CAPÍTULO VI

 

DE LA ANTIGUA IGLESIA AL TEMPLO NEOCLÁSICO

 

 

La comunidad cristiana de Albaida debió tener origen primitivo y, por ello, no exenta de las vicisitudes propias de la invasión y dominio árabe.

 

Una vez conquistada Albaida por las tropas cristianas y repoblada en el año 1302, aunque no poseemos noticias expresas  sobre la misma ni su templo parroquial, todos los indicios apuntan que próxima a esta fecha debió erigirse su parroquia, perteneciendo ésta a la jurisdicción de Sevilla hasta que pasó en 1652 a formar parte de la Abadía Colegial de Olivares, no sin mostrar por ello una acuciada oposición como ya documentamos en el capítulo IV La Jurisdicción Eclesiástica.

 

Para argumentar tal afirmación nos basamos en el testimonio de que los moradores de Estercolinas (origen de Olivares), al carecer ésta de templo, asistían por estas fechas a los servicios religiosos a la parroquia de Albaida[1].

 

Nada conocemos de su primitiva fábrica, pero es ya trascendental e importante conocer de su dignidad parroquial en dicha época.

 

Es desde principios del siglo XVI cuando tenemos las primeras, aunque escuetas, referencias escritas relacionadas con la iglesia de Albaida[2].

 

Así, en el año 1509 la propia fábrica de la iglesia enajena y vende una viña de sus posesiones para, con su importe, pagar unas obras de reparación del templo parroquial. Desgraciadamente no se especifica en qué consistieron dichas obras. Igualmente, el Cabildo Catedral, en 1510, ordena entregar ladrillos para la misma finalidad.

 

En 1513, el citado Cabildo, tras nombrar a Diego de Gallegos como capellán de la iglesia de Albaida, ordena la gestión de un retablo "lo mejor y más barato que pudiesen" y en 1514 se ordena pagar al pintor Pedro Fernández el primer tercio de la pintura de dicho retablo. En noviembre de 1515 estaba ya realizado el mismo y se ordena pagar el último tercio de los 7.000 maravedíes que había costado a Antón Sánchez, y 2.000 en junio del año siguiente al "pintor de Albaida, para en satisfacción del dicho retablo"[3].

 

El templo parroquial estaba sobradamente dedicado al culto y administración de sacramentos, pues en un mandamiento del Cabildo de 1517 se ordena cambiar las crismeras viejas de los santos óleos por otras nuevas realizadas por el maestro platero Juan Donante; y en 1518 se libran 18 reales de plata "por un misal de molde e de papel, encuadernado" y 14 reales y medio para "vara y media de chamelote negro e una vara de lienzo azul e las flocaduras de oro para el rededor de una palia para el altar de la Villa de Albaida para ante el retablo para el tiempo de alzar el Sacramento".

 

Mas este primitivo templo siguió siendo objeto de reparaciones, pues, en 1525 el Cabildo da una serie de instrucciones sobre los materiales que se han de emplear para "labrar la nave de la iglesia" y en 1535, en un informe realizado por varios canónigos del Cabildo, se recomienda destinar la considerable suma de 400 ducados ofrecidos por el canónigo Alonso Gómez Yepes para ciertas pitanzas por las personas que él señalare, fueran destinados a la obra de la iglesia de Albaida, "principalmente para que la nave grande se cubra de madera buena y ladrillo por tabla, como están las otras y en la sacristía, y remedio de la capilla mayor".

 

Así se realizó como consta por los libramientos realizados por el escribano de la Villa Juan de Ledesma, depositario de dichos ducados. Fueron estas obras las que propiciaron el buen estado del templo parroquial.

 

En este mismo año de 1535 se nombra cura de la Villa a Francisco Delgado y se propone que para el servicio de la iglesia y administración de sacramentos se nombrasen dos curas con un salario de 3.000 maravedíes y dos cahíces de trigo cada uno, amén de sus respectivos derechos en los servicios religiosos. Esto es una prueba inequívoca de la pujante religiosidad e importancia de la comunidad cristiana de Albaida en la época a la que nos estamos refiriendo.

 

En 1553 se nombra cura de la Villa a Gregorio Camacho quien, al suscitar problemas que desconocemos, fue relevado por Diego Moreno en 1562.

 

En 1563 el Cabildo entregó 14 ducados para que, con los 16 que habían reunido los vecinos de la Villa, se hiciera una saya para la "figura" de Nuestra Señora de la iglesia. Y tres años después, el propio Cabildo disponía que de las casullas de la Capilla de los Cálices de la Catedral, se diese una blanca a la iglesia de Albaida "y que el cabildo pague la mitad de lo que valiera".

 

Finalmente, en el año 1568, se dispone que se hiciese una tribuna o coro alto, corriendo su coste a cargo de la propia fábrica parroquial.

 

Tras estos brevísimos, pero relevantes datos, y según el licenciado don Manuel Serrano Ortega[4], aunque lamentablemente sin aportar documentación ni fuentes históricas alguna, la antigua iglesia parroquial de Albaida debió ser construida en estilo mudéjar, es decir, caracterizada por la conjunción de formas y técnicas del arte musulmán y el arte occidental (románico, gótico o renacentista). El uso del ladrillo en la construcción, de la cerámica y el yeso en la decoración, la unión del arco ojival y el de cañón o medio punto, los techos de alfarje, todos ellos elementos típicos de este estilo.

 

Pero, en nuestro proceso investigador hemos hallado un documento de capital importancia, el cual obra en nuestro particular archivo, cual es el Inventario de bienes más antiguo que hasta el momento se posee de la iglesia parroquial de Albaida[5], que extrapolando sus datos de forma lógica y sistemática, nos permite recomponer de manera fidedigna la fisonomía del templo.

 

Según este Inventario fechado en Albaida "en 25 de junio de 1690, el Gobernador eclesiástico de esta Abadía don Pedro Joseph Gaitán, Capellán de su majestad en su Santa y Real Capilla de Nuestra Señora de los Reyes y Mayor de dichos Reales Alcázares, habiendo visitado el tabernáculo del Santísimo Sacramento del altar mayor y el sagrario del comulgatorio del altar de Nuestra Señora del Rosario y la pila bautismal y los óleos y crisma, mandó se inventariasen los bienes de la iglesia...".

