2.- LA HERMANDAD DE SAN SEBASTIÁN.

 

 

En primer lugar trataremos sobre el Hospital del Glorioso Mártir Señor San Sebastián y, ante todo, aclararemos definitiva y tajantemente uno de los temas que ha suscitado varias conjeturas, cual es la vinculación a dicho Hospital de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz.

 

En el año de 1567, a través de un Censo mandado realizar por el Cabildo Catedralicio a los curas de Albaida Bartolomé Martín Bravo y Diego Medrano, tenemos noticias de la existencia de un Hospital.

 

Aunque la fuente no cita atribución ni detalles del mismo, dada la finalidad con la que fue realizado el Censo a que aludimos, podemos asegurar que este Hospital pertenecía a la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, ya que en él estableció doña María Melgarejo, noble hidalga contemporánea a la fecha citada y vecina de la Villa, una capellanía testamentaria dejando a dicha Hermandad posesiones de tierras y hacienda para que con los tributos percibidos de su administración se celebrase anualmente una solemne Misa cantada, "Misa del Gallo", la noche de Navidad. Hecho que constatan todos los Libros de Memorias de Misas, Capellanías y Hermandades del Archivo Parroquial de Albaida, citándola e incluyéndola explícitamente como obligación propia de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz en los siguientes términos:

 

"Tiene obligación esta Cofradía cada año a decir seis memorias cantadas por las personas que les dejaron sus haciendas. Ytem por doña María Melgarejo, noche de Navidad una Misa cantada del gallo"[1]

 

Como veremos en el siguiente capítulo, al tratar de las Hermandades penitenciales de Nuestra Señora de la Soledad y de la Santa Vera+Cruz, ésta última tuvo en su origen un carácter asistencial, aunque pronto acentuó estrictamente su carácter penitencial.

 

Desgraciadamente existe una laguna documental de un siglo, debido a los lastimosos avatares de toda índole que ha sufrido nuestro Archivo parroquial, que nos impide explicitar las causas que concurrieron para que, desde finales del siglo XVI, se hallasen las Hermandades de San Sebastián y de la Santa Vera+Cruz sitas y compartiendo el mismo Hospital.

 

Una explicación más que probable debió ser la reducción de Hospitales decretada en 1587 por el cardenal Rodrigo de Castro, afectando a un buen número de cofradías que radicaban en dichos establecimientos, y que se llevó a término en 1604 a raíz del Sínodo del que hablaremos en el siguiente capítulo. Tales fueron las consecuencias de esta reducción que, por ejemplo, de 14 Hospitales que existían en Sanlúcar la Mayor, quedaron 2; no digamos los efectos producidos en Sevilla, sobre la que existe abundantísima documentación impresa y que obviamos detenernos en su comentario.

 

En el año 1576, los Cabildos secular y eclesiástico de la ciudad de Sevilla, hacen voto de realizar anualmente una Función de rogativas a San Sebastián el día de su fiesta, con motivo de la interseción del Santo ante la epidemia de peste padecida. Es posterior a esta fecha cuando podemos considerar la existencia de la Hermandad del Glorioso Mártir, por asimilación a la ciudad e influencia del Cabildo y, posiblemente, el patronazgo del Santo sobre la Villa, cuyo testimonio documental es citado por don Miguel de Herrera y Mantilla, cura de Albaida, en 1797, al contestar al cuestionario enviado por el geógrafo Tomás López, quien se proponía realizar una especie de Diccionario Geográfico de España.

 

De 1586 se conserva en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla una relación de las Hermandades de la Santa Vera+Cruz de la diócesis hispalense realizada por el provisor D. Iñigo Lizañana confirmando su ubicación, y es aquí cuando tenemos noticias de que la Hermandad de Albaida está incluida dentro del grupo que se hallan "en Hospitales propios o compartidos con la advocación de la Cruz o de San Sebastián".

 

En 1637 encontramos en nuestro Archivo Parroquial el primer documento según el cual, el cura de Albaida Dr. D. Juan Damas, ubica a las Hermandades de San Sebastián y de la Sangre (Santa Vera+Cruz) en el Hospital del Glorioso Martir[2].

