 reales de vellón que llevó el artífice por la composición de la Imagen de Nuestra Señora".

 

Respecto a los hermanos excusados, es hermoso constatar cómo aun no viviendo en el lugar, por las circunstancias que fuesen, no dejaban de cumplir con sus obligaciones cofradieras, muestra más que palpable de la entrañable vinculación que se sentía con la Hermandad, la cual, en correspondencia, como ordenaban sus Reglas, le organizaría con la máxima atención sus honras fúnebres en caso de defunción, como consta en las cuentas:

 

"Mas se le recibe en data 2 reales de vellón que dio de limosna para una misa por el alma de un hermano de dicha Cofradía".

 

Esta hermosa y cristiana costumbre de ofrecer sufragios por los hermanos difuntos se mantiene en la actualidad en nuestras Hermandades penitenciales.

 

Aunque en todas las cuentas se citan las misas de los hermanos que fallecieron durante el año, nos llama poderosamente la atención por su elevado número las que aparecen en la cuenta de 15 de mayo de 1737, donde se le desquitan al mayordomo "30 reales de vellón que pagó de 15 misas rezadas que mandó decir por 15 hermanos difuntos". Una elevada cifra para la ya muy mermada población de Albaida y escaso número de cofrades.

 

En 1738 "no hubo procesiones por la calamidad de los tiempos y pobreza de la Cofradía", como se documenta en el segundo Libro de Memorias y Capellanías citado anteriormente.

 

Por lo que respecta a las procesiones, Estación de penitencia y Festividad de la Cruz, son abundantes las noticias que tenemos a través de las cuentas y cabildos. Así, en las de 1712 y 1713 se dice:

 

"Mas se le recibió en data 11 reales de vellón que gastó en alfileres y clavos, cordel y guita para el aderezo de las andas para las procesiones".

 

En la cuenta de 1715 aparecen constatadas las pujas para portar las andas de la siguiente forma:

 

"Se le hace cargo de 40 reales de vellón que dieron de limosna para llevar la Imagen del Santísimo Cristo. Mas se le hace cargo de 22 reales y medio que dieron de limosna por llevar la Imagen de Nuestra Señora. Mas se le hace cargo de 60 reales de vellón que dieron de limosna por llevar a la Santa Cruz el día de su Fiesta".

 

En el año 1719 aparece: "Mas se le hace cargo de 7 reales y medio que dieron de limosna por llevar la Imagen de Nuestra Señora el día de la Cruz".

 

Debió ser este año difícil en el plano económico pues no se realizó estación de penitencia, ni salió la Santa Cruz, sólo, como hemos reflejado, Nuestra Señora de la Piedad, la cual estrenó una toca "que dio en data 10 reales y medio" y "15 reales de vellón por el aderezo de la toalla de Nuestra Señora".

 

De la cuenta de 12 de mayo de 1723, "se le recibe en data 45 reales de vellón que costó el componer unas andas para la Cruz", mas, como se refiere, no llegó a procesionar dicho año ni el siguiente por "estar la Cofradía alcanzada", es decir, sin fondos, como se dice en el Libro de Memorias de dicho año.

 

En el cabildo celebrado el 4 de abril de 1725 se acuerda:

 

"... se venda una arboleda y se proceda en los 100 reales que ha dicho Francisco de Aguilar, y se inviertan en dorar las andas que están empezadas a dorar y por falta de medios no se pueden acabar de perfeccionar, que son las que sirven para poner la Santísima Cruz y hacer la procesión del día de la Cruz. Y así lo acordaron y firmaron los que supieron".

 

Este acuerdo es ratificado en Auto de visita de 15 de abril de dicho año.

 

En la cuenta de 15 de mayo de 1725 se dice: "Mas se le recibe en data 195 reales de vellón que pagó al pintor para acabar de dorar las andas".

 

Curiosamente, en el Libro de Memorias se expresa:

 

"Este año de 1725, 30 de marzo, Viernes Santo por la mañana, hice la procesión de penitencia con asistencia de los hermanos, y el no haberse hecho la noche antes, como es costumbre, fue por haber hecho la noche tempestuosa de mucha agua. Y la Fiesta general del día 3 de mayo no se hizo este año por estar por acabar de dorar las andas de la Santa Cruz".

 

En esta misma cuenta de 1725 se nos habla de la realización de un nuevo vestido para la Virgen, para lo cual, además del dinero, se aporta lo que rentó la venta de la plata quemada del vestido antiguo que tenía: "Mas se le recibe en data a dicho mayordomo 100 reales de vellón que dio para ayuda de acabar el vestido de Nuestra Señora , que lo demás que se gastó fue de la plata que se quemó del vestido viejo".

 

Al año siguiente, 1726, no se realizó la estación de penitencia, pero sí la Festividad de la Santa Cruz, para la cual se había terminado de dorar el paso y la peana de la misma, como consta en la cuenta tomada el 20 de mayo de 1726, donde se expresa literalmente:

 

"Mas se le recibe en data a dicho mayordomo 20 reales de vellón que llevó Blas de Herrera por componer la peana de la Santa Cruz. Y 34 reales de vellón que llevó el pintor por dorar dicha peana de la Cruz".

 

La Santa Cruz, de madera tallada y dorada, es la insignia más antigua que posee la Hermandad, cuya hechura data de principios del siglo XVI.

 

Esta Festividad debió tener gran lucimiento y regocijo para la Hermandad, ya que en esta misma cuenta se dice que: "Se le hace cargo a dicho mayordomo de 124 reales y 3 cuartillos que dieron de limosna por llevar la Santa Cruz", cantidad exorbitada para lo que era corriente pujar en la época. Fue por tanto en este año de 1726 cuando se procesionó por primera vez con las nuevas andas doradas de la Santa Cruz, figurando ésta bajo el hermoso templete recién tallado y dorado, conservándose hasta, al menos, 1858, pues en el Inventario de dicho año se dice: "Un paso viejo y otro nuevo para la Santa Cruz".

 

Del siglo XVIII se conservan seis Inventarios fechados entre 1720 y 1730, cuyos contenidos vienen a ser similares. El Inventario de bienes que se hizo a Antón González Corto, mayordomo de la Hermandad que nos ocupa, en el año 1722 dice textualmente:

 

"En la Villa de Albaida en 20 días del mes de junio de 1722, sus mercedes Juan Moreno Prieto y Manuel José de la Fuente, alcaldes de la Cofradía de la Santa Vera+Cruz, sita en dicha Villa, hicieron parecer ante sí a Antón González Corto, prioste que fue el año pasado de 1721, para que entregase los bienes de dicha Cofradía. Y estando presente Juan García, prioste presente, se entregó estos dichos bienes ante mí, el presente escribano, en la forma y manera siguiente:

Primeramente entregó un estandarte de damasco con su cruz de plata, más una cama de tafetán. Más una saya, un manto y un monillo y una toca de Nuestra Señora. Cuatro almohadillas de las andas. Una basía (sic) de lavar los hermanos. Una trompeta, dos varas de la demanda, la campanilla de muñir, y la llave del arca de la cera. Una mesa donde se pone Nuestra Señora que se compró para que sirva a todas las Cofradías que están en la Iglesia. Un palio verde con cuatro borlas de seda y cuatro campanillas de plata. Cuatro lazos, un vestido de tela blanco y otros colores de Nuestra Señora. Más dos candeleros. Más un estandarte negro de entre ambas Cofradías. Un sudario de bretaña. Una toalla de Nuestra Señora de estopilla. Una corona de Nuestra Señora de plata. Unos faldones negros que son de las Cofradías de la Vera+Cruz y la Soledad. Más unos cordones".

 

Hacemos observar que el paso fue comprado por todas las Hermandades de la Villa, para que sirviese en sus procesiones a la Imagen de Nuestra Señora en sus advocaciones de: Socorro, Rosario, Soledad y Piedad. El estandarte negro y los faldones del mismo color pertenecían a las dos Hermandades de penitencia: Santa Vera+Cruz y Soledad. Destaquemos, pues, el clima de cooperación existente entre ambas.

 

Para no repetir los mismos enseres enumerados en el citado Inventario, sólo vamos a añadir las nuevas prendas que aparecen en el siguiente de fecha 10 de mayo de 1726, que extractando se configura así:

 

"Un vestido de damasco de manopla encarnado y blanco con quince lazos, de los cuales cinco son de dos hojas encarnadas. Unas arandelas de encajes de Nuestra Señora. Más se le entregó un vestido negro de Nuestra Señora. Ytem una toca de Nuestra Señora de gasa y una camisa. Ytem una cama de tafetán encarnado. Cuatro varas de cintas negras que sirven en el vestido de la Imagen. Una toalla de estopilla de cinco varas y un sudario de lo propio. Una funda de contesia que sirve para la Cruz. Ytem unas pulseras de corales finos para Nuestra Señora. Ytem una toca de encajes de trensillas de seis dedos de ancho. Ytem un bobillo de lo mismo. Unas arandelas de lo mismo. Unas gebillas (zapatitos) del Niño de plata y su valor son dos de plata".

 

Por último, del Inventario con fecha de 15 de mayo de 1730, añadimos:

 

"Un palio negro de damasco que es de ambas Cofradías. Prendas del Niño. Una corona de plata imperial. Una media luna de plata de filigrana con cuatro piedras, tres encarnadas y una verde, y una joya de plata sobredorada de petillo. Ytem una funda de contesia que sirve de tapar las andas de la Santa Cruz".

 

Además se citan diversos ornamentos y objetos de culto que sirven para la celebración de la Santa Misa.

 

Como podemos apreciar por los Inventarios, la Imagen de Nuestra Señora de la Piedad, figuraba ya bajo palio en las procesiones: negro en Semana Santa y verde para la Festividad.

 

Esta costumbre del palio debía proceder de mediados del siglo XVII. Destaquemos que fue primero costumbre su uso en Imágenes y pasos de gloria, posteriormente se generalizó en los de Semana Santa. El paso constaba de cuatro varas o varales, lo que denota su reducido tamaño, portándose exclusivamente la Imagen de la Virgen, sin adornos de flores ni velas, moda que se introducirá a finales del siglo, siendo portado por cuatro hermanos que previamente lo pujaban.

 

Observemos igualmente el reducido o escaso número de insignias, limitándose éstas al estandarte, varas de los alcaldes, una trompeta, cuya misión era ir anunciando el paso del cortejo procesional, y la campanilla que tañía el muñidor.

 

Sólo se nombran dos andas, la de la Santa Cruz, propia de la Hermandad, y la de Nuestra Señora, que servía a todas las Hermandades. No se citan andas para el Santo Cristo, pues éste aún procesionaba llevado en hombros de tres hermanos.

