3.- LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD.

 

 

 

Antes de dar comienzo al análisis de la trayectoria secular de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, queremos precisar que, al plantearnos el estudio de las Hermandades penitenciales de la Villa de Albaida, quien escribe, se encontraba con un insuficiente caudal documental sobre la misma, ya que su Archivo está custodiado por la propia Hermandad y, por razones obvias, no habíamos tenido acceso al mismo.

 

Siendo conscientes, y deseosos, de que este estudio abarcase cuantas referencias documentales estén al alcance de nuestra mano, para así  completar con tintes objetivos nuestra secular Historia, nos dirigimos a dos destacados miembros de la Junta de Gobierno de esta Hermandad, don Plácido López Morán y don Juan José Delgado Díaz, para que realizasen las gestiones oportunas  y, así, pudiésemos tener acceso a dicha documentación. Igualmente, cuantas fotos ilustran esta página han sido facilitadas por los mismos. Nuestro agradecimiento personal a los citados señores, los cuales, además, nos honran con su sincera amistad.

 

Nobleza obliga y, desde aquí, queremos agradecer vivamente la respuesta positiva que a nuestra solicitud dio la Junta de Gobierno de la citada Hermandad, colaborando de esta forma al enriquecimiento documental de este estudio.

 

Son, por tanto, los datos aportados por el material de este Archivo, debidamente examinados y contrastados  personalmente por quien escribe,  junto a los que en nuestras investigaciones hemos reunido de otras fuentes, los que ilustrarán este apartado dedicado al análisis y estudio documentado de la Antigua y Fervorosa Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de los Afligidos y María Santísima de los Dolores en su Soledad.

 

Dispongámonos, pues, al igual que acabamos de hacer con la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, al análisis pormenorizado, objetivo y documentado de los acontecimientos y vivencias que esta Hermandad ha realizado en su trayectoria histórica. La Hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de la Soledad, como se le denomina en los más antiguos Libros de Memorias de la Iglesia Parroquial de Albaida, debió tener su origen en la última década del siglo XVI, haciéndose eco del florecimiento fundacional de cofradías penitenciales tras las disposiciones conciliares emanadas de Trento, ya que las Cofradías homónimas del Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad de Sevilla fueron fundadas en 1576 y 1557, respectivamente, registrándose el acto del Descendimiento por vez primera en 1582.

 

Es en el Memorial de fiestas de 1637 cuando tenemos la primera constancia escrita de la existencia de la Hermandad de la Soledad, registrándose a partir de 1643 los cultos que debía celebrar, aunque con toda seguridad, éstos los celebraba desde su fundación.

 

El Libro de Memorias de Misas fechado entre 1637-1660 cita los cultos de obligación de esta Hermandad:

 

"Misas y Fiestas que son a cargo de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. Tiene obligación de una Misa cantada en la Fiesta de la mañana de la Resurrección, y el  día de la Natividad de Nuestra Señora una Misa cantada, y de dos memorias de misas rezadas".

 

Estas Memorias de Misas eran completados con la Procesión el Viernes Santo en la tarde y la de la mañana de Resurrección. Igualmente los cultos de la Festividad de la Natividad de Nuestra Señora eran precedidos por las Vísperas de la tarde anterior, la Vigilia de difuntos la tarde de la fiesta y al día siguiente Misa de réquiem por los hermanos fallecidos. Estos cultos tenían el mismo ceremonial descrito en el capítulo de las Hermandades asistenciales.

 

Tendremos que remontarnos al año 1685 para obtener del Archivo parroquial la primera constancia escrita de las procesiones que efectuaba, aunque no debemos tomar esta fecha como la de su inicio, ya que el Libro que precede a esta fecha debió perderse, el cual debía recoger dichas procesiones en fechas anteriores.

 

El cura Sebastián Joseph de Gálvez nos dejó escrito: "El día 20 de abril de 1685, Viernes Santo por la tarde hice la procesión de la Soledad y el Domingo de Pascua de madrugada la procesión de la Resurrección". "El día 7 de septiembre de 1685 dije las Vísperas de la Natividad de Nuestra Señora y el día siguiente la Misa con procesión y a la tarde la Vigilia por los hermanos de la Soledad y el día 10 la Misa cantada de réquiem".

 

Será a partir de este año cuando a través de los diferentes Libros de Memorias tengamos constancia de las celebraciones de los cultos y procesiones, los cuales nos aportarán, aunque escuetos, datos de interés sobre los mismos. Así, en 1687 se dice que "este año no hicieron los hermanos función alguna ni dieron estipendios", debió ser una crisis económica pasajera, pues al año siguiente se registra "en 16 de abril de 1688 se hizo la procesión por la tarde del Santo Entierro y en 18 del dicho se hizo la Festividad de la Resurrección", por contra, "en éste no se hizo la Festividad de la Natividad de Nuestra Señora, dije una Misa cantada". Nuevamente, en 1690 "no se hizo la procesión del Santo Entierro y el día 26 dije Misa por los hermanos la mañana de la Resurrección". No se citan los motivos, mas todo hace pensar que serían los escasos medios económicos con que se contaban.

 

Por el Inventario de 1690 conocemos que "Reconociose Nuestra Señora de la Soledad con su vestido de anascote negro con una corona de plata sobredorada". Esta Imagen estaba situada en su altar de la cabecera de la nave de la Epístola del templo parroquial "con un retablo dorado, un frontal de lienzo pintado, dos manteles viejos guarnecidos de encajes, cuatro candeleros plateados y dos atriles, una tablilla de consagración y otra del Evangelio de San Juan, y una lámpara plateada y un medio cuerpo de Jesús Nazareno" , citado en el Inventario de 1741, y del que no se vuelve a tener noticias tras el Terremoto.

 

Por los datos aportados constatamos la ubicación canónica desde los orígenes de esta Hermandad en el templo parroquial, al amparo de las disposiciones tridentinas y las que se desarrollaron posteriormente, fomentando la erección y fundación de Hermandades en el seno parroquial, inusual en época anterior al Concilio.

 

En 1691 no se celebró la Festividad de la Natividad de Nuestra Señora, sí registrándose, junto con la del Santo Entierro y la Resurrección, el resto de los años de esa década.

 

La organización y vida interior de esta Hermandad o Cofradía se regía, al igual que las demás, por sus Estatutos o Reglas debidamente aprobadas por la autoridad eclesiástica. Estas Reglas, además de los cultos citados, prescribían la disciplina pública de sus cofrades en la procesión del Viernes Santo, sacrificio penitencial como ofrenda a Dios y expiación de los propios pecados, tal era el sentido de la disciplina que se realizaba por los "hermanos de sangre" llevando el rostro cubierto y la espalda desnuda hasta la cintura y descalzos. La disciplina se componía de un manojo de rosetas y abrojos o unos látigos o flagelos hechos con cuerdas de cáñamo.

