CAPÍTULO IX
UNA HERMANDAD DE GLORIA: EL ROSARIO
Con el fin de terminar de una vez para siempre con el poder marítimo de los turcos, Roma, Venecia y España se unieron en una confederación o Liga Santa.
Las flotas de los aliados, que debía mandar el hijo del Emperador Carlos V, don Juan de Austria, se reunieron en Mesina. Se componía la flota de más de 300 naves y las fuerzas con que contaba ascendían a unos 80.000 hombres entre soldados y marineros.
Emprendiose la marcha el día 17 de septiembre de 1571. El 26 del mismo mes se hallaba don Juan en Corfú, partiendo dos días más tarde para la isla de Cefalonia, a la que llegó el 5 de octubre. El día 7, antes del amanecer, se hizo a la vela la escuadra, encontrándose a las pocas horas a la altura de las islas Corzolases, donde se efectuó el encuentro con la flota turca. Iba ésta al mando de Alí-Bajá y constaba de 250 naves y un ejército de 120.000 hombres.
Pese a la superioridad numérica, los hombres de don Juan de Austria alcanzaron la más resonante victoria. Los turcos perdieron 224 bajeles, de los que 130 quedaron en poder de los cristianos, en tanto que el resto fueron echados a pique o quemados; murieron 25.000 turcos y 5.000 quedaron prisioneros.
En tan memorable batalla, 12.000 cautivos cristianos recobraron la libertad. Cerca de 8.000 hombres de la flota de don Juan de Austria hallaron la muerte, y aunque se perdieron unas 15 naves, en cambio, el botín hallado en los bajeles turcos fue incalculable y bastó a compensar con mucho las pérdidas materiales de la flota que integraban los estados asociados de la Liga Santa.
Cubierto de gloria, partió con sus naves don Juan de Austria de Corfú el 24 de octubre, para llegar a Mesina el día 31.
En esta batalla, llamada de Lepanto, halló la muerte Alí-Bajá y, como es sabido, quedó manco el inmortal don Miguel de Cervantes, de ahí su sobrenombre de "El manco de Lepanto".
La sonada victoria sobre los turcos la atribuyó la piedad popular a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario, por haberse encomendado a Ella, en el día de su Festividad, las flotas cristianas. De ahí la razón de que la fiesta principal del Rosario, el 7 de octubre, sea denominada "de la Batalla Naval".
La devoción mariana del Santo Rosario es muy antigua en la Iglesia de occidente, siendo muchísimos los Santos medievales que recomendaban su ejercicio y práctica piadosa. Esta devoción traspasó la Edad Media y adquirió, tras la Batalla de Lepanto, nueva vitalidad y pujanza.
Según refieren la mayoría de nuestros analistas, el 17 de junio de 1690 comenzaron a salir procesionalmente y con insignias los famosos "rosarios de hombres", dándose el caso de ser la Hermandad de Nuestra Señora de la Alegría de la parroquia sevillana de San Bartolomé la primera que organizó públicamente, en la citada fecha, una corporación religiosa española de esa índole y características.
Como hemos señalado, la advocación y devoción del Rosario tiene orígenes medievales en su práctica particular, pero es a finales del siglo XVII, gracias al Venerable padre fray Pedro de Santa María Ulloa, religioso dominico del convento de San Pablo de Sevilla, actual parroquia de la Magdalena, incansable apóstol, predicador y difusor de esta devoción, cuando aparecen los "rosarios procesionales o públicos".