 

Maticemos algunos aspectos sobre el tema. El Hospital era compartido por ambas Hermandades:

 

Primero: Ninguna de las dos Hermandades se atribuye en sus textos la propiedad o posesión del Hospital, aunque figure bajo la advocación del Santo Patrón. Siempre se habla en los Libros de ambas Hermandades de "el Hospital" de forma impersonal. Por contra, significativamente, la Hermandad del Santísimo, respecto al suyo, siempre matiza: "en el Hospital que es de esta dicha Cofradía".

 

Segundo: Todo corrobora que el Hospital era compartido por ambas Hermandades, corriendo a medias con sus gastos hasta la extinción de la Hermandad de San Sebastián a finales del siglo XVIII, como se documentará a continuación.

 

Tercero: A partir de entonces será la Hermandad de la Santa Vera+Cruz quien sufrague íntegramente el sostenimiento del Hospital, que continuará denominándose bajo la misma advocación hasta bien entrado el siglo XIX en que se denominará Capilla de la Santa Vera+Cruz.

 

Cuarto: Es digno destacar la vinculación existente en muchos pueblos entre Hospital de San Sebastián y Hermandad de la Santa Vera+Cruz. Por citar algunos: Dos Hermanas, Mairena del Alcor, Olvera, Villanueva del Ariscal, Sanlúcar la Mayor, Huévar, Benacazón, Salteras, Villaverde del Río, Higuera de la Sierra, Arcos de la Frontera, y otros muchos.

 

Para documentar tales premisas nos apoyaremos básicamente en el Libro de Cuentas de la Hermandad de San Sebastián, fechado entre 1672 y 1734, único Libro que, desgraciadamente, ha perdurado y que gracias a él podemos disponer de dichos datos. Éste lo contrastaremos con el Libro de Cuentas y Cabildo de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, fechado entre 1708 y 1762, que se encuentra en el Archivo propio de la citada Hermandad.

 

Amén de conocer de su existencia anterior al citado año de 1637, las primeras, aunque parcas, noticias que poseemos del Hospital están extraídas de la toma de cuentas del año 1674, en  que textualmente se dice:

 

"Ytem se le recive en data 3 reales de vellón que gastó en una soga para el pozo del Hospital"[3].

 

En 1675 se dice que gastó "3 Rv. en una llave para el Hospital".

 

El Hospital debía estar, quizás debido a su antigüedad, en muy precarias condiciones pues, en los Libros citados de ambas Hermandades, son continuas las alusiones a obras en el mismo. Una importante, aunque no hemos hallado la partida de gastos, debió ser la realizada en 1676, pues se dice:

 

"Ytem da en data y descargo 5 Rv., digo 7 Rv. (sic), que le dio al padre cura y al Lcdo. D. Joseph Montero por trasladar los Santos al otro Hospital mientras se aderezaba el otro (sic)".

 

El aderezo debió consistir en obras importantes pues, si no, ¿qué sentido tendría "desalojar" los Santos del Hospital?. La fuente no explicita ningún detalle que haga referencia al tipo de aderezo que se realizó, ni el tiempo que duró, ni la fecha de terminación, ni cuándo se produjo la vuelta de las Imágenes al mismo y si volvieron con la misma "solemnidad procesional" acompañadas de los sacerdotes, como se indica hicieron a la ida al "otro Hospital".

 

¿A qué otro Hospital se refiere?, ¿al primitivo citado en 1567?, ¿al Hospital del Santísimo Sacramento que, como veremos, ya existía por esa época?, ¿a qué Santos se refiere?, ¿por qué  no fueron trasladados al templo parroquial, el cual dispondría de más espacio?. Lamentablemente el escribano no nos ofrece detalles de ningún tipo que ilumine tan oscuras interrogantes.

 

Mas el Hospital siguió necesitando de obras, a veces son simples reparaciones. En 1681 aparece "96 Rv. que el dicho prioste ha gastado en aliñar el Hospital", y en el cargo de la cuenta de 1684 se dice: "Ytem se la bajan al dicho prioste 10 Rv. que lo montó unas tejas que se compraron, con un real de traerlas al Hospital". "Ytem se la bajan al dicho prioste 8 reales y cuartillo que le dio a Luis Franco por hacer las tapias del Hospital".