 

La fábrica de la iglesia era de tres naves, una central o mayor y dos laterales, como ya se documentaba en el citado texto de 1535. Al fondo, en los pies de la nave central, debía estar situado el coro "con tres escaños, uno del cabildo secular y dos que sirven al coro y otros dos escaños quebrados; y cuatro campanillas, dos a cada lado del coro", probablemente el mandado realizar en 1568. La iglesia poseía tres puertas, una principal y otras dos en las naves laterales "con sus aldabas y cerrojos", además existía otra "con su llave y cerrojo en la del postigo", "todas ellas bien acondicionadas".

 

Tenía la iglesia una "torre con dos campanas con sus cordeles de cáñamo, y se mandó que una de las dichas campanas ,que está cascada, se funda y se haga otra nueva".

 

Al pie de la nave izquierda se encontraba la capilla bautismal "con una reja de palo", "con su pila bautismal de barro vidriado verde y se mandó se ponga en la tapa una cabritilla con flecos y clavos dorados".

 

En la nave central "reconocióse el retablo del altar mayor que es muy antiguo y tiene en medio una imagen de Nuestra Señora, flanqueada por San Pedro y San Pablo y San Isidoro y San Leandro".

 

Este retablo del altar mayor muy antiguo es el que se mandó pintar en 1514 a Pedro Fernández, según la referencia documental ya citada anteriormente. En nuestra investigación, hemos constatado y corroborado afirmativamente que se trata de Pedro Fernández de Guadalupe, hermano del también citado Antón Sánchez de Guadalupe, hijos ambos del también pintor Miguel Sánchez de Guadalupe. Estos pintores laboraban en el ambiente sevillano y figuraban en el círculo del magistral y afamado pintor de la época Alejo Fernández, yerno de Pedro Fernández, y con quien colaboró éste último en el retablo de la Piedad que Alejo hizo para la Catedral.

 

El autor del retablo de Albaida, Pedro Fernández de Guadalupe, fue durante 27 años pintor de la Catedral sevillana, realizando en ella en 1528 una gran tabla, que en este caso representa a San Pedro y que se encuentra en el muro de la izquierda de la Sacristía de los Cálices de la Santa, Patriarcal y Metropolitana Iglesia Catedral de Sevilla. Es obra de acreditada maestría en el oficio, siendo así que, por su admirable categoría artística, tradicionalmente fue atribuida a Alejo Fernández. Este Cuadro fue restaurado en 1896. Por otra parte, parece ser que en el retablo de la parroquia de San Pedro en Arcos de la Frontera, las pinturas del retablo de San Pedro y San Pablo, atribuidas a Esturmio, también participaron autores como Antón Sánchez de Guadalupe y Pedro Fernández de Guadalupe, datan de 1539.

 

De esto deducimos que los lienzos de San Pedro, San Pablo, San Isidoro y San Leandro pintados por dicho autor para el retablo de Albaida, debieron ser de muy alta y considerable calidad, dada su reconocida y comprobada maestría. Lamentablemente nada queda de ellos pues, como veremos, en 1734 fue suprimido este retablo por otro nuevo.

 

Debemos constatar que, junto a los Príncipes de la Iglesia, se pinta a San Isidoro y San Leandro, muestra inequívoca de la vinculación de la iglesia y Villa de Albaida al Cabildo Catedral. Nada conocemos hasta el presente de la "figura" de Nuestra Señora que presidía el retablo, salvo que era una imagen de vestir, pues para ella se mandó hacer la saya citada en 1563.

 

Tras este importante paréntesis de erudición y documentación, proseguimos con la descripción del templo añadiendo que al pie del presbiterio bajo se encontraba "un púlpito tallado de madera y escalera de lo mismo sobre un pie de piedra".

 

Lo hasta aquí expuesto es cuanto conocemos de la citada fábrica parroquial hasta la fecha señalada de 1690. Pero desde esta fecha hasta la de 1755, en la que el templo será destruido debido al llamado Terremoto de Lisboa, la iglesia parroquial va a registrar diversas transformaciones de interés, según consta en el Libro de Cuentas de Fábrica 1[6]. Entre otros hechos, cabe destacar dos de trascendental importancia.

 

Según Acta de 1 de marzo de 1734 del mencionado Libro de Cuentas, en dicho año se realizan dos obras de importancia: la realización de unas vidrieras para la iglesia y la construcción del nuevo retablo del altar mayor.

 

Sobre las vidrieras se dice textualmente: "Y dio en data y se le abonaron 122 reales de vellón, los mismos que costó haber pagado a Francisco del Pino, vecino de Sevilla, maestro vidriero, para las vidrieras con redecillas de hierro para dicha iglesia. Consta de dos recibos y valen 4.148 maravedíes". Ninguna otra información se da sobre el particular.

 

Por otro lado, no conocemos las causas que motivaron la realización de un nuevo retablo para el altar mayor. Quizás, debido a la antigüedad del anterior (1514), como ya se citaba en el Inventario de 1690, estuviese muy deteriorado. Lo cierto es que en el año 1734, "consta haber pagado a don José de Medinilla, maestro escultor, por haber hecho el retablo del altar mayor de la dicha iglesia, como consta de dos recibos que presenta y su valor es de 42.800 maravedíes". Suponemos debe tratarse de uno de los dos hermanos José Fernando o Francisco José de Medinilla, ambos escultores, y que por estas mismas fechas, en 1730, realizaron los retablos mayores de los Conventos de Santa Inés y Santa Paula de Sevilla[7]. Otras obras  son: El retablo de la parroquia del Divino Salvador de Ayamonte; el ensamblado de los retablos de los Santos Crispín y Crispiniano (1730-33) de la Colegial del Divino Salvador de Sevilla, readaptados tras la reciente restauración del templo siendo ocupado actualmente por la imagen de la Sagrada Entrada (Borriquita) de la Hermandad del Amor; los retablos laterales (1733) de la iglesia del Buen Suceso que se hallan en el falso crucero; 1732-33: construye el altar de la Hermandad de los Panaderos en la iglesia de Santa Lucía; el retablo mayor del antiguo Convento de la Paz (1752) de la Hermandad de la Sagrada Mortaja; y el retablo de la Virgen de la Cinta de Huelva.

 

Desgraciadamente no conocemos más detalles de este nuevo retablo, salvo la mención escueta que se hace de él en el Inventario de 1741[8], donde se dice: "En el altar mayor, la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, pintada y puesta sobre terciopelo carmesí con su retablo y sagrario y tabernáculo de lo mismo".