 

Al terminar la procesión se procedía a la curación, lavado y limpieza de las heridas provocadas por la flagelación por los mismos hermanos. Para ello, se hacían unos cocimientos y ungüentos con arrayán, laurel, rosas y romero y se lavaban las heridas por medio de paños húmedos, secándose con arrayán en polvo y papel de añafea o de estraza.

 

Estas curaciones de los disciplinantes se especificaban en las Reglas y se disponía de "basías de lavar los hermanos", bacinas o palanganas.

 

Pero no adelantemos acontecimientos. Comencemos por describir el acto piadoso del Descendimiento y la subsiguiente procesión. En la Historia de la Humanidad nada surge porque sí, ni de la noche a la mañana. Si para llegar a la constitución de las Hermandades de penitencia se tuvo que recorrer, como vimos, un largo camino, el Ejercicio devocional del Descendimiento del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo del Árbol Santo de la Cruz tuvo también sus precedentes. Veámoslo.

 

En la Edad Media era frecuente representar en el interior de los templos primero, y posteriormente en sus atrios, escenas relacionadas con la Vida de Cristo, la Virgen o los Santos, según las diversas épocas y festividades litúrgicas. Así, disponemos de fragmentos literarios como el denominado Auto de los Reyes Magos, que se representaba en época navideña, o los llamados Autos Sacramentales, de los cuales hemos hablado, para la festividad del Corpus. También, durante la Semana Santa se solían representar Autos o Escenas Pasionistas.

 

Estas representaciones fueron posteriormente prohibidas por la autoridad eclesiástica. El Concilio de Trento y posteriores normativas que se sucedieron a partir del mismo, entre ellos el Sínodo Hispalense de 1604, precisaron una posición favorable a la utilización de simulacros o imágenes, pero se advertía que en tales actos devocionales no se adoraba al icono, sino que debía ser utilizado sólo para comprender mejor el mensaje evangélico y doctrinal en que se sustentaban. Al mismo tiempo, se prohibieron las representaciones de carácter dramático conscientes del desvío doctrinal que podían entrañar.

 

Tal estado de cosas desembocó en una revisión de las iconografías tradicionales, manteniéndose algunas, rechazándose las que se entendían como poco decorosas, y proponiéndose otras nuevas. De entre las diferentes clases de estas representaciones, aunque prohibidas algunas escenas, en el Sínodo de 1604, pervivió el acto piadoso del Descendimiento. Así, durante el siglo XVII, y con plena seguridad durante el XVIII, en Albaida, la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad realizaba esta representación como parte del cortejo o procesión penitencial en la tarde del Viernes Santo. Analicemos cómo se practicaba.   

 

En el rincón de la Plaza, hasta hace muy pocos años conocido como "el Calvario", donde actualmente se levanta el Oratorio de esta Hermandad, tras ser mandado aderezar o adecentar por la propia Cofradía, se colocaba la denominada "Cruz de las Toallas" o sudarios, en ella se enclavaba una Imagen de Cristo que tenía goznes o articulaciones en los brazos que permitiesen su movilidad para tal menester.

 

Antes de continuar el relato del Descendimiento, queremos puntualizar que existen indicios documentales de que esta Imagen de Cristo que se usaba en dicho acto piadoso era la que previamente había procesionado con la Hermandad de la Santa Vera+Cruz; no obstante, como comentaremos más adelante, el tema  es bastante complejo.

 

Estando la Imagen de Cristo en la Cruz y el cortejo penitencial en la Plaza, sobre el púlpito comenzaba el Sermón del Descendimiento pronunciado por el predicador de turno, quien tras presignarse empezaba su exordio, dejándose oír, esperando que su voz llegase a cuantos asistían a la conmemoración. Predispuesto el pueblo para el ministerio, comenzaba: "Ved aquí, hermanos, el más paradógico de los misterios pendiendo de la Cruz: la Muerte hecha Vida". Tras lo cual, el predicador declamaba el pasaje con tono altisonante en forma de arenga.

 

A continuación se entonaba el Stabat Mater, mientras simultáneamente se colocaba la Imagen de Nuestra Señora, portada en las parihuelas "que servía a todas las Hermandades de la Iglesia" y "con faldones y palio negro de ambas Hermandades", cerca de la Cruz "dum pendebat Filius". De nuevo el predicador desgranaba una a una estas palabras: "Descendamos su cuerpo del madero, que desde hoy nos servirá de guía. Inundémonos, hermanos, del vivificante agua de la caridad".

 

Clérigos de Olivares desempeñaban la función de los Santos Varones José de Arimatea y Nicodemo, quienes, subiendo las empinadas escaleras con unas vendas en sus manos, se disponían a descender la Imagen del Redentor. El predicador irá dando, conciso, órdenes muy precisas, acompañándolas de una ligera reflexión, invitando a los presentes a la meditación. Comienza entonces "el Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo del Santo Árbol de la Cruz".

 

"Sobre tu Cruz alguien grabó INRI, leyenda de burla para quien de verdad es Rey. Que le sea retirada esa tablilla de ignominia, pues su reino no es de este mundo". El Santo Varón Nicodemo descuelga la tablilla.

 

"Que le quiten la corona. Corona de desprecio, afrentas y odios; que corone su frente la amistad, el amor y la buena voluntad entre los hombres. ¡Qué mejor corona para el Rey de reyes!. José de Arimatea ha ido alisando los largos cabellos de la Imagen de Cristo y, cuidando no dañarlo, despoja de sus sienes la zarza entretejida.

 

"Que le quiten el clavo de la mano derecha, acero que horada una mano que sólo se alzó para perdonar". Con un pequeño golpe de martillo sale el hierro, largo y de cabeza triangular, oscuro, casi negro.

 

"Que le quiten el clavo de la mano izquierda y se lo entreguen a su Madre". El acto es repetido nuevamente, realizándose en el mismo estilo que se hizo con el clavo derecho.

 

"Que le quiten ahora el clavo de los pies y se lo entreguen a su Madre. Pies que acertaron a posarse sobre las aguas del Tiberiades y hollaron las arenas de Samaria y Betsaida". Los clavos son depositados, junto con la corona y la tablilla, en una bandeja que se presenta ante las andas de la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad.

 

"Y ahora descended con cuidado ese cuerpo y presentadlo a su Madre, para que Ella se sienta menos sola. Sirva de consuelo ese cuerpo a quien es Consuelo mismo". A lo largo de la estípite de la Cruz se desliza, asido por las axilas y hombros con unas blanquísimas vendas, el Cuerpo de Cristo. Tomado por los clérigos que actúan de Santos Varones, tras presentarlo ante la Imagen de Nuestra Señora, lo depositan en la urna. Desde el púlpito, el orador trona: "¡Muerte! ¿Dónde está tu aguijón? ¿Dónde tu victoria?. Toquen las trompetas y suenen los clarines, proclamen a los cuatro vientos que Cristo resucitó. ¡Resucitó! Christus vincit et regnat et imperat. Recordad, hermanos, lo que nos dejó dicho San Juan: Dios es caridad y todo el que hace caridad está con Cristo y Él con él!.