En su Libro titulado Hermandades de Gloria de Sevilla, su autor, Juan Martínez Alcalde, publica, tomado del Libro del siglo XVII (1693) de la Hermandad de Madre de Dios del Rosario de Triana lo siguiente:
"Tuvo principio la devoción del Santísimo Rosario de Nuestra Señora la Virgen María el año 1646, a petición del Eminentísimo, Ilustrísimo y Reverendísimo señor don Agustín Espínola, Cardenal de la Santa Iglesia de Roma y Arzobispo de esta ciudad de Sevilla. Fue continuándose esta devoción en esta iglesia de Señora Santa Ana de Triana, que continuamente se rezaba todas las noches después de la Oración en la capilla mayor de dicha iglesia, y después, por los años de 1669, vino a esta ciudad el padre Tirso González y el padre Juan Guillén a hacer misiones, y pasando a esta parroquia de Señora Santa Ana, y continuando en ella su misión, alentaron a los fieles con el pasto de la doctrina evangélica al temor de Dios y a la enmienda de la vida. Asímismo les exhortaron a la devoción del Santísimo Rosario de María, que desde entonces fue en aumento el número de devotos y fue prosiguiendo esta devoción hasta el año 168¿5?, que habiendo llegado a esta ciudad el Venerable padre presentado fray Pedro de Santa María y Ulloa, de la esclarecida religión del Patriarca Santo Domingo de Guzmán (...) Y habiendo pasado de esta presente vida a la eterna este Venerable Padre el día 6 de junio de 1690 años, comenzaron desde luego por las calles todos los fieles de esta ciudad a alabar a Dios y a su Madre Santísima en la devoción del Santísimo Rosario. Y los parroquianos de esta dicha parroquia de Señora Santa Ana comenzaron a salir por las calles el día primero de noviembre de este dicho año de 1690 (...) Y determinaron hacer congregación y darle el título de Señora Santa Ana y devoción del Rosario de María Santísima, y para esto les ha parecido hacer Regla para su mejor y más acertado gobierno y dirección ...".
Por lo que respecta a la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de Albaida, constatamos lo siguiente:
Anterior a 1690 existía en la Iglesia Parroquial una Imagen de vestir con su Niño bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, como se recoge en el repetido Inventario de 1690.
Esta Imagen de Nuestra Señora tenía su altar propio en la cabecera de la nave del Evangelio "con su retablo dorado y frontal de brocatel encarnado con flores blancas, dos candeleros, un atril, cruz y tablilla del Evangelio de San Juan y una barandilla de madera para la comunión".
En este altar estuvo secularmente el Sagrario, hasta el año 1945 en que se bendijo la actual Capilla Sacramental, como ya referimos en el capítulo dedicado al templo parroquial.
Ningún dato poseemos que haga referencia a la hechura de esta Imagen, mas con toda probabilidad debió ser realizada mediado el siglo XVII. Igualmente, desconocemos datos sobre su pérdida o enajenación, pues la actual de la misma advocación es obra decimonónica. (ver Anexo al final de la página)
Esta Imagen debía tener culto particular o privado dentro de la Parroquia pues, por estas fechas, no existía Hermandad constituida que tuviera como misión el tributarle culto. Debió ser por la popularidad que desde finales del siglo XVII alcanzó la devoción del Rosario cuando se fue alentando la idea de constituir una Congregación o Hermandad del Rosario.
Gracias a nuestra labor de investigación pudimos hallar y recuperar para su legítimo Archivo, el de la Parroquia de Albaida, el único Libro de Cuentas y Cabildos de esta Hermandad, siendo entregado y depositado personalmente por quien escribe en manos del entonces cura párroco don Antonio Fernández Estévez el día 6 de marzo de 1991, pasando a formar parte desde entonces de los fondos del mismo.
Afortunadamente, por este Libro, datado entre 1727 y 1778, sabemos la fecha exacta de la fundación de esta Hermandad de Nuestra Señora del Rosario.
En cabildo celebrado el día 1 de noviembre de 1727 se dice:
"Se juntaron (...) y dijeron que por cuanto que esta nuestra Cofradía se fundó y tuvo principio el 6 de junio de este presente año y no haber servido dichos oficiales más que el corto tiempo de cinco meses, para seguir el buen régimen y orden de las demás Cofradías, era conveniente continúen los mismos oficiales que se nombraron en la fundación de esta Cofradía, los cuales han de servir hasta el día de la Batalla Naval del año que viene de 1728, y así lo acordaron y firmaron".
Sus primeros oficiales fueron: Diego de Ortega y Bruno Soltero, alcaldes; Esteban Romero, prioste; y Juan Rodríguez, mayordomo. Como observamos, se rige por la misma composición que las Hermandades asistenciales y penitenciales ya estudiadas.
Es por tanto la única Cofradía, de las que existieron y existen, de Albaida, que, al presente, tenemos documentada y datada con plena y exacta fecha de fundación.