 

Será en el año 1753 cuando, a través del cabildo celebrado el 15 de abril, tengamos noticias por primera vez "que lleven el paso del Santísimo Cristo: Francisco Cabezón, Antonio Cabezón y Diego y Antón Cotán". Es por tanto a partir de esta fecha cuando el Señor comenzaría a ser procesionado en andas, perdiéndose así la antiquísima costumbre de ser portado a hombros.

 

La organización de la procesión de penitencia corría a cargo del prioste que, en muchos casos, tenía que proveer lo más indispensable de su propia economía, aunque algunas veces la Cofradía se comprometiera a restituirle cuando fuera posible. Otras veces, de ninguna de las maneras posibles, se reunía lo necesario para poder realizarla, como ocurrió en los años 1745, 1747, 1749, 1751 y 1754 "por no tener caudal la Cofradía".

 

Para poderse efectuar la salida procesional era requisito indispensable reunir en los días previos "a los oficiales y hermanos más antiguos de la Santa Vera+Cruz para tratar y conferir las cosas tocantes y que más convengan a dicha Cofradía y procesión del Jueves Santo en la noche".

 

En este cabildo se le ordenaba al prioste que "aderece la Capilla del Hospital con la mayor decencia posible" y se nombraban los hermanos que previamente habían pujado el portar las Sagradas Imágenes.

 

Igualmente, se le confería autorización para que "convide al señor cura a la procesión y al sochantre de dicha Iglesia para que asistan y también convide al padre predicador para que nos predique y exhorte a la devoción con que hemos de ir a dicha procesión".

 

Al anochecer del Jueves Santo los hermanos se reunían en la Capilla del Hospital, y tras saldar los contratiempos que pudiesen existir entre ellos y confesados y comulgados según ordenan las Reglas, se realizaba una pequeña procesión encaminada hacia la Iglesia Parroquial para visitar al Señor en el Monumento Eucarístico. Vuelta a la Capilla daba comienzo el ejercicio piadoso del Sermón de Pasión. Este Sermón era pronunciado por el predicador cuaresmal nombrado al efecto.

 

En su origen, el Sermón de Pasión, debía ser una dura arenga ascética que moviese a los cofrades a un sincero arrepentimiento y devoción al contemplar los sufrimientos padecidos por el Redentor. Mas con el tiempo debió ir adquiriendo unos tintes más populares y festivos, siendo el origen del denominado Pregón o Sentencia de Pilatos y Voz del Ángel, pieza cantada o pregonada que se insertaba en alguna parte del Sermón.

 

Quien escribe estas líneas hace grandes esfuerzos para no embargar en ellas sus propios e íntimos sentimientos, mas no quiere en esta ocasión dejar de hacer memoria de un piadoso cofrade de esta Hermandad, don Romualdo Fraile Muñoz (d.e.p.), gracias al cual ha llegado el texto de la Sentencia de Pilatos transmitido de generación en generación. Dice así:

 

"Manda el Presidente Poncio Pilatos, regente de Jerusalem por el Imperio Romano que, Jesús, llamado por la plebe de Nazaret, galileo de nación, sea condenado a muerte por hombre sedicioso, contrario a la ley del Senado y del gran Emperador Tiberio César. Porque juntando y congregando cada día en la ciudad muchas gentes pobres y ricas, no cesa de remover tumultos en Judea, queriendo hacerse Hijo de Dios y Rey de Israel, y amenazando cada día con la destrucción de esta insignia, ciudad y templo, negándole el tributo al César.

Por tanto, se ordena que su muerte sea fijándolo con clavos en una Cruz a usanza de reo, porque tuvo atrevimiento de entrar con ramos y triunfos, con gran parte de la plebe, en Jerusalem y en su Santo Templo.

Manda el Centurión Quinto Cornelio que, con sus propias vestiduras lo lleven a la vergüenza por todas las calles de la ciudad, para que sirva de escarmiento a los malhechores y quede su cuerpo colgado entre dos ladrones, para que así pague con su muerte su delito y satisfaga las ofensas cometidas contra nuestros Sacerdotes y Senado. Quien tal hizo, que tal pague".

 

Bellísima composición de la más genuina teología popular con la que se adoctrinaba al pueblo sobre la vida, pasión y muerte del Redentor.

 

Tras el canto y Pregón de la Sentencia se producía el de la  Voz del Angel, el cual debía ser un bello canto de alabanza a Nuestro Dios y Señor. Desgraciadamente este texto no ha llegado hasta nosotros.

 

Esta práctica del Sermón y la Sentencia perduró hasta los años cincuenta del siglo XX, tradición igualmente perdida.

 

Concluido el Sermón de Pasión, principiaba la procesión de penitencia, la cual iba antecedida del muñidor y un hermano vestido de túnica haciendo sonar la trompeta anunciando el paso del cortejo. Seguían cuatro hermanos portando luces en sus hachas, situándose en medio la manguilla parroquial y los disciplinantes, hasta que fueron suprimidos en 1777. Le seguían dos diputados de gobierno con bastones en las manos y, a una cierta distancia, el estandarte llevado por otro hermano con túnica, tras el cual daba comienzo el cuerpo de hermandad, en el centro del cual se colocaba la Imagen del Santo Cristo acompañada por ocho hermanos de túnica y hachas que lo iluminaban. Acto seguido figuraba el simpecado portado por otro hermano de túnica acompañado de otros dos portando hachas en sus manos. Un reducido grupo de hermanos y el convite antecedían el paso de Nuestra Señora rodeada de ocho hermanos de luz y tras el cual figuraba el preste acompañado de diáconos y el sochantre interpretando el Miserere y el Stabat Mater.

 

Como podemos apreciar, no todos los hermanos vestían la túnica nazarena, reservada ésta a los disciplinantes y a los hermanos que ejercían alguna función en la procesión. El llamado "cuerpo de hermandad" eran los miembros de ésta vestidos con trajes de calle al uso.

 

Las llamadas hachas eran unas velas compuestas generalmente de grasa animal, con cuatro pabilos; en algunas ocasiones se solían hacer con mecha de esparto embadurnada en alquitrán. Se utilizaban por ser más baratas que la cera y más resistentes a los envites del aire, evitando que se apague.

 

El acompañamiento de personas ajenas a la Hermandad se catalogaba como "convite".

 

Por estas fechas la Cofradía salía sobre las tres de la madrugada y, tras hacer estación a la Cruz del Barrero, regresaba con las claras del día. Tras las disposiciones que el rey Carlos III promulgó en 1777, prohibiendo las Cofradías durante la noche, el acto del Sermón de Pasión se prolongaba durante toda la madrugada del Viernes Santo y la Cofradía iniciaba su estación al romper el alba.

 

Descrita la estación penitencial al estilo de la mitad del siglo XVIII, proseguimos refiriendo algunas noticias de interés.

 

Desde la cuenta de 15 de mayo de 1722 tenemos constancia del recibimiento "en data de 7 reales y medio de vellón que llevaron por componer el pelo del Santo Cristo". En 1728 "se le recibe en data 30 reales de vellón que se gastó en componer el velo". En 1741 "se le recibe en data 16 reales de vellón que gastó en el sudario que se compró", aunque ya teníamos noticia de su uso anterior a esta fecha a través de los Inventarios. El Santísimo Cristo de la Vera+Cruz tenía, y tiene, tallado sutilmente su cabellera, e igualmente un delicado paño de pureza o sudario. A pesar de ello fue moda imperante en la época añadirle estos suplementos naturales, los cuales conserva aún en la actualidad.

 

En posteriores cuentas se vuelve a insistir sobre el aliño del pelo y sudario, mas no se dice nada acerca del velo, debiendo desaparecer su uso. Este velo era una tela suave que se ponía en la parte trasera de la cruz, como alegoría del pasaje evangélico que dice que "el velo del templo se rasgó" al morir el Salvador.

 

De estas fechas no consta noticia alguna sobre la corona de espinas ni las potencias del Santo Cristo, aunque con toda seguridad, al menos la primera de ellas, debía poseerla.

 

La devota y milagrosa Imagen del Señor de la Vera+Cruz es de tamaño menor al natural y no está tallada en madera, sino de una  mezcla de diversos y diferentes elementos moldeables, usados en la  época para aliviar su peso. No olvidemos que era portado a hombros de sus cofrades y, como veremos, se usaba también para el acto del Descendimiento por la Hermandad de la Soledad hasta que ésta adquirió la Imagen del Santísimo Cristo de los Afligidos en el año 1787. Este tema será tratado más extensamente en el apartado dedicado a la Hermandad de la Soledad, pues es de sus Archivos documentales de donde obtenemos información al respecto.

 

Ya hemos señalado que en el Inventario de 1690 se dice expresamente "un Crucifijo de bulto grande que es de la Hermandad de la Vera+Cruz"; pues bien, en el Libro de Memorias 5 que se halla en la Parroquia de Olivares, en el año 1714 se dice textualmente: "Este año no se hizo estación de penitencia por no haber traído el Cristo nuevo que se ha mandado hacer en Sevilla". Es a partir de este dato desde donde tenemos iniciadas nuevas investigaciones para esclarecer, en la medida que las fuentes lo permitan, lo sucedido con la Imagen del Santo Cristo, pues hasta el presente son varias y confusas las noticias que poseemos documentadas al respecto y que, como analizaremos más adelante, se complicarán aún más con algunos textos alusivos al tema que posee la Hermandad de la Soledad.

 

Respecto a Nuestra Señora de la Piedad, ya hemos hecho alusión a la primera noticia que tenemos de Ella en el Inventario de 1690, aunque su hechura de marcados rasgos goticistas hablan por sí solos de una muy anterior fecha de ejecución de la misma; anteriormente hemos documentado la restauración de 1721. Igualmente, tenemos iniciadas investigaciones que nos aporten más datos sobre su hechura y, a ser posible, autoría.

 

Nuestra Señora de la Piedad sabemos que figuraba vestida rigurosamente de luto, o sea, saya y manto negro. Su paso era unas pequeñas andas con unos faldones negros y, a partir de 1730, palio del mismo color. Anteriormente había desfilado procesionalmente con palio propio de color verde, el cual a partir de la fecha citada, dejó para su desfile procesional del 3 de mayo, hasta que lo mudara en el siglo XIX por otro de color celeste, como veremos. El palio era sostenido por cuatro varales que en 1743 "da en data 24 reales que dio para ayuda a las varas que se compraron entre las Hermandades para el paso de Nuestra Señora". Con el paso del tiempo cada Hermandad irá adquiriendo su paso propio.