 

Los hermanos vestidos de túnica, hachas en sus manos "los de luz" y disciplina "los de sangre", o portando alguna de estas insignias: "el estandarte negro que sirve en la humillación, el estandarte morado, la cruz de la parroquia, los ciriales, el incensario, la campanilla, la trompeta o los platos para pedir", se han puesto en camino meditando que es la caridad el estigma por el que esta Hermandad se fundó a finales del siglo XVI, siendo esa caridad la que movía a dar piadosa sepultura a sus hermanos, y es la caridad su heráldica: la Cruz y las escaleras en el Monte Calvario.

 

Y desde el púlpito, el colofón: "Al final, la caridad cristiana no se entiende como entrega, sino con Aquél que ha padecido por nosotros. Él, la cabeza; nosotros, sus miembros". El cortejo penitencial recorría el pueblo de Albaida en la tarde del Viernes Santo, terminando de procesionar antes del anochecer, como ordenaba la normativa vigente que ya hemos comentado en las consideraciones generales de este capítulo.

 

El texto que hemos relatado del Descendimiento está recogido del que realiza la Hermandad de la Soledad de Alcalá del Río, pues la Hermandad de Albaida no conserva la descripción del mismo, aunque debía ser en los términos que hemos referido, por cuanto que de esta forma era la ceremonia más generalizada de este Ejercicio devocional. 

 

Entre la madrugada y el alba de la mañana de Resurrección, esta Hermandad celebraba la "procesión del Resucitado", efigie con toda probabilidad de "Jesús Niño", la cual no se cita en el Inventario de 1690 ni en el de 1741, pero sí en el Auto de Visita fechado en Olivares el 11 de enero de 1761, donde el Rvmo. Sr. Abad don Agustín de Alvarado y Castillo, "en visita de las cuentas tomadas a don Nicolás Sánchez Dorador, mayordomo que ha sido de fábrica de la Iglesia Parroquial de la Villa de Albaida y demás diligencias practicadas (...) mandó Su Señoría que la efigie que se nomina de Jesús Resucitado, que se ha visto en la sacristía y se dice sale en procesión la mañana de la Pascua de Resurrección, se quite y encierre por estar indecente y para la referida Función no salga en manera alguna, previniendo el cura a la Hermandad a quien corresponde que en caso de que deseen hacer la dicha Función sea con otra Imagen decente".

 

Este Niño o "Señor Resucitado" fue consumido, es decir, quemado, cumpliendo la orden del Abad "por su antigüedad", en dicho año, como documenta el Libro de Cuentas y Cabildos de esta Hermandad en su Inventario de 1765 cuando cita "tres potencias de plata de martillo que servían al Señor Resucitado" y "una capa de tafetán carmesí con puntas de plata fina que servía al Señor Resucitado y consumado por mandato de Visita general de nuestro Prelado y Señor Rvmo. Sr. Abad de Olivares (según dicho es)". Este Resucitado debía procesionar en unas andas en la citada mañana de Resurrección, mas no tenemos noticias de su forma y composición. No consta que se hiciese nueva imagen, ni que saliese ninguna otra, pues el que  procesione la Imagen de la Virgen el Domingo de Resurrección es costumbre de mediados el siglo XIX. Es probable que desde 1761, cuando se hiciese procesión de Resurrección, se realizase con el Santísimo Sacramento, como documentaremos más adelante.

 

Respecto a la Festividad de la Natividad de Nuestra Señora, hemos descrito ya los cultos y honras fúnebres por los hermanos difuntos que disponían las Reglas celebrar. El día 8 de septiembre, tras la solemne Misa cantada, se celebraba la procesión por el lugar con la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad, quien durante el siglo XVII y hasta mediado el XVIII figuraba en unas andas con cuatro varales y palio, cuyo color desconocemos al no existir documentación de esta época, pues la que poseemos es a partir de 1765, la cual comentaremos en su lugar. Las ceremonias fúnebres eran exactamente igual que las descritas en el capítulo de Hermandades asistenciales.

 

Al iniciarse el siglo XVIII, en sus primeros años, se registran las tres procesiones, no realizándose las del Viernes Santo y Resurrección en 1708, 1710 y 1714, aunque en estos años sí se realizaba la Festividad. En 1709 no se realizan ninguna de las tres procesiones "por no tener su Hermandad disposición de hacerlas", como se documenta en el Libro de Memorias de Misas. Destaquemos que aunque no se celebrase la procesión de Resurrección o de la Natividad, sí se decía Misa de obligación de la Hermandad. Es precisamente en 1714, que no hubo procesión el Viernes Santo, cuando se cita por primera vez textualmente "la Función de Descendimiento y procesión de entierro", anteriormente sólo se cita "procesión de entierro" y con posterioridad a esta fecha igualmente.

 

En 1717 "en 8 de septiembre hizo, por estar yo convalesciente, el Rvdo. Villegas, cura de Heliche, la fiesta de la Natividad". El párroco enfermo era el cura Navarro, quien tres años más tarde, no sabemos si por fallecimiento o traslado, era sustituido, en 1720, por don Joseph de la Cruz Vaquero. Curiosamente los años 1718 y 1719 no se registran Memorias de Misas.

 

Desde 1720 hasta 1737, ambos inclusive, se realizan anualmente las tres procesiones. Por contra, en 1738 no se celebran ninguna de las tres. Igualmente ocurriría en 1742, donde el Libro de Memorias recoge que "en este año no salió la Cofradía por no haber caudal para lo que se necesitaba". En los años 1745, 1747, 1749, 1751 y 1754 no se celebraron ninguna de las tres procesiones. Curiosamente en 1755 celebró "en 14 de septiembre la Festividad de Nuestra Señora de la Soledad". Este mismo año no se registra la procesión del Viernes Santo.

 

Si el Terremoto acaecido en primero de noviembre de 1755 fue de trascendental importancia para la vida religiosa del pueblo de Albaida, mucho más lo sería para la vida de esta Hermandad, establecida canónicamente desde su fundación en el templo parroquial.

 

Ardua fue la tarea que supuso la localización de los documentos que han ilustrado el capítulo dedicado al templo parroquial relacionado con el citado y nefasto acontecimiento; pero, más imprecisos, si cabe, son los que deben ilustrar este período de tiempo en los Anales de esta Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad. La razón es clara, esperábamos encontrar en su Archivo la documentación que clarificase la confusa situación que se plantea, mas nuestras esperanzas han quedado frustradas dado que los textos más antiguos que en él existen datan de 1764, nueve años después del suceso.

