4.- EL SIGLO XVII.
Este siglo será el inicio del declive irreparable que refrenará, por no decir que atajará, la buena trayectoria seguida por Albaida desde su repoblación.
En este siglo, junto al bache demográfico, contamos también con un bache documental. Ninguna noticia podremos aducir para, ni siquiera aproximarnos, cifrar la población en este siglo.
Serán los Libros sacramentales de nuestro Archivo parroquial, fuente preciosa e insustituible, los que nos aporten información, no tanto para saber cuántos habitantes había sino para conocer cómo fue evolucionando su número y qué causas pueden advertirse de los cambios de esta evolución.
A pesar de los baches epidemiológicos de principio de siglo, la tendencia general era la de estabilización de la población. Un nuevo descenso se produce en la década de 1615 a 1625, alcanzando las cotas más bajas de la primera mitad del siglo tanto en casamientos como en bautismos (nacimientos). Debió ser esta etapa nefasta en el campo económico dejando sentir sus secuelas en la evolución demográfica.
Mas la recuperación en el segundo cuarto de siglo fue sorprendente, todo apuntaba hacia la continuidad satisfactoria que tradicionalmente había mantenido Albaida, asimilándose, e incluso superando levemente, a los índices positivos y alentadores del Censo de 1594.
Pero todo se truncó. En 1649 sobreviene una de las epidemias de peste que más estragos ha ocasionado a la población, produciéndose cuando aún no era posible que se hubiese restañado las brechas demográficas producidas por las epidemias anteriores.
Esta virulencia epidémica causó en Albaida tan nefastas consecuencias, que podemos tomar esta fecha de 1649 como punto álgido del fin del esplendor y comienzo de la irreparable decadencia poblacional de la Villa.
Entre los meses de mayo y agosto de 1649 se produjeron 140 muertes[1] por causa de la citada epidemia.
El intento de recuperación que se observa por el positivo índice de bautismos en los cinco años siguientes, serían sólo "la rabieta" ante la adversidad, pues la decadencia escalonada y constante posterior impediría este momentáneo auge.
Por si faltase algo, nuevas epidemias en 1677 y 1697 ocasionaron nuevas muertes, ante las que nada significaban los tímidos esfuerzos de recuperación que suponían los nacimientos.
El declive de población era ya un hecho que se consumará en el siguiente siglo pues, junto a estas adversidades naturales, hemos de añadir otra de trascendental importancia: el auge del vecino pueblo de Olivares en detrimento de la que fue principalísima aldea del señorío del Cabildo: Albaida..
La población de esta época, constituida mayoritariamente por el campesinado, sigue siendo la gran desconocida en cuanto a su régimen de vida y conducta. Dentro de ella tendríamos que distinguir dos grandes niveles económicos: los pequeños propietarios y los arrendatarios de la iglesia y la nobleza, por una parte; y los trabajadores sin propiedad ni arriendo que pueden identificarse como "jornaleros", por otra.
Ambos grupos soportarán con desigualdad las duras condiciones del arrendamiento y la fiscalidad eclesiástica y señorial.
[1]A.P.A. Libro 1 de defunciones (1648-1654).