Pero esta incipiente Hermandad, debido a lo calamitoso de los tiempos en que nace y al arraigo de las cuatro Hermandades existentes, que también luchaban por su supervivencia, tuvo serios problemas de afianzamiento.
Así, en el Acta del cabildo de 17 de mayo de 1739 se dice que reunidos:
"... para nombrar y hacer elección de alcaldes, prioste y demás oficiales que rijan, gobiernen y miren por el culto de tan santa devoción, procurando no desfallezca, como hoy se halla por lo calamitoso de los años pasados, por lo que no se ha nombrado prioste desde que falleció Francisco Ibáñez Romero, que lo era de dicha Cofradía. Y siendo Nuestro Señor servido y haber remediado nuestras necesidades por intercesión de su Santísima Madre, como así lo debemos confiar de sus grandes piedades y misericordias que con sus hijos los fieles tiene, mayormente con sus cofrades y hermanos que han sido, son y serán no pierdan los muchos y continuados sufragios, gracias e indulgencias que están concedidas a dicha Cofradía, por tanto, movidos de su celo y devoción, nuestro Hermano mayor y Capellán, a saber, el señor don Joseph de la Cruz Vaquero (...) hicieron la elección en la forma y manera siguiente".
A través de este texto podemos puntualizar que desde sus inicios esta Hermandad soporta una debilitada vida; que su organización es similar a la de las demás Hermandades, es decir, se rige por unos Estatutos o Reglas, nombran anualmente unos oficiales que dirijan la Hermandad, tiene unas obligaciones de cultos y procesiones. Observemos la presencia por estas fechas de la figura del Hermano mayor, inusual en las demás Hermandades, recayendo el citado cargo en la persona del cura, lo que nos hace pensar que esta Hermandad fue fundada a instancias del clero y no por iniciativa popular o laica, caso y característica esencial en las demás Hermandades.
Queremos resaltar, igualmente, la alusión a las gracias e indulgencias de que disfruta esta Cofradía, de la que fueron grandes propagadores los dominicos, especialmente vinculados a esta devoción.
Como muestra de la importancia de estas gracias podríamos citar que "Mariana de la Fuente, en el artículo de su muerte, se asentó por hermana de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario en 23 de abril de 1765, con intención de ganar indulgencia plenaria concedida a los hermanos de esta Santa Cofradía", como se documenta en el Libro en que se inscriben los hermanos de esta Cofradía que se encuentra en nuestro Archivo Parroquial, datado desde 1738 hasta 1778.
De su Libro de Cuentas obtenemos sus principales fuentes de financiación y gastos. Los primeros se basaban fundamentalmente en las cuotas de entrada y repartimiento de los hermanos, penas de los mismos por ausencia en los cultos de obligación y un tributo que una haza de 8 fanegas de tierra propia de la Hermandad le rentaba anualmente. Sus gastos eran de ingreso a la Fábrica parroquial, cultos, predicador, cera y cohetes en las Festividades que celebraba.
Esta Hermandad tenía obligación de celebrar dos fiestas anuales: el 2 de febrero una solemne Misa cantada en honor de la Purificación de Nuestra Señora, conocida popularmente como "La Candelaria"; y la principal, o de la Batalla Naval, el primer domingo de octubre.
Respecto a la fiesta de la Purificación o Candelaria, celebraba Misa cantada y en ella tenía lugar el acto de bendición de las candelas para uso de devoción de los fieles. Para ello, la Cofradía disponía de su propio cirio o "vela de la Candelaria". Igualmente, se presentaban "dos palominos y una hogaza y media de pan de rosca", tradición que debió recoger y hacer suya esta Hermandad pues, ya se mencionaba en el Memorial de fiestas parroquiales de 1637. El llevar al templo un par de palominos o tórtolas tiene su origen en la Ley Mosaica del Antiguo Testamento, donde la mujer, cuarenta días después de haber parido, estaba obligada a presentarlos como ofrenda en el Templo para su purificación, ya que según dicha Ley se consideraba impura tras el parto.
