1.- GENERALIDADES DE LA REPOBLACIÓN.

 

Partiendo del excelente estudio realizado por el profesor González Jiménez[1], durante el siglo XIII se pusieron en práctica dos modalidades diferentes de repoblación, que se corresponden con dos fases o momentos diferentes:

 

1) Entre 1224 y 1264 se hizo compatible la repoblación con la presencia en la región de masas de moros sometidos o mudéjares. Y ello en virtud de los acuerdos de sometimiento concertado por las poblaciones que no resistieron el avance castellano. Según tales pactos podían permanecer los moros en su tierra, conservando la propiedad de sus bienes y tolerados en la práctica de su religión. Los cristianos, en estos casos, se limitaban a ocupar las fortalezas, tierras y casas abandonadas.

 

Sin embargo, las grandes ciudades como Córdoba, Jaén y Sevilla se entregaron con la condición de que sus habitantes musulmanes las abandonasen para emigrar a otras partes.

 

Parece, por tanto, que la población mudéjar permaneció sobre todo en el campo o en ciudades del tipo medio-pequeño; mientras que los cristianos se concentraron, al principio, en los núcleos fortificados. En una palabra: se intentó crear un sistema colonial, mediante el cual una minoría de cristianos, a través del control militar, político y económico, se beneficiase del trabajo de una mayoría musulmana.

 

2) Este intento acabó fracasando. En 1264, como ya hemos señalado, se sublevaron los mudéjares de Andalucía y Murcia, con la ayuda de los moros de Granada y los benimerines del Norte de África. Una vez dominada la revuelta, se procedió a la expulsión de los sublevados, quedando, en consecuencia, anulados los pactos que garantizaban tanto su permanencia en la región como la libre disposición de sus bienes y propiedades.

 

Visto lo cual, podemos hablar de dos momentos distintos de la repoblación del siglo XIII: antes y después de la sublevación de los moriscos.

 

Es cierto que al inicial atractivo que para los castellanos supuso la repoblación de las tierras andaluzas, pronto, y debido a las causas que a continuación citaremos, el repoblar estas tierras les supuso más desventajas que beneficios, de tal forma que no pocos de los favorecidos en el repartimiento "vendieron pronto sus heredamientos para ausentarse", hasta tal punto que el rey Sabio afirma en 1263 que la ciudad de Sevilla "se despoblaua e derribaua..."[2].

 

Esta situación fue motivada por diferentes factores, entre los que caben citar:

- La gran crisis económica que se origina y agudiza en  la segunda mitad del siglo XIII;

- la  elevada  carestía de la vida en Andalucía en com-  paración con la propia Castilla;

- las continuas revueltas nobiliarias y el enfrenta-  miento entre Alfonso X y su hijo Sancho, con la con-  siguiente inestabilidad política;

- la amenaza constante de los benimerines y granadinos  que hacían de las tierras conquistadas lugares inseguros;-

- los saqueos sistemáticos de las tierras conquistadas.En octubre de 1275 asolaron los alrededores de Sevilla. En 1277 repitieron el saqueo del Aljarafe durante el mes de julio, para volver nuevamente a asolarlo en 1285.

 

Como es notorio, toda esta serie de circunstancias adversas hicieron prácticamente imposible que la repoblación pretendida durante el siglo XIII culminase con éxito. Más bien podemos hablar de fracaso de la primera repoblación. Andalucía no sólo era una zona insegura sino, además, la de mayor carestía de vida.

 

El Aljarafe, como apuntábamos en la Introducción general de este libro, sufrió seriamente los efectos de la guerra, traducidos en destrucciones de núcleos rurales y, sobre todo, en incendios y devastación de su riqueza forestal[3].

 

Nada dicen los textos hasta ahora citados respecto a la posible "primera repoblación" de Albaida tras la conquista.

 

Pensamos que debió padecer cuantos acontecimientos generales estamos exponiendo, a saber:

 

- Sufrió los rigores de la guerra hasta su conquista  y la emigración que siguió a la misma;

- éxodo más o menos obligado de los mudéjares que habitasen en ella tras la sublevación de 1264;

- devastación, inseguridad y ruinas debidas a los aludidos saqueos de 1277 y 1285;

- si a todo esto sumamos los vaivenes de la posesión  de Solúcar de Albayda hasta su definitiva adjudicación al Cabildo, nos podemos hacer una idea más que  suficiente del estado en que se encontraba y del fracaso de la primera repoblación, caso de que la hubiese.

 

A pesar de todos estos avatares e infortunios, Albaida debió conservar, aunque exiguo, un núcleo de población, pues así se da a entender en la Carta-puebla, verdadero marco legal y jurídico de la repoblación que auspiciará el Cabildo Catedralicio, dueño del señorío de Solúcar de Albayda, a principios de la decimocuarta centuria.

 

Tras estas consideraciones que nos sitúan en el marco histórico de la época a la que nos estamos refiriendo, pasemos, pues, a ilustrar el concepto y razón de la llamada "segunda repoblación", el origen y procedencia de los repobladores, el análisis y estudio de la Carta-puebla de Albaida y las consecuencias que se derivaron de esta definitiva repoblación del siglo XIV.  

 


 

[1]GONZÁLEZ JIMÉNEZ,M.: En torno a los orígenes de Andalucía. La repoblación del s. XIII. Universidad de Sevilla, Sevilla, 1988.

[2]A.C.S. 33-3-24.

[3]        [3]GONZÁLEZ,J.: El Repartimiento de Sevilla. Madrid, 1951. Vol. II, pág. 164.