 

Por lo expuesto en los capítulos precedentes, sabemos que en el altar mayor del templo parroquial existía un retablo realizado en 1734 por José Medinilla, el cual fue posteriormente dorado en 1748; pues bien, este retablo, al igual que la práctica totalidad de los enseres del templo, dejaron de existir tras el Terremoto, pues no vuelven a aparecer en los documentos posteriores al mismo, como hemos estudiado en su lugar correspondiente.

 

A la Capilla del Hospital del Glorioso Mártir Señor San Sebastián, que durante esta etapa hizo las veces de Parroquia, fue trasladado el Santísimo Sacramento; en ella celebra sus cabildos la Hermandad del Rosario.

 

La Capilla del Hospital de Madre de Dios del Socorro, la del Santísimo, es reconocida en 1755 de "las ruinas que padeció en el Terremoto" y en la cuenta del Libro de su Hermandad del año 1759 se cita la partida de gasto que ésta desembolsó "derribando y levantando de nuevo todo el terreno, tejados y tapias" de la misma, como ya documentamos.

 

Tras lo expuesto, la pregunta es ineludible, ¿qué ocurrió durante los años 1756-1759 con la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad?.

 

Los Libros de Cuentas de Fábrica, los de las Hermandades del Santísimo, de la Vera+Cruz y del Rosario, no hacen alusión alguna a la misma. Por los Libros de Memorias de Misas sabemos que en dichos años no realizó ninguna de sus tres tradicionales procesiones.

 

Mas, para completar el cuadro de incertidumbre, en el Archivo de la propia Hermandad no existe referencia alguna a este etapa pues, como ya hemos señalado, sus más antiguos documentos son de 1764.

 

Como podemos comprobar, ardua y difícil, a pesar de los muchos indicios que poseemos, es la tarea que se nos presenta para pronunciarnos categóricamente en cualquier sentido. Nuestra labor consistirá, como hasta aquí hemos venido haciendo cuando no tenemos certeza plena, en dar forma lógica a los textos y noticias de que disponemos.

 

Por documentos y noticias indirectas posteriores a las citadas fechas sabemos que esta Hermandad tuvo vigencia y actividad durante las mismas. Así, aparece en 1759 aportando, a medias con la de la Vera+Cruz, los 100 reales para los fuegos de las solemnes ceremonias de inauguración y bendición del nuevo templo parroquial. En esa misma fecha, según el Libro de Memorias de Misas, celebra la Festividad de la Natividad, y realiza "un paso grande nuevo dorado con 8 varas doradas que costeó esta Hermandad en el año pasado de 1759 donde va colocada la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad el Viernes Santo con dos ángeles que van puestos delante", como se documenta textualmente en el Inventario de esta Hermandad realizado en 1765.

 

Este "Inventario de los bienes que la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad tiene en esta Villa de Albaida, hecho en 8 de enero de este presente año de 1765" existente en el Libro primero de Cuentas y Cabildos de la citada Hermandad, es un magnífico y detallado texto realizado por el mayordomo de Fábrica, y a la sazón escribano de dicha Hermandad, don Nicolás Sánchez Dorador de quien, gracias a su cuidada y cultísima expresión, hemos tenido abundantes informaciones de sus textos manuscritos en sus intervenciones como escribano en los Libros de Cuentas de Fábrica, Cuentas y Cabildos de la Hermandad del Santísimo, y Cuenta y Cabildo de 1764 e Inventario de la misma fecha de esta Hermandad de la Soledad.

 

Al inicio del mismo se alude a otro Inventario que se realizó en 1760, desgraciadamente perdido o desaparecido hasta el presente, y que debía contener referencias y noticias claves y de crucial importancia para solventar cuantos interrogantes se nos plantean en este apartado pues, realizado por el citado escribano y recién construido el nuevo templo, conociendo por los textos citados anteriormente lo muy detallista y preciso que es en cuanto relata, sin lugar a duda alguna, aportaría datos y referencias de inusitado interés y valor documental. Reiteramos nuestro pesar por esta pérdida tan valiosa. De la existencia del mismo se dice en este de 1765 "que por cuanto va para cinco años que no se ha hecho Inventario de los bienes y alhajas que esta Hermandad tiene y que pueda resultar algún extravío y decadencia de ellos ...", de ahí, y por estas razones, que se ordene hacer el que comentamos.

 

"Primeramente tiene esta Hermandad por su protectora a la Gloriosísima Imagen de María Santísima con el título de Soledad en su capilla arrimada a la sacristía de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de esta Villa de Albaida con su retablo nuevo, y dorado que costeó el Rvmo. Dr. D. Luis Francisco Sánchez Duro de Velasco, dignísimo Prelado (natural de la ciudad de Soria en Castilla, Provisor y Vicario General de Osma) y Abad mayor de la Insigne Iglesia Colegial de Olivares (nullius diócesis) y su Abadía, como que fue su fino devoto, Hermano mayor de su Cofradía (hasta que expiró invocando su santísimo nombre y amparo a las cuatro de la tarde del día 6 de diciembre del año que pasó de 1740)".

 

 

De este texto extraído del citado Inventario no cabe la menor duda en afirmar que en esta fecha la Hermandad posee una Imagen de la Virgen con el título de la  Soledad a la que rinde culto en el mismo lugar del nuevo templo parroquial que tradicionalmente lo había hecho, la cabecera de la nave de la Epístola, y que se halla en "su retablo nuevo, y dorado ...". Y es aquí donde surge de nuevo el enigma.

 

Que se realiza un nuevo retablo en estas fechas es indiscutible. El problema se plantea sobre la alusión al dorado del mismo.

 

Ante la vaguedad interpretativa del texto, cabe plantearse las siguientes posibilidades:

 

Primero, "el retablo nuevo" que se cita en el Inventario fue dorado y costeado en vida del Abad, es decir, antes de 1740. Si esto fue así, ¿cómo es que no se cita como "nuevo" en el Inventario de Fábrica de 1741, donde se dice "un retablo dorado donde está Nuestra Señora de la Soledad" usando los mismos términos que el de 1690?. El minucioso escribano don Nicolás Sánchez Dorador, ¿puede llamar "nuevo" al dorado de un retablo realizado 30 años antes de cuando él escribe su Inventario?. ¿Fue el único retablo dorado que logró salvarse del seismo?, máxime, cuando el citado escribano en este mismo Inventario, al aludir a los manteles colocados en el altar, afirma: "Ytem unos manteles de bretaña con encajes nuevos que dio de limosna Juan de Diego Monasterio porque los que dio don Nicolás Sánchez Dorador, con el motivo del derribo de la Iglesia ocurrido por el Terremoto de primero de noviembre de 1755 se perdieron y extraviaron", única, pero tajante y definitiva, alusión al Terremoto que hemos encontrado en este Archivo. Conociendo los estragos que causó el repetido Terremoto resulta insostenible este planteamiento.