Pero la Fiesta principal de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario se celebraba el primer domingo de octubre. Era la llamada "Fiesta de la Batalla Naval", por las razones ya expuestas al inicio de este capítulo. Esta Fiesta contaba con el mismo ritual de las Festividades estudiadas en las demás Cofradías, a saber, celebración de Vísperas la tarde anterior, Misa cantada y procesión el día de la Festividad, Vigilia la tarde de ese mismo día y, al siguiente, Misa de aniversario o réquiem por los hermanos difuntos y Procesión de responsos.
El día de la Fiesta de la Batalla Naval procesionaba Nuestra Señora del Rosario por las calles de la Localidad, para lo cual nombraban "a los hermanos que han de llevar la Imagen de Nuestra Señora: José Sánchez de la O, Diego Ibáñez, José López y Francisco García Romero. La Cruz de la Parroquia, Francisco Sáenz y los ciariales, Jerónimo Franco y Antonio Lorenzo López el menor".
Esta Imagen de Nuestra Señora del Rosario procesionaba, al igual que las demás en estas fechas, en unas andas portadas por cuatro hermanos. Aunque en su Libro de Cuentas no se cita, con toda probabilidad, ya que era costumbre y característica general de la época para las "procesiones de gloria", debía procesionar bajo palio o tumbilla sustentado por cuatro varales. Las andas debían ser las mismas que usaban todas las Hermandades para la Imagen de Nuestra Señora y que compraron entre todas para que sirviera a este fin, como ya hemos visto repetidas veces.
La procesión tenía un eminente carácter festivo pues, desde 1728 se documentan gastos en cohetes para la Fiesta de la Batalla Naval. Es por tanto una Hermandad de las que hoy se denominan "de gloria", cuya única finalidad es el culto a la Sagrada Imagen de su devoción, de ahí que le dediquemos este capítulo especialmente para ella, pues no tiene otras finalidades asistenciales ni penitenciales.
Del Libro de Cuentas obtenemos diferentes partidas de gastos que hacen referencia a compras de enseres para el atavío de Nuestra Señora del Rosario. Así, en 1741 aparece "una toca o rostrillo", "28 reales de vellón que costaron dos varas de encajes finos que se compraron para los cuellos de Nuestra Señora" y "26 reales de vellón que costó una toca para el rostrillo de Nuestra Señora, incluso el ponerlo" son datos que figuran en la cuenta de 1749. En 1764 se anotan "300 reales de vellón que lo han importado un manto nuevo de forón (sic) que se ha hecho para Nuestra Señora del Rosario". "16 reales de vellón en un verdugado nuevo que se hizo para la Virgen" aparecen reflejados en 1775. Por último, señalar que en 1776 se anotan "24 reales de vellón gastados en la composición del paso".
Pero quizás la nota característica de esta Hermandad sea la obligación que tenían sus cofrades todos los domingos y días de fiesta, se sobreentiende de precepto, de salir al atardecer cantando el Santo Rosario públicamente, para lo cual disponían de un "Simpecado del Rosario" de tafetán, acompañado de dos faroles, arreglados en 1729 y 1732 por valor de 10 y 9 reales. En 1755 se adquiere "una barandilla para la capilla de Nuestra Señora del Rosario que importó 54 reales de vellón". Mas poco debió lucir en el altar dicha barandilla pues, tras el reiteradamente mencionado Terremoto, esta Hermandad se ubicó en la Capilla del Hospital de San Sebastián:
"En la Villa de Albaida, en 10 días del mes de octubre de 1756 años, en que la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora del Rosario celebró la Festividad de la Batalla Naval, que es la principal de esta Hermandad, se juntaron a cabildo los señores oficiales y hermanos en la Capilla del Hospital de San Sebastián, que al presente está sirviendo de Iglesia, siendo llamados al toque de campana y con licencia que para ello se obtuvo del cura don Joseph de la Cruz Vaquero, Capellán mayor de dicha Hermandad, quien presidiendo el cabildo con su asistencia, para hacer la nueva elección de oficiales que rijan y gobiernen dicha Hermandad".