 

Posteriormente, en 1748, este retablo fue dorado, como lo atestigua el siguiente texto del mencionado Libro de Cuentas: "Dio en data y se le abonan 1.082 reales de vellón y 8 maravedíes, los mismo que costó y ha gastado en el dorado del retablo de la capilla mayor, además de los 1.150 reales de vellón que se le pagaron para dicho fin en las cuentas de la visita que se celebró por el Rvmo. Sr. Abad difunto y el presente notario contador, y cuenta del alcance de Juan de la Parra, y consta en ella haber quedado depositados en don Joseph de la Cruz Vaquero, cura de esta Villa, con cuyo gasto queda satisfecha dicha partida y cancelado el dicho depósito, y dicha cantidad vale 36.796 maravedíes".

 

Realmente bulle nuestra curiosidad por conocer más detalles sobre la composición, hechura y apariencia del citado retablo; mas, tenemos que sucumbir ante la vaguedad y parquedad descriptiva de la documentación existente al respecto. La avaricia cognoscitiva del investigador tiene su límite en el valioso hallazgo de tales documentos inéditos y, hasta ahora, de desconocida existencia. En nuestro trabajo no nos es lícito la suposición aventurada o la incierta imaginación, antes al contrario, nos ceñimos rigurosamente al tesoro argumental que todo documento histórico entraña. El lector será quien, con los datos aportados, podrá recomponer en lo más recóndito de su intelecto, la visión imaginativa de dicho retablo que tan escasa vida tuvo, pues fue destruido en el Terremoto del año 1755.

 

Mas volviendo a lo certero y documentado, cabría aquí exponer literalmente parte del Inventario de 1741 para que, con los datos ya aportados y los que en él se mencionan, podamos tener una visión global del templo parroquial que fenecería 14 años más tarde.

 

En la iglesia existían cinco altares o capillas, a saber: el altar mayor, el de Nuestra Señora del Rosario, el de Nuestra Señora de la Soledad, el de Santa Ana y el de Ánimas.

 

En el altar mayor (3), con el ya mencionado retablo, se encontraba "una lámpara de plata, ocho candeleros, una cruz y dos atriles de madera, un velo de olandilla azul, dos ciriales de palo con pedestales y un pedestal de la cruz, la tablilla del evangelio de San Juan, un esterado que cubría la nave mayor, un frontal de damasco con una cenefa encarnada de lo mismo".

 

En el altar de Nuestra Señora del Rosario (2), donde estaba el sagrario, se encuentra "Nuestra Señora y el Niño, con sus coronas de plata y una lámpara de lo mismo, un frontal de brocatel encarnado con flores blancas, un retablo dorado y en él está Nuestra Señora del Rosario de vestir con su Niño, dos candeleros, un atril, cruz y evangelio de San Juan, una barandilla de madera en dicho altar para la comunión". Ningún dato documentado poseemos hasta el momento sobre la autoría de esta Imagen, Al ser restaurada la actual Imagen en 1999 por el escultor-imaginero don Francisco Limón Parra, de Villanueva del Ariscal (Sevilla) se ha descubierto que la primitiva imagen se halla mutilada dentro de la actual, siendo su mascarilla de pasta-madera de corte decimonónico, al igual que ocurriera con la Imagen de Nuestra Señora del Socorro. Igualmente desconocemos la hechura, autoría y composición del citado retablo dorado, perdido con el nefasto Terremoto, ya que el que hoy  se muestra fue realizado para la Virgen del Rosario muy avanzado el siglo XIX.

 

Volviendo al tema que nos ocupa, en el altar de Nuestra Señora de la Soledad (4), "un retablo dorado donde está Nuestra Señora con una corona de plata y una lámpara de lo mismo, un frontal de lienzo pintado, dos manteles viejos guarnecidos de encajes, cuatro candeleros plateados y dos atriles, una tablilla de consagración y otra del evangelio de San Juan, un medio cuerpo de Jesús Nazareno".

 

En el altar de Santa Ana (5), "está Nuestra Señora con media corona y Señora Santa Ana con su diadema, y en dicho altar una lámpara de azófar, un retablo estofado con marco dorado y dos ángeles, frontal de lienzo pintado, un San Juan de bulto con seis ramilletes, cruz y atril de madera y seis candeleros de plomo".

 

 

En el altar de las Ánimas (1), "un lienzo pintado de ánimas con su marco dorado, frontal pintado de negro, atril, cruz y dos candeleros de madera".

 

Si lo hasta aquí expuesto sobre el templo parroquial ha sido extrapolado fundamentalmente de los Inventarios de 1690 y 1741, ellos son igualmente fuente precisa para conocer otros enseres propios del culto divino, que son dignos de mención, no sólo por su valor material sino documental pues, como veremos, a raíz de la destrucción del templo por el Terremoto acaecido el 1 de noviembre de 1755, muchos de estos enseres desaparecieron desgraciadamente para nuestro patrimonio histórico y artístico.

 

En el Inventario de 1690 se citan: "Primeramente la custodia de plata sobredorada donde está el Santísimo Sacramento, un copón dorado por dentro y una cruz encima donde están las formas del comulgatorio, una caja de plata sobredorada donde se lleva el viático a los enfermos, dos crismeras de plata donde está el óleo de los catecúmenos y el santo crisma, una cruz de plata superficial esculpida en ella un Santo Cristo y Nuestra Señora por el otro lado y sirve para la manga de la parroquia, dos cálices y dos patenas de plata sobredorada, un incensario de plata". Igualmente se relaciona un amplio inventario de ornamentos sagrados.

 

Pero detengámonos en la citada Cruz parroquial documentándola hasta donde las fuentes nos permitan.

 

En el Acta de toma de Cuentas de 15 de mayo de 1713[9], se cita: "El aderezo de la Cruz de la parroquia que para este efecto se llevó a un platero de Sevilla, como constó de recibo del dicho platero por la suma de 3.621 maravedíes".

 

Esta Cruz aparece ya citada en el Inventario de 1690 y volverá a ser inventariada en el de 1741. Con posterioridad, en el año 1748 volverá a ser restaurada según consta en el citado Libro de Cuentas: "Item dio en data y se le abonan 43 reales de vellón, lo mismo que costó haber satisfecho a don Thomás de la Torre, maestro platero, por la composición de la lámpara de plata y la Cruz de la parroquia de esta Fábrica, y dicha cantidad vale 1.462 maravedíes" .

 

Tras la construcción de la nueva iglesia parroquial, en el año 1760 la Cruz parroquial, debido al lamentable estado en que debió quedar por causa del nefasto acontecimiento de 1755, volverá a ser restaurada, según se documenta en el mencionado Libro de Cuentas de Fábrica 1 con las siguientes palabras: "Y dio en data y se le abonan 617 reales de vellón y 8 maravedíes, los mismo que importó la renovación e hechura de la Cruz de la parroquia que es de plata, y vara y lienzo que se compró para su uso y resguardo. Constó de relación jurada del dicho mayordomo y recibo de don José Hernández, maestro platero, y dicha cantidad vale 20.986 maravedíes". Esta restauración debió ser de gran importancia dado su coste en comparación con las anteriores.