 

El aderezo de Nuestra Señora consistía: en saya, a veces enteriza, denominándosele entonces "vestido"; entre hombros y cintura llevaba el monillo, especie de jubón o corpiño, sobre el que se le colocaba el petillo, trozo triangular de tela  ricamente ataviado que  lucía sobre el pecho, suplantado por los actuales tocados; alrededor del cuello y muñecas se le colocaban las arandelas, especie de encaje alechugado; todo concluía con el manto y la toca. En ocasiones, enmarcando el rostro se le colocaba el rostrillo, del cual tenemos referencias en la cuenta de 1744 donde "se le recibe en data 15 reales de vellón que gastó en componer un rostrillo para la Virgen".

 

Es digno de mencionar cómo en esta época imperaba un clima de convivencia y ayuda fraterna entre todas las Hermandades de Albaida, afrontando entre todas los difíciles momentos económicos por los que atravesaban y uniendo sus esfuerzos para la adquisición de enseres necesarios con que poder realizar las obligaciones que les imponían sus respectivas Reglas. Será en el siglo XIX cuando se trunque esta concordia.

 

En este estado continuó la Hermandad de la Santa Vera+Cruz hasta 1755, en que realizó ambas procesiones, estación de penitencia y Festividad de la Santa Cruz. El año 1757 realizó sólo la Festividad, siendo anecdótico que en la cuenta de 10 de junio de este año, se constate que "se le reciben en data 50 reales de vellón que costaron los fuegos para la Festividad de este año de la Santa Cruz". Como ya hemos indicado en esta Festividad procesionaban la Santa Cruz en sus andas y bajo templete, y Nuestra Señora de la Piedad con su Niño en los brazos, presentándose como Madre de Dios, bajo palio verde y saya y manto blanco y floreado y la media luna de plata por escabel de sus pies.

 

Según el Libro de Memorias fechado entre 1757-1783 de nuestro Archivo parroquial, los años 1756 y 1758 no se realizaron procesiones. La razón es obvia, por causa del Terremoto el templo parroquial se había destruido y se estaba sacando de cimientos su nueva construcción, para lo que estaban destinados los escasos medios económicos de que se disponían y puestos a dicho servicio.

 

Durante este período, como hemos documentado en el capítulo dedicado al templo parroquial, la Capilla del Hospital hizo las funciones de Parroquia, albergando en ella a las Hermandades del Santísimo y del Rosario, junto con la de San Sebastián que estaba establecida canónicamente en la misma.

 

En 1759, tras la construcción y bendición del nuevo templo parroquial, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz reanudó ambas procesiones.

 

En la década de los sesenta se constata la celebración intermitente de dichas procesiones, dándose el caso de años que no se realizan ninguna de las dos, como ocurrió en 1761, 1765, 1766, 1768 y 1770; en otros años sólo se realiza la procesión de la Festividad de la Santa Cruz, tal como ocurrió en los años 1760 y 1764, muestra inequívoca de que las Hermandades estaban perdiendo su estricto y austero carácter penitencial. En el año 1773 se realizó la Festividad de la Santa Cruz el 30 de junio, desconociéndose los motivos que indujeron a ello.

 

Son tiempos difíciles, que nos llevarán a una larga ausencia de celebraciones procesionales desde el año 1774 hasta 1783. Muy diversas razones motivaron esta circunstancias. En primer lugar la dura crisis social y económica que se vivía en esta época; promulgación de Reales Cédulas que limitaban cada vez más el procesionar de las Cofradías, culminando con la dictada por Carlos III obligando a las mismas a reformar sus Reglas y a pedir su aprobación al Real y Supremo Consejo de Castilla; la aberración y desconsideración que hacia ellas sentían los ilustrados y parte del clero; amén de las gravosas cargas e impuestos que soportaba por estas fechas la escasísima población de Albaida.

 

De esta forma, en 1784 el mayordomo de la Fábrica parroquial interpone pleito contra los respectivos mayordomos de las Hermandades, entre ellas la de la Santa Vera+Cruz, por falta de pagos de los ingresos anuales a la Fábrica de los años 1781-1783, a razón de 18 reales por cada año, sumando un total de 54 reales de vellón lo adeudado por esta Hermandad, por lo que el mayordomo de la Fábrica pide "haya por presentada la certificación y se sirva mandar se les haga saber a los dichos mayordomos actuales de las dichas Hermandades que dentro de un breve término que se les señale me paguen las respectivas cantidades de que son deudores, con apercibimiento que de no hacerlo desde luego se le embargará prendas equivalentes al principal y costas de justicia".

 

Visto el tal pedimento del mayordomo de Fábrica, el Teniente de Gobernador don Luis Zapata dicta Auto de apremio y embargo si en el plazo de tres días no son satisfechas dichas cantidades. Esto ocurriría el 2 de octubre de 1784.

 

Tras la notificación pertinente a cada mayordomo de las respectivas Hermandades y no haberse procedido al pago por ninguna de ellas, el mayordomo de Fábrica eleva suplicatorio de que se proceda al embargo de prendas, decretando el Teniente de Gobernador proceda el Alguacil mayor a "sacar prendas equivalentes a los dichos mayordomos según la cantidad respectivamente que resulten deber y por lo que puedan corresponderles por razón de costas". Este Auto se fecha en Albaida en 11 de noviembre de 1784.

 

Nuevamente el mayordomo de Fábrica interpone diligencia haciendo constar que "a mi pedimento se mandó que el Alguacil mayor sacase prendas equivalentes al principal y costas a los mayordomos de las dichas Hermandades, cuya diligencia no ha tenido efecto". Pide se cumpla tal diligencia en 28 de enero de 1785.

 

En Auto de 31 de enero de 1785, don Benito Cotán, Teniente de Gobernador de la Villa, dice:

 

"... que había y hubo por acusada la reveldía a los mayordomos de las dichas Hermandades y mandó que por lo proveído se saquén nóminas de las partidas que son en deber del ingreso de Fábrica las citadas Hermandades y se entregue, con expresión de sus mayordomos, al Alguacil mayor de esta dicha Villa, para que requeridos que sean al pago de sus respectivas cantidades, y no teniendo efecto inmediatamente, les saque prendas equivalentes para dicho pago y las costas".

 

Por segunda vez este requerimiento no obtuvo la respueta ordenada, los mayordomos de las Hermandades seguían sin satisfacer la deuda, a lo que nuevamente el mayordomo de Fábrica apela ante don Diego Ibáñez, Teniente de Gobernador de la Villa, en 25 de agosto de 1786.

 

El Teniente de Gobernador, en Auto de 28 de septiembre de 1786 mandó "que se les vuelva a hacer saber, por segundo y último término, a los mayordomos de las Hermandades que se citan que en el previo de un día satisfagan a la parte de la Fábrica las respectivas cantidades que le son en deber, y no haciéndolo se proceda inmediatamente a sacarles por el Alguacil mayor prendas equivalentes para el pago y el de las costas causadas y que se causen hasta que tenga efecto".

 

El pleito continúa con la relación de las diligencias realizadas notificando la sentencia dictada a cada mayordomo. Mas no sabemos si, por fin, abonarían o no las deudas, ya que el documento termina en estas últimas diligencias. Esto ocurría entre el 20 y 23 de octubre de 1786, tras dos largos años de pleito entre la Fábrica parroquial y la totalidad de las Hermandades de la Villa.

 

Hemos querido extendernos en el mismo para reafirmar la profunda crisis y desidia por la que atravesaban nuestras Hermandades en la época a la que nos referimos, pues todo este pleito se entabla, en el caso de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, por tan sólo 54 reales de vellón.

 

Será a partir de 1789 cuando de nuevo, con nuevas Reglas aprobadas, se reanuden las procesiones tanto de penitencia como de Festividad ininterrumpidamente hasta 1809. En 1794 se celebra la Festividad en septiembre, en 1796 en octubre y en 1797 y 1799 en junio. Desconocemos los motivos que originaban esta inestabilidad de fecha de celebración, mas debió obedecer a motivos laborales y económicos.

 

A pesar de todas estas variopintas circunstancias, la Hermandad no había dejado de celebrar en ningún momento sus misas de obligación que tenia establecidas desde principios del XVII.

 

Mas aunque parece que se ha superado y regularizado el bache de los años anteriores, las Hermandades continuaban en pésimas condiciones económicas, siendo desde todo punto de vista elogioso el esfuerzo que realizaron nuestros cofrades antepasados para sobreponerse a tan negativas circunstancias, muestra fehaciente del fervor y espíritu que les animaba, no permitiendo que nuestras Hermandades se extinguieran, como lo hicieron la de San Sebastián y del Rosario de nuestra Villa, y muchísimas de la propia ciudad a lo largo de este siglo, entre ellas la propia Hermandad de la Santa Vera+Cruz de Sevilla, maestra y origen de todas las Hermandades penitenciales del Arzobispado.

 

 

En el siglo XIX podemos distinguir dos clarísimos y contrapuestos períodos. El primero, marcado por la decadencia, ocuparía la primera mitad del siglo. El segundo, a partir de esta fecha se establecerá un período de revitalización y auge de las Hermandades que continuará en marcada línea ascendente hasta nuestros días, parejo con el bienestar social.

 

Los inicios del siglo fueron duros: epidemias, hambre, Guerra de la Independencia...

 

La Cofradía, que ya venía arrastrando una dura crisis desde la década de los sesenta del siglo anterior, vería culminado su proceso de decadencia en 1808 cuando, a petición del cura párroco don Antonio Lucena y Annes, el 29 de febrero se presenta ante el Rvmo. Sr. Abad de Olivares don Bernardo Antonio Poblaciones Dávalos, una relación de cultos debido a "la cortedad de estipendios".

 

Por lo que respecta a la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, el documento se expresa en los siguientes términos:

 

 

"Como cura que soy de la Iglesia Parroquial de esta Villa de Albaida, certifico que según consta del Libro de Memorias existente en el Archivo de ella, tienen las Hermandades de esta Iglesia que cumplir las Fiestas y Misas siguientes:

Ytem la Hermandad de la Santa Vera+Cruz hace la fiesta de la Cofradía el Jueves Santo, habiendo precedido antes Sermón de Pasión. Una Misa cantada con Sermón y procesión por la calle y vísperas la tarde anterior, el día 3 de mayo. El día después Vigilia y Misa de réquiem con procesión a la Capilla cantando responsos. Debe pagar una Misa cantada la noche de Navidad, después de maitines. Y a más tres Misas cantadas y tres rezadas. Por todo lo referido de Cofradías, Vísperas, Procesiones, Aniversario, Misas cantadas y rezadas, abona 108 reales de vellón en cada año...