Dos años más tarde, 1758, en su Acta de cabildo se expresa:
"En la Villa de Albaida en primer día del mes de octubre de 1758 años, día en que la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora del Rosario celebra la Festividad de la Batalla Naval, que es la principal de esta Hermandad, se juntaron a cabildo los señores alcaldes y hermanos en la Capilla del Hospital del Glorioso Mártir San Sebastián, que al presente sirve de parroquia, siendo llamados...".
Tras la construcción y bendición del nuevo templo parroquial, el 4 de febrero de 1759, esta Hermandad volvió a su sede canónica. En el nuevo templo ocupó el mismo lugar que poseía, es decir, la cabecera de la nave del Evangelio, y su altar continuó siendo el Sagrario hasta la fecha citada de 1945.
En el pleito de 1784, su mayordomo es acusado, junto a los de las restantes Hermandades, por el mayordomo de la Fábrica de no pagar los derechos parroquiales, debiendo esta Hermandad 24 reales. Pleito al que ya nos hemos referido extensamente en los anteriores capítulos.
Pero esta dura etapa que, en general, soportaron todas nuestras Hermandades, no podrá ser vencida por ésta de Nuestra Señora del Rosario pues, años más tarde, en 1792, en el Libro de Memorias correspondiente se dice "se halla extinguida y sin fondos".
Esta circunstancia la constataremos con una nota del Libro de Cabildos de la Hermandad del Santísimo, el 24 de junio de 1797, donde se dice: "Determinaron sus mercedes que por ahora e ininterrumpidamente (esta Hermandad) se ofrecía a dar tres arrobas de aceite más de las que acostumbraba a dar hasta ahora por la debilidad y poco medio que al presente le asisten a la Hermandad del Rosario. Y para que conste en lo sucesivo y con la condición precisa de que restablecida dicha Hermandad del Rosario se haga según de antiguo se hallaba".
Este acuerdo estaba motivado porque, como hemos referido en anteriores capítulos, el Santísimo Sacramento se hallaba depositado habitualmente en el Sagrario del altar de Nuestra Señora del Rosario, de ahí que el aceite para la lámpara que iluminaba continuamente al Señor Sacramentado estuviese costeado por ambas Hermandades, Santísimo y Rosario, aportando cada una de ellas tres arrobas anuales. Dadas las circunstancias descritas de la Hermandad del Rosario, de hallarse extinguida y sin fondos, la parte que le correspondía abonar para la lámpara del Sagrario la asume la Hermandad del Santísimo. Gracias a estas precisiones hemos obtenido este dato indirecto de la extinción de la Hermandad que nos ocupa.
Mas esta circunstancia será plenamente ratificada en el Auto de reducción de cultos de 1808. En él se exponen, como en los demás casos, los cultos que tenía obligación de celebrar:
"La Hermandad del Rosario al presente se halla extinguida y sin fondos algunos. Anteriormente tenía de pensión una Misa cantada el día de la Purificación. Vísperas, Misa cantada con Santísimo, Sermón y Procesión por la calle el domingo primero de octubre, Aniversario de Vigilia, Misa de réquiem y Procesión de responsos en el día siguiente. Y además, dos Misas cantadas".
Tras la constatación de estos cultos que la citada Hermandad tenía obligación de celebrar, el Abad Bernardo Antonio Poblaciones Dávalos, sentencia:
"Últimamente, y respecto a que la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, erigida en la propia Iglesia, se halla extinguida, y sin fondo alguno, como se relaciona en el número quinto de la certificación, por el párroco que es, y en todo tiempo lo fuese de dicha Iglesia, se estará a la vista para caso de que dicha Hermandad vuelva a erigirse, o establecerse, y de que tenga fondos para ello, cuide de que haga y celebre sus Funciones de Iglesia y demás de su Instituto, como lo acostumbraba anteriormente, a fin de que tenga aumento el culto divino, y se excite y promueva la piedad y devoción de los fieles".
La Hermandad o Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, fundada en el año 1727, tras setenta años de precaria historia, había dejado de existir.
Sobrepasada la primera mitad del siglo XIX, en 1868, se produce un intento de nueva erección, o pretendida continuación, de la citada Hermandad. Existe en nuestro Archivo Parroquial un protocolo timbrado del tenor siguiente:
"El Dr. D. Victoriano Guisasola, Protonotario apostólico y Arcipreste de esta Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia ...