 

Segundo, el retablo se construye posteriormente a la construcción del templo, de ahí que lo adjetive como "nuevo", y su dorado se ejecuta y costea "a o con la memoria del citado Abad" "como fue fino devoto y Hermano mayor de esta Cofradía". Este parece ser el más lógico razonamiento, es decir, tanto el retablo como su dorado son posteriores a 1759.

 

Hasta aquí es cuanto podemos manifestar con plena seguridad sobre este tema, sobre el cual permanece abierta nuestra línea de investigación esperando hallar algún día el texto certero que afirme, corrobore, amplíe o desmienta cuanto, con toda cautela y respeto hemos expuesto.

 

La Hermandad debió por estos años rehacer su patrimonio, pues junto al nuevo paso de Nuestra Señora, aparecen en este Inventario una buena cantidad de nuevos objetos. Veamos algunos de ellos:

 

"Ytem un púlpito nuevo de hierro con su pie de azofaifo que esta Hermandad ha hecho para ponerlo en la Plaza de esta Villa arrimado a su capilla en las alcayatas, también de hierro, en donde se predica el Sermón del Descendimiento del Señor de la Santa Cruz el Viernes Santo".

"Ytem un estandarte de damasco morado que se envió por él al Reino de Valencia, con su cruz de plata y cordones con borlas y su vara de asta nueva. Y se previene que el estandarte viejo que esta Hermandad tenía, lo ha cedido a la Hermandad del Santísimo para un velo en su Capilla en el altar de Nuestra Señora, en agradecimiento del permiso que hace dicha Hermandad del Santísimo en tener en su Hospital  los pasos de Nuestra Señora de la Soledad por no tener donde ponerlos".

"Ytem 15 lazos de cinta celeste bordados de plata fina nuevos".

"Ytem dos sudarios, uno nuevo y otro viejo, que son de las dos Hermandades de Nuestra Señora de la Soledad y de la Santa Vera+Cruz de esta Villa. Y así se anota para su inteligencia".

"Ytem tiene Nuestra Señora unos puños nuevos de encajes de plumas que dio doña Mariana de la Fuente Rosilla, natural de esta Villa y vecina y del comercio en calle Escobar de la ciudad de Sevilla".

 

La referencia que se hace en el Inventario a la donación del antiguo estandarte a la Hermandad del Santísimo en agradecimiento por cederle el Hospital para colocar sus pasos, ocurrió a partir de 1759, pues anteriormente a esta fecha el Hospital se estaba reconstruyendo de nuevo tras los daños ocasionados por el Terremoto, con lo cual era imposible que tuviese allí sus enseres la Hermandad de la Soledad.

 

El Inventario, tras citar otras prendas y enseres propios de esta Hermandad, concluye señalando tierras y tributos pertenecientes a la misma.

 

Retomando el hilo cronológico, señalamos que esta Hermandad celebra sus procesiones de Viernes Santo, Resurrección y Festividad de la Natividad durante los años 1761-1767. En la procesión del Viernes Santo, junto al paso de la Virgen descrito anteriormente y con palio "de terciopelo negro  con flecos de oro con sus perillas doradas y cordones negros de seda", figuraba el paso del Sepulcro que nos lo describe el Inventario con las siguientes palabras: "Ytem tiene esta Hermandad un sepulcro con tapa y está embutido en vidrios que sirve para el cuerpo del Señor el Viernes Santo en la procesión del Santo Entierro con cuatro faroles que sirven y van puestos en el sepulcro para alumbrar al Señor". Del mismo Inventario y relacionado con este paso, señalamos "dos sábanas de estopilla con sus encajes que sirven en el sepulcro del cuerpo del Señor" y "una colcha de gasa negra con seda de colores que sirve en dicho sepulcro para tapar el cuerpo de Nuestro Señor".

 

La Virgen iba rigurosamente vestida de negro con "un manto de terciopelo negro que sirve a Nuestra Señora el Viernes Santo", llevaba una corona de plata imperial, un corazón con siete puñales. Los hermanos debían asistir a la procesión con túnicas moradas, a excepción de los niños, como se ordena en los cabildos de dominica in passione de cada año, momento en que la Hermandad decide si realizará o no "el descendimiento de Cruz y procesión de entierro", atendiendo generalmente al caudal de que se disponga.

 

Quizás por falta del mismo, pues no se especifica la razón, consta en los Libros de Memorias que en los años 1768 y 1769 no se realizaron ninguna de las tres procesiones.

 

Curiosamente, entre los años 1770-1772 y el de 1775, como relata el encabezamiento de los cabildos generales de elecciones de los citados años, "se juntaron en el Hospital del Santísimo Sacramento", no se especifican las causas; tradicionalmente siempre se reunían en la sacristía de la Iglesia Parroquial, "como lo hacen de uso y costumbre habiendo precedido el permiso y asistencia del señor cura".

 

En los años 1770-1773 celebra las tres procesiones. La procesión de la mañana de Resurrección desde 1761 se realiza con el Santísimo Sacramento, sin figurar imagen alguna en la misma por los motivos expuestos anteriormente. En 1774 no se realiza ninguna celebración procesional; sí en los dos años siguientes, interrumpiéndose, nuevamente, en 1777.

 

En el año 1778 se realiza la Festividad de la Natividad, pero no se registran la Procesión de Entierro ni la de Resurrección; en los años 1779-1782 se realizan las tres procesiones del Viernes Santo, Pascua de Resurrección y Natividad de Nuestra Señora.

 

Año importante por los acontecimientos que desencadenará la ejecución de la nueva Imagen de Cristo, venerada con la advocación de "los Afligidos", será el de 1783, donde la Hermandad no realiza ningún acto procesional. Pero veamos los antecedentes.

 

En el Inventario[1] de 1780 entregado por el señor Bruno de Gelo, prioste, ante los alcaldes Pedro González y Nicolás Aguilar, se dice: "Un Señor crucificado que está en la Capilla de la Cruz que sirve también a dicha Cofradía", al cual también se aludía en el de 1765. Refiriéndose a este Señor crucificado, en cuenta tomada en 10 de diciembre de 1780, aparece que: "Se le recibe en data 12 Rv. que se le pagaron a Bartolomé González, maestro de carpinteros, por componer un brazo y un pie del Señor".

 

Pues bien, tras estos datos, en el cabildo celebrado por esta Hermandad en 6 de abril de 1783, " ... dijeron de conformidad, que con el motivo de estar el Señor crucificado que sirve para hacer el Santo Entierro y Descendimiento hecho pedazos, y un brazo maltratado por los goznes que unen al cuerpo, por lo antiguo de su hechura ..." deciden no hacer procesión el Viernes Santo de este citado año. Igualmente, "determinaron sus mercedes que para ayuda a hacer un Señor nuevo, es necesario repartir a cada hermano 3 Rv. lo que se hace juicio será de algún beneficio a dicha Hermandad para el fin expresado". No obstante, el Santo Crucificado debió ser arreglado pues, según el Libro de Memorias de esta Hermandad realiza en 1784 el Descendimiento y Procesión de Entierro, y en el cabildo de la dominica in passione de ese año se expresa que "al tener la Hermandad caudal suficiente para hacer cofradía del Descendimiento como es costumbre en dicha Hermandad, de un acuerdo determinaron que para ejecutarlo, se convoque a toda la Hermandad, al toque de campana para hacerlo saber lo así determinado".