 

Esta Cruz parroquial era la que procesionaba abriendo el cortejo en las diversas solemnidades religiosas que se celebraban en la Villa hasta bien entrado el siglo XIX. En la actualidad, esta Cruz parroquial se encuentra presidiendo el altar mayor, sobre el tabernáculo situado a los pies de Nuestra Señora del Socorro, sobre una antigua peana de madera dorada.

 

A los enseres de plata reseñados en el Inventario de 1690 habría que añadir, según el Inventario de 1741, de fecha 24 de abril, "una concha de plata de bautismo, una arquilla plateada por fuera y dorada por dentro en que se hace el depósito del Santísimo Sacramento el Jueves Santo". Esta arquilla, cuyo paradero desconocemos, debía ser de similares características a la que, siendo párroco don Antonio Fernández Estévez, portaba las Sagradas Formas para su distribución a los enfermos en la Procesión de Impedidos, felizmente recuperada por tan excelente y piadoso sacerdote durante su fecundo ministerio en este pueblo.

 

Estos exhaustivos Inventarios proporcionan una detallada información. Transcribimos a continuación algunos de los muchos ornamentos sagrados, no ya sólo por su valor material sino como muestra del posterior deterioro y pérdidas que los mismos sufrirían con motivo del tantas veces mencionado Terremoto.

 

"Primeramente un terno entero blanco que se compone de casulla, dalmáticas, estolas, manípulos y collares, todo de damasco con guarnición de seda amarilla, y su pañito de cáliz y bolsa de corporales de lo mismo. Una casulla nueva de damasco blanca guarnecida con cuchillejos de seda amarilla, su pañito de cáliz y bolsa de lo mismo. Otra casulla blanca de lama, ya usada, guarnecida con galoncillo de plata, con su paño de cáliz de lo mismo. Otra casulla de damasco con forro de tafetán encarnado ya usada. Otra casulla vieja de damasco  con pañito de cáliz de tafetán y bolsa de damasco con cuchillejos de plata. Una muceta de damasco forrada en tafetán, carmesí con cordones y guarnecida en oro con un broche de plata. Dos capas de damasco con cenefas encarnadas de lo mismo y guarnecidas de seda amarilla. Una casulla encarnada de damasco con cenefas de brocatel. Una capa de damasco encarnada con cuchillejos anteados.

Una manga de terciopelo. Un paño de púlpito de damasco guarnecido con galón de seda anteado. Una casulla de damasco encarnado nueva con guarnición de seda amarilla. Una casulla de damasco morado, guarnecida con seda amarilla , con un pañito del cáliz y bolsa de lo mismo y con la misma guarnición. Otra casulla morada de brocatel ya usada y guarnecida con cuchillejos de seda del mismo color con su bolsa de lo mismo y el pañito del cáliz de tafetán doblete.

Una capa pluvial de damasco nueva guarnecida con cuchillejos de seda amarilla. Un paño morado de púlpito de damasco con flecos de seda amarilla y morada. Un frontal de brocatel con flores amarilla. Una casulla de damasco verde con guarnición de seda amarilla con bolsa de lo mismo y el pañito del cáliz de tafetán sencillo. Otra casulla de damasco verde vieja con guarnición de oro fino con su paño de cáliz de tafetán sencillo.

Un frontal de brocatel con flecos amarillos y verdes. Otro de damasco viejo. Dos casullas de damasco negras nuevas con guarnición de seda amarilla con sus bolsas de lo mismo y un pañito de cáliz de lo mismo y otro de tafetán doblete.

Una capa pluvial nueva de damasco guarnecida con cuchillejos de seda amarilla. Dos dalmáticas de brocatel negro ya usadas con guarnición de seda anteada y negra. Una manga de terciopelo. Un frontal de brocatel.

Un alba guarnecida con encajes de flandes, otra de lienzo de imperio con encajes bastos, otras dos nuevas de bretaña con encajes entrefinos, otra ya usada de bretaña con encajes angostos. Tres amitos nuevos de bretaña con encajes, otro amito de estopilla bordado con cintas de tisú con encajes de flandes. Dos cíngulos de hilo, tres cíngulos de hilo teñido, otros tres cíngulos de colonia de raso, dos de los cuales son azules y el otro amarillo.

Diecisiete pañitos de purificación guarnecidos con puntitas de encajes. Ocho pares de corporales, incluso los que sirven en los dos sagrarios, los seis guarnecidos de encajes y los dos llanos. Siete toallitas de vinajeras. Tres toallas de manos. Tres pares de manteles de bramante".

 

Hasta aquí el Inventario de 24 de abril de 1741 realizado por el Lcdo. D. Juan de Solís Bernal, Canónigo de la Insigne Iglesia Colegial de Olivares y Visitador nombrado por el Rvmo. Sr. Presidente y Cabildo de dicha Insigne Iglesia.

 

Estos documentos desconocidos e inéditos, y al presente localizados y documentados gracias a nuestra labor paciente e ilusionada de investigación, corresponden al templo "mudéjar" anterior a 1755, fecha ya anunciada del desastre que tan funestas consecuencias ocasionó a nuestra antigua iglesia parroquial, sumiéndola en la más absoluta ruina, hasta el punto de ser "sacada de cimientos" la nueva fábrica, acontecimiento que, siguiendo importantísimos textos hallados, documentaremos detalladamente a continuación.

 

Serrano Ortega menciona un templo mudéjar destruido para edificar el actual en el siglo XVIII.

 

Madoz[10], afirma que este templo es de fundación desconocida, arruinándose el edificio antiguo por un terremoto del comedio del siglo XVIII, construyéndose el actual.

 

Tormo[11] estima así mismo la reconstrucción del templo. Ninguno de estos prestigiosos historiadores, aunque todos coinciden en señalar la destrucción del antiguo templo y la construcción del actual, aportan datos documentales sobre los mencionados acontecimientos. Mas, nuevamente, gracias a nuestro tesón investigador, y tras seguir oscuros indicios documentales, hemos hallado manuscritos de un profundo valor histórico y descriptivo que no ofrecen lugar a dudas sobre tales hechos. Son estos documentos, hasta ahora inéditos, unos de los que más satisfacciones nos ha proporcionado su documentación y localización.