 

En 1697 serán "16 reales que gastó en cerraduras para la puerta del Hospital" y en 1702 "se le abonan 130 Rv. que gastó en las puertas que se hicieron para el Hospital".

 

Aunque carecemos de datos que nos permitan describir el Hospital, éste debía tener, coronando la fachada de su Capilla, una pequeña espadaña, para la cual se mandó hacer en 1700 una campanilla que costó 40 reales.

 

Lastimosamente, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz no posee en su Archivo el Libro de Cuentas relativo a estas fechas, debió perderse, como tantos otros, a lo largo de la accidentada vida del Archivo Parroquial.

 

Pero sí podemos cotejar datos, a partir de estas fechas, entre los Libros de Cuentas de ambas Hermandades para argumentar documentalmente la segunda premisa citada, es decir, que el Hospital era costeado por ambas Hermandades.

 

Así, en las cuentas tomadas el 3 de mayo de 1718 al prioste de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, se dice: "Mas da en data 120 Rv. y 17 mrs. (maravedíes) que gastó en la obra del Hospital"[4].

 

Por su parte en el de la Hermandad de San Sebastián del citado año se expresa: "Mas se le recibe en data 91 Rv. que gastó en la obra del Hospital".

 

En 1722, leemos en el Libro de la Santa Vera+Cruz lo siguiente: "Mas se le recibe en data 7 reales y medio de vellón que costó un aliño de la puerta del Hospital". En la misma fecha se expresa el escribano de la Hermandad de San Sebastián diciendo: "Ytem se le abonan 7 Rv. de una poquita de obra que se hizo en el Hospital".

 

En este último Libro citado, en 1728 se manifiesta: "Ytem da en data 34 reales y 21 maravedíes que importó la mitad de la costa de la ventana del Hospital". Por su parte, en el de la Santa Vera+Cruz se dice: "Mas se le recibe en data a dicho mayordomo 34 reales y 21 maravedíes que se gastó en componer la ventana, como consta de carta de pago".

 

Más exactitud y claridad evidencial no cabe. Pero pongamos la guinda, en las cuentas de las respectivas Hermandades del año 1732, se dice exactamente: "Mas se le recibe en data 48 reales y medio de vellón que gastó en la obra del Hospital".

 

Ambos Libros lo expresan con idénticas palabras. Está más que demostrado que el Hospital del Glorioso Mártir San Sebastián era sostenido a partes iguales por ambas Hermandades y que ambas eran codueñas del mismo.

 

Argumentemos la tercera premisa. Aunque sabemos por los Libros de Memorias y Capellanías que la Hermandad de San Sebastián continuó celebrando sus cultos hasta el año 1784, nada sabemos de sus actividades en relación con el Hospital desde 1734, fecha hasta la que llega su Libro de Cuentas conservado.

 

Las noticias que a partir de esta época poseemos sobre el Hospital, están relacionadas con la Hermandad de la Santa Vera+Cruz y extraídas de su Libro de Cuentas y Cabildos citado.

 

Las obras en el Hospital continuaron, sufragadas por esta Hermandad, a la que el Abad de Olivares, D. Luis Francisco Duro de Velasco, en el Auto de su visita celebrada el 24 de marzo de 1724, usa por primera vez un posesivo para referirse al Hospital:

 

"... de la visita pasada a la Cofradía de la Santa Vera+Cruz, sita en su Hospital de esta Villa...".

 

En 1736 se habla de "26 Rv. que se gastó en la obra del Hospital" y en 1740 se gastan 164 reales por el mismo motivo. Nuevamente, en 1743 se pagan "13 reales de dos días de obra que hubo en el Hospital" refiriéndose a los jornales de los operarios.

 

Será en la cuenta tomada el 25 de mayo de 1746 donde se refiera:

 

"Ytem se le recibe en data a dicho mayordomo 156 reales que costó el hacer el púlpito del Hospital, como consta de recibo".

 

Tres años más tarde se da cuenta:

 

"Ytem se le recibe en data a dicho mayordomo 32 reales y 8 maravedíes de vellón de la memoria del gasto de la obra".

"...78 reales y medio de vellón, los mismos que gastó en la mitad de las tablas con el porte, como consta de recibo, y fueron para la obra del Hospital".