... El 10 de mayo de 1808, Su Señoría, teniendo presente las actuales circunstancias de los tiempos y la cortedad de medios y arbitrios de dichas Hermandades para que aumenten las limosnas y estipendios de las Funciones y Misas que mandan celebrar, y al mismo tiempo, queriendo que subsistan y continúen con el mayor fervor todos los actos y ejercicios de piedad y de religión, propios de sus Institutos, usando de las facultades que como a verdadero Ordinario y Prelado de esta jurisdicción le corresponden, y de las concedidas a este efecto por la Silla Apostólica, dijo debía mandar y mandó, se ejecute los siguiente:

Ytem las Funciones y Festividades que celebran o se mandan ejecutar por la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, quedan y subsisten por ahora diciéndose y celebrándose en los mismos términos que hasta el presente se ha acostumbrado. Y respecto a la cortedad del estipendio con que contribuye la Hermandad para las citadas Funciones de su Instituto, y a la escasez de medios para el aumento de aquel, se suprimen las tres Misas cantadas y las tres rezadas que después de las festividades públicas de la Iglesia se celebraban por el párroco de ella.

Y mandó se anote esta reducción y supresión de Misas... Así lo proveyó y firmó.=Bernardo Antonio, Abad Mayor de Olivares.=Clemente Martos, Notario Mayor=. La copia de la Notaría tiene fecha de 19 de mayo de 1808".

 

 

Por este Auto se había puesto fin a Memorias de larga y antigua tradición en la Hermandad, entre ellas la Misa del Gallo que se celebraba desde el siglo XVI. En recuerdo de esta Misa y por la honda devoción que la Hermandad le profesa al "Niño de la Virgen", actualmente y según sus Reglas, celebra Función solemne en su honor dentro de la Octava de Navidad.

 

 

Los años 1809 y 1810 no se realizaron procesiones. El año 1811 no hubo estación de penitencia, pero sí la Festividad, que se celebró en septiembre, pasando a ser desde esta época el mes habitual de su celebración, aunque la Hermandad continúa celebrando una solemne Misa cantada el día 3 de mayo o su dominica más próxima.

 

El año 1812 no se realizaron desfiles procesionales, aunque sí en 1813. En 1814 la Festividad se celebra en el mes de agosto y no se vuelve a realizar más hasta el año 1838, celebrándose en septiembre, aunque durante estos años sí se celebró la procesión de Semana Santa. En 1848 se vuelve a celebrar la Festividad en el mes de septiembre.

 

Como podemos apreciar por estos datos extraídos del Libro de Memorias fechado entre 1784-1855 que se conserva en nuestro Archivo parroquial, la vida de la Hermandad, aunque debilitada, luchaba con ahínco por no perder la celebración de sus desfiles procesionales, realizándolos cada vez que mínimamente sus exiguos fondos lo permitían. Labor encomiable que hizo que esta Hermandad, desde la lejana fecha de su fundación, no haya conocido la extinción, gesto que habla del fervor de que ha gozado en todos los tiempos por parte de sus cofrades, superando abnegadamente épocas de verdaderas dificultades. 

 

Será a partir de los años cincuenta, alentados por las hermosas y solemnes ceremonias celebradas con ocasión de la proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción en 1854, cuando la Hermandad salga de su letargo.

 

Por el "Libro de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz que da principio en el presente año de 1860" sabemos que debió existir otro Libro anterior, que recogería las fechas comprendidas entre 1764 y 1860, desgraciadamente extraviado, pues se dice:

 

"Copia del último cabildo celebrado en el Libro anterior con demostración del nombramiento de oficiales de que se compone la mesa de dicha Hermandad.

Certifico que yo, Juan José de Gelo, secretario de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, que habiendo visto y examinado el Libro anterior con el objeto de asentar en éste los oficiales de que se compone la mesa de dicha Hermandad, son los siguientes:

Don Antonio María Cruz, Hermano mayor.

Don Diego Domínguez y don José María García, alcaldes.

Don Bruno López y don Francisco Gelo, diputados.

Don Pedro Rojo, mayordomo.

Don Francisco Vicente y don Luis de Gelo, celadores.

Doña Josefa de Gelo, depositaria.

Don Juan José de Gelo, secretario.

Es copia de su original a que me refiero.

Albaida a 4 de enero de 1860".

 

Como datos curiosos del Acta anterior, debemos reseñar la aparición de la figura del Hermano mayor, cargo que no existía en esta Hermandad en el siglo XVIII. En segundo lugar, la aparición de una mujer formando parte de la "mesa de oficiales", doña Josefa de Gelo, como depositaria, función que desempeñaba tradicionalmente el prioste o mayordomo.

 

Tiempo tendremos de analizar el importante papel realizado por la mujer en esta época en el sostenimiento de las Hermandades, alentándolas y revitalizándolas, reconocimiento y gratitud que expresamos a través de estas líneas.

 

De este Libro de 1860 transcribimos textualmente:

 

 

"En la Villa de Albaida a 25 de marzo de 1860, se juntaron en cabildo extraordinario los señores de que se compone la mesa de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz de esta Villa, como lo hacen de uso y costumbre en la Capilla del Hospital del Glorioso Mártir San Sebastián, (...) en unión con otros varios hermanos que también asistieron. En una conformidad y de acuerdo, dispusieron y mandaron que con respecto a hallarse con fondos suficientes para salir la Cofradía, se hagan las diligencias necesarias para que esté todo prevenido para dicho día del Jueves Santo.

En primer lugar acordaron que el Sermón se había de empezar a predicar a las 9 de la noche; que se pase y se le pida permiso al señor Alcalde Constitucional para que salga la estación guardando todo el orden necesario; que se pase a la casa del hermano don Pedro, mayordomo que ha sido de esta dicha Hermandad, y se le pida cuenta de los fondos que existen en su poder, tanto de dineros como de cera y demás efectos que se hallen en su poder.

Convinieron además, en unión con los hermanos del Santísimo, los de la Soledad y Fábrica de esta Villa que, para dar más culto, se trajese una música para que asista a dicha Cofradía, y en seguida procedieron al nombramiento de los hermanos que han de llevar las insignias, caso que no haya quienes las pujen, y son los siguientes:

Paso de la Virgen: Cabos delanteros: Francisco Gelo Pérez, Luis de Gelo, Blas de Gelo y Sixto Rojo. Y en los traseros: Fernando Reyes, Gregorio de Gelo, Lorenzo García y Manuel Roque.

Paso del Señor: Cabos delanteros: José María Vicente, Manuel Vicente y José de Seas. Los traseros: Pedro Gelo, Isidoro de Gelo y José María López.

La manguilla, José García López. El estandarte, Juan Morán. El simpecado, Francisco Vicente. Las trompetas: Manuel de Gelo y José Villar. Los platos: Francisco de Gelo Seas y Francisco de Gelo Reyna. La campanilla, Juan José de Gelo.

Velas de guía: Pilar de Gelo y Natividad de Gelo. El incensario, Gregorio de Gelo Seas. La naveta, Marcelino de Gelo.

Y en esta forma se dio por concluido este cabildo y lo firmaron y señalaron dichos señores de que yo, el secretario, certifico".

 

 

De este sustancioso cabildo queremos resaltar lo siguiente: La alusión que se hace de organizar la estación de penitencia por "hallarse con fondos suficientes"; que el sermón daría comienzo a las 9 de la noche, por lo que deducimos que la Cofradía saldría sobre las 2 de la madrugada; la pervivencia de la colaboración entre las Hermandades, en este caso, para traer "una música", siendo la primera constancia escrita que tenemos sobre ella en el desfile procesional de Semana Santa; respecto a la designación de hermanos para portar los pasos, se nombran 8 para el de la Virgen y 6 para el del Señor, lo que nos sugiere que se habían efectuado nuevos pasos de mayor amplitud que las antiguas andas del siglo XVIII; por último, la constatación expresa de mujeres en el desfile procesional mas, con toda seguridad, sin vestir el hábito nazareno.

 

Gracias a este Cabildo y a dos Inventarios fechados en 1858 y 1869, podemos reconstruir los pasos y enseres de la Hermandad en estas fechas. Para ello tomaremos como base el bello, tanto por su correcta caligrafía como por su contenido, Inventario de 1858, al que añadiremos los nuevos elementos y enseres que figuren en el de 1869, a éstos últimos le colocaremos entre paréntesis la fecha del Inventario, el resto entendemos que pertenecen al citado de 1858. Igualmente, preferimos agruparlos en relación a los pasos e Imágenes a que se refieren, en lugar de copiar el listado de estos enseres tal como consta en los originales Inventarios.

 

 

"Inventario de los enseres que en el día 9 de abril de 1858 están en poder de doña María de los Dolores Frayle y hace entrega de ellos a Francisco Vicente y su mujer doña Josefa de Gelo, pertenecientes a la Hermandad de la Santa Vera+Cruz de esta Villa de Albaida, y son los siguientes:

El Santísimo Cristo de la Vera+Cruz tiene una corona de espinas y tres potencias de plata, dos sudarios, una peluca (1869). En la Capilla debía estar colocado sobre un dosel de tafetán encarnado con tres cortinitas. Su paso llevaba 4 faldones negros, con 4 luceros (candelabros) morados, 4 barandillas rodeando el calvario a modo de canastilla, a las que se le añadieron 4 perillas doradas (1869). Era portado por 6 hermanos.

Nuestra Señora de la Piedad procesionaba en Semana Santa con un manto y saya de terciopelo negro. El palio era de tafetán negro con seis docenas de estrellas de plata y seis de hojalata y sostenido por 8 varas doradas. Sus faldones eran de percalina negra y poseía 4 mangos forrados de terciopelo negro. Tenía 4 luceros (candelabros) dorados en las esquinas y a modo de candelería llevaba 60 velas de palos con sus arandelas de hojalata.

Además poseía las siguientes prendas: un manto celeste y saya rosa; un vestido de color de rosa que tiene la Virgen puesto (sic); unas enaguas verdes; dos cíngulos, uno común y otro dorado para la Festividad; dos pañuelos para la mano; dos camisones; dos tocas, una común y otra para la Festividad; un pañuelo para el cuello blanco de linón; un aderezo y unos zarcillos de plata; una gargantilla de plata (1869); dos pecheras de encajes; un anillo de oro francés; dos pares de enaguas blancas y dos camisas; una corona de plata y otra de hojalata; un aderezo de abalorios blancos para el pecho de la Virgen (1869) y un zagalejo verde (1869).

