5.- DON FADRIQUE Y SU TORREMOCHA.

 

Acabamos de documentar cómo don Fadrique recibió en el Repartimiento la alquería de Solúcar de Albayda. Fue, por tanto, su primer señor.

 

Don Fadrique, infante de Castilla, (1224-1277), era hijo de Fernando III y de Beatriz de Suabia.

 

En 1240 fue enviado a territorio del Sacro Imperio romano-germánico para que se hiciera cargo de los feudos que pertenecían a su madre, pero no llegó a su destino y contrajo matrimonio con una princesa bizantina de la estirpe de los Ángelo.

 

Después de pasar unos años en Italia regresó a Castilla junto con su hija, a la que casó primero con Tello Alfonso de Meneses y luego con Simón Ruiz.

 

Participó en algunas campañas de la conquista. Acusado de conspiración, fue ejecutado por orden de su hermano el rey Alfonso X en 1277.

 

Don José María de Mena[1] cuenta una hermosa aventura, entre la historia y la leyenda, del infante don Fadrique, que resumiéndola, y sin el halo poético que contiene las páginas a las que remitimos, sería:

 

El rey don Fernando III, casado con doña Beatriz de Suabia, quedó viudo de ésta. Contrajo nuevo matrimonio, ya en su vejez y enfermo, con una hermosa joven llamada doña Juana de Pointhieu, perteneciente a la familia real francesa.

 

La diferencia de edad entre el rey y su nueva esposa era demasiado grande, pues ella apenas contaba diecisiete años.

 

El rey Fernando murió y doña Juana de Pointhieu quedó viuda, joven, bella, lozana.

 

Un cierto día llegó al Alcázar sevillano, donde residía la joven reina, el infante don Fadrique, su hijastro. Casi de la misma edad que la reina, veinticinco o veintisiete años, fue mutua la atracción. So pretexto de ir de cacería, eran continuos los encuentros entre la reina y don Fadrique fuera del Alcázar. El infante mandó edificar la torre que lleva su nombre en la actual calle sevillana de Santa Clara, argumentando razones defensivas; en realidad era el sitio de encuentro con la reina.

 

Al tanto de esta relación se hallaba la nobleza sevillana, que mostraba una gran hostilidad hacia el infante y la reina. A esta hostilidad se sumó el pueblo llano. Haciéndose insoportable esta relación, un buen día la reina partió para Francia.

 

Concluye la leyenda diciendo que por este motivo "el rey Alfonso X el Sabio, obligado por la nobleza y el clero, autorizó un proceso contra don Fadrique, acusado de haber ofendido el decoro real al tener amores ilícitos con la viuda del rey San Fernando. De resultas del cual, don Fadrique fue sentenciado a muerte y ejecutado en Toledo".

 

Dejando aparte esta concesión novelada que nos ha perfilado a un don Fadrique enamoradizo y atrevido, volvamos al rigor histórico y, en concreto, a nuestra Torremocha que, aunque sin estar cargada de tanta leyenda la torre que "mandó fazer el infante don Frederic", bien merece, por ser la más antigua y visible  edificación arquitectónica que se conserva en nuestro pueblo, un apartado específico para su estudio.

 

Una polémica, hasta ahora irresoluble, se entabla entre diversos autores al tratar el origen o paternidad arquitectónica de la Torremocha.

 

Para unos, esta torre es de origen árabe y, por tanto, lo que hizo el infante don Fadrique fue mandar reconstruirla de sus posibles desperfectos.

 

Para otros autores[2], basándose fundamentalmente en la inscripción que en hermosos caracteres góticos mayúsculos campea en su fachada principal, donde se lee: "El infante don Frederic mandó fazer esta torre", fue éste quien la mandase realizar.

 

 

 

De ser esta última hipótesis la cierta, la Torremocha debió ser construida alrededor del año 1253.

 

Situada al NO de la iglesia parroquial, se halla sobre un cerro desde donde se domina la llanura por donde corre el Guadiamar.

 

Su construcción obedece a características defensivas o militares, formando un tipo de torre aislada o atalaya cuya finalidad era la vigilancia de los extensos terrenos que desde ella se dominan.

 

Nuestra Torre de don Fadrique o Torremocha es de planta rectangular de 10'15 x 8'30 metros, estando edificada sobre un elevado podio o zócalo de 2'40 de altura y 0'50 metros de resalte sobre el paramento de la torre.