"...45 reales que gastó en la rita de los palos que se compraron para la obra del Hospital"

"...6 reales que gastó en el maestro por los viajes que hizo a buscar la madera".

 

Como podemos observar, desgraciadamente, son exiguas y anodinas las reseñas, pues no aportan datos que nos permitan constatar en qué consistían las obras pero, al menos, existe constancia de ellas.

 

Algo más explícita es el Acta del cabildo que transcribimos por su interés:

 

"En la Villa de Albayda, en 15 días del mes de septiembre de 1749 años, se juntaron a cabildo los oficiales y hermanos más antiguos de la Cofradía de la Santa Vera+Cruz, a saber: sus mercedes Leandro de Aguilar y Joseph Sánchez, alcaldes, y Joseph López y Bartolomé Aldabe, diputados y otros hermanos de los más antiguos de dicha Hermandad, presidiendo el señor don Joseph de la Cruz Baquero, cura y beneficiado de la Iglesia Parroquial de esta Villa.

Y todos unánimes y conformes, acordaron que se haga la obra del Hospital, y que para ello se recurra ante el Rvmo. Sr. Abad de Olivares a conseguir licencia para que del dinero que para en poder del señor don Joseph Carnes, se nos libre el que hubiere para comprar los materiales que se necesitaren...".

 

Es importantísima esta Acta de cabildo para puntualizar: Que es esta Hermandad la que toma la decisión de realizar la obra en el Hospital, que es ella quien tramita los cauces legales ante la Abadía y, que es la que va a sufragar los gastos de la misma recurriendo al citado señor para que "acabe de pagar el importe del valle que se le vendió por esta Hermandad". Si la Hermandad tiene poder de decisión sobre el Hospital hasta esos extremos, es porque éste es de su incumbencia.

 

Y la autorización se concedió y la obra se realizó como consta en las cuentas de 25 de mayo de 1750:

 

"Ytem se le recibe en data a dicho mayordomo 423 reales que se gastó en la obra del Hospital, como consta de una memoria que se presentó".

 

La obra debió ser de consideración y, gracias a ella, el Hospital pudo soportar el Terremoto que, cinco años más tarde, causaría los estragos ya estudiados en el templo parroquial, pudiendo así, tras una pequeña obra, acoger a Su Divina Majestad, haciendo las veces de Parroquia provisional hasta la nueva construcción de la misma.

 

Y con el correr de los años, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz siguió reuniéndose en cabildos, como lo han de uso y costumbre, en el Hospital del Glorioso Mártir. Será en 1895 cuando, en carta dirigida al Rvmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, apostillará:

 

"Los que suscriben, Hermano mayor y oficiales de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz de la Villa de Albaida a V.E.R., con el debido respeto, exponen:

Que hallándose dicha Hermandad establecida desde tiempo inmemorial en una Capilla que se dice haber pertenecido al antiguo Hospital de San Sebastián, y que la referida Hermandad ha venido atendiendo a la reparación y conservación de la susodicha Capilla, la que encontrándose en la actualidad en estado ruinoso, los hermanos de la repetida Hermandad se comprometen con sus limosnas a reedificarla con tal de poder continuar como hasta aquí en la posesión y ejercicio de los actos correspondientes a dicha Congregación, sin que por nadie puedan ser molestados: y al efecto suplican a V.E.R. los autorice a llevar a cabo la proyectada obra con la condición expresada. Gracia que no dudan alcanzar de la reconocida bondad de V.E.R., cuya vida guarde Dios Nuestro Señor muchos años.

Albaida, 7 de octubre de 1895"[5].

 

La obra fue autorizada y realizada, como documentaremos en el capítulo siguiente, en los términos expresados, tajantes, seguros.

 

Creemos, como decíamos al principio de este apartado, haber arrojado luz decisiva y clarividente, para solventar documentalmente un tema trascendente en nuestra historia que permanecía hasta el presente confuso e incierto.

 

Zanjada tan interesante cuestión, continuamos nuestro estudio documentando algunos aspectos de la vida, actividades, fiestas y cultos de la Hermandad de San Sebastián.