 

Durante los años 1785-1788 no se celebran ninguna de las procesiones. La razón la hallamos en los siguientes textos:

 

En cabildo celebrado en 13 de marzo de 1785 "algunos hermanos antiguos dijeron que en atención a no haber Señor para hacer el Descendimiento, por estarse haciendo uno nuevo, pues el que hay antiguo no está de ningún uso por estar hecho pedazos, no determinaban se hiciese dicha cofradía, para lo que se convocase a la Hermandad plena para satisfacerle el motivo que hay para no hacer dichas cofradías, por los motivos que han expresado".

 

En cabildo celebrado el 2 de abril de 1786 se dice: "y todos dichos señores de conformidad dijeron que en atención al mal tiempo que Nuestro Señor se ha servido mandar, por lo que no se ha podido acabar la efigie del Señor y su sepulcro que nuevamente se está haciendo en la ciudad de Sevilla, no determinaban hubiese cofradía del Descendimiento, como ha sido costumbre".

 

El 25 de marzo de 1787 se celebra cabildo "y dijeron que en atención a no haber acabado de hacer la composición del Santo Sepulcro y Cruz, dispusieron de conformidad no poder hacer Descendimiento".

 

De los anteriores textos sacamos las siguientes conclusiones: La Imagen de un Crucificado que estaba en la Capilla de la Cruz, de muy antigua hechura, y que según el Inventario de 1765 "fue costeado por las dos Hermandades", se encontraba inservible y hecho pedazo, por lo que no se podía usar para el Descendimiento. Por este motivo, la Hermandad de la Soledad encarga la hechura de una nueva Imagen, como veremos.

 

Un misterio, irresoluble hasta el presente, se plantea respecto a este Señor Crucificado, que al parecer se identifica con la actual Imagen del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz. Aportemos aquí cuantos datos tenemos hasta el momento.

 

Como señalamos en el apartado de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, en el Inventario de 1690 se dice textualmente: "Un Crucifijo grande de bulto que es de la Hermandad de la Vera+Cruz". Este texto es claro, el Crucifijo al que se refiere el Inventario pertenene a dicha Hermandad. Con posterioridad, en el Libro de Memorias y Capellanías del año 1714, refiriéndose a esta Hermandad, se dice que "en este año de 1714 no hizo la Hermandad la procesión de penitencia por no haber traído el Santo Cristo nuevo que mandaron hacer en Sevilla". ¿Qué ocurrió con el anterior citado en 1690? ¿Quién mandó hacer este Santo Cristo nuevo? ¿Por qué siendo un acontecimiento trascendental no da cuenta de ello el Libro de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz que se inicia en 1708 hasta 1764? ¿Quién lo costeó? ¿Se llegó a hacer?. Ninguna otra referencia documental hemos tenido al respecto de este "Cristo nuevo" hasta el presente.

 

Continuando con los datos, en el Libro de Cuentas de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, en el año 1746 se dice: "Ytem se le recibe en data a dicho mayordomo 200 reales de vellón, los mismos que le tocó pagar por la hechura del Santísimo Cristo, como consta de recibo". Observemos que se dice "hechura", lo que en el lenguaje de la época significa hacer nuevo, no restaurar o componer. ¿Qué ocurrió con el Cristo anterior de 1714, caso de que se hubiese realizado? ¿Fue éste el Cristo costeado por ambas Hermandades? Si es así, ¿cómo es que ese hecho tan importante no se constata en el texto?.

 

Por su parte, el Inventario de la Hermandad de la Soledad de 1765 dice: "Ytem una Imagen de Nuestro Señor Crucificado que sirve a esta Hermandad el Viernes Santo, y el Jueves Santo sirve a la de la Vera+Cruz, por ser costeado por las dos Hermandades y está en el Hospital del Señor San Sebastián de dicha Villa".

 

Como podemos observar por los documentos de que disponemos el tema es muy complicado. ¿Cuántas Imágenes de Señor Crucificado se hicieron? ¿Cuál de ellas fue la costeada por las dos Hermandades? ¿Se puede llamar "por ser de muy antigua hechura" en 1783 a una Imagen realizada hipotéticamente en 1714 o 1746?. Si fue costeado por ambas Hermandades, ¿por qué es la de Soledad la que decide hacer uno nuevo renunciando de esta forma a su "derecho" sobre la anterior Imagen?. Éstas y muchas más son las interrogantes que nos podemos plantear sobre el tema. Por nuestra parte seguimos teniendo abiertos los cauces de investigación que puedan arrojar luz sobre el mismo, por lo que no podemos pronunciarnos en ningún sentido, siendo rigurosos y veraces.

 

Lo cierto y verdad, retomando el transcurrir histórico de la Hermandad de la Soledad, es que, como hemos señalado, el cabildo acuerda hacer una nueva Imagen de Cristo. Así, de las cuentas tomadas en estos años obtenemos las siguientes partidas:

 

 

"Y son data 600 reales que se dio a José Varelas por cuenta del Señor que estaba haciendo".

"Y son data 300 reales dados al dicho don José Varelas por cuenta del Señor que está haciendo. Hay recibo".

"Y son más 150 reales pagados a don José Galeote por la encarnación del Señor. Hay recibo".

"Y son data 250 reales entregados a don José Varelas por la composición del sepulcro".

 

 

De estas mismas Cuentas extractamos "44 reales de lienzo para las toallas y estopilla para el sudario", "50 reales de lama y lienzo para el colchón del sepulcro", "67 reales y 47 maravedíes del aliñado de la toalla y sudario". Igualmente, de ellas obtenemos noticias relacionadas con indumentarias para la Virgen, así "378 reales de tela para el vestido de la Señora", "70 reales de la olandilla para el forro del vestido", "31 reales y 17 mrs. de la toca, blonda, y fleco para hacer el vestido" y "20 reales de la compostura de la corona de la Virgen". Desde estas Cuentas no se vuelven a registrar ninguna más hasta 1797.

 

Los textos señalados son los únicos que nos dan noticias y referencias sobre estos acontecimientos. Queremos señalar que en ellos no se observa ni la más mínima alusión o disparidad entre las Hermandades relacionado con el mismo. A partir de estas fechas cada Hermandad dispondrá de su propia Imagen de Cristo.