 

Antes de meternos de lleno en ellos, queremos ilustrar con algunos datos la causa eficiente de estos sucesos: el Terremoto de primero de noviembre de 1755.

 

Este cataclismo, llamado Terremoto de Lisboa, pues debido a la localización de su epicentro destruyó esta capital portuguesa, hizo sentir sus efectos en un amplísimo espacio geográfico, extendiendo por el mismo sus gravísimas y destructoras consecuencias.

 

Dos datos, para hacernos idea de su intensidad y repercusiones, aportamos.

 

El primero de ellos es la trascripción literal que en la base del Monumento al Triunfo se halla en la Plaza del mismo nombre de la capital sevillana, llamada precisamente así por su "triunfo" sobre el Terremoto.

 

 

Ese día, los canónigos, que estaban celebrando con toda pompa litúrgica el oficio de Todos los Santos, tuvieron que salir de estampida, porque se les venía la Catedral encima. Terminaron los oficios en plena calle, al costado este del Archivo de Indias. Luego mandaron edificar ese bellísimo templete, llamado "Triunfo", que hay en aquel lugar, con hermosa imagen de la Virgen y el Niño, rematado con la cruz patriarcal, flanqueado de airosos faroles. En su base hay una inscripción esculpida en piedra que dice:

 

"Sábado, 1 de Nov. Año 1755 a las 10 de la mañana huvo general y pavoroso terremoto el que se creyó asolaba la Ciudad, y sepultaba a sus moradores en la ruina, pues se estremecieron violentamente los edificios cayendo algunos y parte de las iglesias. En la Patriarcal con espantoso horror llovieron parte de su bóvedas, cayeron pilares de los elementos de su Torre. Siendo sin número el concurso nadie se sintió lastimado. En toda Sevilla solo 6 personas perecieron deviendo las demás sus vidas la Ciudad su consistencia al Patrocinio de la que es Madre de Dios y Misericordiosa María Stma. en cuyo honor y perpetuo agradecido monumento mandaron poner los Ilmos. Sres. Deán y Cabildo e hacer este Triunpho en el sitio mismo que se dixo la Misa y cantó Sexta en aquel día"[12].

 

El otro documento que aportamos para obtener datos sobre el seísmo, lo encontramos en las Actas Capitulares de la Insigne Iglesia Colegial de Olivares, textualmente dice así:

 

"Un temblor de tierra tan considerable que Dios nos envió y que duró un cuarto de hora y más repeticiones que se están experimentando y el más considerable nos ha hecho el mayor agravio, siendo este pueblo el que se ha liberado de ruina y a todos los demás de Andalucía ha hecho muchos destrozos"[13].

 

Los capitulares atribuyeron el milagro de incolumidad de Olivares a las Sagradas Reliquias que se guardaban en la Capilla de las Nieves.

 

No corrieron esta misma suerte la Fábrica parroquial y la Capilla del Hospital del Santísimo de nuestra Villa de Albaida, las cuales fueron arruinadas por causa del mismo.

 

El templo parroquial quedó destruido e inutilizado para la celebración del culto divino, teniéndose que trasladar la parroquia a la Capilla del Hospital del Glorioso Mártir Señor San Sebastián.

 

De esta efemérides contamos con diversos testimonios extraídos de los diferentes Libros de las distintas Hermandades de la Villa y de la propia Fábrica parroquial.

 

Así, en el Libro de Cuentas de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz, en la toma realizada en el año 1756, se dice:

 

"Que se mandó reconocer la iglesia del Hospital para ver si reunía las condiciones necesarias para trasladar a ella el Santísimo"

 

Esta revisión tenía como objeto evaluar si en la citada  Capilla se habían dejado sentir los estragos que el Terremoto ocasionó, ya que al igual que el Templo Parroquial, la Capilla del Hospital del Santísimo, situada en términos del hasta hace escasos meses cementerio, quedó igualmente arruinada, como se documenta en el Libro de Cuentas 2 de la Hermandad del Santísimo del año 1755, donde se dice textualmente:

 

"Ytem dio en data y se le abonan 10 reales de vellón, los mismos que pagó a Domingo de Chaves y Francisco Muñoz Moreno, maestros del Excmo. Sr. Duque de Alba y de Olivares, por el reconocimiento de la Capilla del Santísimo y las ruinas que padeció en el Terremoto que hubo el día primero de este mes de noviembre, constó de recibo que presentó".

 

Y efectivamente, necesitó de obras la Capilla del Hospital del Santísimo, como se documenta con posterioridad en el Libro de Cuentas de Fábrica 1, que dice:

 

"Y dio en data y se le abonan 773 reales de vellón, los mismos que parece le han importado las obras de la Iglesia del Hospital y casas de esta Fábrica desde las cuentas de visita pasada a ésta, constó de relación y decretos y recibos que presentó y valen 26.282 maravedíes"[14].

 

Tras las obras pertinentes en la Capilla del Hospital, ésta realiza las funciones propias de parroquia, como se constata  en los siguientes documentos.

 

La Hermandad del Santísimo poseía un cepillo instalado en el Templo Parroquial para el sostenimiento del culto, pues bien, en el Libro de Cuentas 2 de dicha Hermandad, se dice:

 

"Ytem se le cargan a dicho mayordomo 40 reales de vellón, los mismos que percibió en 28 de marzo de 1756 su tío Joseph Sáenz de Orio, mayordomo, su antecesor, del cepillo de esta Hermandad que se avió para sacarlo de la iglesia y llevarlo al Hospital del Señor San Sebastián a donde se mudó la parroquia mientras se hacía la Iglesia nueva arruinada con el Terremoto que acaeció en primero de noviembre del año pasado de 1755"[15].

 

Este texto por sí solo es muy elocuente y descriptivo, pues no sólo nos habla de la ruina del templo mudéjar sino que nos dice que se está construyendo uno nuevo.

 

Tan nefastas y trágicas fueron las consecuencias del Terremoto que hasta el cepillo hubo de ser "aviado" para cumplir su finalidad.

 

El Santísimo Sacramento, que se hallaba normalmente reservado en el altar de Nuestra Señora del Rosario o comulgatorio, estaba siempre iluminado por una lámpara de aceite. El gasto de dicho aceite era sufragado por las Hermandades del Santísimo y del Rosario. Pues bien, en la toma de cuentas del año 1756 del mencionado Libro de Cuentas de la Hermandad del Santísimo, al hablar del aceite, dice:

 

"... y no lo ha dado por razón que habiéndose mudado la Parroquia en 28 de marzo de dicho año de 1756 al Hospital del Glorioso Mártir Señor San Sebastián...".