 

En primer lugar destacaremos que esta Hermandad, al igual que todas las demás, se regía por unos Estatutos u Ordenanzas llamadas Reglas. Éstas eran las normas básicas por la que se gobernaba la vida de la Hermandad.

 

En ellas aparecían dos aspectos fundamentales: el culto al Santo y la labor asistencial a los hermanos. Además de estos fines primordiales, en las Reglas se contenían normas que habían de seguirse para el perfecto funcionamiento de la Hermandad.

 

Para velar por el mismo, se establecía la celebración anual de un cabildo de elecciones, en el cual se nombraban los cargos de alcaldes, diputados, prioste o mayordomo que durante el año habían de velar por el estricto cumplimiento de sus Reglas.

 

Aludían también a las "penas" que se le debían imponer a los hermanos que no cumpliesen con sus obligaciones que, como hemos comentado anteriormente, consistían en exigirle al hermano infractor determinada cantidad de dinero.

 

La primera mención a las Reglas de esta Hermandad la tenemos, precisamente, de un Auto de visita fechado en 12 de octubre de 1682, donde "se manda que los oficiales y demás hermanos de la dicha Cofradía cumplan con su obligación conforme a la Regla de gobierno de ella, así lo proveyó y mandó".

 

Nuevamente, en Auto de visita de 28 de septiembre de 1710, escrito en el Libro de Cuentas y Cabildos de dicha Hermandad del citado año, se dice:

 

"Habiendo reconocido las cuentas tomadas de esta Cofradía y las Ordenanzas que tiene para su gobierno (...) y respecto de estar las Ordenanzas tan maltratadas, para su mayor claridad y que se les pueda a los hermanos leer, se busque quien escriba bien y con claridad para que se  renueven y tengan permanencia".

 

Lamentablemente, como en otras tantas situaciones, no han llegado hasta nosotros ni las primitivas Reglas ni éstas que se mandan copiar. Tendremos, por tanto, que realizar una labor de reconstrucción de las mismas a través de datos obtenidos de su Libro de Cuentas y otros documentos consultados.

 

En sus orígenes, hacia finales del siglo XVI, esta Hermandad tenía dos Santos cotitulares: San Sebastián y el Arcángel San Miguel, pues en la cuenta de 1680 se lee: "Ytem se le hace cargo al dicho mayordomo de 46 Rv. que lo montó las penas de San Sebastián y San Miguel".

 

Por lo que conocemos del funcionamiento de las Hermandades en esta época, deducimos que, el 29 de septiembre, esta Hermandad celebraba Función a San Miguel, víspera la tarde antes y misa de réquiem el día posterior a la fiesta, y que la no asistencia a alguno de estos actos de culto, sin causa justificada, era penada y, para ello, debía estar contemplada en las Reglas.

 

Efectivamente, más explícito es el texto del Auto de Visita de 29 de noviembre de 1694 que, literalmente, dice así:

 

"...Y en consideración de que esta Cofradía no tiene bastantes medios para satisfacción de sus festividades y derechos parroquiales (...) mandó su Sría. no se celebrase la festividad de San Miguel, según se manda por la Regla, que por falta de dichos medios no tenga obligación la Cofradía de hacerla y así de no pagar los derechos parroquiales".

 

En definitiva, a través de este Auto, el Abad de Olivares, haciendo uso de su jurisdicción de Ordinario, lo que hace es conceder una "dispensa" de la obligación de celebrar dicha festividad por las causas indicadas. No obstante, en algunos años posteriores, celebra la Hermandad dicha festividad para, pronto, perderse definitivamente.

 

Mas de lo que sí continuaba teniendo obligación de celebrar esta Hermandad era su fiesta principal el día del Santo Patrón, 20 de enero. Por los datos que poseemos, esta celebración estaba marcada por un ambiente festivo y popular, pues en la cuenta de 1681 se  expresa:

 

"Ytem da en data 2 Rv. que dio al pregonero por pregonar las fiestas".

 

"...4 Rv. que le dio a un acompañado porque fuera cantando en la procesión el día de San Sebastián".

