2.- EL SIGLO XV.
En el siglo XV se invierte la tendencia demográfica y se observa un aumento considerable de la población.
Al igual que en el siglo anterior, no existen padrones fiscales o militares que nos informen del número de vecinos que habitaban Albaida, sólo de una manera indirecta encontramos información al respecto. Se trata de un interrogatorio o probanza al que se someten varios vecinos de Albaida a raíz de la nefasta actuación del tesorero de la Catedral, Pedro González de Medina, a la sazón arrendador de Albaida, en 1440. Una de las preguntas que se le formula a los interrogados trata concretamente de averiguar los vecinos que tenía, a lo que la respuesta más generalizada era la de "120 pecheros", lo que aproximadamente nos da la cifra de 500 habitantes[1]. Lo que nos hace sostener la evolución poblacional satisfactoria, pues en un siglo, a pesar de las adversas circunstancias aludidas, había quintuplicado su población, síntoma inequívoco de su auge económico.
Esta tendencia demográfica y económica satisfactoria está corroborada por las adquisiciones de tierras, estudiadas en el capítulo anterior, que realiza el Cabildo por estas fechas (1450-1453), síntoma palpable de la existencia de una fuerte demanda como resultado de una boyante población, siendo de las localidades señoriales más importantes desde este punto de vista, junto con Villanueva del Ariscal, mediado el siglo XV. Albaida se presenta, junto con Villanueva y La Algaba, en privilegiada posición dentro del conjunto señorial de la comarca, en lo que a población se refiere, hecho confirmado por ocupar la cabecera en las relaciones de repartimientos efectuados durante el siglo XV en los lugares de señorío.
Ordenados cuantitativamente por las cantidades de maravedíes que debieron abonar los concejos en las contribuciones exigidas por los Reyes Católicos, resulta la relación muy significativa en cuanto a la importancia relativa del vecindario y de la riqueza económica de estos concejos en tales años, mostrando la importancia de Albaida sobre los demás lugares[2].
Hacia finales del siglo XV, debió alcanzar los 200 vecinos, 800 habitantes aproximadamente, según se desprende de la declaración realizada para el Censo General de 1534[3], donde se dice tener 169 vecinos y haberse disminuido en los últimos años en unos 40.
Entre el último tercio del siglo XV y el primero del XVI se produce un doble fenómeno de migración (interior y exterior) que es conveniente constatar.
Un cambio de residencia conlleva una serie de requisitos. El traslado de un lugar a otro trae consigo el desplazamiento no sólo de una posible mano de obra, sino también el de la unidad de percepción tributaria que éste significa. El movimiento migratorio puede darse dentro del mundo rural, entre villas y aldeas, o bien de éste a la ciudad, lo que en principio es sólo un cambio de ámbito; pero también puede significar un cambio de jurisdicción, al pasar del señorío al realengo o viceversa.
Entre 1483 y 1486, Sanlúcar la Mayor recibe un contingente humano de 32 emigrados, de los que 23 proceden de lugares colindantes a su término: 13 proceden de Albaida, 2 de Villanueva del Ariscal, 2 de Olivares, 3 de Benacazón y 3 de Umbrete[4].
Desconocemos los motivos que ocasionaron esta inmigración del lugar de señorío de Albaida al realengo de Sanlúcar.
Antes de entrar en la Edad Moderna, reseñaremos brevemente la estratificación de la sociedad de la época medieval.
Cuatro grandes grupos la integran: nobleza, clero, estado llano y minorías.
1) El papel de la nobleza, tradicionalmente asociado al ejercicio de las actividades militares, quedó nuevamente sublimado con motivo de las grandes conquistas del siglo XIII. La guerra en la frontera granadina sostenida por la nobleza contribuyó igualmente a mantener su prestigio. Por otra parte, la necesidad de promover las tierras conquistadas exigió a la monarquía contar con el concurso de la nobleza a la hora de administrar el territorio. Ello explica la proliferación de los señoríos, sobre todo a partir del siglo XIV. Tales señoríos lleva aparejada la jurisdicción sobre esos territorios y sus vecinos, vasallos del señor, el cual se beneficia de ciertos tributos a que los primeros estaban obligados, al mismo tiempo que obtienen otras rentas proveniente de sus dominios territoriales.