 

 

La obra es de hormigón, siendo de cantería las esquinas y la puerta. Ésta está situada en su fachada principal, orientada al NO, es decir, mirando hacia el campo. Esta puerta tiene unas dimensiones de 2'35 x 1'15 metros de luz y se abre a 0'85 metros sobre el zócalo y, por consiguiente, a 3'25 metros del suelo, no pudiendo realizarse el acceso a ella sino mediante una escalera de mano que después se retiraba desde el interior.

 

    

 

Sobre la imposta va el dintel despiezado inscrito en arco escarzano. La clave del dintel presenta en su cara exterior una concavidad poco profunda de forma circular en cuyos bordes se perciben claramente cuatro taladros, como si hubiesen sostenido algún emblema o blasón.

 

En el interior de las jambas se ven las quiciaderas para las puertas y una caja formada en el mismo grueso del muro para la barra destinada a atracarlas desde el interior.

 

 

Los muros de la torre son de un espesor de 1'65 y en su interior hay una cámara de 2'25 metros en cuadrado, que debió estar cubierta por una bóveda de arista de la que en la actualidad sólo quedan los arranques de mampostería. Esta bóveda ha sido reedificada en 1999.

 

Igualmente de ladrillos son las bóvedas de arista que cubren los tres tramos de rampas que llevan a la plataforma superior en que termina la torre y a la que debe su denominación popular de "Mocha". La anchura total de la edificación es de 7'60 metros, siendo difícil, en su estado actual, determinar si tuvo otro cuerpo superior, pues ni aun del almenado, que debió tener, quedan señales al presente.

 

       

En la fachada SE, que mira al pueblo, hay dos saeteras con arcos apuntados, abiertas a ambos extremos del segundo tramo de rampa, y otra igual en el costado NE, al principio del tercer tramo, de la que sólo queda su base, pues la bóveda que la cubría debió desplomarse por causas y tiempo que desconocemos. Ésta ha sido nuevamente construida en la fecha citada.

 

 

En los alrededores de la Torremocha no se halla vestigio alguno de edificaciones de las que pudiera haber formado parte; siempre debió ser una construcción aislada, lo que por otra parte corrobora la disposición de la puerta de entrada, así como la denominación de "Torre fuerte" que le da Ortiz de Zúñiga[3].

 

         

 

Esta popular Torremocha ha sido testigo a lo largo de la historia de Albaida de grandes e importantes acontecimientos. Por destacar alguno citaremos el haber sido el escenario desde donde se tomó posesión jurisdiccional del término al ser vendida en 1578.

 

Igualmente, y al menos desde 1877, el Ayuntamiento, y a la sazón su alcalde don Francisco Fraile, comunicaba a la Administración Central que en el escudo de la Villa figuraba "una torre que hay en esta Villa, edificada por el Infante Alfadrique" (sic)[4].

 

 

La Torremocha ha sido restaurada en 1999 por alumnos de la "Escuela Taller don Fadrique", al igual que sus aledaños, mostrando en la actualidad bellos arriates ornamentales y un agradable estado de conservación y mantenimiento, tan deteriorado en otros tiempos. Del respeto y valor que demos a la historia, dependerá el respeto y valor que sintamos por nuestra Torremocha.

 

Hasta aquí el documentado devenir histórico de la Villa de Albaida en el siglo XIII, incorporándose con personalidad y entidad propia a la nueva etapa que surge de la conquista castellana. Larga y personalísima vida singular le aguarda en los siglos posteriores, los cuales nos disponemos a analizar y documentar en los sucesivos capítulos.

 

 

 

 

 

 


 

[1]MENA,J.M.: Tradiciones y leyendas sevillanas. Sevilla, 1988, 5ª ed.,  págs. 91-96.

[2]GONZÁLEZ,J.: Ob. cit.., Vol. I, pág. 249. HERNÁNDEZ DÍAZ, SANCHO, y COLLANTES DE TERÁN: Catálogo monumental de Sevilla.

[3]ORTIZ DE ZÚÑIGA,D.: Anales eclesiásticos y seculares... Madrid, 1795.

[4]HERRERA y PONCE: Historia de la Villa de Albaida del Aljarafe. Sevilla, 1992, pág. 36.