 

Mientras permaneció el Señor Sacramentado en la Capilla del Hospital, las tres arrobas de aceite de la lámpara fueron sufragadas por las Hermandades de la Santa Vera+Cruz y de San Sebastián, como consta en sus respectivos Libros de tomas de cuentas de dichos años.

 

Mas no sólo fue trasladado el Santísimo a la Capilla del Hospital, sino que las Hermandades del Santísimo y de Nuestra Señora del Rosario también se afincaron en ella y celebraron allí sus cultos y cabildos.

 

"En la Villa de Albaida, en 10 días del mes de octubre de 1756 años, en que la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora del Rosario celebró la festividad de la Batalla Naval, que es la principal de esta Hermandad, se juntaron a cabildo los señores alcaldes y hermanos en la Capilla del Hospital del Señor San Sebastián, que al presente está sirviendo de Iglesia, siendo llamados al toque de campana con licencia para ello de don Joseph de la Cruz Vaquero, cura y capellán mayor de dicha Hermandad..."[16].

 

Igualmente, como lo venía haciendo desde antiguo, la Hermandad de la Santa Vera+Cruz celebró en la Capilla del Hospital "Misa cantada el día tres de mayo", aunque no realizó la procesión de este día ni la estación penitencial el Jueves Santo en la noche este año de 1756. Sí lo hizo en los años sucesivos, como consta en sus archivos y en su Libro de Cuentas de los referidos años.

 

De la Hermandad de la Soledad no sabemos qué pudo ocurrir durante estos años, pues los documentos más antiguos que obran en su Archivo datan de 1764. Ni en los Libros de Fábrica ni en los del resto de Hermandades se hace alusión alguna al respecto.

 

La construcción del nuevo templo parroquial fue labor de tres años y medio. De un Auto del Libro de Cuentas de Fábrica fechado en Olivares el 4 de junio de 1756, extraemos textualmente lo siguiente:

 

"En la Villa de Olivares, en cuatro días del mes de junio de mil setecientos y cincuenta y seis años, el Rvmo. Sr. D. Agustín Alvarado y Castillo, del Consejo de esta Abadía mayor de la Insigne Iglesia Colegial de la Villa referida, habiendo fenecido la visita que ha hecho su Señoría Reverendísima de la Iglesia, Fábrica, Capellanías, Hermandades y Obras Pías de la Villa de Albaida de la jurisdicción de esta Abadía, y reconociendo sus faltas y defectos que en ella se demuestran y ha experimentado y tener mandado reedificar su Iglesia de las ruinas que con el motivo del terremoto padeció, y ser necesario poner cobro a los títulos, dependencias de las fincas y tributos de dicha Fábrica, sus libros y papeles y que éstos no padezcan el detrimento de romperse o perderse por andar en poder de los mayordomos de la Fábrica, que muchos de ellos suelen no saber leer y otros que con la desidia que tienen los dejan perder; sucediendo la misma desidia en los libros pertenecientes al cura, teniéndolos en sus casas, cuyos efectos suelen ser perjudiciales y originarse varios inconvenientes. Para precaver éstos, su Señoría Reverendísima (...) mandó se hagan nuevos reconocimientos de las fincas y tributos por los colonos y tributarios de dicha Iglesia, para por este medio, evitar mayores perjuicios, lo que solicitará el presente mayordomo se efectúe, porque de no hacerlo será responsable en visita venidera"[17].

 

Tal debió ser el desorden y desconcierto que por estas fechas, y con motivo de tan trágico acontecimiento, existía en la organización parroquial de Albaida y, como primeras y urgentes medidas de estabilización, se manda por el citado Auto inventariar las tierras y posesiones que la Iglesia disfrutaba de dotaciones testamentarias. Estas tierras de la Iglesia eran arrendadas a colonos para su explotación a cambio de rentas y tributos, gracias a los cuales se sostenía la parroquia. A través de estos tributos y a la colaboración infatigable de los moradores de Albaida, es como se levantará la nueva Fábrica parroquial. Es, por tanto, la primera medida que se toma para comenzar su construcción.

 

Ningún documento hemos hallado que nos indique los pormenores y circunstancias que contribuyeron a su edificación material. Ningún testimonio hemos localizado que nos narre su sistema de construcción, materiales, dirección y operarios que intervinieron en la misma, sólo conocemos que fue "sacada de cimientos" y sufragados sus gastos a instancias del propio mayordomo de la Fábrica.

 

Retomando el hilo conductor de la historia de nuestra parroquia, nos adentramos ya en el año 1759, año de la feliz inauguración y bendición del actual templo neoclásico. Quizás sea este documento que transcribimos a continuación, el que mayor satisfacción y rebosante alegría nos ha proporcionado su descubrimiento y localización. Se trata de un Auto donde se narra la solemne bendición y estreno de la actual Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, título que desde los orígenes cristianos de la comunidad de Albaida tuvo siempre por dedicación y advocación de su templo. En el citado Auto del Libro de Cuentas 1 (págs. 285v y 286) se dice textualmente:

 

 

"En la Villa de Albaida, en cuatro días del mes de febrero de mil setecientos cincuenta y nueve años, el Sr. Lcdo. D. Agustín Mauricio Jiménez de Montilla, dignidad de Chantre en la Insigne Iglesia Colegial de la Villa de Olivares, Gobernador, Provisor y Vicario General en ella y su Abadía, por el Rvmo. Sr. Abad mayor de ella, dijo: Que por cuanto habiéndose concluido la obra material de la Iglesia Parroquial de esta dicha Villa, que con el motivo del terremoto que la Voluntad de Dios Nuestro Señor en sus santos juicios nos envió el día primero de noviembre del año pasado de mil setecientos cincuenta y cinco, fue arruinada y sacada de cimientos a instancias del mayordomo de la Fábrica de ella, en autos seguidos por el susodicho, con los señores Deán y Cabildo de la Santa Iglesia de la Ciudad de Sevilla, por razón de los diezmos percibidos por aquel Cabildo,  ante el Rvmo. Sr. D. Agustín de Alvarado y Castillo, del Consejo de su majestad, Abad mayor de dicha Insigne Iglesia, y ante el presente Notario mayor según consta en el archivo de la notaría de su cargo, y habiéndose por nuestro dicho Rvmo. Sr. puesto la primera piedra en los dichos cimientos, con la solemnidad que se requiere, concurren para ello el Cabildo y ministros de dicha Insigne Iglesia Colegial; y ahora, por ausencia de dicho Rvmo. Sr., concluidas dichas obras y hechos los reconocimientos necesarios, como Ordinario de esta Abadía, en el día veintinueve del pasado, pasó su Sría. Rvma. y con las ceremonias acostumbradas, con asistencia de don Joseph de la Cruz Vaquero, presbítero cura de la Iglesia, don Francisco Joseph Romero y don Diego Baquero, también presbíteros de la nominada Villa, don Francisco de Ortega Macías y don Juan Delgado Ortiz, también presbíteros, sacristán mayor y ministros de la dicha Iglesia Colegial, bendijo dicha Iglesia.