 

Como documentamos en las anteriores Hermandades estudiadas, en 1784 el mayordomo de Fábrica interpone pleito contra las Hermandades, entre ellas la de Nuestra Señora de la Soledad, por el impago de 144 reales correspondientes a los ingresos a la Parroquia de los años 1778 a 1783. Al haber sido relatado el pleito en el apartado dedicado a la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, omitimos aquí detallarlo nuevamente.

 

A partir de 1790 se realizan ininterrumpidamente las procesiones hasta el año 1804, aunque en 1795 no se realizó la Festividad, como consta por el Libro de Memorias.

 

En 1805 no se realiza ningún tipo de procesiones, con toda seguridad debido a la calamidad de los tiempos.

 

Como ya hemos aludido repetidas veces, en 1808 debido a la cortedad de estipendios con que las diversas Hermandades de Albaida colaboraban con la Parroquia para el sostenimiento de sus respectivos cultos, el cura, a la sazón don Antonio Lucena y Annes, presenta ante el Abad de Olivares don Bernardo Antonio Poblaciones Dávalos, los cultos que celebraban las diferentes Hermandades y la posterior reducción que éste realizó.

 

Por lo que respecta a la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, "hace Cofradía de Santo Sepulcro el Viernes Santo con Sermón de Descendimiento. Misa cantada y procesión con Santísimo el Domingo de Pascua de Resurrección, después de maitines. Vísperas el día siete de septiembre y el día ocho Misa cantada con Santísimo, Sermón y procesión por la calle, y al día siguiente Vigilia de difuntos, Misa de réquiem y Procesión de Responsos. Y a más manda decir dos Misas rezadas y da por limosna de todo lo referido 80 reales de vellón".

 

Tras las consideraciones reseñadas, al aludir a este mismo tema expuestas en el apartado dedicado a la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, por el señor Abad, éste dispone en relación con la Hermandad que estamos estudiando:

 

"Del mismo modo subsisten y quedan por ahora las Festividades y demás ejercicios de piedad que se mandan celebrar por la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, sita en la propia Iglesia, y se refiere en el número tercero de la certificación, y por la misma razón de escasez de fondos y arbitrios para aumentar el estipendio que acostumbra dar por sus Funciones, se suprimen las dos Misas rezadas que manda celebrar últimamente dicha Hermandad".

 

En 1810 no se realiza la procesión del Santo Entierro y la Festividad se celebra el 23 de septiembre, quizás motivada por los difíciles tiempos de la ocupación francesa y Guerra de la Independencia.

 

Por la cuenta de 1814 conocemos que se emplearon "30 reales gastados en tres cristales que se le hecharon (sic) al sepulcro" y "410 reales pagados a los 8 músicos que vinieron para la Festividad", más "30 reales de un jornal del hombre que fue a llevar a los músicos a la ciudad de Sevilla" y "60 reales del tamborilero para la Festividad".

 

Es en la cuenta tomada el 31 de diciembre de 1817 cuando tenemos la primera referencia de la celebración del Septenario, al referirse a la cera dice que se han gastado "487 reales por la cera para la Cofradía, Septenario y Festividad", y en otra partida añade "240 reales por el Sermón de la Festividad y la plática del Septenario". En esta misma Cuenta se repiten dos partidas de "170 reales por una deuda al Sr. Román Fernández de la composición del Señor". El citado cura debió prestar a la Hermandad el dinero que costó la restauración del Señor y ésta libra ahora la partida correspondiente. En 1818 celebra solamente la Festividad.

 

Por contra los años 1821-1823 sólo celebra la procesión del Viernes Santo, realizando ambas el año siguiente. En la cuenta de 1823 se dice que "se han gastado 4 reales en cuatro vidrios para el sepulcro del Señor" .

 

El año 1825 sólo celebra la Cofradía del Viernes Santo, invirtiéndose al año siguiente, donde le toca el turno sólo a la Festividad. En 1827 "convenimos que aun sin embargo de no tener la Hermandad caudales suficientes para hacer el Descendimiento de Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y que saliera la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, que se hicieren, que al verano próximo se satisfaría". Por el texto deducimos que algún hermano o hermanos pondrían el dinero necesario para la misma y que la Hermandad se lo abonaría en verano cuando, debido a las labores agrarias, se dispondría de más caudal.

 

El año siguiente, 1828, sólo se celebra la Festividad de la Natividad, realizándose, paradoja de los tiempos, el día 14 de septiembre, como consta en el Libro de Memorias. Los años 1829, 1831, 1834 y 1837 se realiza únicamente la procesión del Santo Entierro. El año de 1839 se constatan ambas procesiones, Viernes Santo y Festividad.

 

Desde el año 1832 hasta el de 1850 se produce un extenso silencio y vacío documental, precisamente coincidiendo con los años en que poseemos serios indicios que nos llevan a pensar que debió producirse una renovación en la Imagen de Nuestra Señora, coincidente con la desmantelación de la antigua Parroquia de Heliche, de donde su antigua Imagen de la Concepción "se dice que es la actual Dolorosa de la Hermandad de la Soledad, de la Parroquia de Albaida"[2], proceso de investigación que continúa su estudio hasta llegar a conclusiones que afirmen o desmientan nuestras expectativas, sin otra pretensión que la de documentar con rigor histórico el devenir de nuestras Hermandades.

 

En 20 de abril de 1850 se realiza el Inventario de bienes, del cual extraemos los siguientes datos:

 

 

"Un paso grande dorado con ocho varas jaspeadas y dorados los nudos, donde va colocada la Imagen de Nuestra Señora. Un corazón con siete cuchillos de plata de martillo y se ignora su procedencia. Un vestido de terciopelo con una guardilla bordada en plata dorada. Un manto de terciopelo negro nuevo que lo compró esta Hermandad y costó 1600 reales. Un vestido de tisú de plata con sus guarniciones de oro de tres dedos de ancho y varios ramos bordados con hilos de oro y en la saya un galón de oro fino de una cuarta de ancho y otro galón más arriba de cuatro dedos de ancho también de oro. Dos tocas de punto de tul bordadas. Una camisa de lienzo fino que sirve a Nuestra Señora. Un cetro de plata de martillo. Un cristal con su marco dorado que está delante de la Señora en el altar donde está colocada. Una saya de paño de seda que le sirve a la Señora diariamente en el altar, bordada en oro fino. Tres pares de candeleros de metal que sirven diariamente en el altar. Seis colgaduras de damasco encarnado, tres grandes y tres chicas, que sirven para colgar la capilla en el septenario. Un cielo de terciopelo negro con sus flecos negros y sus perillas doradas y cordones negros de seda. Dieciocho velas de madera jaspeada con sus ramos dorados que le sirven en el altar y cofradía y demás funciones. Seis mecheros dorados de madera que le sirven a la Señora en su altar para el septenario. Una araña de cristal. Un plan de altar de ocho candeleros de madera jaspeados en blanco con filetes dorados, dos atriles en la misma forma y las sacras correspondientes a dicho plan de altar. Un paso para la festividad de madera que lo costeó un hermano de su propio peculio llamado Juan Caballero. Una tarima de madera jaspeada y dorada que costeó esta Hermandad y sirve en el paso para la festividad. Seis varas de madera jaspeadas con los nudos dorados con sus correspondientes peanas en donde se introducen, también jaspeadas con filetes dorados. Un cielo de madera con su correspondiente tela de raso liso de seda rameado con sus caídas de la misma tela con su fleco de hilo de oro fino y por cabeza a dicho fleco unas puntas de oro fino, teniendo en medio del expresado cielo un sol bordado con hilo de oro en terciopelo celeste. Cuatro faldones de seda de color carmesí con sus blondas blancas, con cuatro mangos para los cabos de la misma tela. Doce faroles con sus palos pintados de verde que sirven para alumbrar a la Señora delante del paso de la cofradía y los suelen llevar las mujeres. Un aderezo compuesto de zarcillos y gargantilla y anillo de piedras finas embutidas en plata".