 

Dejando volar nuestra imaginación, aunque sólo sea por breves instantes, sería un gozo asistir al tipismo que protagonizaría el pregonero informando e invitando al pueblo a la participación en las fiestas, pronunciando a voz en grito y con una cierta cantinela por las calles y plaza de Albaida la convocatoria. Nuestros antepasados, al igual que hoy hacemos con nuestras fiestas más entrañables, celebrarían con expectación y regocijo tan festiva llamada.

 

Y para dar mayor realce a la fiesta, a partir de 1685 y repetido en 1702, 1707, 1708 y 1711, se pone una nota de colorido musical con la presencia de un tamborilero: "Ytem da en data y descargo el dicho prioste 20 Rv. que gastó en el tamborilero".

 

La procesión del Santo Patrón, a quien tantas veces suplicante habría acudido el pueblo de Albaida, al igual que lo hacía el de Sevilla, en las calamidades producidas por las frecuentes epidemias de peste, era celebrada ahora con aires festivos, síntoma inequívoco de que soplaban vientos de bonanza.

 

Y para mostrar su Imagen asaeteada y semidesnuda al pueblo, su Hermandad, en 1680 se gastó "3 reales y medio que costaron unas cintas para las saetas (flechas)"; en 1693 son "27 reales y 8 maravedíes los que gastó en unos faldones y unas manguillas para las andas del Santo"  a las que en 1727 le compraron "2 tornos que importaron 4 reales de vellón".

 

Estas andas eran portadas por 4 hermanos de la Cofradía que pujaban previamente para llevarlas: "Mas se le hace cargo de 15 Rv. que dieron 4 hermanos por llevar el Santo en la procesión", como consta en 1706.

 

 

Gracias a estas pujas y, por tanto, a los ingresos de los que debía dar cuentas el mayordomo, sabemos que el Santo participó, al menos, en la procesión del Corpus de los años 1724, 1725, 1729 y 1732:

 

"Ytem se le hace cargo de 20 Rv. que dieron de limosna 4 hermanos por llevar el Santo el día del Corpus".

 

Costumbre y tradición que recordarán muchos de nuestros convecinos, ya que no hace muchos años en que dejaron de participar en la solemne procesión del Corpus el Santo que nos ocupa, junto a otros de nuestra devoción: Santa Lucía, San Antonio, Santa+Cruz, San José y la que fue, como veremos a continuación, titular de la Hermandad del Santísimo, Nuestra Señora del Socorro.

 

Respecto a la Imagen del Santo, de la que desconocemos su fecha de ejecución y autoría, se debía encontrar en precario estado de conservación, pues en 1727 se dice: "Ytem da en data 150 Rv. que pagó al artífice que encarnó nuestro Santo".

 

Y a continuación se especifica:

 

"Ytem da en data 11 reales de vellón que gastó con los hermanos que trajeron el Santo de Sevilla".

 

Aunque la reseña de la data habla de "encarnar", es decir, policromar, acudimos al Archivo de Protocolos y Actas Notariales de Sevilla, como otras tantas veces a lo largo de nuestras investigaciones, con la esperanza de obtener algún dato significativo, mas no hemos hallado ningún tipo de documentación al respecto. Esto no obstaculiza para afirmar tajantemente que la Imagen del Santo Patrón, por su buena hechura, composición, estilo y calidad artística, se debió a la gubia de un experto imaginero del siglo XVI o muy principios del XVII.

 

 

Y ya que hablamos de encarnar, diremos que la actual encarnadura del Santo se debe al maestro Francisco Buiza, quien lo repintó en la década de los setenta del siglo XX.

 

Además de las festividades citadas, la Hermandad de San Sebastián tenía obligación de celebrar 14 misas cantadas y 10 rezadas.

 

La dotación para estas misas, al igual que el resto de las Hermandades y la propia Fábrica de la Iglesia, se obtenía de los réditos que de haciendas, fincas y otros bienes habían dejado en sus testamentos los hermanos para que de su administración se celebrasen memorias en bien de sus almas. Éste es el origen de las muchas posesiones que nuestras Hermandades tenían en los siglos XVII y XVIII. Estas posesiones eran las principales fuentes de ingresos de nuestras Hermandades, amén de limosnas y demandas que se realizaban en determinadas épocas por el pueblo; otras fuentes de ingresos era el repartimiento anual del que en 1707 se expresa:

 

"Ytem se le hace cargo de 129 reales de vellón por el repartimiento que se le ha hecho a los hermanos de dicha Cofradía, a razón de 3 Rv. cada uno de los 43 hermanos".