La nobleza dista mucho de ser un grupo social homogéneo, por el contrario, en ella cabe distinguir varios estamentos:
a) Alta y media nobleza. Frecuentemente emparentada con el rey, generalmente ostenta un título nobiliario sobre todo a partir del siglo XV. Se caracteriza por la posesión de señoríos y acaparamiento de cargos relevantes, que añaden a los ingresos provenientes de su señorío un volumen de rentas considerable.
b) Baja nobleza. Poseen pequeños señoríos o encomiendas de Órdenes militares. Acaparan cargos municipales de tipo medio (regidores y jurados) que consiguen patrimonializar. Dentro de este grupo, un estrato característico y relativamente importante es el de los caballeros de premia (individuos cuyo nivel de renta les permitía poseer un caballo y armas), situación intermedia entre el estado llano y la nobleza, aunque equiparado, a efectos prácticos, con ésta última.
2) El clero. Grupo igualmente heterogéneo, fiel trasunto de la sociedad de entonces. Sus rasgos tipificadores serían los siguientes: elevado número de sus miembros, nivel social y económico dispar.
Los grandes prelados son equivalentes a la nobleza, de la cual proceden, generalmente, y a la cual se asemeja en su estilo de vida y en su nivel de rentas (6.500.000 mrs. de rentas percibe el arzobispo de Sevilla al finalizar la Edad Media). Otras dignidades eclesiásticas equivalen aproximadamente a la nobleza inferior. De extracción popular son, generalmente, los miembros del clero parroquial.
3) El estado llano. Es con mucho la parte más importante de la población. A su vez, la mayor porción de sus componentes viven en el mundo rural.
Esta sociedad rural presenta las siguientes características: profunda transformación en la Baja Edad Media, como consecuencia de la crisis del siglo XIV y del relativo fracaso de la repoblación; está menos diversificada que la sociedad urbana; el campesino, por la propia naturaleza de sus funciones y por el ámbito en que las desarrolla, está íntimamente vinculado a la tierra. Así, si es o no poseedor de la misma, los podemos clasificar en campesinos con tierra, propietarios de pequeñas parcelas dedicadas a la vid, el olivo o la huerta, con hazas de una extensión superficial modesta; y campesinos sin tierra, cuyos dueños no las trabajan personalmente, desarrollándose sistemas de tenencia de las mismas: arrendamiento, aparcería y enfiteusis, que asegura al campesino la tenencia por tiempo ilimitado de una tierra, con posibilidad de transmitirla hereditariamente, pagando un censo anual. Esta última modalidad se encuentra en franca regresión en favor de las dos primeras citadas desde, al menos, el siglo XV.
4) Minorías. Dentro de este apartado incluimos a los mudéjares,los judíos y los esclavos.
a) Los mudéjares, musulmanes sometidos políticamente a los cristianos. Insignificantes desde el punto de vista numérico, localizados en morerías muy concretas formando un cuerpo social aislado. Es necesario insistir en la expulsión casi total de la población musulmana ya desde el siglo XIII. En 1502, los Reyes Católicos obligaron a la población residual mudéjar a optar entre la conversión al Cristianismo o el exilio.
b) Los judíos. Su situación es muy distinta a la de los mudéjares, formando una comunidad próspera desde el punto de vista económico que habita generalmente en el ámbito urbano. No son bien vistos por el resto de la sociedad, los "cristianos viejos" descargan sus iras contra los judeo-conversos, surgiendo la noción o el principio de "limpieza de sangre.
c) Los esclavos. Su número aumenta considerablemente a mediados del siglo XV, debido a las siguientes circunstancias: los moros capturados en las expediciones militares suelen ingresar en la esclavitud; los descubrimientos portugueses en la costa occidental de África permiten el comercio de esclavos negros, practicado desde entonces en Sevilla. No obstante, esta minoría es insignificante en comparación con la población libre. Son propietarios de esclavos miembros de todos los grupos sociales dotados de un poder económico suficiente. La conversión del esclavo al cristianismo no lleva aparejada su liberación. Ésta se consigue comprando la carta de ahorría o por voluntad del dueño.
[1]A.C.S. 4-4(2)-38.
[2]HERRERA,A.: El Aljarafe sevillano durante el Antiguo Régimen. Nota (20), pág. 348.
[3]"La población del Reino de Sevilla en 1534". En "Cuadernos de Historia" (Madrid), VII (1977), págs. 337-355; algunas de las informaciones originales para este padrón en el A.M.S. sec. 1, carps. 125 ss.
[4]BORRERO FERNÁNDEZ, M.: El mundo rural sevillano en el siglo XV: Aljarafe y Ribera, pág. 170.