 

 

Observemos que es a partir de estas fechas cuando en el citado Inventario aparecen prendas de vestir relacionadas con Nuestra Señora, las cuales no aparecían en los anteriores.

 

En relación con el Señor tenemos los siguientes enseres:

 

 

"Tres potencias de plata de martillo. Una corona de espinas de plata de martillo que la compró de sus propios peculios doña Rosa Criado y se la regaló a esta Hermandad. Tres toallas de lienzo fino que sirven para el Descendimiento del Señor de la Cruz. Cuatro sábanas, dos de patente, una embarcinada y otra bordada en tul para tapar el cuerpo del Señor en el sepulcro. Dos martillos pequeños que sirven para desenclavar el cuerpo del Señor. Dos almohadas de tafetán celeste y las fundas de tul bordadas con sus moños blancos. Cuatro faldones de percalina negra con sus flecos y sus manguillos. Dos escaleras de pino de flandes teñidas de negro. Una cruz de madera grande teñida de negro. Un colchón de olandilla encarnada que sirve en el sepulcro el Viernes Santo. Dos sudarios de murcelina de espuma y de lienzo fino. Una cabellera que se le pone al Señor el Viernes Santo. Ocho orquetas de hierro que sirven a los hermanos que llevan el paso el Viernes Santo. Tiene esta Hermandad un sepulcro nuevo que se hizo en el año de 1838 con su peana dorada con un hermoso remate dorado de un pelícano, dos ángeles encima de la copa y cuatro ángeles en las esquinas del mismo y dieciocho perillas doradas y cuatro faroles con sus cabos de cedro, de la misma madera que el sepulcro, habiendo importado su costo 4.000 reales, según declaración de su Hermana (sic) mayor Manuela Delgado, que con su celo y eficacia pudo ir reuniendo fondos para dicha obra".

 

 

El Inventario cita igualmente todos los enseres e insignias que figuraban en las procesiones: estandartes, simpecados, trompetas, demanda..., a través de cuyos datos, y los ya referidos, podemos hacernos una composición de cómo eran los cortejos procesionales de la época.

 

En 1854 se celebra el Septenario, pero con la peculiaridad de realizarse en los días precedentes al 8 de septiembre. En 1856 y 1862 se realiza la estación del Santo Entierro.

 

Del cabildo celebrado el 28 de marzo de 1869 extraemos la siguiente curiosidad:

 

"En este año se hizo el Santo Entierro y la Hermandad tuvo el disgusto de haberle faltado el predicador de Sevilla que, habiendo sido tratado en venir a predicar por 320 reales y que a las 12 del día del Viernes aguardaba la bestia en su casa, se hizo el malo, hallándose la Hermandad en el compromiso de no tener quién predicara, después de haber concurrido a la Plaza un sinnúmero de criaturas de los pueblos limítrofes. Y en este conflicto  el señor cura se prestó voluntariamente y subió al púlpito, siendo la admiración de todos por lo bien que se expresó, y dándole al siguiente un vito y por completo los 320 reales en que estaba tratado el Sermón. Y concluido el Descendimiento se ordenó la Cofradía que fue bien concurrida y asistida de luces y de banda de música que vino del pueblo de Olivares. Y concluida la Función pasaron los hermanos a la casa del Hermano mayor don Calixto López, se entregó la limosna de las pujas de las insignias y ajustada la cuenta importó 811 reales. El Hermano mayor obsequió a los hermanos con un lucido refresco que disfrutaron todo el que quiso presentarse".

 

"El 23 de julio de 1870 se inauguró con una solemne Función, predicando en ella don Eusebio Ortega, cura ecónomo de esta Iglesia, la urna o sepulcro que se halla en el zócalo del retablo de Nuestra Señora de los Dolores, en el cual se venera el Cristo de esta Hermandad, bajo el título de los Afligidos, siendo Hermana mayor la señora doña Concepción García, que con su piedad y celo ha podido reunir para costear tan piadoso objeto la cantidad de 16 duros" (Inventario, nº 99).

 

Es la primera vez que aparece en los textos la advocación de Nuestra Señora de los Dolores aplicada a la Virgen pues, como hemos venido constatando, tradicionalmente y desde sus orígenes se le denomina Nuestra Señora de la Soledad.

 

En textos posteriores aparecerá indistintamente el de Soledad o Dolores, hasta que definitivamente desaparece el primero de ellos y pervive el segundo. En la actualidad, su Hermandad recoge ambos en la advocación de su Sagrada Titular, denominándose María Santísima de los Dolores en su Soledad. Igualmente, es la primera vez que se cita la advocación de Cristo de los Afligidos.

 

Desde que se hiciera la hechura del Cristo por los años 1786-1788, Éste sólo se usaba en el acto del Descendimiento el Viernes Santo, reservándose posteriormente en la Capilla del antiguo Hospital del Santísimo, sin recibir culto alguno, como se cita en el apartado 104 de los Inventarios, donde textualmente se expresa:

 

"Habiéndose trasladado el Santo Cristo de los Afligidos de la Capilla del Señor, donde se hallaba sin tributarle culto alguno, a la urna que hay en el retablo de la Virgen de los Dolores, hubo que determinar para el adorno de dicha urna una colgadura de damasco encarnado que servía para colgar la capilla de Dolores en las festividades de la Señora; las almohadas, sus fundas y la sábana que servían al Santo Cristo el Viernes Santo; y en su virtud, ha habido que comprar otros tantos objetos: las fundas de las almohadas y la sábana nuevas, son de lama de plata con puntilla de oro fino, costaron 210 reales. Fue objeto de este traslado también, un sudario".

 

"En 1876 se hizo el paso de Festividad para la Virgen y cuya obra fue costeada con los fondos de la Hermandad y en unión con la Hermandad del Santísimo, que entre las dos por iguales partes fue pagado su costo al carpintero Manuel López García, hijo de la Hermana mayor Concepción García, en la cant