6.- LOS SIGLOS XIX Y XX.
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Aunque excede temporalmente el campo de nuestro estudio (siglos XIII al XVIII), creemos oportuno completar este capìtulo dedicado a la evolución de la población de Albaida.
Mal empezó este siglo, al igual que los anteriores. En octubre de 1800 se declara una epidemia del cólera. A esta situación habría que añadir la falta de subsistencias del primer quinquenio del siglo: "que los infelices trabajadores no pueden ganar un miserable jornal y la carestía de los primeros alimentos hace perecer a los pobres desvalidos"[1]. La escasez, que se prolongó hasta 1807, se fue agravando a cada paso con una nueva desgracia: las correspondientes dificultades de la Guerra de la Independencia que alcanzaron su cénit con la hambruna de 1812.
A los problemas alimenticios hay que sumar los epidémicos: 1804, 1812, 1817 y 1819 son años de brotes epidémicos que unidos al hambre multiplicarían las víctimas; por último, y de nuevo, en 1832 y 1833 llegará la epidemia del cólera.
A pesar de estas calamidades, la Villa hacia 1826 tenía un total de 98 vecinos, 423 habitantes[2]. Años más tarde, 1849, Madoz da la cifra de 99 vecinos y 371 habitantes[3].
Será a partir de la segunda mitad del siglo cuando se atisbe los primeros síntomas de una recuperación demográfica.
La mejora de las cosechas, los avances en la higiene pública y en el campo sanitario, la mejoría de la economía, fueron factores que influyeron positivamente en el ascenso de la población, que pasó de 392 habitantes en 1860 a más de 500 en el año 1884.
Estos esperanzadores índices de crecimiento continuarían a lo largo del siglo XX: 615 habitantes tenía Albaida en 1900, 745 en 1909, 789 en 1922, 952 en 1936, 1.016 en 1940, 1.491 en 1975 ; 1.714 en 1994 y 1.841 en 1996.
Lentamente, pero con firmeza, Albaida ha superado el profundo bache demográfico del siglo XVIII que hizo peligrar su existencia como tal, corriendo el peligro de una posible absorción por el pujante pueblo de Olivares, habiendo podido dejar de ser municipio, como llegó a opinar Pascual Madoz.
Mas su constante y antiquísima tradición de núcleo poblado, el arraigo y peculiar cariño que sus habitantes sienten por su tierra, el enraizamiento profundo de sus tradiciones, y otros muchos factores, hacen que Albaida tenga una pujanza y personalidad propia difícilmente declinable.
Deseamos que el conocimiento de su historia cree en las nuevas generaciones un nuevo brío que la afiance e impulse con ímpetu hacia el siglo que comienza, potenciando así su histórica vocación de pueblo capaz de regir su propio destino.
[1]A.P.O. Act. Cap. años 1803, 1805.
[2]MIÑANO, S.: Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal. Madrid, 1826.
[3]MADOZ, P.: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, 1849. Vols. I y XIV.