Para la Festividad, Nuestra Señora procesionaba en un paso con palio celeste con 8 estrellas grandes blancas y 2 doradas (1869) sostenido por 6 varas y sus pies y perillas doradas. La Señora iba ataviada con saya y manto blanco. Llevaba sobre su pecho un aderezo dorado. Tres ramos de plata, uno para la mano de la Virgen y dos para las jarras. El Niño, vestido igual que la Señora para la Festividad, debía llevarlo sobre su brazo izquierdo y no en el centro de su regazo, como primitivamente lo hacía. El Divino Infante llevaba sobre sus sienes una corona de plata, que posteriormente se enajenó y se le hicieron tres potencias de plata (1869). Además, el Niño de la Virgen tenía tres vestidos comunes, dos pares de calzones, un par de enaguas blancas, un cíngulo para la Festividad (1869) y unos zapatos de plata (1869).

La Santa Cruz tenía dos pasos, uno viejo, el de 1725, y otro nuevo, con cuatro faldones y fundas de los mangos del paso antiguo y cuatro esquilones de plata que colgaban del templete.

Además, una manguilla con cruz de plata, un simpecado con cruz de peltre, un estandarte con cruz de plata, dos coronas de peltre para las varas de los alcaldes, una corona de hojalata para la vara del Hermano mayor, 24 faroles, 2 cirios pintados para las velas de guía, 2 velas de madera pintadas de a libra para el simpecado, 3 túnicas blancas, 3 platos de peltre, 1 campanita para muñir, 2 trompetas con sus bandas de tafetán, un arca de madera de cedro y dos arcas de madera de pino".

 

 

Hasta aquí los enseres propios de la Hermandad citados en los Inventarios aludidos. Como podemos observar, desde los primeros Inventarios realizados entre 1720-30, las cosas habían evolucionado y enriquecido, muy a pesar de tantas adversidades y calamidades como había soportado esta Hermandad.

 

El 6 de abril de 1861 se realiza un nuevo cabildo de elecciones, pero esta nueva mesa o junta de la Hermandad no se caracterizaría por su actividad pues, el 14 de marzo de 1869, reunidos en cabildo los hermanos de la Santa Vera+Cruz exponían que "el objeto de la reunión era tratar de reedificar (sic) dicha Hermandad, pues hacía 6 años que no salía la Cofradía ni menos aún se sabían los fondos que existían". Por todo lo cual se nombra nueva mesa de oficiales y una vez constituida se acuerda "se cite a la depositaria Josefa de Gelo o su marido, Francisco Vicente, para que presente los padrones y rinda cuentas, para lo que se nombró una comisión formada por cuatro hermanos que pasen a casa de la depositaria y le hagan saber lo determinado, cursándose citación por medio de papeleta para que comparezcan en el día de mañana a las ocho de la noche en la Capilla de la Hermandad (sic)". Es la primera vez que se cita textualmente la Capilla como propia de la Hermandad.

 

Por los motivos que fuesen, pues no constan, aunque todo apunta a la existencia de desavenencias entre algunos hermanos, esta comparecencia del depositario y su mujer no debió producirse, siendo objeto de pleito, como se constata por el acuerdo de cabildo celebrado el 2 de abril de 1869: "Primeramente acordaron reclamar de Francisco Vicente, la ropa y efectos que se ha negado a entregar hasta ahora, no obstante las repetidas órdenes de la autoridad superior de la provincia y local. Y siendo dicha ropa y efectos propiedad de la Hermandad, como costeado por la colecta de los vecinos y hermanos, se autorice al mayordomo don Manuel de Gelo Reyna para que, en nombre de ésta, confiera poder a procuradores y que por su representación ejercite en juicio las acciones que le correspondan para reclamar los dichos efectos en poder de quien se encuentra". Se desconoce el desenlace del pleito, pero todo hace pensar que se fallase a favor de la Hermandad como, en principio, parece de justicia.

 

La Hermandad parece que estaba decidida a recuperar su vitalidad, mostrándose ésta en el empeño de ordenar y enriquecer su patrimonio. Para ello, en el cabildo celebrado el 8 de septiembre de 1876 se dice que "el objeto era dar cuentas de la limosna que había percibido de los hermanos para comprar el manto, unas borlas y cordones de seda para Nuestra Señora, la Virgen de la Piedad. Y presentó la cuenta en esta forma con sus respectivos recibos: Manto con su forro, 948 reales; borlas y cordones de seda, 200 reales; limosna recibida de los hermanos, 1.025 reales; se le debe al Hermano mayor don José María García, 123 reales". Por la forma de la redacción y la toma de cuentas, el manto ya debía haberse comprado; el objeto del cabildo era, por tanto, rendir cuentas de la adquisición y limosnas recibidas para el mismo.

 

Prevenidos por los acontecimientos anteriormente citados, el cabildo, prosigue: "Concluida que fue la cuenta, se dispuso por los hermanos, en conformidad de todos, y mandaron se asiente en este cabildo que el referido manto y borlas, así como todo cuanto se le tiene entregado a doña María Manuela y López, tanto de ropa como de alhajas y efectos, son propios y pertenecientes a dicha Hermandad, sin que ningún hermano ni persona pueda reclamar cosa alguna en ningún tiempo; y si por disgusto o muerte de doña María Manuela, se necesita trasladar la ropa y efectos a otra persona, ha de ser en cabildo que se celebre y sea nombrada por los hermanos de dicha Hermandad".

 

Es por los términos expresados en este cabildo por lo que pensamos que el pleito anterior estuvo motivado por desavenencias o disgustos entre determinados hermanos y el matrimonio depositario referido anteriormente.

 

Sobre estas fechas se le debió realizar un nuevo paso al Santísimo Cristo de la Vera+Cruz en el que procesionó hasta el año 1917.

 

 

No tenemos constancia escrita sobre el mismo, pero dado que sus respiraderos fueron utilizados para formar las gradas del altar de Quinario a partir de la última fecha señalada, podemos saber su estructura y características a través de documentación gráfica que se conserva. Era de madera pintada en color blanco y sobre ella lucía unos apliques de madera tallada y dorada. En el risco de corcho que formaba el calvario aparecían dos angelitos pasionarios sedentes portando, respectivamente, una escalera y un martillo, atributos pasionistas.

 

Años después, hacia 1878, se debió estrenar para Nuestra Señora de la Piedad un nuevo paso, del cual no tenemos referencias documentales mas, como veremos en el apartado dedicado a la Hermandad de la Soledad al hablar del "pleito de la Resurrección", se hace alusión a este estreno.

 

Del cabildo celebrado el 21 de abril de 1895, tenemos constancia del acuerdo de "celebrar todos los años dos cabildos, uno el 15 de agosto, día de la Virgen de los Reyes, y otro en uno de los primeros domingos de cuaresma". Por las fechas a las que alude, ni que decir tiene que estos cabildos estarían relacionados con la Festividad y Semana Santa, respectivamente.

 

Como hemos documentado ampliamente en el capítulo anterior, al referirnos a la Hermandad de San Sebastián, ésta y la de la Santa Vera+Cruz compartían la Capilla y el Hospital desde finales del siglo XVI. Pues bien, extinta desde finales del XVIII la Hermandad del Santo Patrón, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz rigió como propia la Capilla y sus dependencias, como quedó expresamente documentado.

 

"En la Villa de Albaida, en 10 de agosto de 1896, en casa del Hermano mayor de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, se reunieron los hermanos que componen la mesa de dicha Hermandad con asistencia de mí, el secretario, y se dijo que el objeto de esta reunión era que hallándose la Capilla de esta Hermandad en estado ruinoso, era necesario sacar de ella al Señor de la Vera+Cruz y a su Santísima Madre la Virgen de la Piedad, temiendo se caiga la techumbre. Al mismo tiempo acordaron se citen a cabildo a todos los hermanos para el día 15 de este presente mes para que acordaran lo que a bien tuviesen".

"En casa de don Joaquín García y Gelo, Hermano mayor de esta dicha Hermandad, el 15 de agosto se reunieron los hermanos y hallando lo preciso que era reedificar la Capilla, todos acordaron que seguidamente se trasladasen las Imágenes a la Iglesia y que el mayordomo y celador se encargasen cada tres días de salir a pedir a los hermanos y se diese principio a la obra".

"El día 17 por la noche se sacaron las Sagradas Imágenes en procesión. El Señor fue llevado a la Iglesia Parroquial y la Santísima Virgen se depositó en casa de la muy fervorosa hermana doña Carmen García y López".

 

El que la Imagen de la Virgen no fuese llevada a la Iglesia estuvo motivado al estar los ánimos crispados entre las Hermandades penitenciales desde los acontecimientos, que relataremos más adelante, con motivo de la Resurrección.

 

La obra duró 72 días, elogiándose repetidas veces en el texto la altruista y desinterasada colaboración de los hermanos en la construcción de la Capilla, no sólo aportando medios económicos sino, lo principal, su propio trabajo "y fue tanta la concurrencia de hermanos que se presentaron a ayudar, todos de gracia, que tuvo el maestro de la obra que decirles que se retiraran muchos de ellos".

 

Concluida la obra de la techumbre, "se acordó se trajesen losas de Sevilla y se enlosase dicha Capilla para mayor lucimiento. También se acordó hacer una sacristía".

 

Terminada la obra, "se acordó llevar las Imágenes a su Capilla y bendecirla y hacer una Función, y para mayor lucimiento se pasase a la inmediata Villa de Olivares y se convide al señor cura para que asista a dicha Función".

 

La Función fue celebrada por el cura de Olivares, asistido de diáconos, y un coro integrado por un cantor y tres cantoras. El Sermón fue predicado por don Santiago Olivencia, asistiendo a la ceremonia el Ayuntamiento de Albaida.

 

Tras la Función se ofreció un refrigerio en casa de la hermana doña Carmen García y López.

 

"Concluido todo, dijo el señor cura de Olivares: ¡Viva el Señor de la Vera+Cruz! ¡Viva su Santísima Madre la Virgen de la Piedad! ¡Y vivan todos los hermanos de esta Hermandad! Y se retiraron los sacerdotes en el coche que les estaba aguardando".

 

La cuenta de lo gastado en materiales, cal, canales, madera, losas, pinturas, cera y varios objetos que se compraron para la sacristía, ascendió a 6.072 reales, pues todo lo demás fue de gracia, o sea, de balde, calculándose su precio en 3.500 reales.

 

La configuración de la primitiva Capilla era de la siguiente forma: De planta rectangular dividida en dos naves por arcada de dos arcos de medio punto que descansaban sobre un pilar central y apoyándose sus extremos sobre pilastras adosadas a los muros. Estas dos naves tendrían como origen el estar destinadas cada una de ellas a las respectivas Hermandades de la Santa Vera+Cruz y de San Sebastián. La fachada tenía en su remate una bonita torre revestida de azulejos y en su vano una campana. La puerta principal se abría en el centro de la mitad izquierda de la fachada. La techumbre, a dos aguas, estaba revestida interiormente de madera. Su extensión vendría a ocupar la mitad de la actual Capilla, siendo el resto del terreno dependencias del Hospital.

