3.- CONSECUENCIAS DE LA REPOBLACIÓN.
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Toda repoblación significa una transformación del paisaje. Frente a un Aljarafe desolado por los motivos anteriormente expuestos, los repobladores abrieron caminos y canales de riego, plantaron viñas, higueras, granados, olivos, construyeron pozos, edificaron o reconstruyeron casas y molinos; en una palabra, transformaron y humanizaron el paisaje[1].
Profunda señorialización de la tierra. Como características podríamos citar: se forman señoríos aldeanos, asentados sobre núcleos rurales de corta extensión y poca entidad de población. Responden a una mentalidad rentista, los titulares del señorío suelen dar a los labradores que repueblan "todas sus tierras" a cambio de una serie de prestaciones en especie (aceite, uva, vino, gallinas, animales domésticos) o en dinero (yantar y martiniega), reservándose en casi todos los casos el monopolio de unas fuentes concretas de ingresos (molinos, lagares, hornos, tabernas...). A estos ingresos habría que añadir los provenientes de la administración de la justicia y del ejercicio de la jurisdicción señorial. En ningún caso se exigieron prestaciones de trabajo.
El régimen señorial así constituido en el siglo XIV, perduraría, independientemente de la historia particular de cada señorío, hasta la desvinculación del siglo XIX.
La repoblación señorial del siglo XIV dio origen a los marcos jurídicos de los núcleos rurales repoblados. Las cartas-puebla nos informan sobre la constitución de pequeños concejos de señorío.
La estructura de estos concejos es básicamente la misma: dos alcaldes y un alguacil, como oficiales del concejo, a los que se añaden, en ocasiones, un jurado, un escribano, y otros cargos menores como portero y pregonero. Los oficiales del concejo podían ser elegidos por los propios vecinos o, como en el caso de Albaida, era el Cabildo quien los nombraba. Este apartado será objeto de un estudio detallado en los siguientes capítulos.
Concluimos asegurando que fue a partir de esta segunda y definitiva repoblación (aunque en algunos lugares fracasó el intento, quedándose despoblados definitivamente) cuando se consiguió el objetivo que se perseguía, a saber:
Poner en explotación tierras semiabandonadas y casi improductivas, fijando sobre ellas a grupos humanos, algunos de cierta relevancia, y aumentar las rentas de la persona o entidad que auspiciaba la repoblación. En el caso de Albaida, el Cabildo de la Catedral Hispalense, cuya base fue la Carta-puebla que pasamos analizar.
[1]Ibidem, págs. 77-83.