Certifico: con referencia a los antecedentes que obran en esta Secretaría de mi cargo, que en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, única de la Villa de Albaida, correspondiente a esta diócesis, existe constituida la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, la cual se encuentra desempeñando todas sus funciones y ejerciendo todos sus derechos, según sus Estatutos, reuniéndose sus hermanos en las épocas que marcan los mismos y deliberando libremente, sin cosa en contrario, cuanto dentro del límite de sus deberes conviene al culto y demás particulares concernientes a dicha Corporación, la que en la actualidad se compone de 22 hermanos; habiéndose reunido en su última sesión celebrada en primero de marzo de este año, la mayoría de ella, cuyos individuos son los siguientes: don Antonio Rodríguez, Hermano mayor; don Calixto López, secretario; don José de Ceas, don José Ibáñez, don Manuel Rodríguez, don Gregorio Gelo, don Fernando Reyes, don Miguel Ibáñez, don Julián García, don León Ibáñez, don José Macías y don Francisco Fraile.
Y para que conste, pongo a petición de parte la presente que con el visto bueno de Su Eminencia Reverendísima, firmo en Sevilla a 18 de agosto de 1868".
Ni en los Libros de Memorias del Archivo Parroquial, ni en ningún otro Libro propio, salvo el citado de 1727-1778, existe constancia de los cultos o actividades que celebrase esta Hermandad en la referida fecha. Pensamos que se debió tratar de un intento de reorganización más que el que estuviera constituida como tal.
Esta opinión es corroborada por una nueva fundación de la misma que se realiza el 8 de diciembre de 1887. Un cuadernillo que se conserva en nuestro Archivo Parroquial da cuenta de ello, textualmente dice así:
"Yo, don Ambrosio Lorenzo López y García, Presbítero y Cura de la Iglesia Parroquial de esta Villa, debidamente autorizado por el Rvmo. Padre Fray José María Larroca, Maestro General de toda la Orden de Predicadores, y así mismo por nuestro Emmo. y Rvmo. Prelado Fray Ceferino González, Cardenal y Arzobispo de esta diócesis, instituyo y erijo la Cofradía del Santísimo Rosario en esta Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción del pueblo de Albaida, y la declaro erigida y fundada con todas las gracias, privilegios e indulgencias de que suelen gozar las Cofradías del Santísimo Rosario, para mayor gloria de Dios, de la siempre Virgen María, Reina del Santísimo Rosario, de Nuestro Padre Santo Domingo, de todos los Santos y Santas y para salud de las almas, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Fundador y Párroco: Ambrosio Lzo. López".
Esta nueva fundación no dará los frutos apetecidos. Albaida tenía ya claramente definidas sus devociones, centradas en los Titulares de ambas Hermandades penitenciales.
No existe, pues, constancia alguna de la actividad de esta Hermandad, sólo el legado de la Imagen de esta advocación, que sin cultos propios, preside actualmente el camarín del retablo mayor de la Iglesia de Albaida. (Ver Anexo)
A pesar de la intermitente existencia y de su azarosa vida, hemos querido exponer en este capítulo cuantos datos hemos hallado sobre esta desconocida Hermandad, dejando constancia de sus actividades y fines mientras existió.
ANEXO, TRAS LA PUBLICACIÓN DEL LIBRO
En 1999 La Imagen de Nuestra Señora del Rosario fue restaurada por el escultor-imaginero de Villanueva del Ariscal don Francisco Limón Parra, hallándose al ser retirada para su intervención la mascarilla de la Imagen, que es de pasta-madera de una intervención realizada en el siglo XIX, que dentro existía toda la cavidad craneana de la primitiva Imagen en madera, estando envuelta con capas postizas de pastas y otros materiales. Por lo que podemos afirmar que la antigua Imagen mutilada se encuentra dentro de la que percibimos actualmente.
Cuando se escribió este Libro la hornacina del retablo estaba ocupada por la Imagen de San Sebastián. Tras la restauración del templo en 1996, la Imagen de Nuestra Señora del Rosario volvió a ocupar su centenario lugar: en su retablo de la nave del evangelio. Delante de este altar, tras la restauración del templo citada, se ha colocado la antigua pila bautismal.