 

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·        El siglo XX

 

Siete años después, el 17 de marzo de 1903, la primitiva Capilla "fue tirada a tierra y levantada con las limosnas de los hermanos de dicha Hermandad, aumentándosele de largo cuatro metros. Concluida la obra importó 1.400 duros, en este mismo Libro queda la cuenta unida". La cuenta es un diario de los jornales abonados, materiales empleados y portes de los mismos.      Tras esta construcción de nueva planta, la Capilla se amplió hasta donde en la actualidad se inicia el presbiterio. Es de planta simple rectangular, cabecera plana, donde posteriormente se colocó un pequeño retablo de madera tallada situándose en él al Santísimo Cristo de la Vera+Cruz. Arriba del mismo, en una pequeña hornacina en que culminaba el retablo, se colocó la Santa Cruz. En el muro del lado del Evangelio se colocó un retablo donde se situó a Nuestra Madre y Señora de la Piedad, ya sin su Niño en los brazos pues desde este año de 1903, en que lo sacó por última vez en Festividad, se colocó sobre una peana a los pies del Santo Cristo en el banco o mesa del retablo central, flanqueado por dos bellísimos ángeles mancebos. La fachada principal estaba rematada por una pequeña espadaña con un vano y campana, y en cuyo muro tenía una amplia puerta central.

 

Al menos desde el año 1903, se tiene constancia escrita de la celebración de los cultos de Quinario a las Sagradas Imágenes  "todo lo solemne y celebrado que se pueda hacer", llegando a cobrar tal celebridad el mismo conforme avanza el siglo, que la Hermandad tenía como una de sus principales honras el que a él viniesen a ocupar la sagrada cátedra predicadores de fama y santidad como el venerable padre Tarín, jesuita; Fray Ambrosio de Valencina, capuchino; Fray Luis María Fernández Cala, carmelita; y Fray Claudio de Trigueros, capuchino. Especialmente emotivos fueron los cultos del Quinario durante la República y la nefasta Guerra Civil de 1936.

 

Mas no adelantemos acontecimientos y continuemos, en la medida de las posibilidades, el orden cronológico que seguimos. Dada la abundantísima documentación que poseemos de este siglo, nos limitaremos a enunciar escuetamente los que consideramos esenciales por su contenido o significación.

 

El 29 de marzo de 1910 se propone la realización de un nuevo paso para Nuestra Señora de la Piedad, que lo realizará el señor Celestino Marín Ramos, de Sanlúcar la Mayor, en cuyo contrato se dice que sus características serán: "dos metros y cuarenta centímetros de largo por uno cuarenta de ancho, estilo barroco, con doce varas de palio, dos candelabros de tres luces para la delantera y catorce pies de guardabrisas, todo dorado con oro fino".

 

En la Semana Santa de 1912 estrenó la Virgen su nuevo paso. Siendo de mayores proporciones que el anterior, el manto que tenía " con su muy buena y costeada guardilla bordada" le resultaba corto, por lo que se reunieron las hermanas y "con mucha animación disponen de dibujo en Sevilla, sacándolo la señora de don Juan Bautista Jimeno". Fue bordado en el corto espacio de diez meses por las hermanas Pascuala Delgado, María Pepa Delgado, Joaquina Delgado, Maravilla Gelo y Francisca Muñoz, siendo la primera de las citadas quien dirigió los trabajos. Se bordó en casa del mayordomo de la Hermandad don Manuel Gelo Carmona. Se estrenó en la Semana Santa de 1914, luciendo sobre terciopelo negro de Lyon el hermoso dibujo churrigueresco bordado en oro fino. Este manto es una de las joyas más espléndidas e importantes, debido a su incalculable valor artístico y emotivo, que posee el patrimonio de esta Hermandad. Esta obra ha sido restaurada por un grupo de hermanas y hermanos, reestrenándose en la Semana Santa de 1995. El antiguo manto citado que quedó pequeño es el que se le coloca a Nuestra Señora para los cultos de Quinario.

 

 

Tras casi 30 años de ausencia de Festividad, en 1917 y 1918 se celebra "con mucho gusto y entusiasmo, celebrándose una solemne misa y por la tarde salió procesionalmente la Virgen y la Santa Cruz. Las calles muy adornadas con muchos arcos, la Plaza así mismo adornada con muchas luces eléctricas y tres días de velada con la música del pueblo. Toda la hermandad muy contenta y satisfecha, tirándose muy buenos fuegos".

 

El primero de los citados años estrenó Nuestra Madre y Señora de la Piedad manto de terciopelo verde, saya de tisú de plata blanca bordada por María Pascuala y Francisca Muñoz, hermosa ráfaga y seis jarras de plata.

 

En 1919 se estrena un nuevo paso para el Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, realizado en Málaga y donado por don Joaquín Gelo Ceas, sacerdote y cofrade de la Hermandad. Tuvo un coste de 1.500 pesetas. Las características del nuevo paso son: "Un trono en madera tallada, dorado en oro fino brillo y mate, de dos metros de largo por uno y medio de ancho y cincuenta y cinco centímetros de alto, con tarimón, mesilla, monte de corcho y doce porta-tulipas". En 1923 se le añadirán cuatro candelabros más, dos regalo de don Joaquín y otros dos comprados por las hermanas de dicha Hermandad. En este paso procesionó el Señor hasta la Semana Santa de 1960 en que estrenó el actual realizado por el magistral tallista don Antonio Vega Sánchez.

 

"En 1922, el señor don Joaquín Gelo Ceas, dispone de dorar el paso de Festividad", en que procesionó Nuestra Señora aquel mismo año.

 

"El día 12 de marzo de 1923 comenzó el Quinario con mucha solemnidad. Se estrenó la Imagen de San Juan Evangelista, recuerdo a la Hermandad que ha dejado el difunto Juan García Gelo".

 

En 1924 estrena la Virgen de la Piedad "una rica toca de tisú bordado en oro fino hecha por la señora María Pepa Delgado y las señoritas María Luisa Muñoz y Lolita Rodríguez, quienes el mismo año se animaron y dispusieron de bordar el manto de terciopelo verde de Festividad. Lo empezaron en el mes de abril. El dibujo fue sacado por doña Antonia Rutort de Jimeno. Éste lo está trabajando la señora María Pepa, directora de todo, y las señoritas Lolita y Eduardita Rodríguez".

 

 

Se concluyó el 1 de agosto de 1925, luciéndolo Nuestra Señora de la Piedad en "una de las Festividades que con más lujo y entusiasmo se han celebrado", para la que vino el famoso Regimiento Granada.

 

Este manto de Festividad ha sido pasado a nuevo terciopelo de Lyon de color verde. D. José Vázquez, respetando íntegramente el dibujo original, lo ha enriquecido agrandando así sus dimensiones primitivas.Los trabajos de bordado y confección han sido realizados por un grupo de hermanos y hermanas. Se reestrenó en la Festividad de 1996.

 

Por estas fechas se seguía realizando el Sermón de Pasión en la madrugada del Jueves Santo y se pujaban el portar los pasos, de cuyas cuentas existen graciosas anotaciones.

 

"Durante los días 13, 14 y 15 de septiembre de 1927 se celebró la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. Predicó el nunca bastantemente (sic) elogiado padre Luis. La parte musical estuvo a cargo de las ilustres señoritas de Carrión. Vino la Banda Militar de Cornetas y Tambores del Regimiento Granada, dirigida por el competente y afamado músico don Moisés García Espinosa. Se quemaron muchas y vistosas piezas de fuegos artificiales y numerosas luces de bengalas. El entusiasmo y animación de este pueblo pequeñito y simpático por sus tradicionales fiestas fue indescriptible".

 

El año 1928 "entre fervorosas aclamaciones y el religioso entusiasmo de este pueblo salió la Cofradía, siendo digna de mencionar la hermosa candelería plateada que estrenó el paso de la Virgen".

 

En 1930 "la Festividad de la Exaltación se celebró en el mes de mayo en lugar de septiembre. La Festividad duró tres días. Al recogerse la procesión hubo un verdadero desbordamiento de entusiasmo, pues este pueblo vibra y se conmueve hasta el hechizo ante la vista de sus veneradas Imágenes, que parecen que están incrustadas en lo más íntimo del corazón y en lo más hondo del alma de Albaida". No necesita comentario.

 

En 1931 "se celebró el Quinario rezado, sin Sermón ni canto. No hubo Cofradía a causa de estar la venerada Imagen de Nuestra Señora de la Piedad en Sevilla para que la retocaran". Esta restauración fue debida al mal estado en que se encontraba el candelero de la Imagen. El 14 de mayo se trasladaron las Sagradas Imágenes a casa de la mayordoma doña María Pepa Delgado, ante el miedo por la agitación social y política de la época. El día 9 de septiembre volvieron las Sagradas Imágenes nuevamente a la Capilla. El día 14 se celebró solemne misa que predicó el padre Luis "quien con su cálida elocuencia arrancó lágrimas de emoción de todos los hermanos". En dicha Función se estrenó un púlpito obra del carpintero don Guillermo Muñoz Díaz, donado por doña Manuela García Gelo.

 

Los años 1931-34 no se realizaron procesiones, sí el año 1935. Durante estos años el Quinario absorbía la religiosidad popular que irrumpía "en ovaciones delirantes de la concurrencia que con avidez escuchaba" las oratorias de los predicadores.

 

"El día 14 de septiembre de 1935 amaneció espléndido y hermoso. A las cinco de la mañana llegó la Banda de Salteras que a los acordes de escogidas piezas hizo levantar al pueblo entero. Hubo una solemnísima Función en la Capilla. Por la tarde recorrió la Santísima Virgen de la Piedad las calles del pueblo, recibiendo, además de los frenéticos aplausos de sus hijos, una lluvia de rosas que una avioneta venida ex profeso de Sevilla, le arrojaba. Por la noche, espléndida iluminación embellecía la Plaza. Vino una compañía de teatro que con gran contento del pueblo representó la comedia "Soltero y solo en la vida" y el sainete "Sangre gorda". Un pianillo no dejó de tocar durante los tres días. El día 15 se representó "El proceso de Mary Dugan" y el 16 hubo cante flamenco interpretándolo "Perea" y otros muchos".

 

El año 1936, el Quinario se realizó a puerta cerrada y rezado. No salieron cofradías. En los años 1937 y 1938 el Quinario fue más solemne, igualmente no se realizaron procesiones. El día 14 de septiembre de 1939 hubo una solemnísima misa en acción de gracias por la terminación de la Guerra.