 

Los gastos que se describen en las cuentas que solía tener la Hermandad eran de cera, aceite para la lámpara, derechos de visita, cura, sacristán, subsidio a la Fábrica de la Iglesia, cualquier tipo de nueva adquisición, festividades: música, cohetes, tamborilero...

 

Respecto al segundo fin principal de la Hermandad, la asistencia a los hermanos, por la época que documentamos ya había debido perder esta Hermandad su carácter asistencial, pues no tenemos alusión de ningún tipo sobre la misma. La asistencia a los hermanos quedó restringida al auxilio ante la muerte, sepultura y honras fúnebres, como ya hemos comentado ampliamente en las consideraciones generales del presente capítulo.

 

En el último tercio del siglo XVIII, debido a la calamidad y penuria de los tiempos, nuestras Hermandades sufren un fortísimo estado de decadencia, hasta el punto que en 1784 se incoa por parte del mayordomo de la Fábrica de la Parroquia un largo pleito contra todas las Hermandades de la Villa y sus respectivos mayordomos, debido al impago por parte de las mismas de los derechos de subsidio que debían abonar a la Parroquia. De este pleito hablaremos más extensamente al tratar, en este mismo capítulo, de la Hermandad del Santísimo.

 

El año 1784 es el último que aparece en el Libro de Memorias y Capellanías[6] la celebración de la fiesta del Santo y sus misas de obligación "con asistencia de la Hermandad". Y será en este mismo Libro en el año 1797 donde se especifique que:

 

"Habiéndose disuelto la Hermandad del Señor San Sebastián, se quedó por cumplir estas misas, pero habiéndose cobrado los réditos de tres escrituras de otros tantos capitales impuestos sobre la Caja de Amortización de Sevilla, se vuelven a cumplir según lo vayan permitiendo las cantidades que se vayan cobrando"[7].

 

Tras al menos dos siglos de existencia, esta Hermandad del Glorioso Mártir Señor San Sebastián, no pudo superar esta honda crisis y dejó de existir. Será en una petición de tasación de estipendios que debían abonar las Hermandades de Albaida al entonces cura párroco de la misma don Antonio Lucena y Annes, en 1808, cuando categóricamente se constate lo ya expresado al decir:

 

"La Hermandad de San Sebastián, también establecida en la nominada Iglesia, que según se expresa en la citada certificación al número cuatro de ella, se halla extinguida"[8].

 

           Ningún dato hemos obtenido sobre cuándo y por qué motivo la Imagen dl Santo abandonó su Capilla del Hospital para pasar al templo parroquial donde actualmente recibe culto.

 

           Con motivo de las obras de restauración de la Parroquia en 1995, y mientras éstas duraron, la Imagen del Santo volvió a la Capilla de la Santa Vera+Cruz.

           Sirvan estas líneas dedicadas a esta extinta Hermandad como un grato homenaje para que, a través de ellas, nuestro pueblo tenga constancia histórica de sus actividades y servicios que siglos atrás prestó al mismo, entre los cuales está el habernos legado una bellísima Imagen de nuestro Santo Patrón.

 

 

 

 


 

[1]A.P.A. Libro de Memorias de Misas y Capellanías 1.

[2]A.P.A. Libro de Memorias y Capellanías 1, pág. 3.

[3]A partir de ahora las notas se tomarán del Libro de Cuentas de la Hermandad de San Sebastián correspondientes al año que respectivamente se cita. Las citas están ortográficamente actualizadas; por ejemplo, si el documento dice textualmente: "3 rv. que gasto enuna soga pal poso delospital", transcribimos: "3 Rv. que gastó en una soga para el pozo del Hospital".

[4]A.H.V. Libro de Cuentas de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, 1710-1764.

[5]A.H.V. Libro de Cabildos de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz. 1895.

[6]A.P.A. Libro de Memorias y Capellanías 7. 1784-1855.

[7]A.P.A. Íbidem, pág. 42v.

[8]Memorial de estipendios. 1808. Archivo particular.