En el día de hoy se trasladó el Santísimo Sacramento procesionalmente por la estación regular desde el Hospital del Glorioso Mártir San Sebastián a la dicha Iglesia, habiendo concurrido para ello todo el pueblo y Hermandades con mucha devoción, haciendo la función con música, danzas, clarines y fuegos la noche antecedente, iluminadas las calles y plaza y colgándose las dichas calles que siguió la estación y procesión. Y fenecida ésta, se cantó la Misa mayor por el Sr. don Manuel Pons, sirviendo el altar los señores don Joseph Berenguer y don Joseph Gómez, todos canónigos de dicha Insigne Iglesia, por quien se suministró todas las alhajas y ornamentos necesarios para dicha función, habiendo predicado en ella su Sría. con concurrencia de varias personas de dicha ciudad de Sevilla, eclesiásticos seculares y regulares de distinción, y de los demás pueblos comarcanos de esta dicha Villa, que asistieron a dicha función. Y para que conste lo referido en lo sucesivo, su Sría. lo mandó poner por diligencia y lo firmó, doy fe"

 

 

Esta diligencia está firmada por D. Agustín Mauricio Jiménez de Montilla, Chantre de la Insigne Iglesia Colegial de Olivares, y por D. Antonio Castillo, Notario mayor de la misma. Destacamos de ella las gestiones realizadas por el mayordomo de la Fábrica ante el Cabildo Catedralicio para obtener de él partidas económicas para la construcción del templo, en razón de los diezmos que secularmente, desde la repoblación, pagaban los habitantes de Albaida al citado Cabildo. Igualmente sabemos que la primera piedra fue colocada con toda solemnidad por el Abad de Olivares D. Agustín de Alvarado y Castillo, pero desconocemos la fecha exacta de dicho acontecimiento. Sí nos permite conocer las fechas de bendición del nuevo templo, 29 de enero, y la del traslado del Santísimo Sacramento y primera Misa que se celebró en él, 4 de febrero de 1759, al igual que los nombres de los celebrantes.

 

Proceso inverso al realizado en 1756 sufrió el cepillo de la Hermandad del Santísimo, que en su Libro de Cuentas 1 señala:

 

"Ytem cargan a dicho mayordomo 58 reales y medio de vellón, los mismos que se encontraron en el cepillo de esta Hermandad en 8 de abril de dicho año de 1759 cuando se arrancó del Hospital que sirvió de parroquia para llevarlo a la Iglesia reedificada de nuevo"[18].

 

De exuberante regocijo podríamos calificar el estado anímico de los habitantes de la Villa ante tal acontecimiento de trascendental importancia para la vida religiosa y, por qué no decirlo también, cívica de nuestro pueblo.

 

Muestra de ello y, completando algunos datos ya ofrecidos por el inapreciable documento anteriormente transcrito, podíamos añadir, según se refiere en el Libro de Cuentas de la Hermandad del Santísimo Sacramento en la toma de cuentas de fecha 29 de abril de 1759, lo siguiente: 

 

"Ytem dio en data y se la abonaron al dicho Antonio Lorenzo López, mayordomo de esta Hermandad, 371 reales de vellón gastados en un guión nuevo que se hizo, por hallarse muy indecente el que esta Hermandad tenía, a saber: el terciopelo muy viejo, la vara toda torcida, sin cruz en su remate, para el estreno de la Iglesia de esta Villa. Todo fue nuevo de damasco blanco, bordados sus remates, vara nueva, cruz en la misma conformidad y con todo aseo plateada. Todo constó en ocho recibos de diferentes operarios que en este particular concurrieron".

 

Mas no podía faltar para dicho acontecimiento una de las esencias tradicionales en las celebraciones festivas de nuestro pueblo: los fuegos artificiales. Así se expresa textualmente:

 

"Dio en data y se le abonan 100 reales de vellón, los mismos que ha gastado en los fuegos del estreno de la Iglesia de esta Villa, porque aunque fueron 200 reales los que se gastaron, pagaron los otros ciento las Hermandades de la Vera+Cruz y la Soledad, consta de recibo de Benito Pérez, cohetero de Sevilla, a 1 de febrero del dicho año de 1759"[19].

 

Como datos anecdóticos extraídos del mismo Libro, señalamos:

 

"Las dos arrobas de vino a precio de 12 reales cada una, que se compraron de la hacienda de don Adrián de Albarado, para el gasto de la caterva de músicos y danzantes que vinieron de Sevilla a la translación del Santísimo Sacramento a su legítima Iglesia".

"Los 17 reales que costó un jamón para ayuda a la comida de los músicos y danzantes en el estreno de la dicha Iglesia, como constó de recibo de don Francisco Romero, que presentó".

 

Como podemos comprobar por las citadas fuentes documentales, este feliz evento marcó un hito en la casi legendaria historia de la antigua Laelia.

 

El actual templo parroquial está distribuido en tres naves con diferenciación de crucero. Fuertes pilares cuadrangulares apean los arcos de medio punto que separan las naves. Bóvedas de aristas cubren los laterales, cúpula de crucero y un techo raso en forma de artesa cierra la nave principal. Al exterior pueden verse dos puertas, una en el lado izquierdo y otra a los pies, que es torre-fachada. Interesante será reseñar su torre-fachada en el imafronte principal, decorada con elementos neoclásicos. La puerta se abre en un arco semicircular arquivolteado por molduras de idéntica significación.

 

El templo conserva la orientación litúrgica tradicional, poco frecuente en las iglesias de esta época. Esto se puede explicar porque al estar construido sobre el mismo terreno que el anterior, debió ajustarse a su misma orientación.

 

En el interior de la iglesia preside el gusto neoclásico, al que responden la mayoría de los retablos.

 

En el altar mayor existe un retablo construido con elementos de formas neoclásicas, sin mérito artístico alguno. El ático contiene un relieve de la Asunción, a quien está dedicada la parroquia, exento de interés. Desde mediado el s. XIX preside este retablo la Imagen de Nuestra Señora del Socorro, proveniente, como veremos de su Capilla del Hospital del Santísimo.