 

Será el año 1940 cuando se reinicie la salida procesional de Semana Santa, produciéndose ésta tras el Sermón, a las dos de la madrugada siendo "la permanencia de la Cofradía en la calle de diez horas". El 14 de septiembre salió procesionalmente la Virgen de la Piedad. Son muy emotivas las crónicas de la época, pero hemos preferido omitirlas para no herir ningún tipo de sensibilidades.

 

En el año 1941 no hubo procesión de Semana Santa, pero sí procesionó la Santísima Virgen el 14 de septiembre.

 

Será el año 1942 clave en los Anales de esta Hermandad. Hubo un solemnísimo Quinario con el Señor Sacramentado manifiesto. La madrugada del Viernes Santo, a las tres, salió la Cofradía. Se recogió a la una de la tarde.

 

"La festividad de la Exaltación de la Santa Cruz revistió este año un esplendor inusitado. El día trece del actual, por la tarde, más de un centenar de jóvenes de la localidad y del vecino pueblo de Olivares, llevando a la grupa a distinguidas señoritas ataviadas con vistosos trajes de flamenca, montaban briosos caballos yendo en alegre Romería a la estación de ferrocarril a esperar a la Banda de música, cornetas y tambores de la Escuela Naval de San Fernando... Luego, se encaminaron hacia la Capilla y, Romería y Música, desfilaron ante Nuestra Señora la Virgen de la Piedad. Después de un breve descanso, estuvo tocando la Banda hasta muy avanzada la noche".

 

Amaneció el día con el toque de diana floreada, le siguió una solemne Función principal donde la Capilla "parecía una catedral en pequeño". Por la tarde "sale triunfante Nuestra Señora de la Piedad ... el recorrido fue apoteósico... y al son de delirantes vítores y música entraba orgullosa de ser Madre de los Cruceros Nuestra Señora la Virgen de la Piedad". La fiesta continuó la noche de este día y el siguiente.

 

La evolución a través del tiempo de la Festividad es evidente, cada vez se va cargando más de aires festivos, teniendo como base sus orígenes religiosos.

 

El año 1943, el domingo de Quinario, se registra la Procesión de Impedidos. Se celebró la procesión de Semana Santa. No hubo Festividad. El año siguiente fue al contrario, no hubo procesión de Semana Santa y sí procesionó la Virgen en Festividad.

 

Por encontrarse en construcción una nueva Capilla para el Sagrario en la Iglesia Parroquial, el día 1 de mayo de 1945 "se trasladó procesionalmente el Santísimo a nuestra Capilla. Todos los cultos parroquiales se celebraron en el altar del Santísimo Cristo. Los niños recibieron la primera comunión bajo la sombra de la Santa Vera+Cruz". El Santísimo permaneció en la Capilla hasta el 10 de febrero de 1946 "en que se trasladó con toda solemnidad, asistiendo la Junta de Gobierno con sus insignias acompañada de todos los hermanos". En Semana Santa estrena la Virgen un palio de terciopelo verde bordado en oro en el Convento de Santa Isabel. Este palio procesiona actualmente en la Cofradía del Amor de Cádiz. Igualmente se estrenaron los varales plateados, obra del orfebre sevillano Seco. El 14 de septiembre procesionó Nuestra Señora. En la Festividad del año siguiente vendría el Regimiento Soria, quien tras la procesión "interpretó un selecto concierto".

 

 

La festividad de 1948 "revistió este año caracteres de apoteosis. Las calles fueron engalanadas con los arcos y banderas de la Feria de Sevilla. El 13 por la tarde tuvo lugar la Romería, que después de entonarse solemne Salve en la puerta de la ermita (sic) se encaminó hacia la estación. La Santa Cruz fue colocada en artística carroza, dándole guardia infinidad de caballistas. La banda de música era la del tercio Sur de Infantería Marina de San Fernando. El desfile de la Romería ante la puerta de la Capilla fue emocionante. Los hombres vitoreaban a nuestra Madre, mientras las mujeres le arrojaban las mejores flores de sus casas. Mientras tanto, la Banda de música interpretaba marchas... El día 15 hubo otra solemne Función religiosa y por la tarde el Besamanos a la Santísima Virgen". Es la primera vez que se constata este piadoso acto devocional. Al año siguiente se introduciría el Besapiés al Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, al día siguiente de finalizar el Quinario.

 

En 1950 cantó su primera Misa "nuestro hermano Manuel Muñoz López, carmelita calzado. El día 26 de febrero se le tributó un cariñoso recibimiento asistiendo la Hermandad con sus insignias. Por la noche se trasladó el Santísimo Cristo de la Vera+Cruz a la Iglesia Parroquial, siendo colocado en el altar mayor, donde al día siguiente se celebró la solemne Función religiosa. Terminada ésta se trasladaron las Autoridades y pueblo en general al "Cantillo" donde fue bendecido y descubierto un magnífico retablo de azulejos del Santísimo Cristo, al ser rotulada la calle adyacente con el nombre de Cristo de la Vera+Cruz".

 

El 22 de agosto de 1951 "la hermandad sufrió la pérdida de su Hermano mayor don Antonio Gelo García". Este año se estrenó el actual paso repujado y plateado de Festividad realizado por el orfebre sevillano don Manuel Seco Velasco (sic). Para esta ocasión estrenó la Virgen una saya rosa bordada en oro y una toca.

 

 

 

En el frontal del paso aparecía la vara de Hermano mayor con crespones negros. La Banda de música que acompañaba el cortejo procesional era el Regimiento Soria.

 

El Domingo de Resurrección de 1953 se celebró cabildo "acordándose por aclamación se procediese con toda urgencia a la ampliación de la Capilla". El 3 de mayo de 1954 (Año Mariano) se puso la primera piedra del nuevo prsbiterio, comenzando las obras en agosto de ese mismo año. El arquitecto encargado de dichas obras fue don Antonio Illanes. Por este motivo este año no hubo Festividad. Las Imágenes fueron trasladadas al templo parroquial el 17 de noviembre, colocándose en un altar portátil delante del altar de la Virgen del Rosario. El Quinario del año 1955 se celebró en la Parroquia, luciendo Nuestra Madre y Señora de la Piedad su manto verde de Festividad, acontecimiento inusitado, ya que la Imagen de la Virgen luce vestida de negro para los mencionados cultos. El 24 de abril de 1955, tras concluir las obras, se trasladaron las Sagradas Imágenes a la Capilla, y el 3 de mayo tuvo lugar la bendición de la misma, oficiada por el R.P. Fray Claudio de Trigueros (Capuchino). Por la tarde salió procesionalmente la Virgen de la Piedad, retomando así una secular tradición.

 

La obra había consistido en la realización del actual presbiterio, para el cual el 26 de marzo del año siguiente se bendijo el actual retablo, construido en Sevilla en los talleres de don Antonio Rodríguez y donado por la familia Muñoz Rodríguez. En él fueron colocados los Sagrados Titulares de la Hermandad junto con la Imagen de San Juan, formando la escena del Calvario.

 

            En 1960 se decide iniciar los trámites para hacer un nuevo paso al Señor , debido a que "el paso de parihuelas no estaba en debidas condiciones" y  porque "la portentosa Imagen titular de esta Hermandad, merece un trono en consonancia con la severidad del Crucificado". Tras ser presentado varios proyectos de diversos artistas, entre otros de: Luis Sánchez, Luis Giménez Espinosa y Antonio Vega, fue éste último el elegido para su realización, firmándose el contrato en octubre de ese mismo año. El paso es de estilo churrigueresco, está realizado en madera de pino flande envera y tiene como dimensiones 3'40 m. de largo por 2'20 de ancho, y la profundidad de la talla, sobre todo en el respiradero, alcanza en algunos lugares hasta 5 cm. Lleva seis candelabros, cuatro en las esquinas, de siete luces, y dos en el centro de los laterales, de cinco luces. Posee ocho cartelas: cuatro en los centros de cada lado del canasto y otras tantas en los respiraderos. Este paso, no sin largas vicisitudes debidas a la peculiar forma de ser del genial artista, fue estrenado en 1961. En la Feria de Muestras Ibero-americana de Sevilla de este año, se le concede a este paso el Primer premio a las labores de talla. Entre 1961 y 1966 se realizan los trabajos de dorado del mismo en el taller de don José Jiménez de los Reyes, de Sevilla

 

En la década de los sesenta se acometieron muy diversas obras tanto en la Capilla como en sus dependencias anexas, pero un duro e impactante acontecimiento ocurriría el 24 de febrero de 1969, a las 8 de la mañana cuando se oficiaba el santo Sacrificio de la Misa, la techumbre de la nave principal se desplomaba íntegramente, dejando sepultadas bajo sus escombros a los fieles que asistían al oficio religioso. El milagro fue palpable, no se registraron víctimas, apenas heridos. Existe una amplísima documentación gráfica y escrita sobre lo acontecido, pues al día siguiente los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia. Por nuestra parte no vamos a abundar en ello. Las sagradas Imágenes fueron trasladadas al templo parroquial, donde el día 8 de marzo dio comienzo el anual Quinario "viéndose todas las noches completamente abarrotadas las naves de la Parroquia". No se celebró estación de penitencia. Tras las labores de desescombro, el 16 de abril comenzaron las obras de construcción de la nueva planta de la Capilla. Durante todo el verano continuaron las obras bajo la dirección del hermano don Manuel Morán Gelo, maestro encargado de las mismas.

 

El 3 de septiembre se gira visita al Sr. Cardenal de Sevilla don José María Bueno Monreal quien "nos prometió su presencia el día 14, fecha de nuestra Festividad, y felicitó a la Hermandad por el ejemplo de abnegación y sacrificio que había dado". El 12 de septiembre se bendijeron las tres campanas que figurarían en la nueva espadaña con que culminaba la fachada principal de la nueva Capilla. El 13 de septiembre, después de 200 días de estancia en la Parroquia, volvían a su Capilla las sagradas Imágenes titulares. El 14 de septiembre, en la Función principal, S.E. Rvma. bendijo la nueva Capilla bajo la advocación de la Santa Vera+Cruz, actuando la Escolanía Virgen de los Reyes de Sevilla. Por la tarde se realizó la primera salida procesional de Nuestra Madre y Señora de la Piedad de su flamante Capilla.

 

 

A partir de esta fecha, la Capilla va a recibir un constante y continuo trabajo de mejoras y enriquecimiento, siendo las principales las realizadas entre los años 1990-93. Estas mejoras consistieron: Apertura de una nave lateral con tres arcos semicirculares descansando en dos pilastras, incorporando así a la nave principal de la Capilla lo que anteriormente era vestíbulo y sacristía; se contruyó una nueva sacristía tomando parte de la antigua dependencia de la casa de la "capillera"; a la nave principal se le incorporó una cámara de aislamiento colocándosele, además, nuevo zócalo de mármol y azulejos cobrizos, solería de mármol, enriquecimiento del techo con casetones y molduras de escayola, así como cornisa a lo largo de toda la nave.