 

En la cabecera de la nave del Evangelio existe otro retablo de escaso mérito, donde tradicionalmente está Nuestra Señora del Rosario. En el ático de este retablo se halla una Imagen de San Juan Bautista niño, "San Juanito".

 

En el centro de esta nave izquierda, o del Evangelio, Se halla un retablo de corte neoclásico, conteniendo lienzos del Santo Ángel con el Niño y Cristo triunfante con la cruz.

 

En la segunda mitad del siglo XVII pueden encuadrarse las pinturas que representan al Crucificado, la Virgen del Carmen y Santa Teresa.

 

      A los pies de la nave del Evangelio, ocupando el mismo lugar que tenía en el templo destruido, se encuentra un lienzo pintado al óleo de las Ánimas, rematado en medio punto, albergado en un magnífico marco coetáneo tallado con hojarasca barroca. Marco y lienzo pueden fecharse en la primera mitad del s. XVIII. Contiguo a éste se abre la que fue capilla bautismal.

 

En la nave de la epístola se encuentra un retablo dorado de mérito que pertenece a la Hermandad de la Soledad, ocupando el mismo lugar que tradicionalmente tenía en el templo, de sus Imágenes Titulares hablaremos en el capítulo dedicado a dicha Hermandad..

 

En esta nave se encuentra otro retablo de corte neoclásico jaspeado que contiene esculturas pequeñas de San José, Santa Ana y San Joaquín, éstas dos últimas de mérito.

 

En las paredes de dicha nave se hallan lienzos colgados, tales como el Llanto de la Virgen y San Juan por la muerte de Cristo, de comienzos del s. XVIII; una Inmaculada del primer tercio del XVII, y una Asunción de la Virgen del mismo siglo, de escuela de Murillo, y de gran interés artístico.

 

Otros altares y retablos de escaso mérito artístico completan las naves del templo.

 

Posee también la Iglesia piezas de orfebrería valiosas, entre las que destaca una Custodia renacentista de plata dorada, de la segunda mitad del siglo XVI, con magnífico repujado de ángeles alados, guirnaldas de frutas y demás temas renacentistas, que se conserva en perfecto estado Algo más tardío, pero también del s. XVI, es un Cáliz de plata dorada con ornamentación más plana y geométrica. De comienzos del s. XIX hay algunas obras neoclásicas, como unas Crismeras con el punzón de Sevilla y del platero F. G. Cabrilla, y un Copón neobarroco realizado por Vicente Franco en 1801.

 

El esplendor y boato con que se celebró la bendición del templo, contrastará grandemente con la pobreza en que seguía sumida la parroquia allá por el año 1761.

 

"En la Villa de Olivares, en once días del mes de enero de 1761, el Rvmo. Sr. D. Agustín de Alvarado y Castillo, del Consejo de su majestad, Abad mayor de la Insigne Iglesia Colegial de esta Villa, en visita de las cuentas tomadas a don Nicolás Sánchez Dorador, mayordomo que ha sido de la Fábrica de la Iglesia Parroquial de la Villa de Albaida, y demás diligencias practicadas en la visita general, habiendo reconocido su Sría. en esta visita las faltas que hay de corporales y ornamentos, mandó que dentro de quince días se pongan cruces decentes en dichos altares y se quiten las que hay de presente por indecentes, y se hagan seis lienzos de corporales completos, seis paños de cálices de damasco de los correspondientes colores, se dore uno de los cálices por estar ya gastado el que tenía, se compongan los vasos de plata en que están los santos óleos y crismas y se renueven a su debido tiempo.

Que se hagan dos cajones nuevos para poner la ropa por estar indecentes los que de presente tiene, y éstos se recompongan para que puedan servir para otros fines. Y que en los nuevos que se hicieren se hagan dos cajoncitos con sus chapas y llaves que sirvan uno para poner los libros pertenecientes al cura y otro para los libros y papeles pertenecientes a la Fábrica de dicha Iglesia, debido a la humedad que tienen las alacenas que sirven a este fin.

Que se compren tres aras para los tres altares de Ánimas, Soledad y Sagrario, por ser muy pequeñas las que tienen y no poderse celebrar el Santo Sacrificio de la Misa en ellas.

Que se haga una puerta nueva con su cerrojo y llave en la puerta que sube a la torre para el aseo y resguardo de dicha Iglesia"[20].

 

Nuestra Parroquia renació de los cimientos en el año 1759, pero tendrían que pasar algunos años más para que recuperase la normalidad y enseres perdidos en el tristemente famoso Terremoto de Lisboa.

 

De esta forma se irá organizando la Parroquia hasta que en 1825 se realice un Inventario de los bienes parroquiales, que textualmente dice así:

 

 

"Inventario de los bienes y alhajas de la Fábrica de la Iglesia Parroquial de esta Villa de Albaida que yo, don Román Fernanz Sáenz, presbítero cura y mayordomo de Fábrica que fui de ella, hago y doy por mandado de don Pedro Berenguer, presbítero gobernador y canónigo de la Iglesia Colegial de Olivares y su Abadía, por el Iltmo. Sr. D. José Rivero, Abad mayor de la dicha, todo lo cual y existible (sic) en ella, es en la forma y manera siguiente:

Año 1825

Plata sobredorada

Primeramente un copón grande sobredorado en el sagrario alto, otro copón en el sagrario bajo, una cajita para los sacramentos y renovación, un viril de media vara de alto, un cáliz con patena y cucharita, una llave del sagrario con cordón.

Plata blanca

Dos cálices con patena y cucharita, dos llaves de los sagrarios, dos crismeras, dos vasos de óleos infirmorum, una concha baptismal, un salerito, una cruz grande parroquial, un incensario con naveta y cuchara, un hisopo, tres lámparas, tres coronas de Imágenes y una de Niño, una diadema de Señora Santa Ana y media corona de la Niña, una diadema de San José y otra del Niño, media luna de la Soledad, un rosario de la Virgen de este nombre, dos medias coronitas de la Virgen del Rosario y Niño y media diadema de Santo Domingo en el simpecado de los hombres.

Imágenes

Una Señora de bulto de Soledad en su altar, otra del Rosario en su altar con su Niño, una pintura en cuadro de Señora Santa Ana con su Niña en su Altar, un cuadro de Ánimas en su altar, una laminita del Señor San José, dos crucifijos, uno junto al púlpito y otro en la sacristía, una lámina en cuadro de Santo Domingo, una rocalla dorada con cristales y varias figuras en el altar del Rosario.