 

Mientras duraron estas primeras obras, 4 meses, los Sagrados Titulares fueron depositados en las dependencias anexas a la capilla. A Nuestra Señora se le colocó su Niño en los brazos, con motivo de dorársele la peana que lo sustenta, acontecimiento que no ocurría desde 1903.

 

El 10 de mayo de 1992 se giró visita al escultor-imaginero don Francisco Limón Parra, de Villanueva del Ariscal, quien años antes había realizado los ángeles de las cartelas que actualmente presenta el paso del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y las Imágenes que van en los respiraderos del paso de Nuestra Señora de la Piedad, dándosele el encargo de realizar siete retablos para las Imágenes que existen en la Capilla. El citado artista realizó las pinturas de los evangelistas que figuran en las pechinas de la cúpula del presbiterio, así como los cuatro ángeles de los muros laterales del mismo, los que portan sendas cartelas con las leyendas "Salve, oh Cruz, esperanza única" y "Causa de nuestra alegría, Madre de Piedad".

 

En el verano de ese mismo año y el siguiente, un reducido grupo de hermanos y hermanas realizaron la decoración que actualmente presenta la Capilla, dorando y marmoleando los anteriormente citados retablos, cúpula y techo de la nave principal. Todo este proceso de embellecimiento decorativo actual de la Capilla se dio por concluido el 15 de agosto de 1993, Festividad de Nuestra Señora de los Reyes, Patrona de Sevilla y su Archidiócesis.

 

 

En estos retablos figuran: San Antonio, obra de Cristóbal Ramos; Santa Lucía, que goza de honda veneración y devoción en toda la comarca; San Joaquín, magnífica talla anónima estofada y policromada; Inmaculada de vestir, atribuida a Cristóbal Ramos, denominada popular y cariñosamente "La Portalita", por servir en el Belén que se instala en Navidad; Niño de la Virgen, soberbia talla del siglo XVI, entronizado en un antiguo y exquisito retablo de talla barroca, y que en las grandes solemnidades luce tres potencias de oro macizo de ley, ofrenda y donación que quien escribe le hizo, muestra de la mucha devoción que le profesa; Santa Cruz, talla dorada del siglo XVI; San José; y, por último, San Francisco, Santo vinculado estrechamente a las Hermandades de la Santa Vera+Cruz.

 

            Dos importantísimos eventos ocurrieron en 1988. El primero de ellos fueron los cultos extraordinarios que con motivo del Año Santo Jubilar Mariano se celebraron. Durante los días 12 -14 de mayo tuvo lugar un solemne triduo en la Capilla. Luciendo Nuestra Señora al principio del presbiterio sobre unas parihuelas con ráfaga y vestida con los colores inmaculistas: saya blanca ymanto celeste. En la mañana del siguiente día se trasladó en piadoso Rosario la Imagen de la Virgen de la Piedad hasta la Iglesia Parroquial en andas, siendo depositada en el altar mayor de la misma. Para esta casión estrenó un manto rosa bordado en seda natural en Villanueva del Ariscal. Tras una solemne función, volvió sobre las dos de la tarde a su Capilla, encontrándole las calles adornadas con arcos de flores y alfombradas de juncias, romero y álanos blancos.

 

 

            El otro trascendental acontecimiento del año 1988 fue la restauración del Señor. A la 1'25 de la madrugada del 27 de mayo la bendita Imagen del Señor abandonaba Albaida, hito desconocido desde que no se sabe cuándo tan venerada Imagen está en nuestro pueblo. Las labores de restauración duraron 105 días, fueron realizadas en la calle Santa Ana  22 de Sevilla por el profesor don José Rivero Carrera. Durante la ausencia del Señor, su lugar en el altar lo ocupó su antigua Cruz. A las 10'05 de la noche del 10 de septiembre apareció de nuevo el Señor ya restaurado. Fue trasladado en emotivo e indescriptible viacrucis hasta su Capilla desde las Instalaciones de la Hermandad en la Cruz del Barrero.

 

 

Sería interminable relatar los acontecimientos y enseres que desde la década de los sesenta han ido incrementando el patrimonio de esta Hermandad, por lo que, nos limitaremos a su simple enumeración: Instalaciones propias de la Hermandad en la Cruz del Barrero; sayas y mantos bordados para Nuestra Señora; insignias procesionales ricamente bordadas; corona de oro y plata, diadema, aureola de estrellas; lujosísima toca de maya de oro profusamente bordada de lo mismo; diversas piezas de orfebrería: ángeles entrevarales, ángeles sobre peana, peana de plata de ley realizada por los Hermanos Delgado, candelabros de cola, relicario, juego de jarras, llamadores, candelería, y un largo etcétera que muestran el fervor de sus cofrades hacia sus Sagradas Imágenes.

 

En la actualidad, esta Hermandad celebra su estación de penitencia al amanecer del Viernes Santo y la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz en septiembre.

 

Sus cultos de Reglas son: Quinario al Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, comenzando el Miércoles de Ceniza y concluyendo con el Besapiés el primer lunes de Cuaresma. En la primera dominica de mayo se celebra Función y procesión de la Santa Cruz; los días previos se realiza un solemne Triduo a Nuestra Madre y Señora de la Piedad. En la víspera a la dominica más cercana al 14 de septiembre se celebra la Función principal de Instituto y la tarde de ese mismo día devota procesión de Gloria de Nuestra Señora; al día siguiente, piadoso Besamanos a la venerada Imagen. El 21 de noviembre, solemne Misa en honor de la Virgen con motivo de su Fiesta litúrgica. En el mes de noviembre, honras fúnebres por los hermanos difuntos. Solemne Misa a San Antonio y Santa Lucía, en sus respectivos días.

 

Además de estos cultos, como ya hemos señalado anteriormente, celebra solemne Misa en honor del Niño dentro de la octava de Navidad. Según sus Reglas, los últimos viernes de cada mes celebra Misa de Hermandad, y todos los sábados del año se reza el ejercicio de la Sabatina en honor y alabanza de la Virgen de la Piedad.

 

Todos los actos de culto de esta Hermandad concluyen con una Salve propia compuesta y dedicada para Nuestra Madre y Señora de la Piedad, cuya letra es del hermano José García López y la música de Salvador Juan Teodoro, estrenada con motivo de los cultos extraordinarios que esta Hermandad celebró del 12 al 15 de mayo de 1988, donde, tras un solemne Triduo en su Capilla, el 15 de mayo fue llevada procesionalmente en andas la Imagen de Nuestra Señora de la Piedad al templo parroquial, celebrándose una Solemne Función religiosa, tras la cual regresó a su Capilla, estrenando para la ocasión un bellísimo manto rosa bordado primorosamente en seda.

 

Dentro de los nueve días posteriores al fallecimiento de un hermano, la Hermandad, recogiendo una secular tradición y obligación de sus Reglas, ofrece una Misa de réquiem en sufragio por el descanso eterno de su alma.

 

 

Resumir en estas páginas 500 años de historia de esta Fervorosa, Ilustre y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y Nuestra Madre y Señora de la Piedad, ha sido tarea difícil, tanto por la necesidad de sintetizar como por la continua represión de sentimientos que, quien escribe, ha tenido que reservarse en virtud de la objetividad que debe imprimir a cuanto relata, la misma aptitud que debe guardar al redactar la trayectoria secular de la Hermandad de la Soledad, la cual se dispone a documentar.

 

 

ANEXO, POSTERIOR A LA PUBLICACIÓN DEL LIBRO

 

                En septiembre de 1995, quien escribe, queriendo cumplir su adolescente deseo de donar a la Bendita Imagen de la Santísima Virgen bajo la hermosísima y devota advocación de Nuestra Madre y Señora de la Piedad un manto verde de altar, ve cumplido su deseo. En la Función Principal de Instituto celebrada el 16 de septiembre fue bendecido este manto por el director espiritual de la Hermandad y a la sazón cura-párroco don José Manuel Martínez Santana. Al día siguiente, para su Besamanos, Nuestra Señora lucía su nuevo manto.

 

 

    Su diseño es original de Juan Manuel Castilla Gallego y realizado en su propio taller y bajo la dirección de Juana María Ibáñez Rodríguez y la colaboración de María de la Cruz Ibáñez Fuentes, María de la Cruz Ibáñez Rodríguez, Esperanza Ibáñez Rodríguez y María Dolores López Morán.

 

    Este manto suele lucirlo Nuestra Señora desde finales de septiembre hasta las vísperas de la solemnidad de la Inmaculada.

 

    En 1995 estrenó la Virgen una peana en plata de ley realizada en los Talleres de los Hermanos Delgado de Sevilla. La peana tiene una altura de 55cm. y su forma es de las llamadas "de bombo". Se han empleado en su construcción 18 kilos de plata de ley y entre los motivos decorativos figuran los siguientes: En el centro una cartela con la María, símbolo de la Santísima Virgen; en las esquinas lleva dos medallones con la Rosa Mística y el Espejo de Justicia; en las cartelas laterales van inscritas las dos primeras estrofas del Stabat Mater.

 

     Desde 1999, esta Hermandad tiene elaborado el proyecto y encargado su realización en los Talleres Hermanos Delgado de Sevilla, de unos nuevos respiraderos en plata de ley para el paso de palio de Nuestra Madre y Señora de la Piedad. Si Dios quiere, serán estrenados en la próxima Semana Santa de 2003. Cuando posea documentación gráfica de los mismos será publicada.

 

      En el Besapiés del año 2000, el Señor estrenó un juego de potencias de oro de ley  realizadas por los orfebres sevillanos Hermanos Delgado.

 

     Por especial empeño y honda devoción que doña Ángela Castilla profesa a Nuestra Madre y Señora de la Piedad, y a su costa, su hija, Piedad López Castilla está bordando en oro fino una artística y exuberante saya para que sea estrenada en la Festividad de 2003. El diseño es de José Delgado, de Talleres Hermanos Delgado de Sevilla. He aquí imágenes de las labores de confección de una manga de la misma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

[1]SÁNCHEZ MANTERO Y OTROS: Ob. cit. pág. 44.

[2]Abad SÁNCHEZ GORDILLO: Ob. cit. pág. 151.

[3]Abad SÁNCHEZ GORDILLO: Ob. cit. págs. 169-171.

[4]A.P.A. Libro de Memorias de Misas y Capellanías 1. 1637-1660.

[5]Íbidem, pág. 4.